Textos del Magisterio

Catecismo de la Iglesia Católica

I. LOS ANGELES
– La existencia de los ángeles, verdad de fe
– Quiénes son los ángeles
– Cristo «con todos sus ángeles»
– Los ángeles en la vida de la Iglesia

311. Los ángeles y los hombres, criaturas inteligentes y libres, deben
caminar hacia su destino último por elección libre y amor de
preferencia. Por ello pueden desviarse. De hecho pecaron. Y fue así
como el mal moral entró en el mundo, incomparablemente más grave
que el mal físico. Dios no es de ninguna manera, ni directa ni
indirectamente, la causa del mal moral, (cf. San Agustín, De libero
arbitrio, 1, 1, 1: PL 32, 1221-1223; Santo Tomás de Aquino, S. Th. 1-
2, q. 79, a. 1). Sin embargo, lo permite, respetando la libertad de su
criatura, y, misteriosamente, sabe sacar de él el bien:
«Porque el Dios todopoderoso […] por ser soberanamente bueno, no
permitiría jamás que en sus obras existiera algún mal, si Él no fuera
suficientemente poderoso y bueno para hacer surgir un bien del mismo
mal» (San Agustín, Enchiridion de fide, spe et caritate, 11, 3).

 Los ángeles
LA EXISTENCIA DE LOS ÁNGELES, VERDAD DE FE 

328. La existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada
Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El
testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la
Tradición.
QUIÉNES SON LOS ÁNGELES 

329. San Agustín dice respecto a ellos: Angelus officii nomen est, non
naturae. Quaeris nomen huius naturae, spiritus est; quaeris officium,
angelus est: ex eo quod est, spiritus est, ex eo quod agit, angelus («El
nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su
naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te
diré que es un ángel») (Enarratio in Psalmum, 103, 1, 15). Con todo
su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque
contemplan «constantemente el rostro de mi Padre que está en los
cielos» (Mt 18, 10), son «agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su
palabra» (Sal 103, 20). 

330. En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia
y voluntad: son criaturas personales (cf. Pío XII, enc. Humani generis:
DS 3891) e inmortales (cf. Lc 20, 36). Superan en perfección a todas
las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello
(cf. Dn 10, 9-12).
CRISTO «CON TODOS SUS ÁNGELES» 

331. Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le
pertenecen: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria
acompañado de todos sus ángeles…» (Mt 25, 31). Le pertenecen
porque fueron creados por y para Él: «Porque en él fueron creadas
todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles,
los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo
fue creado por Él y para Él» (Col 1, 16). Le pertenecen más aún
porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: «¿Es que
no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los
que han de heredar la salvación?» (Hb 1, 14). 

332. Desde la creación (cf. Jb 38, 7, donde los ángeles son llamados
«hijos de Dios») y a lo largo de toda la historia de la salvación, los
encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo
al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (cf. Gn
3, 24), protegen a Lot (cf. Gn 19), salvan a Agar y a su hijo (cf. Gn 21,
17), detienen la mano de Abraham (cf. Gn 22, 11), la ley es
comunicada por su ministerio (cf. Hch 7,53), conducen el pueblo de
Dios (cf. Ex 23, 20-23), anuncian nacimientos (cf. Jc 13) y vocaciones
(cf. Jc 6, 11-24; Is 6, 6), asisten a los profetas (cf. 1 R 19, 5), por no
citar más que algunos ejemplos. Finalmente, el ángel Gabriel anuncia
el nacimiento del Precursor y el del mismo Jesús (cf. Lc 1, 11.26).
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333. De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado
está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando
Dios introduce «a su Primogénito en el mundo, dice: «adórenle todos
los ángeles de Dios»» (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en el
nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la
Iglesia: «Gloria a Dios…» (Lc 2, 14). Protegen la infancia de Jesús
(cf. Mt 1, 20; 2, 13.19), le sirven en el desierto (cf. Mc 1, 12; Mt 4,
11), lo reconfortan en la agonía (cf. Lc 22, 43), cuando Él habría
podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos (cf. Mt 26,
53) como en otro tiempo Israel (cf. 2 M 10, 29-30; 11,8). Son también
los ángeles quienes «evangelizan» (Lc 2, 10) anunciando la Buena
Nueva de la Encarnación (cf. Lc 2, 8-14), y de la Resurrección
(cf. Mc 16, 5-7) de Cristo. Con ocasión de la segunda venida de
Cristo, anunciada por los ángeles (cf. Hb 1, 10-11), éstos estarán
presentes al servicio del juicio del Señor (cf. Mt 13, 41; 25, 31; Lc 12,
8-9). 

