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Cartas de formación - preparación a la CTA

CTA – Consagración a todos los Ángeles

2a etapa: primera carta

1a carta –

Primera carta de formación preparación a la CTA

Estimado miembro de la OA,
después de hacer la consagración al Santo Ángel de la Guarda, el hombre sentirá cada vez más el deseo de la santidad y de progresar en la vida espiritual. El Santo Ángel nos lleva a realizar la meta del Opus Angelorum (OA), que es la colaboración para la renovación de la vida espiritual en la Iglesia con el auxilio del Santo Ángel, en las direcciones fundamentales de Adoratio – Contemplatio – Expiatio – Missio, que son vividas y realizadas en todas las ramas de la Obra.

La Obra tiene como características sus propias consagraciones, oraciones y promesas:

  1. a) Consagración personal al santo ángel de la guarda ya todos los santos ángeles;
  2. b) ofrecerse para cualquier tipo de expiación, especialmente por los sacerdotes en peligro o desviados (oración expiatoria de Pío XI Jesu dulcissime, oración y consagraciones expiatorias de OA);
  3. c) la promesa de la comunidad de grupos individuales (ver estatutos § 21) y votos sagrados o vínculos similares (ver §§ 22, 52.57).
  • Efectos de la Consagración al Santo Ángel Custodio

La primera consagración de la Obra es al propio Ángel de la Guarda, por la cual nos convertimos en miembros de la Obra. El rito de esta consagración nos dice al respecto:

“La finalidad de la Consagración al Ángel Custodio es unirse al mismo Ángel Custodio, para que su ayuda hacia nosotros sea mucho más efectiva y avancemos más rápidamente en el camino hacia Dios. El santo ángel de la guarda quiere poner todas sus fuerzas para que nunca seamos separados de Dios. Quiere hablarnos más claramente a través de amonestaciones interiores, para animarnos más para el bien” (cf. CIC 350), quiere advertirnos de los peligros, iluminar nuestro espíritu para penetrar más profundamente en el conocimiento de Dios, en el temor de Dios y el amor a Dios, en la grandeza y el significado de la Palabra de Dios” (cf. Rito de Consagración). A través de la consagración al ángel de la guarda, nos hemos vuelto más abiertos a todos los servicios del ángel de la guarda ‘aquí en la tierra, especialmente para las obras de misericordia espirituales y corporales’ (cf. CIC 2447). Los ojos y los oídos, el corazón y las manos no solo se abrirán al ángel de la guarda, sino también al próximo. Así, la consagración al ángel de la guarda provoca una unión particular entre las personas. El santo ángel aplica su fuerza para que nunca más seamos separados de Dios.

Puede iluminar mejor nuestro espíritu para penetrar más en el conocimiento de Dios y su Palabra. Por la consagración a nuestro Ángel somos presentados por él a sus hermanos en los coros de Ángeles. Aprendemos a amar más el mundo de los ángeles, cuando luego nos encontraremos con todos los Ángeles en consagración a todos ellos.

Tareas para este mes:

  1. Haz un esfuerzo en este mes para mantener la 

2) El camino del crecimiento en la Obra dos Santos Anjos

2.1) La Obra de los Santos Ángeles se configura

– por la Palabra, – de Passio Domini, por la Cruz;

– por la doctrina de la Santa Iglesia y la literatura espiritual de OA;

– por el Pan Eucarístico, que es nuestro mejor alimento y el que siempre podemos contemplar en perpetua adoración.

Los miembros con la consagración al Ángel de la Guarda serán dirigidos por sacerdotes responsables y según las posibilidades. Ser miembro de la OA (simplemente por haber hecho la CAG, y sin pertenecer a un grupo particular de OA) se recomienda principalmente cuando circunstancias personales, deberes de estado o la distancia dificultan la incorporación de un determinado grupo de la OA, o lo hace imposible.

2.2) Dificultades

     Una de las principales razones por las que no progresamos en la vida espiritual es que no somos constantes en la práctica de la virtud. Y la principal causa de nuestra inconstancia es que nuestra voluntad está debilitada por el pecado original y personal. Si, por un lado, el enemigo agrava esta inconstancia natural, los ángeles nos ayudan a superarla.

Así como el ángel fortaleció a Jesús en el monte de Getsemani, los santos ángeles nos fortalecerán a nosotros. Jesús se arrodilló y oró: «Padre, si quieres, pasa de mí esta copa» (Lc 22,42). El Padre, sin embargo, no le quitó la copa. Pero envió un ángel con el cáliz de la fuerza para consolarlo (cf. Lc 22,43). Por eso Dios quiere enseñarnos a perseverar en las pruebas y vencer las tentaciones. Él nos concede la gracia de fortalecernos a través del ministerio de los ángeles, ya que ellos fortalecen nuestra voluntad.

2.3.) Deberes generales de la Obra

El primer deber es ser un cristiano activo dentro de la Santa Iglesia. Aquí es donde se basan los deberes fundamentales en la Obra:

   El gran amor a la oración, a la adoración, al trato íntimo con Dios; amor por la Palabra de Dios, por la meditación, por el silencio y la contemplación, y por poner en práctica este amor pacífico, meditativo y contemplativo; amor por la Cruz, sacrificio, expiación, principalmente por los sacerdotes; el amor a la obediencia, a ser enviado, a convertirse en «pan», como el Señor.

2.4.) La actitud fundamental de reverencia

Lo primero que los Santos Ángeles enseñan al hombre es el profundo respeto por Dios (cf. Ex 3,2-5; Is 6,1-7; Ap 4,8-11; 5,8; 19,10) y toda la propiedad de Dios (cf. Za 3,2; 2P 2,11).

El temor de Dios es condición fundamental para toda actitud recta hacia Dios, para toda edificación, para todo crecimiento. Este miedo nos impide diluir la verdad sobre Dios, sobre Su Palabra y sobre las cosas eternas. El respeto es el ancla firme del amor y la obediencia. Del temor de Dios surge el respeto ante la Santa Madre Iglesia, ante cada sacerdote, en fin, todo lo consagrado a Dios, sea persona u objeto, pero también ante los superiores, el vecino, los ancianos, los enfermos y los desamparados. El don del temor de Dios está ligado a la confianza (cf. 2 Co 3, 4; Ef 3, 12), que brota de un corazón puro y un alma de niño, sencilla y sin complicaciones. Esta confianza atrae la ayuda de Dios, de María y de los Santos Ángeles. 

2.5.) El amor como primer deber de comunidad

    En las comunidades y grupos de la OA, el amor real y concreto a Dios y al prójimo es una condición fundamental. La paz del corazón y la paz de la comunidad deben ganarse y vivirse a diario. De la Santísima Eucaristía, los miembros reciben el amor en todas sus formas de comprensión y bondad, alegría y mansedumbre, disposición para el sacrificio y fuerza para vencer, fortaleza y fidelidad.

La envidia y los celos (cf. Stg 4, 14-16), la desconfianza y la antipatía, la falta de amor y respeto no pueden tolerarse en ninguna comunidad (cf. Ef 4, 26-32). Las faltas graves y repetidas deben subsanarse mediante la corrección fraterna, para que se restablezca la unidad en el amor y la paz en la comunidad (cf. CIC 1829).

2.6.) Objetivos de la formación

En la formación de los miembros y en su seguimiento en profundidad, se da prioridad a la profundización de la vida espiritual según las cuatro direcciones fundamentales (cf. §§ 10-14), a saber:

  1. a) la formación de sacerdotes y laicos para una vida intensa en la gracia;
  2. b) el cultivo de un amor profundo por la Santísima Eucaristía, la Cruz, Passio Domini y María;
  3. c) el despertar y fomentar el pensamiento expiatorio, así como el amor, dispuesto a ayudar, especialmente en los peligros del estado sacerdotal;
  4. d) la consolidación de la fuerza espiritual del combate, mediante consagraciones y promesas propias de la Obra;
  5. e) formación para el apostolado general y específico.

Como la mayoría de los casos de lucha de los espíritus tienen lugar por la Palabra de Dios y por la Palabra (cf.2 Co 10,3-5; Ef 6,11-17), los laicos también estarán adecuadamente formados en la doctrina de la Iglesia.

2.7.) Medios de formación

La formación de los miembros y su seguimiento se realiza, preferentemente:

– a través de jornadas de recogimiento y ejercicios espirituales;

– mediante cartas circulares, cartas de formación y otros escritos doctrinales;

– a través de trabajos escritos sobre temas recibidos sobre la espiritualidad y el apostolado de OA;

– a través de reuniones de formación, seminarios y congresos.

2.8.) La salvación de las almas como meta suprema

“Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). «Si Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros» (1 Juan 4:11). “En esto sabemos lo que es el amor: en lo que dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos” (1 Jn 3,16), llevando las cargas unos de otros (cf. Gal 6,1-2), intercediendo ante Dios por los pecadores (cf. 1 Jn 5,16) y llevándolos perdido en la conversión (cf. St 5,19-20). Porque la salvación de las almas es la ley suprema en la Iglesia (cf. CIC 1572).

Las almas extraviadas o en peligro, deben ser ayudadas por medios espirituales de intercesión y expiación, obras de misericordia, hasta que estén una vez más firmemente sobre el terreno de Dios y de la Santa Iglesia. Para salvar almas, los miembros de la OA no rechazarán ningún posible sacrificio a su favor. El apostolado de OA, que se desarrolla bajo la protección y con la ayuda de los Santos Ángeles, se adapta a los diferentes estados y profesiones de los miembros y se adapta a sus respectivos deberes de estado.

  1. ¿Qué es una consagración?

En términos generales, la palabra «consagración» significa la dedicación de personas o cosas al culto divino. La persona u objeto se quita del uso profano y se coloca en el servicio santo de Dios. Este un santo estar «apartado» (o «separado») se lleva a cabo mediante la iniciación directa de Dios o mediante un rito o una bendición. Es Dios quien elige a las personas para su servicio y las llama a la comunión contigo. Dado que Dios propone un pacto de amor, se requiere la libre respuesta de la criatura. Esta respuesta del hombre a Dios también se puede llamar «consagración».

La ‘consagración’ y la ‘alianza’ se encuentran a lo largo de la historia de la salvación, y encuentran su cumbre y plenitud en Jesucristo. A través del ministerio de la Iglesia, Cristo realiza, en particular a través de los sacramentos, la consagración del hombre, otorgándole una participación en su sacerdocio y santidad.

Consagración a María y Ángeles

En vista de esta definición primaria de consagración, los teólogos a menudo han discutido si sería lícito consagrar a María, los Ángeles o los Santos. En primer lugar, hay que decir que la consagración fundamental y necesaria de todo cristiano es la consagración a Dios en el santo bautismo. Nuestra vida cristiana, o cualquier otro acto de culto, como la oración, el sacrificio o la consagración, está finalmente ordenado a desarrollar y perfeccionar la consagración bautismal en Cristo a través de una vida de virtud.

Entonces, ¿cuál es el valor de una consagración a María o a los ángeles? La consagración a una criatura es un fortalecimiento del vínculo que se ha establecido entre Dios y nosotros en el bautismo. Mediante la consagración a María, por ejemplo, estamos más estrechamente vinculados a Dios a través de la Virgen. Según San Luis María Grignón de Montfort, la consagración a María consiste en «entregarse íntegramente a la Virgen, para entregarse completamente a Jesús a través de ella». El objetivo de toda consagración es, por tanto, estar más unidos a Jesucristo, a quien fuimos consagrados en el santo bautismo. En el caso de una consagración a los Santos Ángeles, estamos trayendo a otros a Jesús con la ayuda especial de los Santos Ángeles.

4) Diferencia entre la Consagración al Ángel de la Guarda y todos los Santos Ángeles en la OA

Antes de reflexionar sobre la Consagración a todos los santos Ángeles, veamos primero la diferencia entre la Congregación al Ángel de la Guarda y a todos los Santos Ángeles. La Consagración al Ángel de la Guarda se centra principalmente en nuestra propia santificación y en mi camino a Dios: «Aquí, enviaré un ángel delante de ti para mantenerte en el camino y presentarte el lugar que preparé. Escúchalo y escucha a su voz” (Ex 23,20-21). A través de la Consagración al Ángel de la Guarda, hablando de manera figurativa podemos decir que el ángel va, no frente a nosotros, sino que nos toma de la mano, es decir, a través de la consagración experimentamos aún más su ayuda e intercesión; por tanto, nos conduce a una mayor santidad. El ángel de la guarda, por supuesto, quiere llevarnos un paso más allá: que nosotros mismos nos convirtamos en ángeles de la guarda para los demás.

Si la Consagración al Ángel de la Guarda se centra en nuestra propia santificación, la Consagración a todos los santos Ángeles llama generosamente a trabajar por la salvación de las almas. Mediante la consagración al Ángel custodio, entramos en la Obra de los Santos Ángeles. La consagración a todos los santos ángeles la realizan únicamente aquellos miembros que se entregan activamente a los propósitos de la Obra. Tal consagración se considera una alianza entre los fieles y los santos ángeles, un acto consciente y espontáneo de reconocer y aceptar y tomar en serio su misión y lugar en la economía de la salvación.

Como muchas espiritualidades llevan sus rasgos característicos, como el “Totus tuus” del santo Papa Juan Pablo II, podríamos caracterizar la espiritualidad de la Obra con las palabras: “cum sanctis angelis”, es decir, “con los santos Ángeles”, o“ en comunión con los santos Ángeles ”. Debido a este estrecho vínculo con ellos, la comunidad del Opus Angelorum, y también cada miembro individual, recibe su marca.

El ángel de la guarda quiere que amemos siempre más a Jesús, que pensemos más en él durante nuestra vida diaria, que busquemos su rostro y hagamos su voluntad. También quiere unirse a nosotros en este amor por Dios. Él quiere que nosotros también, como él, brillemos. Esto es lo que debería distinguirnos de otras comunidades, es decir, que brillemos. Sólo entonces seremos verdaderamente “Obra de los ángeles”, cuando nuestras consagraciones estén tan íntimamente unidas a los santos Ángeles, que su luz se refleje en nosotros. De lo contrario, no seríamos más que una «organización». Y el que dice: “No puedo hacer esto, esto es muy exigente para mí”, luego se detuvo.

¿Cómo llegamos a brillar? Por el amor que se da. El Señor quiere iluminarnos cada día más, para que este resplandor sea radiante. Pero, mientras todavía tengamos tantos lazos que nos conectan con la tierra, el yo, las cosas y asuntos cotidianos, no será posible brillar, el Señor no puede usarnos como personas que brillan. Debemos brillar en nuestra profesión, en nuestro entorno laboral, no solo en la iglesia. Todo nuestro ser, no importa dónde estemos o qué hagamos, todo debe brillar.

El amor a Dios te hace brillar. Una actitud de santa reverencia hace brillar la práctica de virtudes, como la humildad, la fuerza y ​​la fidelidad, para que unidos al Santo Ángel nos hagan brillar. Brillan la obediencia y la lealtad a la Iglesia. La santidad interior y la presencia de la gracia nos hacen brillar.

Cada comunidad tiene su propia característica, y la nuestra es que llevamos el Sagrado Rostro del Señor en la cruz; Él, que lleva la serenidad del brillo de la victoria en su rostro. El amor del Señor debe formar nuestro rostro, el rostro de la comunidad de los santos por venir: Ángel y hombre unidos en Dios.

5) Consagración a todos los santos ángeles

Más bien, la consagración a todos los santos ángeles del Opus Angelorum es un compromiso generoso y sobrio, en primer lugar, para luchar por la santidad y, en segundo lugar, para trabajar por la salvación de las almas. Mediante esta consagración, la persona se consagra a todos los santos ángeles que existen: esto incluye, por ejemplo, el ángel de la guarda de su párroco, el obispo e incluso el Papa, los ángeles de sus hijos, padres y colaboradores, él se consagra a los ángeles de los pecadores y santos, a los ángeles de las naciones, en fin, a los ángeles de todos los coros celestiales. Con la ayuda especial de los ángeles, el candidato se compromete a ayudar y cuidar a quienes Dios confía a sus oraciones, sacrificios o ayuda práctica. En pocas palabras: una persona se une a los ángeles para participar en la guerra angélica espiritual por la salvación de las almas y, especialmente, las almas de los sacerdotes. Pensándolo bien, nos damos cuenta de que es una gran gracia, pero también una gran responsabilidad.

Para hacerlo aún más claro, usemos una imagen: En la consagración al santo ángel, el ángel se inclina hacia nosotros. En consagración a todos los ángeles, el hombre es elevado a las alturas de los ángeles. En consagración al ángel de la guarda, el ángel lleva la solicitud, la preocupación, la responsabilidad y la tarea. En consagración a todos los ángeles, la tarea es del hombre. En consagración al ángel Custodio, el ángel se preocupa por el hombre. En consagración a todos los ángeles, el hombre se preocupa por los ángeles. A medida que ambos se esfuerzan, pueden alcanzar una unión más profunda, tal como la quiere Dios, que es el fin. El hombre se convierte en un instrumento del ángel, al mismo tiempo que el ángel se convierte en un instrumento para el hombre a través de tal unión.

El descenso del ángel de la guarda significa para él la imitación de Cristo mediante la humildad. Para el ángel es un verdadero sacrificio, aunque no sea sufrimiento. Por el contrario, la ascensión del hombre al Ángel no es un mero paseo, solo es posible a través de una profunda transformación. No hay transformación sin sacrificio. Dios une el sacrificio de ambos, hombre y ángel, para la consagración expiatoria, de modo que sean más efectivos para la obra de salvación. La consagración a los Santos Ángeles, cuando se vive correctamente, conduce a una vida de mayor perfección, en el espíritu de los consejos evangélicos, según el estado respectivo (cf. PO 5).

Al consagrarnos a todos los santos ángeles, pedimos la ayuda de los santos ángeles, y para eso ponemos a disposición nuestra fuerza, ​​disponibilidad y nuestras capacidades. Nos dejamos enviar a la batalla por el reino de Dios y por la salvación de las almas. Cuanto más consciente y amorosamente alguien se consagra a los Santos Ángeles, dispuesto a acogerlos, con tanta mayor fuerza pueden actuar sobre esa persona y por él.

La consagración a todos los Santos Ángeles debe ser tomada en serio, ya que se trata de nuestra perfección, nuestra santidad (cf. Novo Millenium Inneunte 30-31). A través de ella, nos fortalecemos interiormente para soportar las purificaciones en la tierra y crecer con ellas. Dios nos envía pruebas como gracia, como posibilidad de crecimiento.

La consagración a los Ángeles es también una declaración de guerra contra el enemigo, al que renunciamos en el Bautismo y luego, con la fuerza de la gracia del sacramento de la Confirmación, “para difundir y defender la fe con palabras y obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el Nombre de Cristo y nunca avergonzarse de la Cruz” (Cat. 1303). Podemos mantenernos firmes en la lucha contra el adversario de Dios (cf. Ef 6,10-18; St 4,7; 1P 5,8-9), rechazando sus ataques con mayor fuerza de gracia y mediación de los Santos Ángeles. Y cada victoria, lograda con la gracia de Dios, trae consigo nuevas gracias de fidelidad y amor, clarividencia y fortaleza.

Con estas características, entendemos que tal consagración no puede tomarse como ligera y fácil. No es una efusión sentimental. Conectarse con los santos ángeles significa asumir los peligros y las tristezas de la vida. Quien asuma tal consagración será probado con más fuerza. Viviendo estas pruebas, entendemos que Dios se toma en serio esta consagración. Para entrenarnos en el combate debemos aprender a dejarnos purificar aquí en la tierra. Debemos crecer en profundidad, debemos aprender a renunciar, a silenciar y a obedecer incondicionalmente.

