Cartas de formación - preparación a la CAG

CAG – Consagración al Ángel de la Guarda

1a etapa: sexta carta

6a carta

Sexta carta de formación preparación a la CAG

La dirección fundamental de la CONTEMPLACIÓN

Querido(a) candidato(a):
En los Estatutos de la Obra de los Santos Ángeles se dice:
La meditación de la Palabra de DIOS, de las verdades Divinas, lleva a la transformación interior, plasma nuestra vida y se manifiesta en las obras.
La meditación se dirige siempre, en primer lugar, a DIOS, al Reino de DIOS, a la Palabra de DIOS, a la Cruz. La meditación cotidiana conduce a la tranquilidad en DIOS, a la paz del corazón y a la paz en la propia comunidad, a través del amor verdadero hacia el prójimo. (cf. 1 Jo 3,16-18). El OA obliga a sus miembros a una gran estima, fiel e incondicional, por la Palabra de DIOS en la Sagrada Escritura, de acuerdo con la doctrina católica. Esto implica la meditación de la Palabra de DIOS y su realización en las obras. El cumplimiento exacto de la doctrina de la Santa Iglesia es obligatorio. La vivencia de la Palabra de DIOS está ligada a una gran estima de los misterios de DIOS, que residen en la Santa Iglesia, como los misterios sacramentales y centrales del amor de DIOS.
La gran estima por estos misterios sagrados exige:

  1. Una grande y profunda reverencia a DIOS.
  2. Una auténtica valentía en la fe.
  3. Claros conocimientos teológicos también para defender la fe.
    Los miembros del OA hacen, diariamente, una profunda y viva meditación, de acuerdo con las respectivas circunstancias de su vida. (n. 12).

Tareas para este mes:

  1. Haz un esfuerzo en este mes para mantener la 

¿Qué es la contemplación?

Contemplación (meditación) u “oración contemplativa” significa: en la oración, mirar a DIOS, conocer a DIOS: Su grandeza, Su santidad, Su amor, etc.

El Catecismo de la Iglesia Católica escribe: La meditación (oración contemplativa) es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu busca comprender el por qué y el cómo de la vida cristiana, a fin de adherirse y responder a lo que el Señor pide. (n. 2705)

Contemplar es, por lo tanto, una “búsqueda” y, de cierta forma, una “reflexión orante”, como el Catecismo menciona en otro párrafo: La meditación moviliza el pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. La movilización es necesaria para profundizar las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortificar la voluntad de seguir a Cristo (…).

Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana debe buscar ir más lejos: al conocimiento del amor del Señor JESÚS, a la unión con Él. (n. 2708)

¿Qué es lo que debemos contemplar?

La Madre Gabriela dijo: “Así como se colocan pedazos de leña en el fuego, para que el fuego continúe ardiendo, así tú debes dejar continuamente que la palabra de DIOS se encienda en ti. El fuego no debe nunca apagarse”. Por eso, la meditación de la Palabra de DIOS y la reverencia hacia Ella son de alta estima en la Obra de los Santos Ángeles.

La Sagrada Escritura es la Palabra de DIOS – la Palabra en la cual DIOS se revela a Sí mismo al hombre: Quién es Él, y qué hace. San Jerónimo escribe: “No conocer la Sagrada Escritura significa no conocer a JESUCRISTO.” Por eso, en la contemplación, debemos, en primer lugar, contemplar la Palabra de DIOS, principalmente pasajes del Evangelio. Las palabras de la Sagrada Escritura son palabras de vida. Quieren proporcionar vida y darnos fuerza para nuestra vida. “El hombre no vive sólo de pan…” (Mt 4,4). ¡También necesita del alimento para el alma! Esto también se vuelve comprensible porque el Concilio Vaticano II escribe que “la Iglesia siempre veneró las Sagradas Escrituras como el propio Cuerpo del Señor” (DV 21).

La oración contemplativa, este “pensar y reflexionar de manera orante”, no se debe restringir a una palabra de la Biblia Sagrada o a un misterio de la fe. El P. Leppich, gran predicador jesuita, animaba a hacer también de los acontecimientos del día a día una ocasión para una pequeña meditación, acontecimientos del periódico, por ejemplo, y reflexionar sobre esto en la oración. En este sentido, San Juan XXIII siempre exhortó a los cristianos a descubrir las “señales de los tiempos” y a meditarlas, esto es, a reconocer la voz de DIOS en los acontecimientos de la historia del mundo. Justamente, en nuestro mundo moderno, es particularmente un desafío para nosotros intentar contemplar todo a la luz de DIOS. Y los Santos Ángeles quieren ayudarnos a lograr esto.