LOS ÁNGELES EN LA VIDA DE LA IGLESIA 

334. De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda
misteriosa y poderosa de los ángeles (cf. Hch 5, 18-20; 8, 26-29; 10,
3-8; 12, 6-11; 27, 23-25). 

335. En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios
tres veces santo (cf. Misal Romano, «Sanctus»); invoca su asistencia
(así en el «Supplices te rogamus…» [«Te pedimos humildemente…»]
del Canon romano o el «In Paradisum deducant te angeli…» [«Al
Paraíso te lleven los ángeles…»] de la liturgia de difuntos, o también
en el «himno querúbico» de la liturgia bizantina) y celebra más
particularmente la memoria de ciertos ángeles (san Miguel, san
Gabriel, san Rafael, los ángeles custodios). 

336. Desde su comienzo (cf. Mt 18, 10) hasta la muerte (cf. Lc 16,
22), la vida humana está rodeada de su custodia (cf. Sal 34, 8; 91, 10-
13) y de su intercesión (cf. Jb 33, 23-24; Za 1,12; Tb 12, 12). «Nadie
podrá negar que cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y
pastor para conducir su vida» (San Basilio Magno, Adversus
Eunomium, 3, 1: PG 29, 656B). Desde esta tierra, la vida cristiana
participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de
los hombres, unidos en Dios.

350. Los ángeles son criaturas espirituales que glorifican a Dios sin
cesar y que sirven sus designios salvíficos con las otras criaturas: Ad
omnia bona nostra cooperantur angel («Los ángeles cooperan en toda
obra buena que hacemos») (Santo Tomás de Aquino, S. Th., 1, 114, 3,
ad 3).

351. Los ángeles rodean a Cristo, su Señor. Le sirven particularmente
en el cumplimiento de su misión salvífica para con los hombres. 

352. La Iglesia venera a los ángeles que la ayudan en su peregrinar
terrestre y protegen a todo ser humano. 

353. Dios quiso la diversidad de sus criaturas y la bondad peculiar
de cada una, su interdependencia y su orden. Destinó todas las
criaturas materiales al bien del género humano. El hombre, y toda la
creación a través de él, está destinado a la gloria de Dios. 

 

Compendio del Catecismo

El cielo y la tierra

  1. ¿Qué ha creado Dios?

325-327

La Sagrada Escritura dice: «en el principio creó Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1). La Iglesia, en su profesión de fe, proclama que Dios es el creador de todas las cosas visibles e invisibles: de todos los seres espirituales y materiales, esto es, de los ángeles y del mundo visible y, en particular, del hombre.

  1. ¿Quiénes son los ángeles?

328-333
350-351

Los ángeles son criaturas puramente espirituales, incorpóreas, invisibles e inmortales; son seres personales dotados de inteligencia y voluntad. Los ángeles, contemplando cara a cara incesantemente a Dios, lo glorifican, lo sirven y son sus mensajeros en el cumplimiento de la misión de salvación para todos los hombres.

  1. ¿De qué modo los ángeles están presentes en la vida de la Iglesia?

334-336
352

La Iglesia se une a los ángeles para adorar a Dios, invoca la asistencia de los ángeles y celebra litúrgicamente la memoria de algunos de ellos.

«Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida» (San Basilio Magno)

  1. ¿Qué es la caída de los ángeles?

391-395
414

Con la expresión «la caída de los ángeles» se indica que Satanás y los otros demonios, de los que hablan la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, eran inicialmente ángeles creados buenos por Dios, que se transformaron en malvados porque rechazaron a Dios y a su Reino, mediante una libre e irrevocable elección, dando así origen al infierno. Los demonios intentan asociar al hombre a su rebelión contra Dios, pero Dios afirma en Cristo su segura victoria sobre el Maligno.

  1. ¿Qué significa el nombre de Jesús?

430-435
452

El nombre de Jesús, dado por el ángel en el momento de la Anunciación, significa «Dios salva». Expresa, a la vez, su identidad y su misión, «porque él salvará al pueblo de sus pecados» (Mt 1, 21). Pedro afirma que «bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos» (Hch 4, 12).

  1. ¿Quién celebra la liturgia del cielo?

1138-1139

La liturgia del cielo la celebran los ángeles, los santos de la Antigua y de la Nueva Alianza, en particular la Madre de Dios, los Apóstoles, los mártires y «una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7, 9). Cuando celebramos en los sacramentos el misterio de la salvación, participamos de esta liturgia eterna.