A través de la consagración a todos los Ángeles pasamos de «ser niños» a «ser siervos». El alma se vuelve flexible y responde con el mismo amor, sea cual sea el lugar o las circunstancias donde Dios la coloque.

La consagración a todos los ángeles no se centra tanto en la santificación en sí misma, sino en la salvación de las almas. Aprenderemos a ofrecer sacrificios continuamente por la salvación del mundo y Dios enviará las pruebas como gracia y oportunidad para el crecimiento espiritual.

La consagración a los ángeles generalmente requiere una preparación más prolongada bajo la guía del sacerdote competente. Se examina al candidato en cuanto a su aptitud, principalmente su aspiración a la perfección en las virtudes del temor de Dios y la fidelidad, de la humildad y la obediencia, del amor y del silencio, del orden y de la medida, así como en la imitación de María. También es necesario tener salud espiritual y psíquica, así como un carácter equilibrado. Más detalles y pormenores regulan los estatutos de cada grupo, respectivamente.

Historia del Angel

Mi amigo Marcelo vivía con su madre y su hermana en un barrio no muy tranquilo de una gran ciudad del interior de São Paulo. Una vez, mientras viajaba, Marcelo pensó en la seguridad de la casa y rezó a su ángel de la guarda: «¡Santo ángel, cuida y guarda nuestra casa!» Cuando regresaron, un amigo le preguntó quién era la persona que se había quedado en su casa. Marcelo estaba asombrado, ya que había dejado la casa vacía. Entonces esta amiga le dijo que ella lo había llamado, cuando hubo el siguiente diálogo: «¿Está Marcelo ahí?» «No.» «¿Quien habla?» «Yo soy la Guardia». Sorprendido, Marcelo recordó la petición que le había hecho al santo ángel de la guarda … ¿No son ellos los mensajeros enviados por Dios para servir a los que tienen que heredar la salvación? (Hb 1,14).

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Cartas de formación - preparación a la CTA

CTA – Consagración a todos los Ángeles

2a etapa: cuarta carta

4a carta

Cuarta carta de formación: preparación a la CTA

Estimado miembro de la OA,

 

 


[1] Languet, J J, The Life of the Blessed Margaret Mary Alacoque, p. 256

 

 

Tareas para este mes

En el contexto de esta Carta de Formación lea también: Opus Angelorum Estatutos, nn. 16c, 17, 19, 20.

  1.   Rece diariamente la oración de consagración a todos los santos ángeles.

    Esfuércese por vivir en la presencia de Dios y de los santos ángeles.

     

    Esfuércese por colaborar activamente con los ángeles durante el día (pidiendo ayuda, enviándolos a los necesitados, etc)

Vemos en este relato las siguientes cualidades y características de una consagración a los ángeles: en primer lugar, vemos lo mucho que los ángeles desean una alianza especial (pacto) con nosotros para el bien de la gloria de Dios. En segundo lugar, este contrato se inscribe también en letras de oro en el Corazón de Jesús, lo que significa que es santificado y querido por Cristo. En tercer lugar, esta unión especial hace que los ángeles y los hombres participen mutuamente de los dones de Dios y permite que cada uno se beneficie de las gracias que el otro recibe. En cuarto lugar, la vivencia fiel de la consagración conduce a un mayor grado de conocimiento, reverencia y pureza de intención. Y por último, este aumento de la gracia y el amor a Dios desarrolla su propia dinámica, de modo que en unión con el Corazón de Jesús, con María y los ángeles nos esforzamos por acercar a otros a Dios, tal como los ángeles nos quieren acercar a Dios.

 

Descubre tu carisma

            Por la consagración a todos los ángeles, el hombre se vuelve más servicial, comprende mejor que nadie vive para sí mismo (cf Rm 14,7). Como en la vida humana, uno toma decisiones, se relaciona con ciertas personas, escoge una profesión y trabaja para el bien de la humanidad, así también en la vida con los ángeles. No todos hacen lo mismo, algunos se destacan por algunas virtudes especiales, algunos practican más la caridad, otros la humildad, otros se distinguen por una vida de oración o de servicio. Así hay personas que trabajan en el ministerio de liberación o de combate espiritual y colaboran más con san Miguel Arcángel, otros se dedican al estudio de la Palabra de Dios, trabajan al servicio de la evangelización y gozan más de la ayuda de san Gabriel, otros prestan un servicio caritativo, dedicándose a ayudar a los enfermos y están asistidos por san Rafael.

            Aunque estamos consagrados a todos los ángeles nos distinguimos por la misión que tenemos. Así puede ser, por ejemplo, que una persona presta un servicio concreto y personal, de asistir a un enfermo como enfermera en un hospital. Sin embargo, en el nivel espiritual se puede relacionar con todos los enfermos, prestando un servicio a todos los ángeles custodios de las personas con la misma enfermedad. Así es, que según la intención y con la ayuda de los santos ángeles prestamos un servicio mucho más universal.

            Un ángel, por ejemplo, el ‘ángel de la penitencia’, que menciona el Pastor del Hermas, puede asistir a todos los seres humanos en el mundo que hacen penitencia. Entonces, si yo hago penitencia y me uno a este ángel, voy a apoyar a tal ángel, para que su acción e influencia en el mundo sea más eficaz.

            Según el carisma de cada uno, a través de la consagración a todos los ángeles, mis acciones llevan a una mayor eficacia.

            ¡Que bello sería, si mediante la consagración pudiera ver mi propio carisma más claramente y dirigirme más conscientemente a aquellos ángeles que Dios colocó precisamente para actuar en lo que se refiere a mi carisma! Si conociéramos mejor el mundo angelical, nos podríamos dirigir directamente a aquellos ‘ángeles especialistas’ que nos deben ayudar. También podemos pedir a Dios, que en virtud de esta consagración, nos coloque a un ángel especial a nuestro lado, que nos ayude para que lleguen a pleno efecto las gracias específicas de esta consagración.

            Todo esto presupone una convivencia consciente con los santos ángeles y requiere una experiencia viva con ellos, cuando en el ejercicio de mi propio carisma o de mi profesión puedo notar la presencia y ayuda concreta de los santos ángeles. Precisamente por esta razón, es necesaria una preparación prolongada para esta gran consagración a todos los santos Ángeles.

 

            La consagración es como un talento, sobre el cual el Señor al final de nuestra vida, nos preguntará: ¿qué has hecho con tus ángeles? ¿Has vivido tu consagración con responsabilidad? ¿Has honrado a los santos Ángeles? 

El llamado a la cooperación con los Ángeles

La clave, para que esta Consagración produzca sus frutos en nuestra vida espiritual, es la cooperación diligente. La consagración a todos los santos ángeles es una gracia especial de Dios que exige y permite nuestra respuesta humana. Esta dinámica entre la llamada de la gracia por medio del ángel y la cooperación del hombre, se puede ver de modo más bello en el pasaje evangélico de la Anunciación, el diálogo entre María y el Arcángel Gabriel. El ángel le trae el llamado de la gracia de Dios. Por la gracia ella a su vez responde a este llamado con su «fiat» – «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Llamada y respuesta: el ángel lleva el llamado de Dios y por Su gracia el hombre debe dar su respuesta.

Cuando nos comprometemos con Dios y con el ángel a través de una consagración, es posible que los ángeles puedan ejercer más influencia sobre nosotros. Pero, como hemos visto anteriormente, debemos cooperar con asiduidad: debemos aprender a estar en silencio, para escuchar su voz y obedecer. El efecto será crecer en la caridad y ser más generosos con Dios y el hombre.

Hay todavía otra dimensión de la Consagración a todos los santos ángeles en la OA: desde que la consagración a todos los santos ángeles, en la Obra de los Santos Ángeles, está pública y oficialmente recibida por la Iglesia, implica una misión que se ejerce en el nombre de la Iglesia.

 

Por otra parte, el documento del Vaticano, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, afirma: «La devoción a los santos ángeles da lugar a una cierta forma de vida cristiana». Nuestra principal tarea consiste, pues, en la manifestación de nuestra devoción y unión con los santos ángeles para vivir y crecer sobre todo en las siete virtudes características de la Obra de los Santos Ángeles: la fidelidad, la humildad, la obediencia, el amor, el silencio, la templanza y la imitación de María, que se explicarán en otras cartas de formación. En la medida que crezcamos en estas virtudes, en la misma medida seremos capaces de formar una alianza efectiva con los santos ángeles y atraer abundantes gracias para la Iglesia militante en la tierra.

Nosotros necesitamos a los Ángeles

Necesitamos a los santos ángeles ya que, como San Pablo nos dice, «nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, las potestades, los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos en los aires» (Ef 6,12). Necesitamos los ángeles porque ellos son los ministros normales de las gracias actuales de luz, advertencia, consejo, ánimo, fuerza y consuelo. Ellos median nuestras oraciones a Dios y Dios les envía con la respuesta divina de su gracia (cf. Tob 12,12.14; 3,24-25). En resumen, necesitamos los santos ángeles porque Dios los ha integrado perfectamente en la economía de la gracia en Cristo. Por lo tanto, cada victoria sobre la tentación y el pecado es con la ayuda de los ángeles, todo crecimiento en la vida espiritual incluye una colaboración con los santos ángeles.

 

Los ángeles nos necesitan

Hasta aquí hemos considerado la unión con los ángeles bajo la perspectiva de que son de gran ayuda para nosotros. La verdad más plena, sin embargo, es que esta «ayuda» no es sólo unilateral, sino recíproca. Sin duda, necesitamos a los ángeles, pero los ángeles también necesitan nuestra cooperación para llevar las almas a Dios. Y Dios quiere esta cooperación con los ángeles en su Obra de salvación. El Papa Pío XII afirma, que «la salvación de muchos depende de las oraciones y mortificaciones voluntarias que los miembros del Cuerpo Místico de Cristo ofrecen». Los ángeles o santos en el cielo, estando en la visión beatífica de Dios, ya no pueden ganar méritos de gracias por penitencias voluntarias y sacrificios por la conversión de los pecadores, solamente nosotros, que todavía estamos en nuestra peregrinación en la tierra, podemos merecer tales gracias para las almas.

Lo que estamos llamados a hacer, entonces, es ofrecer con los ángeles los méritos preciosos de nuestros sacrificios cotidianos, grandes y pequeños. Los ángeles pueden incorporar estos méritos y gracias a todas las personas necesitadas, a través de la Iglesia, en todo el mundo. Es como la oración después de la consagración eucarística en la Oración Eucarística I donde reza el celebrante: “Humildemente te pedimos, Dios todopoderoso, que estos santos dones sean llevados por manos de tu santo ángel, hacia el altar celeste, ante los ojos de su majestad divina, para que todos los que a través de esta participación en el altar reciben el Santísimo Cuerpo y Sangre de tu Hijo, seamos repletos de toda gracia y bendición celestial”.

 

Es un gran misterio del plan divino de Dios y de la comunión de los santos: una criatura ayuda a la otra, el ángel ayuda al hombre y el hombre ayuda al ángel. Los ángeles nos traen luz y fortaleza, de nosotros ellos buscan los pequeños sacrificios, las renuncias voluntarias, el servicio alegre por amor, para que en virtud de estas obras meritorias ellos puedan combatir los grandes males de nuestro tiempo y apoyar a otros.

Conclusión
Por lo tanto, unidos con los santos ángeles en una santa amistad, vamos a empezar ahora a estar más atentos a sus admoniciones e inspiraciones, vamos a empezar ahora a recurrir a ellos en todas las necesidades y confiar en su ayuda. Y vamos a llenar sus manos con nuestros pequeños sacrificios y toda nuestra buena voluntad, para que puedan ser fuertes defensores de la Iglesia y de las almas. Si tomamos a pecho esta unión con los ángeles y la vivimos en la vida diaria, junto con ellos vamos a dar mucho fruto en esta vida para la salvación de las almas, y, al final, vamos a estar unidos con ellos en el cielo por una amistad eterna y un vínculo de amor especial, donde juntos vamos a alabar la misericordia infinita de Dios.

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Cartas de formación - preparación a la CTA

CTA – Consagración a todos los Ángeles

2a etapa: tercera carta

3a carta

Tercera carta de formación: preparación a la CTA

Estimado miembro de la OA,

Sentido de la consagración a todos los Ángeles II

Los que quieran hacer la Consagración a todos los santos ángeles deben esforzarse por ofrecer más amor, mayor honor, un mejor servicio y una mayor cooperación para la salvación de las almas. Deben estar motivados por el deseo especial de crecer en las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, con el fin de estar mejor conformados y unidos a Dios. Y puesto que la misión de todos los santos ángeles es salvar a toda la humanidad, se deduce que, en virtud de esta consagración, debemos estar más comprometidos con la Obra para las necesidades de la Iglesia y la salvación de las almas. Este mayor compromiso ayuda al mismo tiempo nuestro crecimiento en santidad.

 

¿Cuál es el objetivo de la consagración a los ángeles?

Después de haber visto el papel clave de los ángeles para nuestra vida cristiana, ahora vamos a reflexionar sobre el objetivo de la consagración a los ángeles. Hay que decir que en general los ángeles llevan a cabo su ministerio para con los hombres, con o sin una consagración, es decir, no es estrictamente necesario para la salvación ser consagrado a los ángeles. Ahora bien, si esta ayuda de los ángeles en todas nuestras buenas obras es universal, ¿por qué la Iglesia todavía respalda y aprueba una consagración a los santos ángeles? ¿Qué más añade una consagración a su ministerio?

En primer lugar, los ángeles tienen un ministerio de Dios para orar por nosotros, protegernos, consolarnos, iluminarnos y fortalecernos.

Cuando hacemos una consagración a los santos ángeles, nos dirigimos a ellos con el fin de hacer un pacto, basado en la amistad, que nos una con mayor perfección en el amor con ellos. Comprendemos mejor la misión y las tareas de los santos ángeles, y deseamos colaborar con ellos. Se realiza una unión más intensa con ellos, es decir, nos abrimos más a la influencia del ángel a través de este acto de consagración. Esta mayor apertura a los ángeles, a su vez da lugar a una cooperación más eficaz para el cumplimiento de la voluntad de Dios en este mundo: la salvación de las almas. La consagración, si nos esforzamos en vivirla, nos atrae muchas más gracias y aumenta nuestra receptividad para sus inspiraciones y ayudas.

Las gracias recibidas a través de una consagración a los ángeles, pueden ser muy bien vistas en la vida de santa Margarita María Alacoque, la santa del Sagrado Corazón. Ella recuerda una ocasión en que los ángeles se acercaron a ella y la invitaron a entrar en un pacto especial o «asociación» con ellos. Un día, durante el tiempo de trabajo, se retiró a un pequeño patio cerca del Santísimo Sacramento, donde: «haciendo mi trabajo de rodillas, me sentí absorbida interior y exteriormente. Al mismo tiempo, vi ante mí el corazón amoroso de mi adorable Jesús, más brillante que el sol. Parecía como si estuviera en medio de las llamas, que eran las de Su amor. Estaba rodeado de serafines, que cantaban estas palabras en armonía admirable: el amor triunfa, el amor se goza, goza del amor en Dios.

Cuando estos espíritus bienaventurados me invitaron a participar en su cántico de alabanza al Corazón de Jesucristo, no me atreví a hacerlo, pero me reprendieron y me dijeron que habían venido con el propósito de asociarse conmigo para ofrecer un homenaje continuo de amor, adoración y alabanza a este Corazón Sagrado. Para este objetivo, tomarían mi lugar ante el Santísimo Sacramento, para que por su mediación pudiera ser capaz de amar sin interrupción, y participarían de la misma manera que yo, en sus personas, compartiendo su amor gozoso en el amor que me hizo sufrir. Me parecía como si se hubiera escrito esto, con letras de oro en el Sagrado Corazón, en los caracteres inmarcesibles del amor.

Esta comunicación duró unas dos o tres horas, he sentido toda mi vida los efectos de la misma, tanto en la ayuda que he recibido de esta asociación, y en la dulzura que ha producido, y que todavía sigue produciendo en mí. Estaba abrumada por la confusión, sin embargo, frente a estos santos ángeles, los llamé mis compañeros divinos. Este favor me dio tan gran deseo de obtener la pureza de intención, y tan alta idea de lo que es necesario para conversar con Dios, que todas las cosas me parecieron impuras en comparación con el fervor de los Serafines”[1].

 



[1] Languet, J J, The Life of the Blessed Margaret Mary Alacoque, p. 256

 

 

Tareas para este mes

En el contexto de esta Carta de Formación lea también: Opus Angelorum Estatutos, nn. 16c, 17, 19, 20.

  1.   Rece diariamente la oración de consagración a todos los santos ángeles.

    Esfuércese por vivir en la presencia de Dios y de los santos ángeles.

     

    Esfuércese por colaborar activamente con los ángeles durante el día (pidiendo ayuda, enviándolos a los necesitados, etc)

Vemos en este relato las siguientes cualidades y características de una consagración a los ángeles: en primer lugar, vemos lo mucho que los ángeles desean una alianza especial (pacto) con nosotros para el bien de la gloria de Dios. En segundo lugar, este contrato se inscribe también en letras de oro en el Corazón de Jesús, lo que significa que es santificado y querido por Cristo. En tercer lugar, esta unión especial hace que los ángeles y los hombres participen mutuamente de los dones de Dios y permite que cada uno se beneficie de las gracias que el otro recibe. En cuarto lugar, la vivencia fiel de la consagración conduce a un mayor grado de conocimiento, reverencia y pureza de intención. Y por último, este aumento de la gracia y el amor a Dios desarrolla su propia dinámica, de modo que en unión con el Corazón de Jesús, con María y los ángeles nos esforzamos por acercar a otros a Dios, tal como los ángeles nos quieren acercar a Dios.

 

Descubre tu carisma

            Por la consagración a todos los ángeles, el hombre se vuelve más servicial, comprende mejor que nadie vive para sí mismo (cf Rm 14,7). Como en la vida humana, uno toma decisiones, se relaciona con ciertas personas, escoge una profesión y trabaja para el bien de la humanidad, así también en la vida con los ángeles. No todos hacen lo mismo, algunos se destacan por algunas virtudes especiales, algunos practican más la caridad, otros la humildad, otros se distinguen por una vida de oración o de servicio. Así hay personas que trabajan en el ministerio de liberación o de combate espiritual y colaboran más con san Miguel Arcángel, otros se dedican al estudio de la Palabra de Dios, trabajan al servicio de la evangelización y gozan más de la ayuda de san Gabriel, otros prestan un servicio caritativo, dedicándose a ayudar a los enfermos y están asistidos por san Rafael.

            Aunque estamos consagrados a todos los ángeles nos distinguimos por la misión que tenemos. Así puede ser, por ejemplo, que una persona presta un servicio concreto y personal, de asistir a un enfermo como enfermera en un hospital. Sin embargo, en el nivel espiritual se puede relacionar con todos los enfermos, prestando un servicio a todos los ángeles custodios de las personas con la misma enfermedad. Así es, que según la intención y con la ayuda de los santos ángeles prestamos un servicio mucho más universal.

            Un ángel, por ejemplo, el ‘ángel de la penitencia’, que menciona el Pastor del Hermas, puede asistir a todos los seres humanos en el mundo que hacen penitencia. Entonces, si yo hago penitencia y me uno a este ángel, voy a apoyar a tal ángel, para que su acción e influencia en el mundo sea más eficaz.

            Según el carisma de cada uno, a través de la consagración a todos los ángeles, mis acciones llevan a una mayor eficacia.

