Monasterios
Formación Religiosa
Tras un discernimiento positivo con nuestro director vocacional y la entrega de la documentación necesaria, el superior de la comunidad le invitará a un periodo de estancia, el aspirantado. Durante este tiempo, vivirá con nosotros nuestra vida comunitaria y profundizará en su vocación, especialmente a través de la oración, las tareas diarias y las clases. El aspirantado suele durar varios meses, hasta que tenga claridad en su discernimiento vocacional y lleguemos a una decisión positiva.
El objetivo de la vida religiosa es la «consagración total a Dios en el seguimiento de Cristo, al servicio de la misión de la Iglesia» (VC 65).
A continuación, sigue el postulantado (aproximadamente un año). Durante este periodo se profundiza en los fundamentos de la vida y la doctrina cristianas. El postulante aprende a integrarse en la comunidad, a guardar silencio, a orar y a desprenderse del mundo.
Noviciado: La vida en la Orden comienza con el noviciado. Está organizado para que los novicios comprendan mejor la vocación a nuestra Orden, experimenten su estilo de vida y formen su mente y corazón en su espíritu. Mediante la oración y la abnegación, se les introduce en un camino más pleno de perfección.
El período de candidatura y postulantado puede realizarse en Colombia. El noviciado se lleva a cabo en nuestro Monasterio de Belém, en Guaratinguetá, Brasil.
Al finalizar el noviciado, los Hermanos consagran sus vidas a Dios profesando los votos religiosos. Recibirán un nombre religioso.
Estos votos son temporales y se renuevan anualmente. Los votos perpetuos se realizan después de seis años de votos temporales. Esto permite a los hermanos tiempo suficiente para arraigarse profundamente en la vida religiosa y en su convicción vocacional antes de dar este paso.
Los Hermanos que son llamados a la Hermandad Consagrada, después de profesar sus primeros votos, son asignados a una casa religiosa de la Orden, según sus capacidades, reciben formación continua y ayudan a la comunidad.
Formación Sacerdotal
Tras profesar los primeros votos, los Hermanos llamados al sacerdocio realizan sus estudios filosóficos en la facultad de filosofía y teología del Institutum Sapientiae, la casa de estudios pontificia de la Orden, ubicada en Anápolis, Brasil.
El programa comprende dos años de filosofía y tres de teología. En filosofía y teología se presta especial atención a la doctrina de Santo Tomás de Aquino.
Se hace especial hincapié en la formación litúrgica (cf. SC 14-17). Los Hermanos deben ser instruidos en teología espiritual para que su vida religiosa reciba un fundamento sólido y estén capacitados para el cuidado pastoral en los diversos estados de la Iglesia.
Los profesores son, en su mayoría, sacerdotes de la Orden de la Santa Cruz.
Tras completar sus estudios filosóficos, los Hermanos suelen realizar un año práctico en alguna de las otras casas de la Orden, a menudo en Europa, especialmente en nuestra Casa Madre en Austria. El propósito de este año es profundizar en su espiritualidad y conocer a otros hermanos y hermanas de la Orden. Este año también sirve para fortalecer y consolidar nuestro espíritu de familia.
Posteriormente, regresan a la casa de formación en Anápolis, Brasil, para cursar los estudios de Teología. Tras profesar sus votos perpetuos (después de seis años de votos temporales), los candidatos son ordenados diáconos. Un año después, normalmente, se raliza la ordenación sacerdotal. Tras su ordenación, los nuevos sacerdotes reciben su primer destino pastoral, que puede tener lugar en su país o en el extranjero.
Los sacerdotes y religiosos de la Orden se esfuerzan por dar una respuesta plena y total al amor de Dios mediante la profesión de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia. La Orden sigue la regla de San Agustín, la «regla del amor», que exhorta: «Ante todo, queridos hermanos, amen a Dios y luego a su prójimo, porque estos son los principales mandamientos que se nos han dado».
