Cartas de formación - preparación a la CAG

CAG – Consagración al Ángel de la Guarda

1a etapa: tercera carta

3a carta
Querido(a) candidato(a): 

Tercera carta de formación preparación a la CAG

Razones para el culto al Ángel de la Guarda 
          El Santo Ángel de la Guarda es enviado por la misericordia de DIOS para ayudar a los hombres, y así cooperar en la obra redentora de JESUCRISTO. Muchos, sin embargo, no entienden eso correctamente y, por tal razón, presentan muchas objeciones a ésta su tarea. Por eso, queremos esclarecer algunas de esas objeciones.

Las siguientes meditaciones están tomadas, a manera de respuestas a tales objeciones, del librito publicado en México: “Nuestro Ángel de la Guarda – Una pequeña Introducción a la Devoción a los Santos Ángeles”, de nuestra Madre Gabriela Bitterlich.
Objeción: Algunas personas piensan que el Ángel está delante de nosotros como un héroe poderoso de DIOS y no nos perdonará ningún pecado y, un día se levantará como acusador, ya que es conocedor de todas nuestras acciones.
Los Santos Ángeles son, de hecho, héroes poderosos de DIOS. Su poder excede cualquier otro poder terreno, porque la fuerza de DIOS opera a través de ellos. Además, desde siempre el Ángel fiel ha luchado tan exclusivamente por DIOS que, por su propia naturaleza, estaría inclinado a vengar con todo su poder cualquier ofensa hecha a DIOS. Pero, desde la Encarnación de Nuestro Señor JESUCRISTO, el amor ha triunfado no sólo en la tierra, sino, más aún, en el Cielo. Y, si el PADRE del Cielo es misericordioso para con nosotros por amor a Su HIJO, ¿no deberían serlo los Ángeles también?, pues está escrito en la Sagrada Escritura: “Hay alegría entre los Ángeles de DIOS por un solo pecador que se convierta” (Lc 15,10).
Esto no quiere decir que nuestros pecados no afecten a los Ángeles, pero, por medio de Nuestro Señor JESUCRISTO, ellos se aproximaron mucho más a nosotros como cooperadores (“siervos como nosotros”, cfr. Ap 22,9) y, por medio de MARÍA, su Reina, y en unión con Ella, se volvieron nuestros grandes intercesores.
Los Ángeles de la Guarda ocupan una posición de particular cercanía a nosotros: DIOS envió a Su Ángel, semejante a un solícito médico y hermano, para permanecer junto al hombre desde su primer hasta su último suspiro, como protector y no como vengador. Por ello, también en el juicio el Ángel de la Guarda será nuestro intercesor y no nuestro acusador.
Objeción: Otras personas creen que un Ángel es igual a otro Ángel en este gran género angélico y que tiene poco en común con nosotros. Que debe caminar a nuestro lado, orando, pero seguramente estará contento cuando este servicio suyo llegue a su fin.”
Para poder destacar mejor la personalidad del Ángel, es necesario partir de la creación inferior.
Ningún cristal es igual a otro, ningún árbol es igual a otro. Del mismo modo, ningún animal es igual a otro. En ninguna parte de la tierra existen dos seres humanos perfectamente idénticos. Cada hombre es una personalidad en sí misma y, cuanto mayores sean sus capacidades espirituales, tanto más fuertemente se manifestará su personalidad y se distinguirá de cuantos le rodean.
Siendo los Ángeles las primeras criaturas de DIOS y las más elevadas criaturas espirituales, ¿cómo podrían ser ellos una uniforme producción en masa?, ¿no es cada Ángel, al contrario, una personalidad eminente? Sí, cuanto más alta es la posición atribuida a un Ángel en la jerarquía celestial, tanto mayor es también la distancia de su descenso hacia la profundidad al servicio del hombre y tanto más intensamente experimentará en sí, a su manera, la condescendencia y la humillación de DIOS en la Encarnación y Redención, y la silenciosa y heroica grandeza de MARÍA, nuestra Madre e Intercesora. Por tanto, experimenta entonces en su servicio de Ángel de la Guarda, lo que significa pobreza y fatiga, sacrificio y expiación, humildad, silencio y sufrimiento en el ámbito humano y a causa de la salvación de las almas.
El servicio de Ángel de la Guarda es, para cada Ángel, la imitación de CRISTO, que el Ángel cumple de modo mucho más serio, fiel e incondicional que el hombre. Y, ¡qué júbilo hay entre los Ángeles cuando se salva una persona más! Pero, si un Ángel de la Guarda, a pesar de todos sus esfuerzos, no consiguió salvar a su protegido, habrá, sin duda, pasado por un “tiempo de martirio”, pero entonces se empeñará aún con mayor razón por la salvación de los hombres, ayudando e intercediendo.
Objeción: Otras personas más, se imaginan que el Ángel ama al hombre mientras éste sea todavía un niño y necesite auxilio, pero cuanto más va creciendo y madurando, tanto más disminuye la relación personal entre hombre y Ángel. Y creen que el hombre maduro es autosuficiente. Por consiguiente, el Ángel ya no será necesario, y por ello estará cerca del hombre, en determinados períodos de la vida.