            ¡Que bello sería, si mediante la consagración pudiera ver mi propio carisma más claramente y dirigirme más conscientemente a aquellos ángeles que Dios colocó precisamente para actuar en lo que se refiere a mi carisma! Si conociéramos mejor el mundo angelical, nos podríamos dirigir directamente a aquellos ‘ángeles especialistas’ que nos deben ayudar. También podemos pedir a Dios, que en virtud de esta consagración, nos coloque a un ángel especial a nuestro lado, que nos ayude para que lleguen a pleno efecto las gracias específicas de esta consagración.

            Todo esto presupone una convivencia consciente con los santos ángeles y requiere una experiencia viva con ellos, cuando en el ejercicio de mi propio carisma o de mi profesión puedo notar la presencia y ayuda concreta de los santos ángeles. Precisamente por esta razón, es necesaria una preparación prolongada para esta gran consagración a todos los santos Ángeles.

 

            La consagración es como un talento, sobre el cual el Señor al final de nuestra vida, nos preguntará: ¿qué has hecho con tus ángeles? ¿Has vivido tu consagración con responsabilidad? ¿Has honrado a los santos Ángeles? 

El llamado a la cooperación con los Ángeles

La clave, para que esta Consagración produzca sus frutos en nuestra vida espiritual, es la cooperación diligente. La consagración a todos los santos ángeles es una gracia especial de Dios que exige y permite nuestra respuesta humana. Esta dinámica entre la llamada de la gracia por medio del ángel y la cooperación del hombre, se puede ver de modo más bello en el pasaje evangélico de la Anunciación, el diálogo entre María y el Arcángel Gabriel. El ángel le trae el llamado de la gracia de Dios. Por la gracia ella a su vez responde a este llamado con su «fiat» – «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Llamada y respuesta: el ángel lleva el llamado de Dios y por Su gracia el hombre debe dar su respuesta.

Cuando nos comprometemos con Dios y con el ángel a través de una consagración, es posible que los ángeles puedan ejercer más influencia sobre nosotros. Pero, como hemos visto anteriormente, debemos cooperar con asiduidad: debemos aprender a estar en silencio, para escuchar su voz y obedecer. El efecto será crecer en la caridad y ser más generosos con Dios y el hombre.

Hay todavía otra dimensión de la Consagración a todos los santos ángeles en la OA: desde que la consagración a todos los santos ángeles, en la Obra de los Santos Ángeles, está pública y oficialmente recibida por la Iglesia, implica una misión que se ejerce en el nombre de la Iglesia.

 

Por otra parte, el documento del Vaticano, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, afirma: «La devoción a los santos ángeles da lugar a una cierta forma de vida cristiana». Nuestra principal tarea consiste, pues, en la manifestación de nuestra devoción y unión con los santos ángeles para vivir y crecer sobre todo en las siete virtudes características de la Obra de los Santos Ángeles: la fidelidad, la humildad, la obediencia, el amor, el silencio, la templanza y la imitación de María, que se explicarán en otras cartas de formación. En la medida que crezcamos en estas virtudes, en la misma medida seremos capaces de formar una alianza efectiva con los santos ángeles y atraer abundantes gracias para la Iglesia militante en la tierra.

Nosotros necesitamos a los Ángeles

Necesitamos a los santos ángeles ya que, como San Pablo nos dice, «nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, las potestades, los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos en los aires» (Ef 6,12). Necesitamos los ángeles porque ellos son los ministros normales de las gracias actuales de luz, advertencia, consejo, ánimo, fuerza y consuelo. Ellos median nuestras oraciones a Dios y Dios les envía con la respuesta divina de su gracia (cf. Tob 12,12.14; 3,24-25). En resumen, necesitamos los santos ángeles porque Dios los ha integrado perfectamente en la economía de la gracia en Cristo. Por lo tanto, cada victoria sobre la tentación y el pecado es con la ayuda de los ángeles, todo crecimiento en la vida espiritual incluye una colaboración con los santos ángeles.

 

Los ángeles nos necesitan

Hasta aquí hemos considerado la unión con los ángeles bajo la perspectiva de que son de gran ayuda para nosotros. La verdad más plena, sin embargo, es que esta «ayuda» no es sólo unilateral, sino recíproca. Sin duda, necesitamos a los ángeles, pero los ángeles también necesitan nuestra cooperación para llevar las almas a Dios. Y Dios quiere esta cooperación con los ángeles en su Obra de salvación. El Papa Pío XII afirma, que «la salvación de muchos depende de las oraciones y mortificaciones voluntarias que los miembros del Cuerpo Místico de Cristo ofrecen». Los ángeles o santos en el cielo, estando en la visión beatífica de Dios, ya no pueden ganar méritos de gracias por penitencias voluntarias y sacrificios por la conversión de los pecadores, solamente nosotros, que todavía estamos en nuestra peregrinación en la tierra, podemos merecer tales gracias para las almas.

Lo que estamos llamados a hacer, entonces, es ofrecer con los ángeles los méritos preciosos de nuestros sacrificios cotidianos, grandes y pequeños. Los ángeles pueden incorporar estos méritos y gracias a todas las personas necesitadas, a través de la Iglesia, en todo el mundo. Es como la oración después de la consagración eucarística en la Oración Eucarística I donde reza el celebrante: “Humildemente te pedimos, Dios todopoderoso, que estos santos dones sean llevados por manos de tu santo ángel, hacia el altar celeste, ante los ojos de su majestad divina, para que todos los que a través de esta participación en el altar reciben el Santísimo Cuerpo y Sangre de tu Hijo, seamos repletos de toda gracia y bendición celestial”.

 

Es un gran misterio del plan divino de Dios y de la comunión de los santos: una criatura ayuda a la otra, el ángel ayuda al hombre y el hombre ayuda al ángel. Los ángeles nos traen luz y fortaleza, de nosotros ellos buscan los pequeños sacrificios, las renuncias voluntarias, el servicio alegre por amor, para que en virtud de estas obras meritorias ellos puedan combatir los grandes males de nuestro tiempo y apoyar a otros.

Conclusión
Por lo tanto, unidos con los santos ángeles en una santa amistad, vamos a empezar ahora a estar más atentos a sus admoniciones e inspiraciones, vamos a empezar ahora a recurrir a ellos en todas las necesidades y confiar en su ayuda. Y vamos a llenar sus manos con nuestros pequeños sacrificios y toda nuestra buena voluntad, para que puedan ser fuertes defensores de la Iglesia y de las almas. Si tomamos a pecho esta unión con los ángeles y la vivimos en la vida diaria, junto con ellos vamos a dar mucho fruto en esta vida para la salvación de las almas, y, al final, vamos a estar unidos con ellos en el cielo por una amistad eterna y un vínculo de amor especial, donde juntos vamos a alabar la misericordia infinita de Dios.

Categorías
Cartas de Formación

CTA03

Cartas de formación - preparación a la CTA

CTA – Consagración a todos los Ángeles

2a etapa: tercera carta

3a carta

Tercera carta de formación: preparación a la CTA

Estimado miembro de la OA,

Sentido de la consagración a todos los Ángeles II

Los que quieran hacer la Consagración a todos los santos ángeles deben esforzarse por ofrecer más amor, mayor honor, un mejor servicio y una mayor cooperación para la salvación de las almas. Deben estar motivados por el deseo especial de crecer en las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, con el fin de estar mejor conformados y unidos a Dios. Y puesto que la misión de todos los santos ángeles es salvar a toda la humanidad, se deduce que, en virtud de esta consagración, debemos estar más comprometidos con la Obra para las necesidades de la Iglesia y la salvación de las almas. Este mayor compromiso ayuda al mismo tiempo nuestro crecimiento en santidad.

 

¿Cuál es el objetivo de la consagración a los ángeles?

Después de haber visto el papel clave de los ángeles para nuestra vida cristiana, ahora vamos a reflexionar sobre el objetivo de la consagración a los ángeles. Hay que decir que en general los ángeles llevan a cabo su ministerio para con los hombres, con o sin una consagración, es decir, no es estrictamente necesario para la salvación ser consagrado a los ángeles. Ahora bien, si esta ayuda de los ángeles en todas nuestras buenas obras es universal, ¿por qué la Iglesia todavía respalda y aprueba una consagración a los santos ángeles? ¿Qué más añade una consagración a su ministerio?

En primer lugar, los ángeles tienen un ministerio de Dios para orar por nosotros, protegernos, consolarnos, iluminarnos y fortalecernos.

Cuando hacemos una consagración a los santos ángeles, nos dirigimos a ellos con el fin de hacer un pacto, basado en la amistad, que nos una con mayor perfección en el amor con ellos. Comprendemos mejor la misión y las tareas de los santos ángeles, y deseamos colaborar con ellos. Se realiza una unión más intensa con ellos, es decir, nos abrimos más a la influencia del ángel a través de este acto de consagración. Esta mayor apertura a los ángeles, a su vez da lugar a una cooperación más eficaz para el cumplimiento de la voluntad de Dios en este mundo: la salvación de las almas. La consagración, si nos esforzamos en vivirla, nos atrae muchas más gracias y aumenta nuestra receptividad para sus inspiraciones y ayudas.

Las gracias recibidas a través de una consagración a los ángeles, pueden ser muy bien vistas en la vida de santa Margarita María Alacoque, la santa del Sagrado Corazón. Ella recuerda una ocasión en que los ángeles se acercaron a ella y la invitaron a entrar en un pacto especial o «asociación» con ellos. Un día, durante el tiempo de trabajo, se retiró a un pequeño patio cerca del Santísimo Sacramento, donde: «haciendo mi trabajo de rodillas, me sentí absorbida interior y exteriormente. Al mismo tiempo, vi ante mí el corazón amoroso de mi adorable Jesús, más brillante que el sol. Parecía como si estuviera en medio de las llamas, que eran las de Su amor. Estaba rodeado de serafines, que cantaban estas palabras en armonía admirable: el amor triunfa, el amor se goza, goza del amor en Dios.

Cuando estos espíritus bienaventurados me invitaron a participar en su cántico de alabanza al Corazón de Jesucristo, no me atreví a hacerlo, pero me reprendieron y me dijeron que habían venido con el propósito de asociarse conmigo para ofrecer un homenaje continuo de amor, adoración y alabanza a este Corazón Sagrado. Para este objetivo, tomarían mi lugar ante el Santísimo Sacramento, para que por su mediación pudiera ser capaz de amar sin interrupción, y participarían de la misma manera que yo, en sus personas, compartiendo su amor gozoso en el amor que me hizo sufrir. Me parecía como si se hubiera escrito esto, con letras de oro en el Sagrado Corazón, en los caracteres inmarcesibles del amor.

Esta comunicación duró unas dos o tres horas, he sentido toda mi vida los efectos de la misma, tanto en la ayuda que he recibido de esta asociación, y en la dulzura que ha producido, y que todavía sigue produciendo en mí. Estaba abrumada por la confusión, sin embargo, frente a estos santos ángeles, los llamé mis compañeros divinos. Este favor me dio tan gran deseo de obtener la pureza de intención, y tan alta idea de lo que es necesario para conversar con Dios, que todas las cosas me parecieron impuras en comparación con el fervor de los Serafines”[1].

 



[1] Languet, J J, The Life of the Blessed Margaret Mary Alacoque, p. 256

 

 

Tareas para este mes

En el contexto de esta Carta de Formación lea también: Opus Angelorum Estatutos, nn. 16c, 17, 19, 20.

  1.   Rece diariamente la oración de consagración a todos los santos ángeles.

    Esfuércese por vivir en la presencia de Dios y de los santos ángeles.

     

    Esfuércese por colaborar activamente con los ángeles durante el día (pidiendo ayuda, enviándolos a los necesitados, etc)

Vemos en este relato las siguientes cualidades y características de una consagración a los ángeles: en primer lugar, vemos lo mucho que los ángeles desean una alianza especial (pacto) con nosotros para el bien de la gloria de Dios. En segundo lugar, este contrato se inscribe también en letras de oro en el Corazón de Jesús, lo que significa que es santificado y querido por Cristo. En tercer lugar, esta unión especial hace que los ángeles y los hombres participen mutuamente de los dones de Dios y permite que cada uno se beneficie de las gracias que el otro recibe. En cuarto lugar, la vivencia fiel de la consagración conduce a un mayor grado de conocimiento, reverencia y pureza de intención. Y por último, este aumento de la gracia y el amor a Dios desarrolla su propia dinámica, de modo que en unión con el Corazón de Jesús, con María y los ángeles nos esforzamos por acercar a otros a Dios, tal como los ángeles nos quieren acercar a Dios.

 

Descubre tu carisma

            Por la consagración a todos los ángeles, el hombre se vuelve más servicial, comprende mejor que nadie vive para sí mismo (cf Rm 14,7). Como en la vida humana, uno toma decisiones, se relaciona con ciertas personas, escoge una profesión y trabaja para el bien de la humanidad, así también en la vida con los ángeles. No todos hacen lo mismo, algunos se destacan por algunas virtudes especiales, algunos practican más la caridad, otros la humildad, otros se distinguen por una vida de oración o de servicio. Así hay personas que trabajan en el ministerio de liberación o de combate espiritual y colaboran más con san Miguel Arcángel, otros se dedican al estudio de la Palabra de Dios, trabajan al servicio de la evangelización y gozan más de la ayuda de san Gabriel, otros prestan un servicio caritativo, dedicándose a ayudar a los enfermos y están asistidos por san Rafael.

            Aunque estamos consagrados a todos los ángeles nos distinguimos por la misión que tenemos. Así puede ser, por ejemplo, que una persona presta un servicio concreto y personal, de asistir a un enfermo como enfermera en un hospital. Sin embargo, en el nivel espiritual se puede relacionar con todos los enfermos, prestando un servicio a todos los ángeles custodios de las personas con la misma enfermedad. Así es, que según la intención y con la ayuda de los santos ángeles prestamos un servicio mucho más universal.

            Un ángel, por ejemplo, el ‘ángel de la penitencia’, que menciona el Pastor del Hermas, puede asistir a todos los seres humanos en el mundo que hacen penitencia. Entonces, si yo hago penitencia y me uno a este ángel, voy a apoyar a tal ángel, para que su acción e influencia en el mundo sea más eficaz.

            Según el carisma de cada uno, a través de la consagración a todos los ángeles, mis acciones llevan a una mayor eficacia.

            ¡Que bello sería, si mediante la consagración pudiera ver mi propio carisma más claramente y dirigirme más conscientemente a aquellos ángeles que Dios colocó precisamente para actuar en lo que se refiere a mi carisma! Si conociéramos mejor el mundo angelical, nos podríamos dirigir directamente a aquellos ‘ángeles especialistas’ que nos deben ayudar. También podemos pedir a Dios, que en virtud de esta consagración, nos coloque a un ángel especial a nuestro lado, que nos ayude para que lleguen a pleno efecto las gracias específicas de esta consagración.

            Todo esto presupone una convivencia consciente con los santos ángeles y requiere una experiencia viva con ellos, cuando en el ejercicio de mi propio carisma o de mi profesión puedo notar la presencia y ayuda concreta de los santos ángeles. Precisamente por esta razón, es necesaria una preparación prolongada para esta gran consagración a todos los santos Ángeles.

 

            La consagración es como un talento, sobre el cual el Señor al final de nuestra vida, nos preguntará: ¿qué has hecho con tus ángeles? ¿Has vivido tu consagración con responsabilidad? ¿Has honrado a los santos Ángeles? 

El llamado a la cooperación con los Ángeles

La clave, para que esta Consagración produzca sus frutos en nuestra vida espiritual, es la cooperación diligente. La consagración a todos los santos ángeles es una gracia especial de Dios que exige y permite nuestra respuesta humana. Esta dinámica entre la llamada de la gracia por medio del ángel y la cooperación del hombre, se puede ver de modo más bello en el pasaje evangélico de la Anunciación, el diálogo entre María y el Arcángel Gabriel. El ángel le trae el llamado de la gracia de Dios. Por la gracia ella a su vez responde a este llamado con su «fiat» – «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Llamada y respuesta: el ángel lleva el llamado de Dios y por Su gracia el hombre debe dar su respuesta.

Cuando nos comprometemos con Dios y con el ángel a través de una consagración, es posible que los ángeles puedan ejercer más influencia sobre nosotros. Pero, como hemos visto anteriormente, debemos cooperar con asiduidad: debemos aprender a estar en silencio, para escuchar su voz y obedecer. El efecto será crecer en la caridad y ser más generosos con Dios y el hombre.

Hay todavía otra dimensión de la Consagración a todos los santos ángeles en la OA: desde que la consagración a todos los santos ángeles, en la Obra de los Santos Ángeles, está pública y oficialmente recibida por la Iglesia, implica una misión que se ejerce en el nombre de la Iglesia.

 

Por otra parte, el documento del Vaticano, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, afirma: «La devoción a los santos ángeles da lugar a una cierta forma de vida cristiana». Nuestra principal tarea consiste, pues, en la manifestación de nuestra devoción y unión con los santos ángeles para vivir y crecer sobre todo en las siete virtudes características de la Obra de los Santos Ángeles: la fidelidad, la humildad, la obediencia, el amor, el silencio, la templanza y la imitación de María, que se explicarán en otras cartas de formación. En la medida que crezcamos en estas virtudes, en la misma medida seremos capaces de formar una alianza efectiva con los santos ángeles y atraer abundantes gracias para la Iglesia militante en la tierra.

Nosotros necesitamos a los Ángeles

Necesitamos a los santos ángeles ya que, como San Pablo nos dice, «nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, las potestades, los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos en los aires» (Ef 6,12). Necesitamos los ángeles porque ellos son los ministros normales de las gracias actuales de luz, advertencia, consejo, ánimo, fuerza y consuelo. Ellos median nuestras oraciones a Dios y Dios les envía con la respuesta divina de su gracia (cf. Tob 12,12.14; 3,24-25). En resumen, necesitamos los santos ángeles porque Dios los ha integrado perfectamente en la economía de la gracia en Cristo. Por lo tanto, cada victoria sobre la tentación y el pecado es con la ayuda de los ángeles, todo crecimiento en la vida espiritual incluye una colaboración con los santos ángeles.

 

Los ángeles nos necesitan

Hasta aquí hemos considerado la unión con los ángeles bajo la perspectiva de que son de gran ayuda para nosotros. La verdad más plena, sin embargo, es que esta «ayuda» no es sólo unilateral, sino recíproca. Sin duda, necesitamos a los ángeles, pero los ángeles también necesitan nuestra cooperación para llevar las almas a Dios. Y Dios quiere esta cooperación con los ángeles en su Obra de salvación. El Papa Pío XII afirma, que «la salvación de muchos depende de las oraciones y mortificaciones voluntarias que los miembros del Cuerpo Místico de Cristo ofrecen». Los ángeles o santos en el cielo, estando en la visión beatífica de Dios, ya no pueden ganar méritos de gracias por penitencias voluntarias y sacrificios por la conversión de los pecadores, solamente nosotros, que todavía estamos en nuestra peregrinación en la tierra, podemos merecer tales gracias para las almas.

Lo que estamos llamados a hacer, entonces, es ofrecer con los ángeles los méritos preciosos de nuestros sacrificios cotidianos, grandes y pequeños. Los ángeles pueden incorporar estos méritos y gracias a todas las personas necesitadas, a través de la Iglesia, en todo el mundo. Es como la oración después de la consagración eucarística en la Oración Eucarística I donde reza el celebrante: “Humildemente te pedimos, Dios todopoderoso, que estos santos dones sean llevados por manos de tu santo ángel, hacia el altar celeste, ante los ojos de su majestad divina, para que todos los que a través de esta participación en el altar reciben el Santísimo Cuerpo y Sangre de tu Hijo, seamos repletos de toda gracia y bendición celestial”.