Los ángeles son modelos de este amor desinteresado a Dios y al prójimo. Por consiguiente, así como desde los primeros tiempos la Iglesia ha visto en la «vida angelical» el ejemplo de la vida religiosa, también la Orden de la Santa Cruz, desde su fundación, se ha esforzado por vivir conscientemente en compañía de los Santos Ángeles. «Ya aquí en la tierra, la vida cristiana participa por la fe de la bienaventurada compañía de los ángeles y los hombres unidos a Dios» (CIC 336).
Los miembros de la Orden de la Santa Cruz se esfuerzan por responder a su vocación mediante: la participación en el amor de Cristo por el Padre en la santa adoración; la participación en su amor por todos los hombres con espíritu de expiación; la contemplación de los misterios de la vida, muerte y resurrección de Cristo; y la proclamación de la sabiduría y el poder de Cristo Crucificado como nuestra misión en la Iglesia.
Estas cuatro expresiones de amor salvífico —adoración, contemplación, expiación y misión— expresan los objetivos contemplativos y activos de los Canónigos Regulares de la Santa Cruz en su servicio a Dios y al prójimo.
La adoración a Dios encuentra su más elevada expresión en la celebración de la sagrada Liturgia. Los Hermanos de la Santa Cruz se dedican a la celebración comunitaria y solemne de la Liturgia, en la cual todo lo que es humano está dirigido y subordinado a lo que es divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y el presente a la ciudad futura que buscamos.
Con toda la milicia del ejército celestial entonamos un himno de gloria al Señor y, venerando la memoria de los Santos, esperamos hacer parte de su sociedad, suspiramos por el Salvador, nuestro Señor Jesucristo, hasta que Él, nuestra vida, Se manifieste, y nosotros aparezcamos con Él en la gloria.
La celebración diaria del Sacrificio Eucarístico constituye el centro de la vida de los Hermanos de la Santa Cruz. Además de la Santa Misa, los Hermanos se unen a los Santos y a los Ángeles del cielo por el canto comunitario de la Liturgia de las Horas. La adoración eucarística hace parte integral de la vida cuotidiana de la Orden. En cada Monasterio el Santísimo Sacramento está expuesto para la adoración y, donde sea posible, se realiza la adoración perpetua.
Siguiendo el ejemplo de María Santísima, que continuamente meditaba las palabras de Cristo en su corazón, los Hermanos de la Santa Cruz se dedican a la contemplación, bebiendo de las fuentes auténticas de la espiritualidad cristiana. Ellos se esfuerzan en imitar a los Santos y a los Ángeles con una vida de recogimiento, con simplicidad y pureza de corazón, con humildad y silencio, en busca de una vida de mayor unión con Dios. Se dice del fundador, D. Telo, que, después de haber recibido la Santísima Eucaristía, permaneció horas en la meditación de la Pasión del Señor.
La contemplación de las cosas divinas y la unión con Dios por la oración asidua es el primer deber de cada religioso. Mediante la vivencia y la abundancia de los momentos de silencio y de oración, cultiva y profundiza su relación existencial con la persona viva del Señor Jesús. La lectura espiritual hace parte del necesario “pan de cada día”. Los sacerdotes, así como los demás miembros de la comunidad, se dedican al estudio de la Sagrada Teología en fidelidad al Magisterio de la Iglesia.
El Verbo Se hizo carne para salvarnos reconciliándonos con Dios. Fue Él quien nos amó y nos envió a Su Hijo como Víctima de expiación por nuestros pecados. Si Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros y dar la vida por nuestros hermanos, llevando los fardos unos de los otros.
Nuestra participación en el amor redentor de Cristo se nutre con la celebración diaria del Sacrificio Eucarístico. Para que la oblación con que, en este Sacrificio, los fieles ofrecen al Padre celeste la víctima Divina, tenga su pleno efecto, se requiere además otra cosa: es necesario que ellos se inmolen a sí mismos como víctimas. Es precisamente en la Santa Misa donde deseamos aprender el sentido de la caridad perfecta, con espíritu de reparación.