Tareas para este mes:

  1. Reza diariamente la “Oración de la mañana al Ángel de la Guarda” (Carta n. 2) y la “Oración de la noche” (Carta n. 3). 
  2. Intenta pensar muchas veces durante el día en tu Santo Ángel de la Guarda que está caminando fielmente a tu lado y, así, construir una amistad completamente personal con él. 
  3. Por favor, continúa rezando todos los días (si es posible de memoria y, eventualmente, varias veces durante el día) la “Oración al Ángel de la Guarda en el OA” (Carta n. 1).

El Ángel presta ayuda al hombre desde el inicio hasta el fin de su vida. Naturalmente, el Ángel puede ayudar más a un niño, porque éste, por no tener pecados aún, no pone obstáculo a su auxilio. El niño en su inocencia es, por decirlo así, transparente para el Ángel, que, teniéndolo delante de sí, puede presentarlo al PADRE del Cielo y ver a través del niño al PADRE (“sus Ángeles ven continuamente el rostro del PADRE que está en los cielos”; Mt 18,10). Sin embargo, cuanto más peca el hombre conforme va creciendo, tanto menos puede el Ángel ver a través de él, porque el pecado oscurece el alma y la vuelve opaca. En el momento en el que el Ángel se coloca delante del hombre, es cuando el hombre puede ver a través del mismo Ángel hacia lo alto, hacia DIOS. El Ángel es para el hombre como un telescopio a través del cual puede ver a DIOS mucho más de cerca y mucho más nítidamente, siempre y cuando quiera ver hacia lo alto.
Pero, cuanto más arrogante sea el hombre, vanagloriándose de sí mismo y presumiendo lograr todo con sus propias fuerzas, tanto menos experimentará el auxilio del Ángel y tanto más el enemigo maligno, el maestro del fingimiento, lo engañará con falsos caminos. El Ángel no se impone, pero está siempre presente. El hecho de que exista poco contacto entre el hombre y el Ángel no es porque el Ángel no lo quiera, sino porque el hombre no lo quiere.
Objeción: Algunos otros creen que, para una persona es fácil ser buena, porque ciertamente tiene un Ángel de la Guarda muy fuerte; pero para otra, en la cual no se nota ninguna mejoría, el Ángel de la Guarda, seguramente es demasiado débil para ayudarle.
En este aspecto, la justicia de DIOS ya fue providente con todos los Ángeles, sea cual fuere el coro al que pertenezcan, reciben la fuerza del noveno coro de los Ángeles. Por consiguiente, ninguna persona tiene un Ángel más fuerte a su lado que otra. Es verdad que la influencia de los Ángeles es distinta, no en el grado de su fuerza, sino en el modo.
Es posible imaginar que cada Ángel lleva su gran misión ultra-temporal, es decir, por sobre el tiempo, tan intensamente dentro de sí, que ésta ha penetrado, por así decirlo, todo su ser. Por ello, un Ángel del amor insertará el amor también en su servicio de Ángel de la Guarda y estimulará a su protegido a vivir el amor a DIOS y al prójimo. Un Ángel del poder de la palabra, iluminará a su protegido a fin de que también pueda él transmitir palabras buenas, útiles y valiosas. Un Ángel que, normalmente, desempeña su servicio delante del sagrario, procurará llevar a su protegido siempre hacia ese lugar. Pues, en Su sabiduría, el DIOS Todo-bondadoso, destinó para cada persona aquél Ángel de la Guarda que, en su manera de ser, congenia de la mejor manera con ella, y que puede ayudarla del mejor modo en su camino hacia DIOS, iluminándola y fortaleciéndola.