 

Es un gran misterio del plan divino de Dios y de la comunión de los santos: una criatura ayuda a la otra, el ángel ayuda al hombre y el hombre ayuda al ángel. Los ángeles nos traen luz y fortaleza, de nosotros ellos buscan los pequeños sacrificios, las renuncias voluntarias, el servicio alegre por amor, para que en virtud de estas obras meritorias ellos puedan combatir los grandes males de nuestro tiempo y apoyar a otros.

Conclusión
Por lo tanto, unidos con los santos ángeles en una santa amistad, vamos a empezar ahora a estar más atentos a sus admoniciones e inspiraciones, vamos a empezar ahora a recurrir a ellos en todas las necesidades y confiar en su ayuda. Y vamos a llenar sus manos con nuestros pequeños sacrificios y toda nuestra buena voluntad, para que puedan ser fuertes defensores de la Iglesia y de las almas. Si tomamos a pecho esta unión con los ángeles y la vivimos en la vida diaria, junto con ellos vamos a dar mucho fruto en esta vida para la salvación de las almas, y, al final, vamos a estar unidos con ellos en el cielo por una amistad eterna y un vínculo de amor especial, donde juntos vamos a alabar la misericordia infinita de Dios.

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Cartas de Formación

CTA02

Cartas de formación - preparación a la CTA

CTA – Consagración a todos los Ángeles

2a etapa: segunda carta

2a carta

Segunda carta de formación: preparación a la CTA

Estimado miembro de la OA,

Sentido de la consagración a todos los Ángeles I

El 31 de mayo del año jubilar de 2000, la Congregación para la Doctrina de la Fe aprobaba con el consentimiento del Papa Juan Pablo II una fórmula de consagración a los santos ángeles para su uso en el Opus Sanctorum Angelorum. Esta aprobación se dio exactamente cincuenta años después de que la madre Gabriele Bitterlich, escribiera la primera consagración a los santos ángeles el 31 de mayo de 1950. Antes de hacer la Consagración a todos los santos ángeles, uno debe primero entender el significado detrás de este acto formal recibido en nombre de la Iglesia. Por lo tanto, en esta Carta de formación vamos a discutir la naturaleza de la consagración, en general, y luego la naturaleza y los efectos de una consagración a los santos ángeles.

¿Qué es una consagración?

En términos generales, la palabra «consagración» significa una dedicación de personas o cosas al culto divino. La persona consagrada o el objeto es retirado del uso profano y colocado al santo servicio de Dios. Este santo «poner aparte» se lleva a cabo a través de la iniciativa directa de Dios o por medio de un rito o una bendición. Es Dios quien elige a las personas para su servicio y las llama a la comunión con Él mismo. Puesto que Dios propone un pacto de amor, requiere la respuesta libre por parte de la criatura. Tal respuesta del hombre a Dios también se puede llamar «consagración».

Consagración y alianza se encuentran a través de toda la historia de la salvación, y encuentran su cumbre y plenitud en Jesucristo. A través del ministerio de la Iglesia, Cristo lleva a cabo – en particular a través de los sacramentos – la consagración del hombre, otorgándole una participación en su sacerdocio y santidad.

 

Consagración a María y a los Ángeles

Teniendo en cuenta esta definición primaria de la consagración, a menudo ha sido discutido por los teólogos si es lícito consagrarse a María, a los ángeles o a los santos. En primer lugar, es preciso señalar que la consagración fundamental y necesaria de todo cristiano es la consagración a Dios en el santo bautismo. Nuestra vida cristiana, cualquier otro acto de culto, la oración, el sacrificio, o la consagración, son en última instancia, ordenados para desplegar y llevar a la perfección la consagración bautismal en Cristo a través de una vida de virtud.

 

¿En qué consiste entonces el valor de una consagración a María o a los ángeles? Tal consagración a una criatura es un refuerzo del vínculo que se estableció entre Dios y nosotros en el bautismo. Por una consagración a María, por ejemplo, estamos vinculados más intensamente a Dios por medio de la Virgen. De acuerdo con San Luis María Grignón de Montfort la consagración a María consiste «en darse a sí mismo enteramente a la Virgen, con el fin de estar completamente entregados a Jesús a través de ella». El objetivo de cualquier consagración es, por tanto, estar más unidos a Jesucristo a quien hemos sido consagrados en el santo bautismo. En el caso de una consagración a los santos ángeles, éstos nos llevan con una ayuda especial a nosotros y a otros a Jesús.

 

Tareas para este mes:

  1. 1. ¿Qué significa la palabra «consagración»?

    2. ¿Cuál es la consagración fundamental de todo cristiano?

    3. ¿En qué consiste el valor de hacer una consagración a María o a los ángeles?

    4. Describa brevemente cuál es la diferencia entre la Consagración al Ángel de la Guarda y a la de todos los ángeles?

    5. ¿Qué quiere decir prácticamente, la declaración de Tomás de Aquino, que los «ángeles cooperan en todas nuestras buenas obras»?

    6. Describa brevemente la tarea de los ángeles de iluminarnos.

    7. Describa brevemente su tarea de fortalecernos.

    8. ¿Cuál es el propósito de una consagración?

Diferencia entre la Consagración al Ángel de la Guarda y a todos los santos ángeles en la OA

Antes de reflexionar sobre la Consagración a todos los santos ángeles apuntamos primero a la diferencia entre la Consagración al ángel de la guarda y la consagración a todos los santos ángeles.

La Consagración al Ángel de la Guarda se centra principalmente en nuestra propia santificación y camino hacia Dios: «He aquí que, yo enviaré un ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo te he preparado. Préstale atención y escucha su voz» (Ex 23,20-21). A través de la Consagración al Ángel de la Guarda, por usar una imagen, el ángel no sólo tiene que ir delante de nosotros, sino también nos toma de la mano, es decir, a través de la consagración experimentamos su ayuda e intercesión aún más, por lo tanto, nos lleva a una mayor santidad. El Ángel de la Guarda, por supuesto, nos quiere llevar todavía un paso más: que nosotros mismos nos convirtamos en ángeles de la guarda para los demás.

Si bien la Consagración al Ángel de la Guarda se centra en primer lugar en nuestra propia santificación, la Consagración a todos los santos ángeles nos llama a participar generosamente y a trabajar por la salvación de las almas. Se nos llama a ir más allá del concepto de la mayoría de los católicos de vivir una vida devota y dar a Dios lo que merece. La Madre Gabriele no consideró esta consagración una mera devoción privada, o simplemente como un llamamiento a los ángeles para que vengan en nuestra ayuda. Más bien, la consagración a todos los santos ángeles en el Opus Angelorum es un compromiso generoso y sobrio, en primer lugar para luchar por la santidad, y en segundo lugar, para trabajar por la salvación de las almas. A través de esta consagración, uno se consagra a todos los santos ángeles que existen: esto incluye, por ejemplo, el ángel de la guarda de su párroco, del obispo y hasta del Papa, los ángeles de los hijos, de los padres y de los compañeros de trabajo, a los ángeles de los pecadores y de los santos, los ángeles de las naciones, en fin, los ángeles de todos los coros celestiales. Con la ayuda especial de los ángeles uno se compromete a ayudar y cuidar a aquellos a quienes Dios confía a sus oraciones, sacrificios o ayuda práctica. En pocas palabras, uno se une a la guerra angelical espiritual por la salvación de las almas y, especialmente, por las almas de los sacerdotes. Si lo pensamos bien, nos damos cuenta que es una gran gracia, pero también una gran responsabilidad.

            Veamos algunos diversos objetivos:

La consagración a todos los ángeles

– quiere unir a la iglesia triunfante con la iglesia en la tierra, quiere integrar a los ángeles más plenamente en la vida de la Iglesia, porque el hombre se dispone a colaborar conscientemente con ellos;

– el permiso que se dio antes al ángel custodio, es ampliado. En la consagración a todos los santos ángeles le permitimos a todos los ángeles actuar a través de nosotros, ante todo para que intervengan en nuestra vida y participen más plenamente en el misterio de la Eucaristía;

– suplicamos el auxilio de los santos Ángeles y colocamos a su disposición nuestra fuerza y prontitud, nuestras capacidades, empeñándonos en el combate por el Reino de Dios y por la salvación de las almas;

– es un llamado a la batalla espiritual por la salvación de las almas; es una declaración de combate al enemigo maligno, al cual renunciamos en el bautismo, y después, en el sacramento de la Confirmación;

– se quiere difundir y defender la fe por la palabra y por la acción, como verdaderos testigos de Cristo, para confesar con valentía el nombre de Cristo y para nunca avergonzarnos en relación a la cruz;

– la consagración a los santos Ángeles debe llevarse con seriedad, pues ella tiene que ver con nuestra perfección y nuestra santidad. A través de ella somos fortalecidos interiormente para someternos a las purificaciones en la tierra y para crecer a través de ellas;

– ayuda a que nos podamos mantener firmes en el combate contra el adversario de Dios, rechazando sus ataques con una fuerza más intensa de gracias y mediación de la ayuda de los santos Ángeles;

– es entrar cada vez más en el servicio de los santos Ángeles, amarlos de todo corazón y promover su veneración;

– bajo la guía de los santos Ángeles, nos volvemos más abiertos a Dios, para conducir a Él a las almas que nos son confiadas.

Los santos Ángeles ayudan a vivir las virtudes:

– la primera actitud que los santos Ángeles enseñan a los hombres es la profunda reverencia delante de Dios y de todo cuanto pertenece a Dios. Del temor de Dios proviene la reverencia, la cual es el ancla firme para el amor y la obediencia.

– Quien aspira a una más íntima comunión con los santos Ángeles y desea vivirla, debe, ante todo, esforzarse por formar su carácter conforme a la fidelidad, la humildad, la obediencia, el amor, la templanza, el silencio y la imitación de María.

– Cuanto más consciente, amorosa y receptivamente nos consagremos a los santos Ángeles, con tanta mayor fuerza ellos podrán actuar en y a través de nosotros.

 

– Nuestra vida es un proceso de transformación donde el ángel colabora. Las pruebas, ante todo la Cruz de Cristo es transformadora para la vida del hombre, que ayuda a formar la personalidad y lo más íntimo de su ser.

Todos los ángeles ayudan a cada hombre para la salvación

            Según Heb 1,14, los ángeles ‘ayudan a los que han de heredar la salvación’. Podríamos decir que cada ángel es enviado a cada ser humano individual. Ciertamente, el más cercano es nuestro santo Ángel Custodio, pero a través de su ayuda, nos podemos abrir a la acción de otros ángeles.  Así como cada ser humano se relaciona con otras personas en distinto grado, así es también en el mundo de los ángeles. En principio cada ángel lleva algo particular para cada ser humano. Si hubiera sido necesario, Jesucristo hubiera entregado su vida para salvar solamente a un alma. En este sentido vemos la importancia, es decir, cuánto vale un alma para Dios.

Cada una de las fuerzas humanas y capacidades morales reflejan su imagen original en la naturaleza angelical. Como los diversos ángeles caídos pueden tener influencia sobre nuestras fuerzas físicas y espirituales, así también debemos pedir la protección de los buenos ángeles que Dios colocó sobre la naturaleza humana. Las diversas partes de la naturaleza humana, los órganos, el sistema nervioso, la psicología, la vida espiritual, Dios las ha asignado a sus ángeles para que ellos cuiden de nuestra salud física y espiritual. Así es, que una persona humana puede necesitar, a parte de su propio ángel custodio, un ángel que le pueda ayudar mejor para un determinado asunto.

Por la consagración estaremos mucho más cerca de todos los ángeles, y un ser humano puede prestar servicios importantes a cada uno de los ángeles, mientras vive su vocación, ante todo, de ser tabernáculo de Dios y portador de Cristo, mientras se esfuerza en amar a Dios sobre todas las cosas.

 

La consagración a todos los Ángeles es un pacto de compromiso con los ángeles de buscar la perfección para servir y honrar a Dios perfectamente y trabajar por la salvación de las almas.

La Madre Gabriela vio esta consagración como un medio eficaz para fortalecer a las almas generosas para que perseveren fielmente a través de todas las pruebas dolorosas y purificaciones por las que las almas deben pasar necesariamente en su camino a la santidad.

Ella escribe: A través de la consagración a todos los ángeles somos fortalecidos interiormente, para ser capacitados para pasar por las pruebas y purificaciones en la tierra y para crecer a través de ellas, para que seamos capaces ya en esta vida de cargar con una tal ‘tarea-ángel’… Así llegaremos de ser niño, lo que es resultado de la consagración al ángel custodio, a ser siervo o sierva delante de Dios, fruto de la consagración a todos los ángeles[1].

Esta Consagración – bien vivida – es un medio eficaz para superar el principal obstáculo para la santidad.

San Francisco de Sales explica por qué no estamos tan avanzados en el amor a Dios, como San Agustín, San Francisco, Santa Catalina de Génova. … Es porque Dios no nos ha dado la gracia. Pero ¿por qué no nos ha dado la gracia? Debido a que no correspondíamos a sus inspiraciones como lo deberíamos haber hecho. ¿Y por qué no correspondíamos? Porque somos libres y hemos abusado de nuestra libertad. Esto equivale a decir que las almas no llegan a la santidad porque descuidan o se niegan a cooperar con los ángeles de Dios, ya que sus inspiraciones nos vienen a través de ellos! San Francisco de Sales afirma, por lo tanto, «si recibimos las inspiraciones divinas en toda la extensión de su virtud, en poco tiempo debemos hacer un gran progreso en la santidad!»[2]

La Consagración a todos los santos ángeles es un medio adecuado y proporcionado para colaborar y corresponder a las inspiraciones de la luz divina, porque nos coloca en una unión de alianza con los santos ángeles, y nos sintoniza con su actividad ministerial en nuestras vidas.

San Ignacio de Loyola nos asegura que las almas que de esta manera colaboran con los ángeles van a continuar «pasando de lo bueno a lo mejor en el servicio de Dios». En este intenso vínculo de la comunión, se afirma además que los ángeles «dan ánimo y fuerzas, consolaciones, [santas] lágrimas, inspiraciones, tranquilidad de espíritu, ayudarán a superar y eliminar los obstáculos para crecer en virtud y proceder hacia la santidad.


[1] Introdución a la Consagración a todos los santos Ángeles en: Rituale des Opus Sanctorum Angelorum, Schutzengelbruderschaft, Innsbruck, 1970, p. 26.

[2] San Francisco de Sales, Tratado del Amor Divino, Libro II, cap. 11.

El orden en la mediación de la Gracia

Uno podría preguntarse, ¿por qué consagrarse a los santos ángeles? ¿No es suficiente estar consagrado al Sagrado Corazón de Jesús y María? ¿Hay todavía más que podamos hacer para cooperar y recibir la gracia de Dios con mayor eficacia? Sí, hay más. Dios tiene un plan de salvación y redención. En este plan, el Verbo de Dios se hizo carne, un hombre como nosotros, para ser el único mediador entre Dios y la creación, para recapitular y llevar toda la creación a la casa del Padre. Por otro lado, Dios quiere, que las criaturas racionales cooperen libremente con su Hijo en la economía de la salvación, como afirma San Agustín: «Dios nos ha creado sin nosotros, mas no va a salvarnos sin nuestra colaboración» (Sermo 169, 11).

Dios creó a los ángeles a imagen y semejanza suya, eso significa que poseen inteligencia y libre albedrío. Podemos conocer y amar como Dios conoce y ama. Eso es un gran regalo, de verdad. Pero Dios también atribuyó a los ángeles y al hombre la capacidad de ayudar a otros a crecer en la bondad. Mientras que Jesús afirma: «Sin mí no podéis hacer nada», al mismo tiempo dice que aquel que permanece en él, producirá «mucho fruto» (cf. Jn 15,4 ss). Estos frutos no sólo se refieren a los frutos de santidad y virtud en la vida de uno mismo, sino también que en su misericordia, Dios da a los ángeles y a nosotros la capacidad (y la dignidad divina) para comunicar la bondad a los demás de una manera real. En el orden de la gracia, se convierten en cooperadores de nuestro Señor como aparece claramente en el siguiente pasaje del libro del Apocalipsis: «Yo [Juan] vi… un Cordero [Cristo] de pie, que estaba inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos: que son los siete Espíritus [ángeles] de Dios enviados por toda la tierra» (Ap 5,5). Es decir, Cristo actúa a través de sus ángeles, compartiendo su conocimiento [ojos] y poder [cuernos] con ellos, a fin de que éstos puedan llevar a cabo su misión.

Nosotros también, podemos ser mediadores de las bendiciones de Dios. Somos conscientes de esto en nuestra vida diaria. Los sacerdotes santifican a los fieles, los padres enseñan y educan a sus hijos. Podemos orar y sacrificarnos por los demás, y dar buen ejemplo. Por todas estas formas, de alguna manera comunicamos y causamos la bondad en los demás. Por eso es, que Dios llama a todas las criaturas racionales, a cada una de acuerdo a su plan sabio, a que participen en la obra de su Hijo. Él hace esto, no porque Jesús fuera débil y necesitado, sino para la mayor gloria de la Iglesia, de los ángeles y de los hombres, que a través de su participación activa – en dependencia de Cristo – se convierten en santificadores, corredentores e imitadores del Hijo de Dios.

Después de Jesucristo y de su Madre María, el nuevo Adán y la nueva Eva, también los ángeles juegan un papel clave en la obra salvadora de Dios y en la comunicación de las gracias a otras criaturas, porque los ángeles han estado presentes desde su creación y a lo largo de la historia de la salvación, para anunciar esta salvación de lejos o de cerca y al servicio de la realización del plan divino. El Catecismo declara además: “Los ángeles rodean a Cristo, su Señor. Ellos le sirven sobre todo en el cumplimiento de su misión de salvación a los hombres” (cf Catecismo de la Iglesia Católica 332 y 350). Por lo tanto, al ser consagrados a los santos ángeles, vamos a ser capaces de trabajar más eficazmente con ellos y recibir gracias más ricas a través de sus manos.

 

Principios para el ministerio angélico

Antes de reflexionar sobre la naturaleza de una consagración a los santos ángeles, vamos a resumir algunos principios del ministerio de los ángeles. En el Catecismo de la Iglesia Católica leemos: “Toda la vida de la Iglesia se beneficia de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles” (Cat 334).

Desde su inicio hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. «Cada fiel tiene un ángel como protector y pastor para conducirlo en la vida». Desde esta tierra, la vida cristiana participa por la fe en la sociedad bienaventurada de los ángeles y los hombres, unidos en Dios (Cf Cat 336).

Los ángeles son criaturas espirituales que glorifican a Dios sin cesar y sirven a sus designios salvíficos: «Los ángeles trabajan juntos para el beneficio de todos nosotros» (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica I, 114, 3, ad 3; cf Cat 350).

Los ángeles rodean a Cristo, su Señor. Ellos le sirven sobre todo en el cumplimiento de su misión de salvación para los hombres (cf Cat 351).

La Iglesia venera a los ángeles que la ayudan en su peregrinar terrestre y en su protección a todos los seres humanos (cf Cat 352).

¡Los ángeles cooperan en todas nuestras buenas obras!

Hemos aprendido que todas las gracias nos vienen de Jesús a través de María. Pero también es cierto y, enseñanza de la Iglesia, que «los ángeles cooperan en todas nuestras buenas obras». Esto es en sí mismo una declaración tremenda.