  1. El mandato de Dios: «No te harás escultura alguna…» (Ex 20, 3), ¿prohíbe el culto a las imágenes?

2129-2132
2141

En el Antiguo Testamento, el mandato «no te harás escultura alguna» prohibía representar a Dios, absolutamente trascendente. A partir de la encarnación del Verbo, el culto cristiano a las sagradas imágenes está justificado (como afirma el II Concilio de Nicea del año 787), porque se fundamenta en el Misterio del Hijo de Dios hecho hombre, en el cual, el Dios trascendente se hace visible. No se trata de una adoración de la imagen, sino de una veneración de quien en ella se representa: Cristo, la Virgen, los ángeles y los santos.

Ángel de Dios

Ángel de Dios,
que eres mi custodio,
pues la bondad divina
me ha encomendado a ti,
ilumíname, guárdame, defiéndeme
y gobiérname.
Amén.

Angele Dei

Ángele Dei,
qui custos es mei,
me, tibi commíssum
pietáte supérna,
illúmina, custódi, rege
et gubérna.
Amen.

del Directorio para la piedad popular y liturgia

Los Santos Ángeles

213. Con el claro y sobrio lenguaje de la catequesis, la Iglesia enseña que «la existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición».

Según la Escritura, los Ángeles son mensajeros de Dios, «poderosos ejecutores de sus órdenes, prontos a la voz de su palabra» (Sal 103,20), al servicio de su plan de salvación, «enviados para servir a los que deben heredar la salvación» (Heb 1,14).

214. Los fieles no ignoran los numerosos episodios de la Antigua y de la Nueva Alianza en los que intervienen la santos Ángeles; saben que los Ángeles cierran las puertas del paraíso terrenal (cfr. Gn 3,24), salvan a Agar y a su hijo Ismael (cfr. Gn 21,17), detienen la mano de Abraham cuando estaba a punto de sacrificar a Isaac (cfr. Gn 22,11), anuncian nacimientos prodigiosos (cfr. Jue 13,3-7), guardan los caminos del justo (cfr. Sal 91,11), alaban sin cesar al Señor (cfr. Is 6,1-4) y presentan a Dios las oraciones de los Santos (cfr. Ap 8,3-4). Recuerdan también la intervención de un Ángel a favor del profeta Elías, fugitivo y extenuado (1 Re 19,4-8), de Azarías y de sus compañeros arrojados al horno (cfr. Dn 3,49-50), de Daniel encerrado en el foso de los leones (cfr. Dn 6,23); les resulta familiar la historia de Tobías, en la que Rafael, «uno de los siete Ángeles que están siempre dispuestos a entrar en la presencia de la majestad del Señor» (Tob 12,15), realiza múltiples servicios a favor de Tobí, de su hijo Tobías y de Sara, su mujer.

Los fieles saben también que no son pocos los episodios de la vida de Jesús en los que los Ángeles tienen una función particular: el Ángel Gabriel anuncia a María que concebirá y dará a luz al Hijo del Altísimo (cfr. Lc 1,26-38) y de manera semejante, un Ángel revela a José el origen sobrenatural de la maternidad de la Virgen (cfr. Mt 1,18-25); los Ángeles llevan a los pastores de Belén la alegre noticia del nacimiento del Salvador (cfr. Lc 2,8-14); el «Ángel del Señor» protege la vida del niño Jesús amenazado por Herodes (cfr. Mt 2,13-20); los Ángeles asisten a Jesús en el desierto (cfr. Mt 4,11) y lo confortan en la agonía (cfr. Lc 22,43), anuncian a las mujeres que se habían dirigido a la tumba de Cristo que «ha resucitado» (cfr. Mc 16,1-8) e intervienen en la Ascensión, para revelar su sentido a los discípulos y para anunciar que «Jesús… volverá un día del mismo modo que le habéis visto ahora subir al cielo» (Hech 1,11).

A los fieles no se les oculta la importancia de la advertencia de Jesús, de no despreciar a uno solo de los pequeños que creen en Él, «porque sus Ángeles en el cielo ven siempre el rostro del Padre» (Mt 18,10), y de las consoladoras palabras según las cuales «hay alegría entre los Ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte» (Lc 15,10). Finalmente, saben que «el Hijo del hombre vendrá en su gloria con todos sus Ángeles» (Mt 25,31) para juzgar a los vivos y a los muertos y llevar la historia a su consumación.