Objeción: Otros dicen que un niño, probablemente, tendrá un Ángel de la Guarda diferente al de un adulto. Y que de igual forma, el Ángel se apartará de un pecador impenitente y lo dejará solo o implorará sobre él un castigo por medio de otro Ángel.
La misión del Ángel de la Guarda se basa en el amor que ayuda y, no en la justicia que castiga.
El hombre posee siempre el mismo Ángel de la Guarda, capaz de adaptarse en sus advertencias y orientaciones, completamente, a la respectiva edad y estado de vida. Todo Ángel de la Guarda ama a su protegido y no lo abandona; éste es para él el talento que desea devolver con éxito a su Señor y DIOS (cf. Mt 25,14-28).
Por el pecado, el hombre expulsa al Ángel de su esfera de acción. El Ángel ya no puede actuar en lo más íntimo del hombre, y de allí la opinión de que el Ángel abandonaría al pecador. A pesar de esto, el Ángel va en busca del pecador y espera hasta que la puerta se le abra nuevamente por el arrepentimiento del hombre. Es verdad que DIOS puede también imponer un castigo, pero éste ha de despertar y reconducir al mismo DIOS y, de este modo, el castigo puede convertirse en gracia.
Objeción: Otras personas opinan que la devoción a los Ángeles de la Guarda tiene en sí algo de ficticio, de ilusorio, de cursi. Y que un servicio sobrio a CRISTO conduce a un contacto más rápido con DIOS.
La devoción a los Ángeles nunca puede sustituir o perjudicar el culto a DIOS; al contrario, es un medio para prestarle un culto más profundo y más íntimo, gracias al mayor conocimiento y amor a DIOS, que el hombre puede alcanzar por medio del auxilio del Ángel. Quien encuentra en la devoción a los Ángeles algo de ficticio o ilusorio, está en el camino errado.
Durante los últimos siglos, el enemigo maligno ha sembrado esta cizaña de reducir a los Ángeles a algo cursi, en medio de la auténtica devoción a los Ángeles, y esta cizaña ha brotado por todas partes, en detrimento de la eficacia de los Santos Ángeles. A través del arte, se introdujeron hasta en el ámbito de la Iglesia los angelotes desnudos, figuras de ángeles dulces y sentimentales, y se ha alimentado al pueblo con historias infantiles de “angelitos”.
Pero, quien mira en retrospectiva al tiempo de la Antigua Alianza y al tiempo de CRISTO en la tierra, verificará qué papel tan serio e importante ocupaba el Ángel en aquél entonces. El Ángel que exterminó a los primogénitos de Egipto (Ex 12,29), el Ángel que aniquiló a 185.000 hombres (2Re 19,35), el Ángel Gabriel, mensajero de la Anunciación (Lc 1,26), el Ángel en el monte de los Olivos (Lc 22,43) y en la mañana de la Resurrección (Mt 28,2), (todos éstos no son personajes de fábulas. El mismo Señor se refiere frecuentemente a los Ángeles en sus discursos y parábolas y, en el fin de los tiempos, vendrá con Sus Ángeles, y ellos se harán cargo de separar a los buenos de los malos, y serán jueces (Mt 13,39-42; Lc 12,8-9).
Por eso, Él quiere que también nosotros insertemos a los Ángeles en nuestras vidas y tareas. El Ángel nunca disminuirá la visión de DIOS en el hombre o le impedirá el contacto con Él. Solamente quien, en lugar de apoyarse en su buen Ángel, se atiene a la importancia e infalibilidad de su propio yo y, por consiguiente, a las seducciones del maligno, a éste le robará el adversario de DIOS, a través de la soberbia espiritual, la humildad, la reverencia y, finalmente, la obediencia y la fidelidad.
Rehusar la ayuda del Ángel sería semejante a un alpinista que dijese: “No necesito ni de cuerda ni de zapatos de alpinista”, o a un navegante que dijese: “No tengo necesidad de brújula”, o a un alumno que dijese: “No necesito de profesor, estudio solo”.
Ya que DIOS creó al Ángel para ayudarnos, Su sabiduría sabrá mejor que nosotros lo que nos es necesario. No olvidemos que en este mundo no existen únicamente DIOS y el bien, sino que también el adversario de DIOS, con su ejército de millones de secuaces, está trabajando más que nunca para engañar al espíritu del hombre, para turbarlo y desviarlo de DIOS.
No podemos ver al espíritu maligno, pero el Ángel lo ve. Él puede alertarnos y apartar al enemigo maligno. Él puede siempre poner delante de nuestros ojos la dirección “DIOS” y esclarecernos la palabra de DIOS. Él vivificará en nosotros la devoción a MARÍA y el amor. Así como DIOS quiere que nos asistamos unos a otros o que seamos ocasión de prueba unos para los otros, de la misma manera, tenemos una gran prueba por medio del tentador, que DIOS permite, para que nos acrisolemos, pero contamos con el auxilio del Ángel fiel, esto es voluntad de DIOS. Podemos rechazar al Ángel como auxiliador, es verdad, pero entonces nuestro camino hacia DIOS, por entre las tinieblas y opresiones de este tiempo, será tanto más peligroso, y esta responsabilidad, nosotros mismos tenemos que asumirla. DIOS ofrece la ayuda, pero no obliga.