 

El ministerio angélico se refiere a nuestra vida entera, natural y sobrenatural. En el orden natural, el hombre puede hacer muchas cosas buenas por su cuenta, con o sin la ayuda de los santos ángeles. Pero en el plan sobrenatural, Nuestro Señor nos dice: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). No somos capaces de realizar ningún acto meritorio o progresar en el bien sin la ayuda de la gracia de Dios – pero esta ayuda de la gracia divina, como Santo Tomás de Aquino enseña, nos llega a través de los ángeles. En otras palabras, cuando hacemos un acto de humildad, de fe, esperanza y amor, o cualquier otro acto motivado por el amor de Dios, la gracia para hacerlo fue mediada por los ángeles.

Los ángeles iluminan nuestras mentes y nos mueven a hacer el bien.

 

Además, Santo Tomás de Aquino enseña también que la comunicación de las verdades de la fe proceden principalmente «por los ángeles, por lo cual las cosas divinas son reveladas a los hombres. Por lo tanto, los ángeles tienen algún papel en la iluminación de la fe. Además, los hombres son iluminados por los ángeles, no sólo acerca de lo que se ha de creer, sino también en cuanto a lo que hay que hacer. Estos aspectos se ejemplifican en la aparición del ángel a los videntes de Fátima. Sor Lucía comentando la segunda aparición del Ángel de Fátima dice que sus palabras iluminaban la fe de ellos: «[Él] dejó una profunda impresión en la mente [y corazones], como una luz que nos hace comprender quién es Dios, cuánto Él nos ama y desea ser amado por nosotros.» Además, el ángel les inspiró respecto de lo que se debe hacer, como ella dice, «fue por esta razón por la que empezamos, a partir de entonces, a ofrecer al Señor todo lo que nos mortificaba, sin embargo, no dejando de buscar también otras formas de penitencia, además de permanecer durante horas con la frente tocando el suelo, repitiendo la oración que el Ángel nos había enseñado.»

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Cartas de Formación

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Cartas de formación - preparación a la CTA

CTA – Consagración a todos los Ángeles

2a etapa: primera carta

1a carta –

Primera carta de formación preparación a la CTA

Estimado miembro de la OA,
después de hacer la consagración al Santo Ángel de la Guarda, el hombre sentirá cada vez más el deseo de la santidad y de progresar en la vida espiritual. El Santo Ángel nos lleva a realizar la meta del Opus Angelorum (OA), que es la colaboración para la renovación de la vida espiritual en la Iglesia con el auxilio del Santo Ángel, en las direcciones fundamentales de Adoratio – Contemplatio – Expiatio – Missio , que son vividas y realizadas en todas las ramas  de la Obra

La Obra tiene como características sus propias consagraciones, oraciones y promesas:

  1. a) Consagración personal al santo ángel de la guarda ya todos los santos ángeles;
  2. b) ofrecerse para cualquier tipo de expiación, especialmente por los sacerdotes en peligro o desviados (oración expiatoria de Pío XI Jesu dulcissime, oración y consagraciones expiatorias de OA);
  3. c) la promesa de la comunidad de grupos individuales (ver estatutos § 21) y votos sagrados o vínculos similares (ver §§ 22, 52.57).
  • Efectos de la Consagración al Santo Ángel Custodio

La primera consagración de la Obra es al propio Ángel de la Guarda, por la cual nos convertimos en miembros de la Obra. El rito de esta consagración nos dice al respecto:

“La finalidad de la Consagración al Ángel Custodio es unirse al mismo Ángel Custodio, para que su ayuda hacia nosotros sea mucho más efectiva y avancemos más rápidamente en el camino hacia Dios. El santo ángel de la guarda quiere poner todas sus fuerzas para que nunca seamos separados de Dios. Quiere hablarnos más claramente a través de amonestaciones interiores, para animarnos más para el bien” (cf. CIC 350), quiere advertirnos de los peligros, iluminar nuestro espíritu para penetrar más profundamente en el conocimiento de Dios, en el temor de Dios y el amor a Dios, en la grandeza y el significado de la Palabra de Dios” (cf. Rito de Consagración). A través de la consagración al ángel de la guarda, nos hemos vuelto más abiertos a todos los servicios del ángel de la guarda ‘aquí en la tierra, especialmente para las obras de misericordia espirituales y corporales’ (cf. CIC 2447). Los ojos y los oídos, el corazón y las manos no solo se abrirán al ángel de la guarda, sino también al próximo. Así, la consagración al ángel de la guarda provoca una unión particular entre las personas. El santo ángel aplica su fuerza para que nunca más seamos separados de Dios.

Puede iluminar mejor nuestro espíritu para penetrar más en el conocimiento de Dios y su Palabra. Por la consagración a nuestro Ángel somos presentados por él a sus hermanos en los coros de Ángeles. Aprendemos a amar más el mundo de los ángeles, cuando luego nos encontraremos con todos los Ángeles en consagración a todos ellos.

Sugerencias :

– Durante este tiempo de preparación para la consagración a todos los ángeles, Ud. puede llevar una especie de diario en el que anote preguntas sobre las cartas de las lecciones, así como las respuestas a preguntas de comprensión o percepciones personales.

Tareas:

  1. – Ud. puede rezar diariamente la Suplica ardiente a los santos Ángeles

2) El camino del crecimiento en la Obra dos Santos Anjos

2.1) La Obra de los Santos Ángeles se configura

– por la Palabra, – de Passio Domini, por la Cruz;

– por la doctrina de la Santa Iglesia y la literatura espiritual de OA;

– por el Pan Eucarístico, que es nuestro mejor alimento y el que siempre podemos contemplar en perpetua adoración.

Los miembros con la consagración al Ángel de la Guarda serán dirigidos por sacerdotes responsables y según las posibilidades. Ser miembro de la OA (simplemente por haber hecho la CAG, y sin pertenecer a un grupo particular de OA) se recomienda principalmente cuando circunstancias personales, deberes de estado o la distancia dificultan la incorporación de un determinado grupo de la OA, o lo hace imposible.

2.2) Dificultades

     Una de las principales razones por las que no progresamos en la vida espiritual es que no somos constantes en la práctica de la virtud. Y la principal causa de nuestra inconstancia es que nuestra voluntad está debilitada por el pecado original y personal. Si, por un lado, el enemigo agrava esta inconstancia natural, los ángeles nos ayudan a superarla.

Así como el ángel fortaleció a Jesús en el monte de Getsemani, los santos ángeles nos fortalecerán a nosotros. Jesús se arrodilló y oró: «Padre, si quieres, pasa de mí esta copa» (Lc 22,42). El Padre, sin embargo, no le quitó la copa. Pero envió un ángel con el cáliz de la fuerza para consolarlo (cf. Lc 22,43). Por eso Dios quiere enseñarnos a perseverar en las pruebas y vencer las tentaciones. Él nos concede la gracia de fortalecernos a través del ministerio de los ángeles, ya que ellos fortalecen nuestra voluntad.

 

2.3.) Deberes generales de la Obra

El primer deber es ser un cristiano activo dentro de la Santa Iglesia. Aquí es donde se basan los deberes fundamentales en la Obra:

   El gran amor a la oración, a la adoración, al trato íntimo con Dios; amor por la Palabra de Dios, por la meditación, por el silencio y la contemplación, y por poner en práctica este amor pacífico, meditativo y contemplativo; amor por la Cruz, sacrificio, expiación, principalmente por los sacerdotes; el amor a la obediencia, a ser enviado, a convertirse en «pan», como el Señor.

 

2.4.) La actitud fundamental de reverencia

Lo primero que los Santos Ángeles enseñan al hombre es el profundo respeto por Dios (cf. Ex 3,2-5; Is 6,1-7; Ap 4,8-11; 5,8; 19,10) y toda la propiedad de Dios (cf. Za 3,2; 2P 2,11).

El temor de Dios es condición fundamental para toda actitud recta hacia Dios, para toda edificación, para todo crecimiento. Este miedo nos impide diluir la verdad sobre Dios, sobre Su Palabra y sobre las cosas eternas. El respeto es el ancla firme del amor y la obediencia. Del temor de Dios surge el respeto ante la Santa Madre Iglesia, ante cada sacerdote, en fin, todo lo consagrado a Dios, sea persona u objeto, pero también ante los superiores, el vecino, los ancianos, los enfermos y los desamparados. El don del temor de Dios está ligado a la confianza (cf. 2 Co 3, 4; Ef 3, 12), que brota de un corazón puro y un alma de niño, sencilla y sin complicaciones. Esta confianza atrae la ayuda de Dios, de María y de los Santos Ángeles. 

 

2.5.) El amor como primer deber de comunidad

    En las comunidades y grupos de la OA, el amor real y concreto a Dios y al prójimo es una condición fundamental. La paz del corazón y la paz de la comunidad deben ganarse y vivirse a diario. De la Santísima Eucaristía, los miembros reciben el amor en todas sus formas de comprensión y bondad, alegría y mansedumbre, disposición para el sacrificio y fuerza para vencer, fortaleza y ​​fidelidad.

La envidia y los celos (cf. Stg 4, 14-16), la desconfianza y la antipatía, la falta de amor y respeto no pueden tolerarse en ninguna comunidad (cf. Ef 4, 26-32). Las faltas graves y repetidas deben subsanarse mediante la corrección fraterna, para que se restablezca la unidad en el amor y la paz en la comunidad (cf. CIC 1829).

 

2.6.) Objetivos de la formación

En la formación de los miembros y en su seguimiento en profundidad, se da prioridad a la profundización de la vida espiritual según las cuatro direcciones fundamentales (cf. §§ 10-14), a saber:

  1. a) la formación de sacerdotes y laicos para una vida intensa en la gracia;
  2. b) el cultivo de un amor profundo por la Santísima Eucaristía, la Cruz, Passio Domini y María;
  3. c) el despertar y fomentar el pensamiento expiatorio, así como el amor, dispuesto a ayudar, especialmente en los peligros del estado sacerdotal;
  4. d) la consolidación de la fuerza espiritual del combate, mediante consagraciones y promesas propias de la Obra;
  5. e) formación para el apostolado general y específico.

Como la mayoría de los casos de lucha de los espíritus tienen lugar por la Palabra de Dios y por la Palabra (cf.2 Co 10,3-5; Ef 6,11-17), los laicos también estarán adecuadamente formados en la doctrina de la Iglesia.

2.7.) Medios de formación

La formación de los miembros y su seguimiento se realiza, preferentemente:

– a través de jornadas de recogimiento y ejercicios espirituales;

– mediante cartas circulares, cartas de formación y otros escritos doctrinales;

– a través de trabajos escritos sobre temas recibidos sobre la espiritualidad y el apostolado de OA;

– a través de reuniones de formación, seminarios y congresos.

2.8.) La salvación de las almas como meta suprema

“Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). «Si Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros» (1 Juan 4:11). “En esto sabemos lo que es el amor: en lo que dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos” (1 Jn 3,16), llevando las cargas unos de otros (cf. Gal 6,1-2), intercediendo ante Dios por los pecadores (cf. 1 Jn 5,16) y llevándolos perdido en la conversión (cf. St 5,19-20). Porque la salvación de las almas es la ley suprema en la Iglesia (cf. CIC 1572).

Las almas extraviadas o en peligro, deben ser ayudadas por medios espirituales de intercesión y expiación, obras de misericordia, hasta que estén una vez más firmemente sobre el terreno de Dios y de la Santa Iglesia. Para salvar almas, los miembros de la OA no rechazarán ningún posible sacrificio a su favor. El apostolado de OA, que se desarrolla bajo la protección y con la ayuda de los Santos Ángeles, se adapta a los diferentes estados y profesiones de los miembros y se adapta a sus respectivos deberes de estado.

  1. ¿Qué es una consagración?

En términos generales, la palabra «consagración» significa la dedicación de personas o cosas al culto divino. La persona u objeto se quita del uso profano y se coloca en el servicio santo de Dios. Este un santo estar «apartado» (o «separado») se lleva a cabo mediante la iniciación directa de Dios o mediante un rito o una bendición. Es Dios quien elige a las personas para su servicio y las llama a la comunión contigo. Dado que Dios propone un pacto de amor, se requiere la libre respuesta de la criatura. Esta respuesta del hombre a Dios también se puede llamar «consagración».

La ‘consagración’ y la ‘alianza’ se encuentran a lo largo de la historia de la salvación, y encuentran su cumbre y plenitud en Jesucristo. A través del ministerio de la Iglesia, Cristo realiza, en particular a través de los sacramentos, la consagración del hombre, otorgándole una participación en su sacerdocio y santidad.

Consagración a María y Ángeles

En vista de esta definición primaria de consagración, los teólogos a menudo han discutido si sería lícito consagrar a María, los Ángeles o los Santos. En primer lugar, hay que decir que la consagración fundamental y necesaria de todo cristiano es la consagración a Dios en el santo bautismo. Nuestra vida cristiana, o cualquier otro acto de culto, como la oración, el sacrificio o la consagración, está finalmente ordenado a desarrollar y perfeccionar la consagración bautismal en Cristo a través de una vida de virtud.

Entonces, ¿cuál es el valor de una consagración a María o a los ángeles? La consagración a una criatura es un fortalecimiento del vínculo que se ha establecido entre Dios y nosotros en el bautismo. Mediante la consagración a María, por ejemplo, estamos más estrechamente vinculados a Dios a través de la Virgen. Según San Luis María Grignón de Montfort, la consagración a María consiste en «entregarse íntegramente a la Virgen, para entregarse completamente a Jesús a través de ella». El objetivo de toda consagración es, por tanto, estar más unidos a Jesucristo, a quien fuimos consagrados en el santo bautismo. En el caso de una consagración a los Santos Ángeles, estamos trayendo a otros a Jesús con la ayuda especial de los Santos Ángeles.

4) Diferencia entre la Consagración al Ángel de la Guarda y todos los Santos Ángeles en la OA

Antes de reflexionar sobre la Consagración a todos los santos Ángeles, veamos primero la diferencia entre la Congregación al Ángel de la Guarda y a todos los Santos Ángeles. La Consagración al Ángel de la Guarda se centra principalmente en nuestra propia santificación y en mi camino a Dios: «Aquí, enviaré un ángel delante de ti para mantenerte en el camino y presentarte el lugar que preparé. Escúchalo y escucha a su voz” (Ex 23,20-21). A través de la Consagración al Ángel de la Guarda, hablando de manera figurativa podemos decir que el ángel va, no frente a nosotros, sino que nos toma de la mano, es decir, a través de la consagración experimentamos aún más su ayuda e intercesión; por tanto, nos conduce a una mayor santidad. El ángel de la guarda, por supuesto, quiere llevarnos un paso más allá: que nosotros mismos nos convirtamos en ángeles de la guarda para los demás.

Si la Consagración al Ángel de la Guarda se centra en nuestra propia santificación, la Consagración a todos los santos Ángeles llama generosamente a trabajar por la salvación de las almas. Mediante la consagración al Ángel custodio, entramos en la Obra de los Santos Ángeles. La consagración a todos los santos ángeles la realizan únicamente aquellos miembros que se entregan activamente a los propósitos de la Obra. Tal consagración se considera una alianza entre los fieles y los santos ángeles, un acto consciente y espontáneo de reconocer y aceptar y tomar en serio su misión y lugar en la economía de la salvación.

Como muchas espiritualidades llevan sus rasgos característicos, como el “Totus tuus” del santo Papa Juan Pablo II, podríamos caracterizar la espiritualidad de la Obra con las palabras: “cum sanctis angelis”, es decir, “con los santos Ángeles”, o“ en comunión con los santos Ángeles ”. Debido a este estrecho vínculo con ellos, la comunidad del Opus Angelorum, y también cada miembro individual, recibe su marca.

El ángel de la guarda quiere que amemos siempre más a Jesús, que pensemos más en él durante nuestra vida diaria, que busquemos su rostro y hagamos su voluntad. También quiere unirse a nosotros en este amor por Dios. Él quiere que nosotros también, como él, brillemos. Esto es lo que debería distinguirnos de otras comunidades, es decir, que brillemos. Sólo entonces seremos verdaderamente “Obra de los ángeles”, cuando nuestras consagraciones estén tan íntimamente unidas a los santos Ángeles, que su luz se refleje en nosotros. De lo contrario, no seríamos más que una «organización». Y el que dice: “No puedo hacer esto, esto es muy exigente para mí”, luego se detuvo.

¿Cómo llegamos a brillar? Por el amor que se da. El Señor quiere iluminarnos cada día más, para que este resplandor sea radiante. Pero, mientras todavía tengamos tantos lazos que nos conectan con la tierra, el yo, las cosas y asuntos cotidianos, no será posible brillar, el Señor no puede usarnos como personas que brillan. Debemos brillar en nuestra profesión, en nuestro entorno laboral, no solo en la iglesia. Todo nuestro ser, no importa dónde estemos o qué hagamos, todo debe brillar.

El amor a Dios te hace brillar. Una actitud de santa reverencia hace brillar la práctica de virtudes, como la humildad, la fuerza y ​​la fidelidad, para que unidos al Santo Ángel nos hagan brillar. Brillan la obediencia y la lealtad a la Iglesia. La santidad interior y la presencia de la gracia nos hacen brillar.

Cada comunidad tiene su propia característica, y la nuestra es que llevamos el Sagrado Rostro del Señor en la cruz; Él, que lleva la serenidad del brillo de la victoria en su rostro. El amor del Señor debe formar nuestro rostro, el rostro de la comunidad de los santos por venir: Ángel y hombre unidos en Dios.

       

5) Consagración a todos los santos ángeles

Más bien, la consagración a todos los santos ángeles del Opus Angelorum es un compromiso generoso y sobrio, en primer lugar, para luchar por la santidad y, en segundo lugar, para trabajar por la salvación de las almas. Mediante esta consagración, la persona se consagra a todos los santos ángeles que existen: esto incluye, por ejemplo, el ángel de la guarda de su párroco, el obispo e incluso el Papa, los ángeles de sus hijos, padres y colaboradores, él se consagra a los ángeles de los pecadores y santos, a los ángeles de las naciones, en fin, a los ángeles de todos los coros celestiales. Con la ayuda especial de los ángeles, el candidato se compromete a ayudar y cuidar a quienes Dios confía a sus oraciones, sacrificios o ayuda práctica. En pocas palabras: una persona se une a los ángeles para participar en la guerra angélica espiritual por la salvación de las almas y, especialmente, las almas de los sacerdotes. Pensándolo bien, nos damos cuenta de que es una gran gracia, pero también una gran responsabilidad.

Para hacerlo aún más claro, usemos una imagen: En la consagración al santo ángel, el ángel se inclina hacia nosotros. En consagración a todos los ángeles, el hombre es elevado a las alturas de los ángeles. En consagración al ángel de la guarda, el ángel lleva la solicitud, la preocupación, la responsabilidad y la tarea. En consagración a todos los ángeles, la tarea es del hombre. En consagración al ángel Custodio, el ángel se preocupa por el hombre. En consagración a todos los ángeles, el hombre se preocupa por los ángeles. A medida que ambos se esfuerzan, pueden alcanzar una unión más profunda, tal como la quiere Dios, que es el fin. El hombre se convierte en un instrumento del ángel, al mismo tiempo que el ángel se convierte en un instrumento para el hombre a través de tal unión.

El descenso del ángel de la guarda significa para él la imitación de Cristo mediante la humildad. Para el ángel es un verdadero sacrificio, aunque no sea sufrimiento. Por el contrario, la ascensión del hombre al Ángel no es un mero paseo, solo es posible a través de una profunda transformación. No hay transformación sin sacrificio. Dios une el sacrificio de ambos, hombre y ángel, para la consagración expiatoria, de modo que sean más efectivos para la obra de salvación. La consagración a los Santos Ángeles, cuando se vive correctamente, conduce a una vida de mayor perfección, en el espíritu de los consejos evangélicos, según el estado respectivo (cf. PO 5).