215. La Iglesia, que en sus inicios fue protegida y defendida por el ministerio de los Ángeles (cfr. Hech 5,17-20; 12,6-11) y continuamente experimenta su «ayuda misteriosa y poderosa», venera a esto espíritus celestes y pide con confianza su intercesión.

Durante el Año litúrgico, la Iglesia conmemora la participación de los Ángeles en los acontecimientos de la salvación y celebra su memoria en unas fechas determinadas: el 29 de Septiembre la de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, el 2 de Octubre la de los Ángeles Custodios; les dedica una Misa votiva, cuyo prefacio proclama que «la gloria de Dios resplandece en los Ángeles»; en la celebración de los misterios divinos, se asocia al canto de los Ángeles para proclamar la gloria de Dios, tres veces santo (cfr. Is 6,3) e invoca su asistencia para que la ofrenda eucarística «sea llevada a tu presencia hasta el altar del cielo»; ante ellos celebra el oficio de alabanza (cfr. Sal 137,1); al ministerio de los Ángeles confía las oraciones de los fieles (cfr. Ap 5,8; 8,3), el dolor de los penitentes, la defensa de los inocentes contra los ataques del Maligno; implora a Dios para que mande, al final de la jornada a sus Ángeles a custodiar a los que oran en paz; ruega para que los espíritus celestes vengan en ayuda de los agonizantes y, en el rito de las exequias, suplica para que los Ángeles acompañen al paraíso el alma del difunto y guarden su sepulcro.

216. A lo largo de los siglos, los fieles han traducido en expresiones de piedad las convicciones de fe respecto al ministerio de los Ángeles: los han tomado como patronos de ciudades y protectores de agrupaciones; en su honor han levantado santuarios famosos, como Mont-Saint-Michel en Normandía, san Michele della Chiusa en Piamonte y san Michele al Gargano en Puglia, y han establecido días festivos; han compuesto himnos y ejercicios de piedad.

En particular, la piedad popular ha desarrollado la devoción al Ángel Custodio. Ya san Basilio Magno (+379) enseñaba que «todo fiel tiene a su lado un Ángel como protector y pastor, para llevarlo a la vida». Esta antigua doctrina se fue consolidando poco a poco desde sus fundamentos bíblicos y patrísticos, y dio origen a diversas expresiones de piedad, hasta encontrar en san Bernardo de Claraval (+1153) un gran maestro y un apóstol insigne de la devoción a los Ángeles Custodios. Para él son demostración de que «el cielo no descuida nada que pueda ayudarnos», por lo cual pone «a nuestro lado estos espíritus celestes para que nos protejan, nos instruyan y nos guíen».

La devoción a los Ángeles Custodios da lugar también a un estilo de vida caracterizado por:

– devoto agradecimiento a Dios, que ha puesto al servicio de los hombres espíritus de tan gran santidad y dignidad;

– actitud de compostura y piedad, motivada por la conciencia de estar constantemente en presencia de los santos Ángeles;

– serena confianza, incluso al afrontar situaciones difíciles, porque el Señor guía y asiste al fiel en el camino de la justicia también mediante el ministerio de los Ángeles.

Entre las oraciones al Ángel Custodio está particularmente extendida la oración Angele Dei, que en muchas familias forma parte de las oraciones de la mañana y de la tarde, y que en muchos lugares se une también al rezo del Ángelus.

217. La piedad popular a los santos Ángeles, legítima y saludable, sin embargo puede dar lugar a desviaciones, como por ejemplo:

– si, como a veces sucede, se forma en el espíritu de los fieles una idea errónea pensando que el mundo y la vida están sometidos a tensiones demiúrgicas, a la lucha incesante entre espíritus buenos y malos, entre Ángeles y demonios, en la cual el hombre resulta arrollado por poderes superiores a él, ante los que no puede hacer nada; esta concepción, en cuanto elimina la responsabilidad del fiel, no se corresponde con la auténtica visión evangélica de la lucha contra el Maligno, que exige del discípulo de Cristo un compromiso moral, una opción por el Evangelio, humildad y oración;

– si las situaciones cotidianas de la vida se interpretan de una manera esquemática y simplista, casi infantil, atribuyendo al Maligno incluso las pequeñas contradicciones, y por el contrario, al Ángel Custodio los éxitos y logros, todo lo cual tiene poco o nada que ver con el progreso del hombre en su camino para alcanzar la madurez en Cristo. También hay que rechazar el uso de dar a los Ángeles nombres particulares, excepto Miguel, Gabriel y Rafael, que aparecen en la Escritura.