Algunos se preguntarán ahora: “¿Cómo reconozco yo la voz de mi Ángel de la Guarda cuando debo tomar una decisión?, a veces, es muy difícil discernir la verdadera voz del Ángel de la Guarda y, con esto, la voluntad de DIOS.”
Frente a DIOS, el hombre debe permanecer siempre como alguien que está aprendiendo y, por eso, como quien escucha. Esto quiere decir que debemos entrenarnos deliberada y libremente en este punto.
Para empezar, se necesitan dos cosas: el hombre tiene que aprender a obedecer amorosamente y a guardar silencio amorosamente.
Cuando una persona está interiormente llena de desorden, llena de inquietud y de pensamientos
agitados, ávida del ruido exterior y de las distracciones, ésta no percibirá dentro de sí otra cosa sino las instigaciones del maligno, para desear poseer y disfrutar aún mucho más, para excitarse aún más. DIOS nos habla por medio de Su palabra, que asimilamos escuchando o leyendo. Él habla también a nuestro corazón, en la Sagrada Comunión, en una meditación silenciosa; pero Él es siempre Majestad, no grita. También el Ángel habla a nuestro corazón. Podremos escuchar al Ángel cuando nos volvamos interiormente
tranquilos y receptivos. La experiencia nos enseña cómo se puede distinguir la voz del Ángel a la del demonio:
El Ángel señala siempre hacia DIOS, hacia Su palabra, Su doctrina, Sus mandamientos y hacia las promesas que Le hicimos, hacia los propósitos que nos hicimos, hacia la oportunidad de demostrar a DIOS nuestro amor, nuestra fidelidad. Procediendo así, él no toma muy en cuenta nuestros hábitos o predilecciones, sino que siempre dirige nuestra mirada hacia los grandes valores de la eternidad. Cuando él amonesta y nosotros no obedecemos, entonces la amonestación se vuelve cada vez más débil, y acaba por desaparecer.
El enemigo maligno hace exactamente lo contrario: manifiesta un gran cariño y preocupación por nuestro yo, por nuestros deseos, por nuestra comodidad, por los provechos que podemos sacar, por el poder que podemos alcanzar, por la reclamación de nuestro derecho, sugiriéndonos que no debemos tolerar nada y que debemos pagar con la misma moneda. Así, él nos hace creer que esto o aquello pasa desapercibido, que no tiene nada de malo, que los demás hacen lo mismo, que tenemos que ser del mismo partido para no caer en ridículo. Él confunde los conceptos de verdadero y falso, de bueno y malo, y no hace caso de una negativa, sino que procura hacerse escuchar desde otro lado (temor a los hombres, ambición, egoísmo).
Cuando hayamos aprendido a distinguir estas dos voces, el Ángel de la Guarda nos llevará a dar un paso adelante. Nosotros mismos debemos ser Ángeles de la Guarda para las personas a nuestro alrededor.
Debemos aprender a ponernos en el lugar y la situación difícil de la otra persona para ayudarla eficazmente.
No es necesario que sean actos heroicos exteriores, sino actos de la vida cotidiana que tienen un valor heroico delante de DIOS. Por medio de nuestro Ángel de la Guarda aprendemos a escuchar no sólo lo que DIOS quiere de nosotros, sino también a descubrir dónde se debe concretizar nuestro auxilio, nuestra tarea en el Reino de DIOS y en la salvación de las almas. Y una vez que nos hayamos habituado a hablar con nuestro buen Ángel de la Guarda sobre nuestro trabajo diario, nuestros proyectos y preocupaciones, él nos conducirá, cada vez más, a una fidelidad sincera y a un amor ardiente a DIOS.
Si pudiésemos comprender y vivir esto, nuestra vida se transformaría radicalmente. Entonces aprenderíamos a volvernos sencillos y a concentrarnos en las cosas esenciales, y así lograríamos una mayor tranquilidad y una mayor fuerza, porque una persona complicada se dispersa.
Aprenderíamos a entender la grandeza y la fuerza del sacrificio por amor y la belleza de la donación amorosa. Ya no sería nuestro “yo” el que estuviera sentado en el trono de nuestro corazón, sino DIOS.
¡El Ángel y yo servimos a DIOS con alegría!