Al consagrarnos a todos los santos ángeles, pedimos la ayuda de los santos ángeles, y para eso ponemos a disposición nuestra fuerza, ​​disponibilidad y nuestras capacidades. Nos dejamos enviar a la batalla por el reino de Dios y por la salvación de las almas. Cuanto más consciente y amorosamente alguien se consagra a los Santos Ángeles, dispuesto a acogerlos, con tanta mayor fuerza pueden actuar sobre esa persona y por él.

La consagración a todos los Santos Ángeles debe ser tomada en serio, ya que se trata de nuestra perfección, nuestra santidad (cf. Novo Millenium Inneunte 30-31). A través de ella, nos fortalecemos interiormente para soportar las purificaciones en la tierra y crecer con ellas. Dios nos envía pruebas como gracia, como posibilidad de crecimiento.

La consagración a los Ángeles es también una declaración de guerra contra el enemigo, al que renunciamos en el Bautismo y luego, con la fuerza de la gracia del sacramento de la Confirmación, “para difundir y defender la fe con palabras y obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el Nombre de Cristo y nunca avergonzarse de la Cruz” (Cat. 1303). Podemos mantenernos firmes en la lucha contra el adversario de Dios (cf. Ef 6,10-18; St 4,7; 1P 5,8-9), rechazando sus ataques con mayor fuerza de gracia y mediación de los Santos Ángeles. Y cada victoria, lograda con la gracia de Dios, trae consigo nuevas gracias de fidelidad y amor, clarividencia y fortaleza.

Con estas características, entendemos que tal consagración no puede tomarse como ligera y fácil. No es una efusión sentimental. Conectarse con los santos ángeles significa asumir los peligros y las tristezas de la vida. Quien asuma tal consagración será probado con más fuerza. Viviendo estas pruebas, entendemos que Dios se toma en serio esta consagración. Para entrenarnos en el combate debemos aprender a dejarnos purificar aquí en la tierra. Debemos crecer en profundidad, debemos aprender a renunciar, a silenciar y a obedecer incondicionalmente.

 

A través de la consagración a todos los Ángeles pasamos de «ser niños» a «ser siervos». El alma se vuelve flexible y responde con el mismo amor, sea cual sea el lugar o las circunstancias donde Dios la coloque.

La consagración a todos los ángeles no se centra tanto en la santificación en sí misma, sino en la salvación de las almas. Aprenderemos a ofrecer sacrificios continuamente por la salvación del mundo y Dios enviará las pruebas como gracia y oportunidad para el crecimiento espiritual.

La consagración a los ángeles generalmente requiere una preparación más prolongada bajo la guía del sacerdote competente. Se examina al candidato en cuanto a su aptitud, principalmente su aspiración a la perfección en las virtudes del temor de Dios y la fidelidad, de la humildad y la obediencia, del amor y del silencio, del orden y de la medida, así como en la imitación de María. También es necesario tener salud espiritual y psíquica, así como un carácter equilibrado. Más detalles y pormenores regulan los estatutos de cada grupo, respectivamente.

 

Historia del Angel

Mi amigo Marcelo vivía con su madre y su hermana en un barrio no muy tranquilo de una gran ciudad del interior de São Paulo. Una vez, mientras viajaba, Marcelo pensó en la seguridad de la casa y rezó a su ángel de la guarda: «¡Santo ángel, cuida y guarda nuestra casa!» Cuando regresaron, un amigo le preguntó quién era la persona que se había quedado en su casa. Marcelo estaba asombrado, ya que había dejado la casa vacía. Entonces esta amiga le dijo que ella lo había llamado, cuando hubo el siguiente diálogo: «¿Está Marcelo ahí?» «No.» «¿Quien habla?» «Yo soy la Guardia». Sorprendido, Marcelo recordó la petición que le había hecho al santo ángel de la guarda … ¿No son ellos los mensajeros enviados por Dios para servir a los que tienen que heredar la salvación? (Hb 1,14).

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Ángeles Cartas de Formación

CF06 CAG

Cartas de formación - preparación a la CAG

CAG – Consagración al Ángel de la Guarda

1a etapa: sexta carta

6a carta

Sexta carta de formación preparación a la CAG

La dirección fundamental de la CONTEMPLACIÓN

Querido(a) candidato(a):
En los Estatutos de la Obra de los Santos Ángeles se dice:
La meditación de la Palabra de DIOS, de las verdades Divinas, lleva a la transformación interior, plasma nuestra vida y se manifiesta en las obras.
La meditación se dirige siempre, en primer lugar, a DIOS, al Reino de DIOS, a la Palabra de DIOS, a la Cruz. La meditación cotidiana conduce a la tranquilidad en DIOS, a la paz del corazón y a la paz en la propia comunidad, a través del amor verdadero hacia el prójimo. (cf. 1 Jo 3,16-18). El OA obliga a sus miembros a una gran estima, fiel e incondicional, por la Palabra de DIOS en la Sagrada Escritura, de acuerdo con la doctrina católica. Esto implica la meditación de la Palabra de DIOS y su realización en las obras. El cumplimiento exacto de la doctrina de la Santa Iglesia es obligatorio. La vivencia de la Palabra de DIOS está ligada a una gran estima de los misterios de DIOS, que residen en la Santa Iglesia, como los misterios sacramentales y centrales del amor de DIOS.
La gran estima por estos misterios sagrados exige:

  1. Una grande y profunda reverencia a DIOS.
  2. Una auténtica valentía en la fe.
  3. Claros conocimientos teológicos también para defender la fe.
    Los miembros del OA hacen, diariamente, una profunda y viva meditación, de acuerdo con las respectivas circunstancias de su vida. (n. 12).

Tareas para este mes:

  1. Haz un esfuerzo en este mes para mantener la 

¿Qué es la contemplación?

Contemplación (meditación) u “oración contemplativa” significa: en la oración, mirar a DIOS, conocer a DIOS: Su grandeza, Su santidad, Su amor, etc.

El Catecismo de la Iglesia Católica escribe: La meditación (oración contemplativa) es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu busca comprender el por qué y el cómo de la vida cristiana, a fin de adherirse y responder a lo que el Señor pide. (n. 2705)

Contemplar es, por lo tanto, una “búsqueda” y, de cierta forma, una “reflexión orante”, como el Catecismo menciona en otro párrafo: La meditación moviliza el pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. La movilización es necesaria para profundizar las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortificar la voluntad de seguir a Cristo (…).

Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana debe buscar ir más lejos: al conocimiento del amor del Señor JESÚS, a la unión con Él. (n. 2708)

¿Qué es lo que debemos contemplar?

La Madre Gabriela dijo: “Así como se colocan pedazos de leña en el fuego, para que el fuego continúe ardiendo, así tú debes dejar continuamente que la palabra de DIOS se encienda en ti. El fuego no debe nunca apagarse”. Por eso, la meditación de la Palabra de DIOS y la reverencia hacia Ella son de alta estima en la Obra de los Santos Ángeles.

La Sagrada Escritura es la Palabra de DIOS – la Palabra en la cual DIOS se revela a Sí mismo al hombre: Quién es Él, y qué hace. San Jerónimo escribe: “No conocer la Sagrada Escritura significa no conocer a JESUCRISTO.” Por eso, en la contemplación, debemos, en primer lugar, contemplar la Palabra de DIOS, principalmente pasajes del Evangelio. Las palabras de la Sagrada Escritura son palabras de vida. Quieren proporcionar vida y darnos fuerza para nuestra vida. “El hombre no vive sólo de pan…” (Mt 4,4). ¡También necesita del alimento para el alma! Esto también se vuelve comprensible porque el Concilio Vaticano II escribe que “la Iglesia siempre veneró las Sagradas Escrituras como el propio Cuerpo del Señor” (DV 21).

La oración contemplativa, este “pensar y reflexionar de manera orante”, no se debe restringir a una palabra de la Biblia Sagrada o a un misterio de la fe. El P. Leppich, gran predicador jesuita, animaba a hacer también de los acontecimientos del día a día una ocasión para una pequeña meditación, acontecimientos del periódico, por ejemplo, y reflexionar sobre esto en la oración. En este sentido, San Juan XXIII siempre exhortó a los cristianos a descubrir las “señales de los tiempos” y a meditarlas, esto es, a reconocer la voz de DIOS en los acontecimientos de la historia del mundo. Justamente, en nuestro mundo moderno, es particularmente un desafío para nosotros intentar contemplar todo a la luz de DIOS. Y los Santos Ángeles quieren ayudarnos a lograr esto.

La importancia de la contemplación

Diariamente, un torrente de noticias e información cae sobre nosotros y sólo el hombre que reza y contempla, es capaz de distinguir lo que es bueno y lo que es malo, lo que viene de DIOS y lo que no viene de Él. ¿Qué es lo que DIOS quiere decirme con este acontecimiento? Señor, ¿qué quieres que haga? Se trata de ver a DIOS en los acontecimientos de nuestra vida y percibir el llamado personal de DIOS hacia cada uno de nosotros.

En la Obra de los Santos Ángeles se dice que “los hombres, de la mano de los Santos Ángeles, deben volverse contemplativos.” Esto, obviamente, no tiene nada que ver con visiones, porque este “mirar” es una percepción espiritual – a diferencia de la visión (natural) que es una percepción sensitiva. A través de la contemplación debemos volvernos capaces de comprender, cada vez mejor, lo ancho, largo, alto y profundo que es el amor de CRISTO (cf. Ef 3,18).
Esto es, exactamente, lo que expresa la palabra “contemplación” en latín: “con-templatio”: “con/cum” = con, junto con, “con-templari” = “visión de conjunto”. De esta manera, la contemplación es un reconocimiento de conexiones, una mirada que penetra hasta el fondo. Sin embargo, para poder ver hasta el fondo de un lago, desde las montañas, este debe estar muy sereno. Ninguna onda puede perturbar, nada sucio puede turbarlo. Por eso, los elementos necesarios para la contemplación son la paz, el silencio y también la pureza de corazón.

El camino de la contemplación

En el Evangelio se dice: “MARÍA, sin embargo, guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19). MARÍA pone atención a todo lo que el Señor le ha dicho y hecho, y reflexiona sobre eso, y lo profundiza en su corazón. Así, Ella es para nosotros modelo y maestra en la contemplación de la Palabra de DIOS.

En su diálogo con el Ángel Gabriel, en la Anunciación (cf. Lc 1,28-36), podemos distinguir tres momentos que nos enseñan cómo MARÍA va al encuentro de la Palabra de DIOS, siempre abriéndose a Ella. Estos tres momentos se llaman: silenciar, escuchar, obedecer.

  1. Silenciar
    Cuando MARÍA escuchó el saludo del Ángel: “Alégrate, oh llena de gracia, el Señor es contigo” (Lc 1,28), Ella primero reflexionó en silencio “qué significaba este saludo” (cf. Lc 1,29).
    Cuando DIOS nos habla a través de Su Palabra, también nuestra actitud fundamental debe ser el silencio en oración. El poder silenciar, este volverse quieto en la oración, es pre-requisito para la capacidad de escuchar. Sólo en el silencio, nuestro corazón se abre a DIOS y a Su Palabra. De hecho, necesitamos el silencio interior para que podamos, como MARÍA, percibir la voz del Ángel, que nos habla en nombre de DIOS. DIOS y el Ángel no entran en nuestra vida con “ruidos y gritos”, sino en el silencio del corazón.
  2. Escuchar
    Sólo quien puede silenciar, puede también escuchar. Porque MARÍA tuvo una actitud de recogimiento, de silencio interior, su corazón estaba todo abierto a la escucha. En el silencio, Ella escucha atentamente lo que el Ángel le dice: “Concebirás y darás a luz a un hijo y le pondrás por nombre JESÚS, Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo” (Lc 1,31-32). En seguida, MARÍA pregunta: “¿Cómo se hará esto, puesto que no conozco a ningún hombre?” (Lc 1,34).
    Ella pregunta para poder entender mejor la Palabra del Señor y después la acepta de todo corazón. La Palabra de DIOS está llena de misterios. No podemos esperar comprenderla en un sólo momento y penetrarla completamente. Así, también nosotros deberíamos preguntar en la contemplación de la Palabra de DIOS: Señor, ¿qué quieres decirme? ¿Qué significa esta Palabra tuya para mi vida? Cuanto más aprendamos, profundicemos en la Palabra de DIOS, tanto más vamos a crecer en su comprensión, como dice San Gregorio Magno: “Las palabras divinas crecen con aquellos que reflexionan sobre ellas” (citado en Cat. 94).

  1. Obedecer
    Después de que MARÍA se abrió a la Palabra de DIOS, en el silencio y en la escucha, vino el momento decisivo, o sea, acoger la Palabra en obediencia y cumplirla. “Bienaventurados aquellos que escuchan la Palabra de DIOS y la obedecen” (Lc 11,28), dice JESÚS. Esta bienaventuranza se refiere especialmente a MARÍA, quien responde al llamado de DIOS: “He aquí a la sierva del Señor. Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).
    También a nosotros, el Señor nos llama por medio de su Palabra. No es suficiente escuchar la Palabra de DIOS. Él también espera que sigamos Su Palabra sin ninguna reserva y que dejemos que penetre nuestra vida. Acostumbrémonos, por lo tanto, como MARÍA, a mantener el silencio para poder escuchar la Palabra del Señor y reflexionar sobre ella, para que, con la ayuda de los Santos Ángeles, todos los días de nuestra vida, Ella habite siempre en nosotros, actúe en nosotros y nos hable.

La ayuda del Santo Ángel de la Guarda en la contemplación

Los Santos Ángeles son testigos de las palabras y obras salvíficas de DIOS en la historia de la salvación. De esta manera, ellos estaban presentes también en toda la vida de JESÚS, porque “desde la Encarnación hasta la Ascensión, la vida del Verbo Encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los Ángeles” (Cat. 333). Los Santos Ángeles pueden reconocer de una manera más perfecta que nosotros, la luz

de estos misterios de la historia de la salvación y nos la transmiten en la medida de nuestra receptividad.

Porque los Santos Ángeles: ven todo a la luz de DIOS (en la “visión beatífica de DIOS”), tienen un modo distinto al nuestro de conocer, ya que su naturaleza es superior a la de los hombres, por tanto, su modo de conocer es mucho más extenso que el nuestro.

Siendo espíritus puros, nada turba su “mente”, de este modo, pueden ayudarnos perfectamente en la contemplación de DIOS y de las obras de Su amor.

En la contemplación, en cierto sentido, cerramos nuestros ojos al mundo y los abrimos al Reino de DIOS. Pero nuestro “ojo espiritual” es perturbado muchas veces por el pecado. Los Santos Ángeles pueden iluminar nuestros sentidos. El Santo Ángel de la Guarda puede iluminar nuestro entendimiento, de tal manera que digamos: “¡Ahora me vino una luz!” El Cardenal Journet dice: “Nuestro Ángel de la Guarda susurra en nuestros oídos una inspiración repentina, de manera más frecuente de lo que pensamos”.

 

El Santo Ángel de la Guarda abre nuestros sentidos hacia DIOS. De esta manera, DIOS nos envía a sus Santos Ángeles para “ampliar” nuestros sentidos. Se trata aquí, sobre todo, de los tres sentidos conocidos como vitales: la vista, el oído y el tacto. Estos tres son indispensables para la vida humana. ¿Cuántas veces leemos en la Sagrada Escritura que el Señor curó ciegos, sordos y cojos?

Es así como debemos:

  • tener una visión aguda para todo aquello que el Ángel nos muestra en imagen;
  • agudizar el oído para todo lo que el Ángel nos dice en el silencio;
  • volvernos sensibles a todo, por donde nos lleva el Ángel.

Oración para que podamos comprender mejor la Sagrada Escritura
ESPÍRITU SANTO, fuente de entendimiento,
      Haz que recorramos diariamente, con celo, la Sagrada Escritura.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la gracia,
      Prepara nuestra mente y nuestro corazón para que asimilemos los tesoros de la Sagrada Escritura.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la sabiduría,
      Condúcenos hacia las fuentes de la sabiduría en la Sagrada Escritura.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la ciencia,
    Haz que reconozcamos la largura, la anchura y la profundidad de las palabras de DIOS en la Sagrada Escritura, en todas sus correlaciones.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la fortaleza,
     Da a nuestra mente y a nuestro corazón la fuerza para dejar que la Palabra de DIOS, como un grano de mostaza,
     pueda echar raíces en nosotros, a fin de que se vuelva una sola cosa con nosotros, y viva en nosotros.
ESPÍRITU SANTO, fuente del temor de DIOS,
     Enséñanos a conservar cada palabra de DIOS con reverencia y silencio, y transmitirla en el tiempo oportuno y de manera correcta.
ESPÍRITU SANTO, fuente de piedad,
     Haz que nos volvamos uno, con todas las palabras de DIOS, a fin de que lleguemos a ser portadores vivos de
     Su Sabiduría y de Su Amor misericordioso. Amén.

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Ángeles Cartas de Formación

CF05 CAG

Cartas de formación - preparación a la CAG

CAG – Consagración al Ángel de la Guarda

1a etapa: quinta carta

5a carta

Quinta carta de formación preparación a la CAG

La dirección fundamental de la ADORACIÓN

Querido(a) candidato(a):
Las siguientes cuatro cartas de formación tratarán de las cuatro direcciones fundamentales en la Obra de
los Santos Ángeles. Son cuatro caminos para llegar a la unión con DIOS:
– la Adoración a DIOS, es nuestro primer deber como criaturas,
– la Contemplación de la Palabra de DIOS y de Sus obras salvíficas,
– la Expiación en unión con el sacrificio de la Cruz de CRISTO y, finalmente,
– la Misión, el apostolado, nuestra colaboración activa en la difusión del Reino de DIOS en la tierra.
La adoración es la primera dirección fundamental en la Obra de los Santos Ángeles. Cuanto más nos
dejemos guiar por el Santo Ángel, tanto más despertará en nosotros el deseo y el ansia de adorar a DIOS en nuestra vida, en la vida diaria y, sobretodo, en la Santísima Eucaristía. Con el Santo Ángel podemos aprender a ser verdaderos “adoradores del PADRE”, adorando a DIOS “en espíritu y verdad” (Jn 4,24). ¿Pero qué significa realmente adorar a DIOS?

Requisitos para hacer la Consagración al Santo Ángel de la Guarda
La Consagración al Santo Ángel de la Guarda tiene, principalmente, como objetivo, el bien espiritual de la propia persona. El Santo Ángel de la Guarda nos ayuda, personalmente, en nuestra vida de fe; él nos guía para que podamos vivir, cada vez mejor, la vocación que DIOS nos ha dado y, así, llegar a la salvación eterna. Esto comprende también nuestra santificación personal.
Por lo tanto, los candidatos deben ser idóneos para las áreas fundamentales de la vida cristiana y para la práctica de las virtudes:

  1. Deben ser constantes en la vida de fe y en la recepción de los sacramentos;
  2. Deben tener una vida personal de oración consolidada (por ejemplo: oración de la mañana y de la noche, el santo rosario y lectura espiritual);
  3. Deben tener un conocimiento básico sobre la naturaleza y el servicio del Santo Ángel de la Guarda;
  4. Deben tener una comprensión básica de la espiritualidad de la Obra de los Santos Ángeles y aceptarla de buen grado.

Debe existir un deseo sincero de crecimiento en la amistad personal y en la colaboración con el Santo Ángel de la Guarda, de modo que los candidatos se esfuercen, cada vez más, por tomar sus decisiones y regir sus vidas a la luz de la fe y no según el espíritu y la sabiduría del mundo.