La importancia de la contemplación

Diariamente, un torrente de noticias e información cae sobre nosotros y sólo el hombre que reza y contempla, es capaz de distinguir lo que es bueno y lo que es malo, lo que viene de DIOS y lo que no viene de Él. ¿Qué es lo que DIOS quiere decirme con este acontecimiento? Señor, ¿qué quieres que haga? Se trata de ver a DIOS en los acontecimientos de nuestra vida y percibir el llamado personal de DIOS hacia cada uno de nosotros.

En la Obra de los Santos Ángeles se dice que “los hombres, de la mano de los Santos Ángeles, deben volverse contemplativos.” Esto, obviamente, no tiene nada que ver con visiones, porque este “mirar” es una percepción espiritual – a diferencia de la visión (natural) que es una percepción sensitiva. A través de la contemplación debemos volvernos capaces de comprender, cada vez mejor, lo ancho, largo, alto y profundo que es el amor de CRISTO (cf. Ef 3,18).
Esto es, exactamente, lo que expresa la palabra “contemplación” en latín: “con-templatio”: “con/cum” = con, junto con, “con-templari” = “visión de conjunto”. De esta manera, la contemplación es un reconocimiento de conexiones, una mirada que penetra hasta el fondo. Sin embargo, para poder ver hasta el fondo de un lago, desde las montañas, este debe estar muy sereno. Ninguna onda puede perturbar, nada sucio puede turbarlo. Por eso, los elementos necesarios para la contemplación son la paz, el silencio y también la pureza de corazón.

El camino de la contemplación

En el Evangelio se dice: “MARÍA, sin embargo, guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19). MARÍA pone atención a todo lo que el Señor le ha dicho y hecho, y reflexiona sobre eso, y lo profundiza en su corazón. Así, Ella es para nosotros modelo y maestra en la contemplación de la Palabra de DIOS.

En su diálogo con el Ángel Gabriel, en la Anunciación (cf. Lc 1,28-36), podemos distinguir tres momentos que nos enseñan cómo MARÍA va al encuentro de la Palabra de DIOS, siempre abriéndose a Ella. Estos tres momentos se llaman: silenciar, escuchar, obedecer.

  1. Silenciar
    Cuando MARÍA escuchó el saludo del Ángel: “Alégrate, oh llena de gracia, el Señor es contigo” (Lc 1,28), Ella primero reflexionó en silencio “qué significaba este saludo” (cf. Lc 1,29).
    Cuando DIOS nos habla a través de Su Palabra, también nuestra actitud fundamental debe ser el silencio en oración. El poder silenciar, este volverse quieto en la oración, es pre-requisito para la capacidad de escuchar. Sólo en el silencio, nuestro corazón se abre a DIOS y a Su Palabra. De hecho, necesitamos el silencio interior para que podamos, como MARÍA, percibir la voz del Ángel, que nos habla en nombre de DIOS. DIOS y el Ángel no entran en nuestra vida con “ruidos y gritos”, sino en el silencio del corazón.
  2. Escuchar
    Sólo quien puede silenciar, puede también escuchar. Porque MARÍA tuvo una actitud de recogimiento, de silencio interior, su corazón estaba todo abierto a la escucha. En el silencio, Ella escucha atentamente lo que el Ángel le dice: “Concebirás y darás a luz a un hijo y le pondrás por nombre JESÚS, Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo” (Lc 1,31-32). En seguida, MARÍA pregunta: “¿Cómo se hará esto, puesto que no conozco a ningún hombre?” (Lc 1,34).
    Ella pregunta para poder entender mejor la Palabra del Señor y después la acepta de todo corazón. La Palabra de DIOS está llena de misterios. No podemos esperar comprenderla en un sólo momento y penetrarla completamente. Así, también nosotros deberíamos preguntar en la contemplación de la Palabra de DIOS: Señor, ¿qué quieres decirme? ¿Qué significa esta Palabra tuya para mi vida? Cuanto más aprendamos, profundicemos en la Palabra de DIOS, tanto más vamos a crecer en su comprensión, como dice San Gregorio Magno: “Las palabras divinas crecen con aquellos que reflexionan sobre ellas” (citado en Cat. 94).