Con este mismo espíritu, los Hermanos de la Santa Cruz acompañan al Señor con oración y amor durante las horas de Su Pasión, el jueves por la noche y el viernes por la tarde (Passio Domini). La comunidad entera se reúne entonces para una Hora Santa, rezando por la santificación de los sacerdotes y por las necesidades de la Iglesia, en reparación por los pecados.
Los Hermanos de la Santa Cruz, buscando por encima de todo y únicamente a Dios, procuran conciliar la contemplación con el amor apostólico para dilatar el Reino de Cristo. Ellos se esfuerzan por conservar el espíritu misionero propio de la Orden, adaptándose a las condiciones hodiernas, para que la predicación del Evangelio entre todos los pueblos se realice de manera más eficiente.
Desde los primeros tiempos en Portugal, los Canónigos Regulares de la Santa Cruz intentaron la reforma del clero, se empeñaron en la sólida preparación y formación de los sacerdotes así como en la evangelización de todo el pueblo de Dios. Esta finalidad continua siendo realizada hoy mediante la formación de candidatos al sacerdocio, la asistencia espiritual a sacerdotes y religiosos, la predicación de retiros, la pastoral ordinaria de las parroquias y la actividad misionera. De modo particular, la Orden promueve el movimiento espiritual “Obra de los Santos Ángeles”.
La Orden de los Canónigos Regulares de la Santa Cruz fue fundada en Portugal en el año 1131 por Dom Tello y San Teotonio. San Teotonio, primer prior de la Orden, es venerado en la liturgia como reformador de la vida religiosa en Portugal. Con el tiempo, todos los canónigos regulares de Portugal se unieron en la Orden, que durante siglos fue un importante centro de liturgia, teología y vida intelectual en el país.
Fue gracias a la espiritualidad mariana de la Orden que Portugal se convirtió en la primera nación en consagrarse a la Inmaculada Concepción en el siglo XVIII. La Orden envió misioneros a la India, África y Latinoamérica, pero solo estableció conventos en Portugal.
En 1834, cuando el gobierno civil portugués se volvió anticatólico, la Orden fue violentamente reprimida.
La restauración de la Orden fue emprendida en 1977 por miembros del movimiento espiritual llamado Obra de los Santos Ángeles (Opus Sanctorum Angelorum). En 1979, la Congregación para los Religiosos y San Juan Pablo II formalizaron la restauración por decreto.
Debido a la notable correspondencia entre el legado de la antigua Orden y la espiritualidad del Opus Angelorum, la Iglesia concedió el privilegio de introducir en la Orden una «devoción especial a los santos ángeles según la probada tradición de la Iglesia».
Actualmente, la Orden está establecida en Austria (Casa Madre de la Orden restaurada), Italia (Generalato de la Orden), Alemania, Portugal, Colombia, Brasil, México, India, Filipinas y Estados Unidos. Los estudios filosóficos y teológicos para el sacerdocio, impartidos por la Orden durante siglos en su Pontificio Instituto de la Sabiduría, se trasladaron a Anápolis, Brasil, en 1984.
Vinculados a la Orden existen diversos grupos con la misma espiritualidad: una congregación de religiosas llamadas Hermanas de la Santa Cruz, asociaciones diocesanas de sacerdotes y una organización laica mixta, similar a un instituto secular.
Los Canónigos Regulares de la Santa Cruz tienen una casa en Bogotá, Colombia desde 1981 y en México desde 1989.
Conoce más sobre San Teotonio
La comunión consciente con los Ángeles y los Santos en la celebración de la liturgia es propia de la Orden de la Santa Cruz. Deseosa de adorar a Dios, la Orden otorga gran importancia a la reverencia, la solemnidad y la belleza de la liturgia. En ella, todo lo humano se dirige y subordina a lo divino: «lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación, y este mundo presente a la ciudad venidera, objeto de nuestra búsqueda» (Sacrosanctum Concilium, 2).
El latín ocupa un lugar destacado en la liturgia como expresión de la unidad de la Iglesia. Por su carácter solemne, nos ayuda de manera especial a suscitar y mantener viva una profunda comprensión de la grandeza del Misterio Eucarístico.