Tareas para este mes:

  1. Haz un esfuerzo en este mes para mantener la perseverancia en tu vida de fe (especialmente en la oración, como p. ej.: rosario diario, la oración del “Angelus”, etc.) y de recibir los sacramentos (si es posible confesión mensual, comunión diaria), mira el párrafo: “Requisitos para hacer la Consagración al Santo Ángel de la Guarda”. 
  2. Los Ángeles eran venerados en la Iglesia desde el inicio. Para eso, por favor, medita en la Biblia: Hechos de los apóstoles 12,1-17. 
  3. Continúa rezando, diariamente, las oraciones ya indicadas en las últimas cartas de formación. 
  4. Intenta en la oración personal y en el hablar con tu Ángel, ir creciendo en la amistad y en el amor para con él.

La primera dirección fundamental: la Adoración.

Adorar a DIOS no significa otra cosa que reconocerlo como DIOS. El conocimiento de DIOS es el primer paso: ¡conocer a DIOS! La adoración es el segundo paso: reconocer a DIOS. No basta solamente conocer a DIOS, debemos también reconocerlo como DIOS, aceptar lo que se ha conocido sobre Él y ponerlo en práctica en nuestra vida – es decir, asumir las consecuencias de lo que se conoce. Una cosa es saber que DIOS es el Creador y que nosotros somos sus criaturas – y otra cosa es reconocer eso, afirmarlo.
Por eso, la adoración a DIOS es también una exigencia del primer mandamiento: “Al Señor, tu DIOS, adorarás y sólo a Él prestarás culto” (Cat. 2083). El Catecismo de la Iglesia Católica explica, en el capítulo sobre el primer mandamiento, lo que significa adorar: “La adoración es el primer acto de virtud de la religión. Adorar a DIOS es reconocerlo como DIOS, como Creador y Salvador, el Señor es el dueño de todo lo que existe, el Amor infinito y misericordioso” (Cat. 2096).
Y más aún: “Adorar a DIOS es, con respeto y en la sumisión absoluta, reconocer ‘la nada de la criatura’, que no existe a no ser por DIOS. Adorar a DIOS es como MARÍA en el Magnificat, alabarlo, exaltarlo y humillarse a sí mismo, confesando con gratitud que Él hizo grandes cosas y que su nombre es santo (cf. Lc 1,46-49)” (Cat. 2097).

La Adoración: esencia de los Santos Ángeles.
En el Evangelio de San Mateo leemos: “Cuídense de menospreciar a uno solo de estos pequeños, porque yo les digo que sus Ángeles en el cielo contemplan sin cesar el rostro de mi PADRE que está en los cielos” (Mt 18, 10). El Papa San Juan Pablo II explica esta parte:
“Este ‘contemplar sin cesar el rostro del PADRE’ es la manifestación más alta de la adoración a DIOS. Puede decirse que constituye aquella ‘Liturgia celeste’, celebrada en nombre de todo el universo y a la cual se asocia incesantemente la Liturgia terrena de la Iglesia, especialmente en sus momentos culminantes. Basta recordar aquí el acto con que la Iglesia, diariamente y a cada hora, en el mundo entero, en el inicio de la Oración Eucarística, en el corazón de la Santa Misa, invoca a los ‘Ángeles y Arcángeles’, para cantar el gloria a DIOS tres veces Santo, uniéndose así a aquellos primeros adoradores de DIOS, en el culto y en el amoroso conocimiento del misterio inefable de Su Santidad”
(Audiencia General del 06 de agosto de 1986).

San Juan Evangelista pudo contemplar cómo los Santos Ángeles viven en la adoración a DIOS.
Arrebatado por el ESPÍRITU, él pudo contemplar y vivenciar la adoración celeste. Leemos en el libro del Apocalipsis: “Y todos los Ángeles estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes; se postraban rostro en tierra delante del trono y adoraban a DIOS, diciendo: ¡Amén, alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro DIOS por los siglos de los siglos! Amén” (Ap 7, 11-12).

Romano Guardini, el gran teólogo, comentó con respecto a este pasaje de la Sagrada Escritura: “Aquí se trata de creaturas que no son sino adoración, que no son capaces sino de adorar –y, todavía, actuando así, pueden cumplir el ‘uno’ y el ‘todo’.”1

La negativa a la adoración por parte de los ángeles caídos
La adoración no es cualquier “acción” de los Ángeles, sino que es un “acto determinando del ser” de estos espíritus celestes, a través del cual son admitidos eternamente en la gloria de DIOS. Por otra parte, la caída de los Ángeles, en última instancia, sólo fue por su negativa a adorar a DIOS. Por eso, la primera tentación del diablo y de los ángeles caídos es siempre esta: negarse a adorar a DIOS, el Creador, y colocarse a sí mismos en el lugar de DIOS. En el Evangelio de San Mateo leemos como el diablo tentó a JESÚS:
El demonio lo transportó una vez más, a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

Te daré todo esto si postrándote delante de mí, me adoras. JESÚS le respondió: Atrás Satanás, pues está escrito:
“Adorarás al Señor tu DIOS, y sólo a Él servirás”. (Dt 6,13; cf. Mt 4,8-10)
“Non serviam” – “no quiero servir”, esta decisión de los ángeles caídos es totalmente opuesta a la adoración de los Ángeles, la cual es una continuación eterna de su alegre “sí” a DIOS y a Su voluntad. Una vida en la adoración a DIOS, según el modelo de los Santos Ángeles significa, por lo tanto, una actitud fundamental en nuestra vida, una orientación fundamental a DIOS y solamente a DIOS, como Creador y Señor de nuestra vida. Solamente a Él le es debida esa adoración. Sin embargo, en nuestra vida hay, a veces también otros “dioses”, ídolos, con mayor exactitud, que “adoramos” consciente o inconscientemente: la televisión, las vacaciones, el carro, la propia reputación y apariencia, etc. Casi todas las personas tienen pequeños ídolos que adoran. Los Santos Ángeles siempre nos enseñan que no podemos preferir nada ni a nadie antes que a DIOS y que solamente a Él se le debe adoración. El Catecismo de la Iglesia Católica dice:
La adoración al DIOS único, libra al hombre de cerrarse en sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo. (Cat. 2097)

La vida humana se unifica en la adoración al único DIOS. El mandamiento de adorar al único Señor simplifica al hombre y lo libra de una dispersión infinita. (Cat. 2114)

La adoración: una actitud de vida
Así como los Ángeles viven en continua adoración y transforman toda su existencia en adoración, del mismo modo, quieren conducirnos también en esa dirección, es decir, transformar toda nuestra vida en adoración a DIOS. Pues adoración es, en realidad, mucho más que sólo actos singulares de adoración, oraciones aisladas o, por ejemplo, una hora de adoración eucarística.
En su sentido más profundo, adoración significa “entrega de sí mismo a DIOS” (cf. Cat. 1078). Adoración es una actitud de vida, una manera de vivir. En este sentido, escribe el apóstol San Pablo a los Tesalonicenses: “¡Recen sin cesar!” (1 Tes 5, 17). Y el Papa San Juan Pablo II dice: “Que no termine nunca nuestra adoración” (Dominicae cenae 3).
Desde el inicio, el Señor condujo a nuestra Madre Gabriela por medio de los Santos Ángeles a una “vida de adoración”. Sin embargo, eso no significa que la Madre Gabriela, exteriormente estuviera siempre sumergida en la oración. Los Santos Ángeles le enseñaron a hacer de su vida entera una adoración a DIOS.
En las cosas y deberes más simples de la vida diaria, así como en las dificultades y pruebas, ella sabía alabar y bendecir a DIOS.
Para poder adorar a DIOS de manera digna y auténtica, debemos vivir como corresponde. Alguien que vive en pecado no puede adorar a DIOS desde el fondo de su corazón. Por lo tanto, el primer paso para una vida de adoración, es una ruptura radical con el pecado.

San Basilio decía: “Así como el humo espanta a las abejas, de la misma manera el pecado espanta a los Ángeles”. La vida en pecado es, exactamente, lo opuesto de una vida de adoración a DIOS, de una vida en estado de gracia. Los Santos Ángeles se esfuerzan constantemente en apartarnos y guardarnos del pecado. Y al mismo tiempo se esfuerzan mucho para que permanezcamos unidos a DIOS a través de la oración. Cierta vez, Santa Teresa de Calcuta aplicó una comparación muy bella del Evangelio a la oración:

“Si el ramo no está unido a la vid, morirá. Esta unión del ramo a la vid es la oración, sobre todo en domingo. Cuando esta unión está presente, entonces el amor existe, así como la alegría. Así seremos la luz del sol del amor de DIOS, la esperanza de la eterna bienaventuranza, la llama del amor ardiente”.

El silencio: pre-requisito para la oración íntima 
Otra condición para una vida de oración según el modelo de los Santos Ángeles es el silencio. Santa Madre Teresa decía:
“Rezar se vuelve difícil cuando alguien no sabe cómo debe rezar. Para poder rezar necesitamos aprender a silenciar. Personas capaces de rezar son personas que aman el silencio”.
También el Papa Benedicto XVI señala la importancia de cultivar el silencio y así llegar a una relación profunda con el Señor:
“En la vida de hoy, con frecuencia ruidosa y dispersa, es importante como nunca, recuperar la capacidad del silencio interior y del recogimiento: la adoración Eucarística lo permite, no sólo alrededor del “yo”, sino en compañía de aquel “Tú” lleno de amor, que es JESUCRISTO, “el DIOS que está cerca”. (Oración del Angelus, 10 de junio de 2007)

La Adoración Eucarística
El acto más elevado de adoración es el sacrificio de la Santa Misa, en la cual, unidos con CRISTO y en comunión con los Santos Ángeles, ofrecemos al PADRE nuestra adoración y nuestro agradecimiento. El culto de la Eucaristía fuera de la Santa Misa es una continuación de esta adoración. También ésta es de valor inestimable. San Alfonso María de Ligório escribió: “La devoción de adorar a JESÚS sacramentado es, después de los sacramentos, la primera de todas las devociones, la más agradable a DIOS y la más útil para nosotros”.3
Los Santos Ángeles, “que son sólo adoración”, nos transmiten la gracia de ser atraídos hacia la adoración, nos hacen sentir un ansia de adorar al Señor y reparar las ofensas cometidas contra Él, justamente en el sacramento del Amor. El Papa San Juan Pablo II escribió:
“La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto Eucarístico. JESÚS nos espera en este Sacramento del Amor. No seamos avaros con nuestro tiempo para ir a encontrarnos con Él en la adoración, en la contemplación llena de fe y lista para reparar las grandes culpas y los crímenes del mundo. Que no termine nunca nuestra adoración”. (Dominicae Cenae, 3)
No pensemos que la adoración, como forma concreta de oración, es complicada. Es exactamente lo contrario. De hecho, lo único que debemos hacer es estar presentes, con todo nuestro ser, junto al Señor, sin que sea necesario decir muchas palabras elocuentes. El Señor nos conoce así como somos, y Él quiere que también junto a Él, durante el tiempo de adoración, seamos exactamente como somos. Y con seguridad el Señor se alegra mucho más cuando simplemente estamos presentes, con todo nuestro ser y con corazón indivisible, que si pronunciáramos muchas palabras bonitas, pero sin estar presentes con todo nuestro ser.
Santa Teresita del Niño JESÚS confesó una vez: “Cuando me arrodillo delante del tabernáculo, no tengo nada más que decir al Señor que esto: ‘¡Señor, Tu sabes que Te amo!’ Y siento que eso nunca lo inoportuna.”4
Si quisiéramos vivir, cada vez más, una vida de adoración, deberíamos también expresarlo concretamente, por ejemplo, rezando el “Sanctus”, el tres veces “Santo”, que es la oración de los Santos Ángeles por excelencia. Lo sabemos del rito de la Santa Misa, donde es cantado o rezado en la Oración Eucarística. Esta oración fue sacada de la adoración de los serafines en Isaías 6,2-3: “Arriba de él se erguían serafines, cada uno con seis alas. Dos les cubrían el rostro, dos el cuerpo, y dos servían para volar. Exclamaban uno al otro: ‘Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de Su gloria’” (cf. Ap 4,8).
La Madre Gabriela rezaba esta oración muchas veces durante el día, especialmente antes de decisiones y conversaciones importantes, y con eso imploraba la ayuda de los Santos Ángeles. Ella decía: “Cada «Sanctus» que pronuncias santifica el lugar donde te encuentras y el tiempo en el que vives.” Todos los que pretenden consagrarse a su Santo Ángel de la Guarda, deberían conocer esta oración de memoria, en español y en latín, interiorizarla y rezarla muchas veces durante el día:

Oración: 

Sanctus, Sanctus, Sanctus,                                               Santo, Santo, Santo, 
Dóminus Deus Sábaoth,                                                      ¡Es el Señor, DIOS del universo!

pleni sunt cæli et terra glória Tua.                                      Llenos están el cielo y la tierra de Su gloria.
Hosánna in excélsis!                                                            ¡Hosana en el cielo!
Benedíctus qui venit in nómine Dómini                             ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Hosánna in excélsis!                                                            ¡Hosana en el cielo!

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Ángeles Cartas de Formación

CF04 CAG

Cartas de formación - preparación a la CAG

CAG – Consagración al Ángel de la Guarda

1a etapa: cuarta carta

4a carta
Querido(a) candidato(a): 

En la carta anterior se presentó la espiritualidad del Opus Angelorum y pudiste aprender que la Obra no busca solamente la veneración a los Santos Ángeles, sino, también, una unión íntima con ellos. Esto se realiza por medio de la Consagración al Santo Ángel de la Guarda y a todos los Santos Ángeles, porque dicha Consagración es una alianza con ellos.

Cuarta carta de formación preparación a la CAG

¿Cuál es el fundamento para una consagración a los Santos Ángeles? ¿Cómo podemos realizarla?
Sobre el sentido de la Consagración al Santo Ángel de la Guarda
Desde nuestro bautismo quedamos unidos a DIOS. Esta unión con DIOS, nos une también a MARÍA, a los Ángeles y a los Santos. Pues, por medio de CRISTO, quien reconcilió todas las cosas en el cielo y en la tierra por la Sangre de Su Cruz (cf. Cl 1,20), fuimos capacitados para “participar de la herencia de los santos, en la luz” (Cl 1,12). Por lo tanto, en CRISTO, estamos unidos de modo especial también a los Santos Ángeles.
La Consagración al Santo Ángel de la Guarda profundiza nuestra unión con él. Lo mismo sucede en la Consagración a los Santos Ángeles, se refuerza nuestra relación con todos ellos. Sobre el sentido de la Consagración al Santo Ángel de la Guarda, los Estatutos de la Obra de los Santos Ángeles explica:
“El sentido de la Consagración al Ángel de la Guarda es la unión estrecha con el propio Santo Ángel de la Guarda, para que su ayuda pueda volverse mucho más eficaz en nosotros y, para que progresemos más rápidamente en el camino hacia DIOS. El Santo Ángel de la Guarda desea emplear toda su fuerza a fin de que nunca más nos apartemos de DIOS. Quiere hablarnos más claramente mediante amonestaciones interiores, estimularnos más para el bien (cf. Cat. 350), advertirnos de los peligros, iluminar nuestra mente, para sumergirnos más profundamente en el conocimiento de DIOS, en el temor de DIOS y en el amor a DIOS, en la grandeza y en el significado de la Palabra de DIOS.
A través de la Consagración al Ángel de la Guarda nos volvemos más dispuestos para realizar todos los servicios de Ángel de la Guarda en la tierra, los cuales se reflejan especialmente en las obras espirituales y corporales de misericordia (cf. Cat. 2447). Ojos y oídos, corazón y manos, se abren más, no solamente para con los Santos Ángeles, sino también, para con nuestros semejantes.” (n. 17)

Requisitos para hacer la Consagración al Santo Ángel de la Guarda
La Consagración al Santo Ángel de la Guarda tiene, principalmente, como objetivo, el bien espiritual de la propia persona. El Santo Ángel de la Guarda nos ayuda, personalmente, en nuestra vida de fe; él nos guía para que podamos vivir, cada vez mejor, la vocación que DIOS nos ha dado y, así, llegar a la salvación eterna. Esto comprende también nuestra santificación personal.
Por lo tanto, los candidatos deben ser idóneos para las áreas fundamentales de la vida cristiana y para la práctica de las virtudes:

  1. Deben ser constantes en la vida de fe y en la recepción de los sacramentos;
  2. Deben tener una vida personal de oración consolidada (por ejemplo: oración de la mañana y de la noche, el santo rosario y lectura espiritual);
  3. Deben tener un conocimiento básico sobre la naturaleza y el servicio del Santo Ángel de la Guarda;
  4. Deben tener una comprensión básica de la espiritualidad de la Obra de los Santos Ángeles y aceptarla de buen grado.

Debe existir un deseo sincero de crecimiento en la amistad personal y en la colaboración con el Santo Ángel de la Guarda, de modo que los candidatos se esfuercen, cada vez más, por tomar sus decisiones y regir sus vidas a la luz de la fe y no según el espíritu y la sabiduría del mundo.

Aqui conviene estudiar también las cartas 71 y 72, como indicado al inicio del curso:

Tareas para este mes:

  1. Haz un esfuerzo en este mes para mantener la perseverancia en tu vida de fe (especialmente en la oración, como p. ej.: rosario diario, la oración del “Angelus”, etc.) y de recibir los sacramentos (si es posible confesión mensual, comunión diaria), mira el párrafo: “Requisitos para hacer la Consagración al Santo Ángel de la Guarda”. 
  2. Los Ángeles eran venerados en la Iglesia desde el inicio. Para eso, por favor, medita en la Biblia: Hechos de los apóstoles 12,1-17. 
  3. Continúa rezando, diariamente, las oraciones ya indicadas en las últimas cartas de formación. 
  4. Intenta en la oración personal y en el hablar con tu Ángel, ir creciendo en la amistad y en el amor para con él.

La unión al Ángel
El Ángel de la Guarda es un regalo del amor de DIOS. Si nosotros mismos hubiéramos tenido la posibilidad de escoger a nuestro Ángel de la Guarda, ciertamente no habríamos encontrado otro mejor que aquel que DIOS nos ha dado en Su infinita Sabiduría. El Ángel, al recibir la misión divina de custodiarnos, estará siempre con nosotros. Por tanto, deberíamos tener un gran deseo de unirnos aún ¡más profunda y conscientemente a él! La Consagración es una forma concreta de tal unión más profunda. Por eso, es bueno presentar más claramente lo que de hecho es una Consagración.
Una “consagración” es un acto en el cual el creyente confía y se encomienda a sí mismo y su vida a DIOS o a los Santos. El fundamento de este acto es la unión con DIOS, que se inicia en la recepción del sacramento del santo Bautismo. Una consagración es inspirada por el deseo de honrar a DIOS o a los Santos y, por medio de eso, progresar en las virtudes. Las Consagraciones conocidas en la Iglesia son: al Sagrado Corazón de JESÚS, a MARÍA y a su Inmaculado Corazón y también a los Santos Ángeles, como por ejemplo, a San Miguel Arcángel, que es venerado en muchos países como patrono o protector del pueblo.
En la mayoría de las veces, el deseo de la consagración viene de la propia persona. Sin embargo, puede también suceder que el propio cielo pida la consagración. Así, Nuestra Señora pidió en Fátima, Portugal la consagración del mundo, especialmente de Rusia, a su Inmaculado Corazón y dio grandes promesas al respecto. Se sabe que el colapso del comunismo, como sistema, a finales del siglo XX, se debe, principalmente, al cumplimiento de la petición de MARÍA. El 25 de marzo de 1984, el Papa San Juan Pablo II consagró, en la Plaza de San Pedro, en Roma, el mundo y especialmente Rusia al Inmaculado Corazón de MARÍA. Posteriormente, en menos de seis años, el 9 de noviembre de 1989, el muro de Berlín fue derribado y, como resultado de eso, Rusia y los países de la Europa Oriental se libraron del yugo del comunismo, prácticamente, sin derramamiento de sangre. Las mencionadas consagraciones al Sagrado Corazón de JESÚS o a Nuestra Señora trajeron muchas gracias a la Iglesia y a la humanidad.

