Santo abad Hilario (Ellero) de Galeata († 15 de mayo de 558)
Aunque la biografía original de este santo, redactada en el siglo VI por uno de sus discípulos (Pablo) fue embellecida con elementos legendarios -como se hacía en la hagiografía de aquella época-, los maravillosos acontecimientos que relata sobre la vida de san Hilario son en su núcleo históricos ‑recientemente lo constató fray Lanzoni de Ravenna en un análisis crítico1‑, así como lo relativo a su relación familiar con los santos Ángeles.
En la juventud del santo abad es posible observar el anterior supuesto: Al escuchar en la celebración litúrgica las palabras de Jesús: “Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lc 14,26), Hilario se decidió por la vida eremítica. Además, fue animado por un Ángel a abandonar la casa paterna y a emprender lo que hasta entonces deseaba. Así se lee en su biografía:
Hilario rezaba para que Dios se dignase enviarle un Ángel como guía para el futuro camino de su vida. Apenas terminó la oración se le apareció un Ángel, que le confirmó en su decisión: “¡Sé fuerte, actúa como un hombre! Dios va a cumplir todos los deseos de tu corazón. He aquí que te he sido dado como centinela para que todo lo que quieras realizar tenga éxito.” Entonces, Hilario se puso en camino, dejó su patria en la Toscana, atravesó los Apeninos y llegó al valle de Emilia. Allí se estableció en un lugar solitario que le mostró el Ángel. Se le unieron otros simpatizantes, entusiasmados por su vida ascética y en total comunión con Dios. Así se fundó cerca del año 496 la abadía de Galeata. La regla según la cual vivieron el abad Hilario y sus compañeros era muy simple, probablemente semejante a la de Pacomio: Mucha oración, ayuno severo, obras de humilde amor fraterno.
En cierta ocasión en que un ejército enemigo atacó la región del convento ‑se dice que eran soldados del rey Teóderic‑, los Ángeles ayudaron al abad Hilario, quien de nuevo había implorado:
Señor Jesucristo, quien te dignaste traerme hasta aquí por medio de un Ángel y me mostraste entonces este lugar para vivir, a ti confiamos nuestra causa, a ti que eres el juez de todos. ¡Mantente cerca en esta hora difícil, para que el enemigo no triunfe sobre nosotros, porque quiere aniquilar a tus siervos!
La oración fue atendida y los santos Ángeles, en la misión de Cristo, protegieron la abadía y la vida de los monjes.
En cuanto a la muerte del santo abad Hilario, en su biografía se lee: “Cuando se habían cumplido los días de su vida, a los 82 años, se le apareció otra vez un Ángel y le dijo: ‘¡Sé fuerte! ¡Actúa como un hombre! ¡Confirma a tu comunidad y a los que están congregados a tu alrededor! ¡Porque en tres días vendré para llevarte de este mundo!’” El autor de la Vita sancti Hilari concluye su obra con una breve frase que reafirma la historicidad de lo relatado: “Esto, lo que nosotros mismos hemos visto y escuchado de la boca del santo abad, esto les hemos comunicado.”2
1 Cfr. G. Lucchesi, Ellero, en Bibliotheca Sanctorum, vol. IV, 1, pp. 1400-1411.
2 Acta Sanctorum Maii, vol. III, 472-477.