  1. Obedecer
    Después de que MARÍA se abrió a la Palabra de DIOS, en el silencio y en la escucha, vino el momento decisivo, o sea, acoger la Palabra en obediencia y cumplirla. “Bienaventurados aquellos que escuchan la Palabra de DIOS y la obedecen” (Lc 11,28), dice JESÚS. Esta bienaventuranza se refiere especialmente a MARÍA, quien responde al llamado de DIOS: “He aquí a la sierva del Señor. Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).
    También a nosotros, el Señor nos llama por medio de su Palabra. No es suficiente escuchar la Palabra de DIOS. Él también espera que sigamos Su Palabra sin ninguna reserva y que dejemos que penetre nuestra vida. Acostumbrémonos, por lo tanto, como MARÍA, a mantener el silencio para poder escuchar la Palabra del Señor y reflexionar sobre ella, para que, con la ayuda de los Santos Ángeles, todos los días de nuestra vida, Ella habite siempre en nosotros, actúe en nosotros y nos hable.

La ayuda del Santo Ángel de la Guarda en la contemplación

Los Santos Ángeles son testigos de las palabras y obras salvíficas de DIOS en la historia de la salvación. De esta manera, ellos estaban presentes también en toda la vida de JESÚS, porque “desde la Encarnación hasta la Ascensión, la vida del Verbo Encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los Ángeles” (Cat. 333). Los Santos Ángeles pueden reconocer de una manera más perfecta que nosotros, la luz

de estos misterios de la historia de la salvación y nos la transmiten en la medida de nuestra receptividad.

Porque los Santos Ángeles: ven todo a la luz de DIOS (en la “visión beatífica de DIOS”), tienen un modo distinto al nuestro de conocer, ya que su naturaleza es superior a la de los hombres, por tanto, su modo de conocer es mucho más extenso que el nuestro.

Siendo espíritus puros, nada turba su “mente”, de este modo, pueden ayudarnos perfectamente en la contemplación de DIOS y de las obras de Su amor.

En la contemplación, en cierto sentido, cerramos nuestros ojos al mundo y los abrimos al Reino de DIOS. Pero nuestro “ojo espiritual” es perturbado muchas veces por el pecado. Los Santos Ángeles pueden iluminar nuestros sentidos. El Santo Ángel de la Guarda puede iluminar nuestro entendimiento, de tal manera que digamos: “¡Ahora me vino una luz!” El Cardenal Journet dice: “Nuestro Ángel de la Guarda susurra en nuestros oídos una inspiración repentina, de manera más frecuente de lo que pensamos”.

 

El Santo Ángel de la Guarda abre nuestros sentidos hacia DIOS. De esta manera, DIOS nos envía a sus Santos Ángeles para “ampliar” nuestros sentidos. Se trata aquí, sobre todo, de los tres sentidos conocidos como vitales: la vista, el oído y el tacto. Estos tres son indispensables para la vida humana. ¿Cuántas veces leemos en la Sagrada Escritura que el Señor curó ciegos, sordos y cojos?

Es así como debemos:

  • tener una visión aguda para todo aquello que el Ángel nos muestra en imagen;
  • agudizar el oído para todo lo que el Ángel nos dice en el silencio;
  • volvernos sensibles a todo, por donde nos lleva el Ángel.

Oración para que podamos comprender mejor la Sagrada Escritura
ESPÍRITU SANTO, fuente de entendimiento,
      Haz que recorramos diariamente, con celo, la Sagrada Escritura.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la gracia,
      Prepara nuestra mente y nuestro corazón para que asimilemos los tesoros de la Sagrada Escritura.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la sabiduría,
      Condúcenos hacia las fuentes de la sabiduría en la Sagrada Escritura.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la ciencia,
    Haz que reconozcamos la largura, la anchura y la profundidad de las palabras de DIOS en la Sagrada Escritura, en todas sus correlaciones.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la fortaleza,
     Da a nuestra mente y a nuestro corazón la fuerza para dejar que la Palabra de DIOS, como un grano de mostaza,
     pueda echar raíces en nosotros, a fin de que se vuelva una sola cosa con nosotros, y viva en nosotros.
ESPÍRITU SANTO, fuente del temor de DIOS,
     Enséñanos a conservar cada palabra de DIOS con reverencia y silencio, y transmitirla en el tiempo oportuno y de manera correcta.
ESPÍRITU SANTO, fuente de piedad,
     Haz que nos volvamos uno, con todas las palabras de DIOS, a fin de que lleguemos a ser portadores vivos de
     Su Sabiduría y de Su Amor misericordioso. Amén.