Oración de la noche:
“Cuando todo a mi alrededor está en descanso”
Señor, cuando todo a mi alrededor está en descanso,
Quiero permanecer arrodillado todavía un momento delante de Ti.
¡Líbrame, Señor, de todas las ataduras que llevo en mí mismo,
que me impiden ser libre para Ti!
¡Líbrame de las ataduras del deseo de ser amado,
de ser respetado, de ser escuchado!
¡Líbrame de la atadura de la susceptibilidad, que se manifiesta
cuando mi “yo” es tocado,
cuando mis planes no son reconocidos,
cuando, por eso, caigo en la obstinación y el descontento!
¡Líbrame de las ataduras del miedo
de ser burlado y escarnecido, de ser degradado e ignorado,
de perder la estima de los superiores!
¡Dame, oh Señor, la libertad de no querer ser más que Tu siervo, Tu sierva,
y de no apegarme a nada más, sino a Ti!
Dame, oh Señor, la libertad de estar por encima de las cosas
para contemplarlas desde lo alto con Tus ojos de amor
y de estar debajo de las cosas, en humildad,
para llevarlas a Ti como siervo silencioso y fiel.
Dame, oh Señor, finalmente y para siempre, el anhelo insaciable de Ti,
¡siempre y sólo de Ti! Amén.

Oración de la mañana al Ángel de la Guarda
Mi gran y querido Santo Ángel,
esta mañana quiero saludarte lleno de amor.
Andarás conmigo,
rezarás conmigo
me ayudarás a tener ansia de DIOS,
harás que yo descubra en todas partes lo que es bueno
y me ayudarás a tener solamente buenos pensamientos y
también las palabras apropiadas.
Así el día será grande,
porque tú estás conmigo;
mi buen Ángel.
Amén.