La importancia de una alianza con los Santos Ángeles
No sólo MARÍA, sino también los Santos Ángeles pueden pedir una consagración. Esto sucedió en una visión que Santa Margarita María Alacoque relata en su vida. Ella escribió:
“Mientras trabajábamos en común en el cáñamo, me fui hacia un patio que estaba más cerca de la capilla del Santísimo. Allí, haciendo mi trabajo de rodillas, me sentí totalmente recogida interior y exteriormente. Al mismo tiempo se me apareció el amable Corazón de mi adorable JESÚS, más brillante que un sol. Estaba envuelto en las llamas de su puro amor, cercado de Serafines que, en concierto admirable, cantaban: ‘El amor triunfa, el amor goza, el amor del Sagrado Corazón regocija’. Aquellos Bienaventurados Espíritus me invitaron a unirme a ellos en las alabanzas al Sagrado Corazón. Yo no me atrevía. Ellos me reprendieron y me dijeron que habían venido a fin de asociarse a mí, para que Le prestáramos continuo homenaje de amor, de adoración y de alabanza.
Para eso harían mis veces delante del Santísimo. Por medio de ellos yo Lo amaría sin interrupción. Del mismo modo, participarían de mi amor, sufriendo en mi persona, como yo gozaría en la de ellos’. Y al mismo tiempo han escrito este pacto en el Sagrado Corazón, con letras de oro y con los caracteres indelebles del amor.
Eso duró de dos a tres horas. Sentí los efectos, que perduraron toda la vida, ya sea por el auxilio que he recibido, ya sea por la suavidad que había producido y producía en mí, quedando toda abismada de confusión. Desde entonces, sólo los llamaba mis divinos asociados. Esta gracia me ha dado tanto deseo y tan perfecta idea de la pureza de intención que era necesario tener para hablar con DIOS, que todo me parecía impuro.2 (Santa Margarida Maria Alacoque, Autobiografía, Ed. Loyola, São Paulo, 1985, p. 72-73.)
Con este relato de Santa Margarita, podemos hacernos una idea muy clara de la grandeza de los frutos que una consagración a los Santos Ángeles puede traer.

La gran importancia de una alianza entre Ángel y hombre
Viendo las enormes pruebas y desafíos a los cuales están expuestas la Iglesia y la humanidad de nuestro tiempo, parece, cada vez, más urgente una alianza entre Ángeles y hombres. Necesitamos mucho de la ayuda de los Ángeles, porque nuestra lucha, como dijo San Pablo, no es “contra la sangre y la carne, sino contra los principados, las potestades, las dominaciones de este mundo tenebroso, los espíritus malignos esparcidos por el espacio” (cf. Ef 6,12). Así como la Iglesia toda se dirige a su patrono San Miguel, el Príncipe de las milicias celestes, de la misma forma los fieles deberían dirigirse individualmente a sus Ángeles de la Guarda. En lenguaje casi profético, el famoso autor alemán Reinhold Schneider dijo:
“La gran tarea del sacerdote es preparar una especie de nueva alianza entre los hombres a él confiados y sus Ángeles. Él es el primero que puede invocar el poder de los Ángeles sobre la tierra necesitada, maltratada. Él lleva al joven al encuentro con su Ángel, para que el joven se entregue a sí mismo y toda su vida al Ángel y sea completamente purificado por la luz de su Ángel. […] Y el sacerdote consagra, a partir del conocimiento renovado del poder de los [ejércitos] celestes, a la joven virgen a su Ángel, para que ella viva su vida bajo su reflejo, en una claridad que nunca se extingue y que no tolera la luz turbia de sentimientos vacilantes. Es que del Ángel sale luz de la Luz, de aquella única Luz que es el propio Rostro de CRISTO. (Traduzido do livro “Der Priester” (El Sacerdote), p. 120)
Reinhold Schneider habla aquí de la gran misión de los sacerdotes de preparar a los fieles para una alianza con el Ángel, sobre todo, de llevar a los jóvenes a “confiar en el Ángel ” y “consagrarse a él ”. La luz del Ángel, que éste recibe de DIOS, va a iluminar cada vez más la vida del joven que se consagró al Ángel en la presencia de un sacerdote. Su luz ayuda al joven a ver el sentido de su vida con una claridad que nunca disminuye.
Quien se consagra al Ángel recibe la gracia de una mayor iluminación a través del Ángel y puede, así, discernir mejor entre el bien y el mal, entiende mejor y más profundamente la gravedad del tiempo en que vivimos, y su fe no vacilará en la confusión de nuestros días. Quien permanece fiel a esta gracia, crecerá más rápidamente en la virtud y hará grandes progresos en el camino hacia la santidad.

La Consagración a los Santos Ángeles en la historia

¿Desde cuándo existe la Consagración a los Santos Ángeles? La consagración al Arcángel San Miguel, por relatos y testimonios, existe desde hace muchos siglos; la costumbre de consagrarse al Ángel de la Guarda, sin embrago, se hizo conocida hasta el siglo XVII, y hasta mediados del siglo XX muchas escuelas religiosas, dentro y fuera de Francia, mantenían una Asociación de los Santos Ángeles aprobada por la Iglesia. En ella, los alumnos eran instruidos para venerar a los Santos Ángeles y, después de un período de prueba, se consagraban a ellos. Esta consagración a los Santos Ángeles era realizada en una celebración litúrgica, bajo la dirección de un sacerdote. También Santa Teresita se consagró a los Santos Ángeles de esta forma, el 31 de mayo de 1882, junto con otros alumnos en el colegio de las madres benedictinas en Lisieux. Además de la consagración a los Santos Ángeles, existía, en la mencionada Asociación de los Santos Ángeles, una Consagración al Ángel de la Guarda hecha comunitariamente en las escuelas religiosas.
Para la Obra de los Santos Ángeles, la Santa Sede aprobó, el 31 de mayo de 2000, una oración de Consagración a los Santos Ángeles. En esta oración, está contenida la Consagración al Ángel de la Guarda, cuyo texto meditaremos más profundamente en la carta n.12. Podemos ver una señal feliz de la Divina Providencia por el hecho de que la aprobación se dio en la misma fecha en que, 50 años antes, la Madre Gabriela, instrumento humano de DIOS para la fundación del Opus Angelorum, escribió la primera Consagración a los Santos Ángeles, el 31 de mayo de 1950.

Las ventajas de la Consagración al Santo Ángel de la Guarda
Cuanto más aprendemos a conocer y a amar a los Santos Ángeles, especialmente a nuestro Santo Ángel de la Guarda, e intentamos vivir conscientemente con él, tanto más sentiremos, tarde que temprano, el deseo e incluso la necesidad de una unión más profunda con él.
En Su bondad y solicitud, DIOS ha dado, a cada uno de nosotros, un Ángel radiante del cielo como hermano y compañero durante la vida terrena. Es conveniente y justo que queramos agradecerle con el deseo de dejarnos guiar de buen grado por él y de obedecerle. La forma más solemne para hacer esto es un acto de Consagración, recibido, en nombre de la Iglesia, por un sacerdote. Como representante auténtico de DIOS y de la Iglesia, el sacerdote puede, por medio de su poder de unir y desunir con la fuerza de DIOS, unir a una persona más íntimamente a su Ángel de la Guarda, como si fuera encargado por la Iglesia para eso.
A través de la Consagración al Santo Ángel de la Guarda va a aumentar, cada vez más en nosotros, el gran deseo de apreciar este maravilloso don, y de confiarnos al Santo Ángel de la Guarda, incondicionalmente, como un niño. Finalmente, se trata de una gran amistad que, de hecho, no puede ser merecida ni tampoco recompensada, sino que podemos vivirla generosamente.
Nosotros vamos a tener que esperar hasta la eternidad para poder ver toda la belleza y riqueza de la relación entre el hombre y el Ángel, y entre el Ángel y el hombre. Pero, ya desde ahora, debemos sentirnos impulsados a fortalecer el vínculo con el Ángel, día con día, como escribió Reinhold Schneider:
“La amistad del mejor amigo que DIOS nos ha dado para el tiempo y la eternidad debe ser merecida y pedida en la oración, debe ser elevada a una relación que crece cada día más en intimidad; de manera semejante a las relaciones humanas auténticas, que son orientadas para la eternidad, esta amistad quiere convertirse en una compañía durante todas las horas de nuestra vida. Debemos vivir en un diálogo con nuestro Ángel.” (Ibid. pág. 117)
Por medio de este acto de Consagración, hecho con amor y decisión, tú experimentarás, después de algún tiempo, una interiorización sobresaliente y un progreso significativo en tu amistad con tu compañero celeste y serás más atento y sensible en relación al Ángel de la Guarda. Agradecerás, sobretodo, a DIOS por este regalo incomparablemente grande: un Hermano Celestial a tu lado.
El Ángel de la Guarda se dirige a ti:
“Mira, yo estoy contigo en todo momento.
Cuando DIOS creó tu alma, Él me llamó;
Cuando en el mundo fuiste formado, recibí la tablita con tu nombre.
Y ahora reconociste la mano que te guía, la mano del Ángel,
ahora, tu camino se hace cada vez más fácil y recto, y el Señor se inclina y te dice: ‘Ven!’ Ven, Hermano(a), vamos a Su encuentro!” (De los escritos de la Madre Gabriela)

Oración: “Tú, el más fiel de todos los amigos” Santo Ángel, tú, el más fiel de todos los amigos. A ti te he dado mi mano para que me guíes. Cuando el camino desaparezca, sé tú mi brújula. Cuando las tinieblas me envuelvan, sé tú mi luz. Cuando pierda el apoyo, sé tú el brazo que me sustenta, y cuando me desanime, sé tú el corazón fuerte en mí y di: “¡Permanece tranquilo, pues DIOS está en ti! Y MARÍA, tu Madre, ha extendido a tu alrededor su manto protector ¡para que, con seguridad y sin peligro, lleno de firme esperanza, alcances la meta! ¡Así quiero continuar con toda confianza el camino contigo, Santo Ángel!

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Ángeles Cartas de Formación

CF03 CAG

Cartas de formación - preparación a la CAG

CAG – Consagración al Ángel de la Guarda

1a etapa: tercera carta

3a carta
Querido(a) candidato(a): 

Tercera carta de formación preparación a la CAG

Razones para el culto al Ángel de la Guarda 
          El Santo Ángel de la Guarda es enviado por la misericordia de DIOS para ayudar a los hombres, y así cooperar en la obra redentora de JESUCRISTO. Muchos, sin embargo, no entienden eso correctamente y, por tal razón, presentan muchas objeciones a ésta su tarea. Por eso, queremos esclarecer algunas de esas objeciones.

Las siguientes meditaciones están tomadas, a manera de respuestas a tales objeciones, del librito publicado en México: “Nuestro Ángel de la Guarda – Una pequeña Introducción a la Devoción a los Santos Ángeles”, de nuestra Madre Gabriela Bitterlich.
Objeción: Algunas personas piensan que el Ángel está delante de nosotros como un héroe poderoso de DIOS y no nos perdonará ningún pecado y, un día se levantará como acusador, ya que es conocedor de todas nuestras acciones.
Los Santos Ángeles son, de hecho, héroes poderosos de DIOS. Su poder excede cualquier otro poder terreno, porque la fuerza de DIOS opera a través de ellos. Además, desde siempre el Ángel fiel ha luchado tan exclusivamente por DIOS que, por su propia naturaleza, estaría inclinado a vengar con todo su poder cualquier ofensa hecha a DIOS. Pero, desde la Encarnación de Nuestro Señor JESUCRISTO, el amor ha triunfado no sólo en la tierra, sino, más aún, en el Cielo. Y, si el PADRE del Cielo es misericordioso para con nosotros por amor a Su HIJO, ¿no deberían serlo los Ángeles también?, pues está escrito en la Sagrada Escritura: “Hay alegría entre los Ángeles de DIOS por un solo pecador que se convierta” (Lc 15,10).
Esto no quiere decir que nuestros pecados no afecten a los Ángeles, pero, por medio de Nuestro Señor JESUCRISTO, ellos se aproximaron mucho más a nosotros como cooperadores (“siervos como nosotros”, cfr. Ap 22,9) y, por medio de MARÍA, su Reina, y en unión con Ella, se volvieron nuestros grandes intercesores.
Los Ángeles de la Guarda ocupan una posición de particular cercanía a nosotros: DIOS envió a Su Ángel, semejante a un solícito médico y hermano, para permanecer junto al hombre desde su primer hasta su último suspiro, como protector y no como vengador. Por ello, también en el juicio el Ángel de la Guarda será nuestro intercesor y no nuestro acusador.
Objeción: Otras personas creen que un Ángel es igual a otro Ángel en este gran género angélico y que tiene poco en común con nosotros. Que debe caminar a nuestro lado, orando, pero seguramente estará contento cuando este servicio suyo llegue a su fin.”
Para poder destacar mejor la personalidad del Ángel, es necesario partir de la creación inferior.
Ningún cristal es igual a otro, ningún árbol es igual a otro. Del mismo modo, ningún animal es igual a otro. En ninguna parte de la tierra existen dos seres humanos perfectamente idénticos. Cada hombre es una personalidad en sí misma y, cuanto mayores sean sus capacidades espirituales, tanto más fuertemente se manifestará su personalidad y se distinguirá de cuantos le rodean.
Siendo los Ángeles las primeras criaturas de DIOS y las más elevadas criaturas espirituales, ¿cómo podrían ser ellos una uniforme producción en masa?, ¿no es cada Ángel, al contrario, una personalidad eminente? Sí, cuanto más alta es la posición atribuida a un Ángel en la jerarquía celestial, tanto mayor es también la distancia de su descenso hacia la profundidad al servicio del hombre y tanto más intensamente experimentará en sí, a su manera, la condescendencia y la humillación de DIOS en la Encarnación y Redención, y la silenciosa y heroica grandeza de MARÍA, nuestra Madre e Intercesora. Por tanto, experimenta entonces en su servicio de Ángel de la Guarda, lo que significa pobreza y fatiga, sacrificio y expiación, humildad, silencio y sufrimiento en el ámbito humano y a causa de la salvación de las almas.
El servicio de Ángel de la Guarda es, para cada Ángel, la imitación de CRISTO, que el Ángel cumple de modo mucho más serio, fiel e incondicional que el hombre. Y, ¡qué júbilo hay entre los Ángeles cuando se salva una persona más! Pero, si un Ángel de la Guarda, a pesar de todos sus esfuerzos, no consiguió salvar a su protegido, habrá, sin duda, pasado por un “tiempo de martirio”, pero entonces se empeñará aún con mayor razón por la salvación de los hombres, ayudando e intercediendo.
Objeción: Otras personas más, se imaginan que el Ángel ama al hombre mientras éste sea todavía un niño y necesite auxilio, pero cuanto más va creciendo y madurando, tanto más disminuye la relación personal entre hombre y Ángel. Y creen que el hombre maduro es autosuficiente. Por consiguiente, el Ángel ya no será necesario, y por ello estará cerca del hombre, en determinados períodos de la vida.

Tareas para este mes:

  1. Reza diariamente la “Oración de la mañana al Ángel de la Guarda” (Carta n. 2) y la “Oración de la noche” (Carta n. 3). 
  2. Intenta pensar muchas veces durante el día en tu Santo Ángel de la Guarda que está caminando fielmente a tu lado y, así, construir una amistad completamente personal con él. 
  3. Por favor, continúa rezando todos los días (si es posible de memoria y, eventualmente, varias veces durante el día) la “Oración al Ángel de la Guarda en el OA” (Carta n. 1).

El Ángel presta ayuda al hombre desde el inicio hasta el fin de su vida. Naturalmente, el Ángel puede ayudar más a un niño, porque éste, por no tener pecados aún, no pone obstáculo a su auxilio. El niño en su inocencia es, por decirlo así, transparente para el Ángel, que, teniéndolo delante de sí, puede presentarlo al PADRE del Cielo y ver a través del niño al PADRE (“sus Ángeles ven continuamente el rostro del PADRE que está en los cielos”; Mt 18,10). Sin embargo, cuanto más peca el hombre conforme va creciendo, tanto menos puede el Ángel ver a través de él, porque el pecado oscurece el alma y la vuelve opaca. En el momento en el que el Ángel se coloca delante del hombre, es cuando el hombre puede ver a través del mismo Ángel hacia lo alto, hacia DIOS. El Ángel es para el hombre como un telescopio a través del cual puede ver a DIOS mucho más de cerca y mucho más nítidamente, siempre y cuando quiera ver hacia lo alto.
Pero, cuanto más arrogante sea el hombre, vanagloriándose de sí mismo y presumiendo lograr todo con sus propias fuerzas, tanto menos experimentará el auxilio del Ángel y tanto más el enemigo maligno, el maestro del fingimiento, lo engañará con falsos caminos. El Ángel no se impone, pero está siempre presente. El hecho de que exista poco contacto entre el hombre y el Ángel no es porque el Ángel no lo quiera, sino porque el hombre no lo quiere.
Objeción: Algunos otros creen que, para una persona es fácil ser buena, porque ciertamente tiene un Ángel de la Guarda muy fuerte; pero para otra, en la cual no se nota ninguna mejoría, el Ángel de la Guarda, seguramente es demasiado débil para ayudarle.
En este aspecto, la justicia de DIOS ya fue providente con todos los Ángeles, sea cual fuere el coro al que pertenezcan, reciben la fuerza del noveno coro de los Ángeles. Por consiguiente, ninguna persona tiene un Ángel más fuerte a su lado que otra. Es verdad que la influencia de los Ángeles es distinta, no en el grado de su fuerza, sino en el modo.
Es posible imaginar que cada Ángel lleva su gran misión ultra-temporal, es decir, por sobre el tiempo, tan intensamente dentro de sí, que ésta ha penetrado, por así decirlo, todo su ser. Por ello, un Ángel del amor insertará el amor también en su servicio de Ángel de la Guarda y estimulará a su protegido a vivir el amor a DIOS y al prójimo. Un Ángel del poder de la palabra, iluminará a su protegido a fin de que también pueda él transmitir palabras buenas, útiles y valiosas. Un Ángel que, normalmente, desempeña su servicio delante del sagrario, procurará llevar a su protegido siempre hacia ese lugar. Pues, en Su sabiduría, el DIOS Todo-bondadoso, destinó para cada persona aquél Ángel de la Guarda que, en su manera de ser, congenia de la mejor manera con ella, y que puede ayudarla del mejor modo en su camino hacia DIOS, iluminándola y fortaleciéndola.

Objeción: Otros dicen que un niño, probablemente, tendrá un Ángel de la Guarda diferente al de un adulto. Y que de igual forma, el Ángel se apartará de un pecador impenitente y lo dejará solo o implorará sobre él un castigo por medio de otro Ángel.
La misión del Ángel de la Guarda se basa en el amor que ayuda y, no en la justicia que castiga.
El hombre posee siempre el mismo Ángel de la Guarda, capaz de adaptarse en sus advertencias y orientaciones, completamente, a la respectiva edad y estado de vida. Todo Ángel de la Guarda ama a su protegido y no lo abandona; éste es para él el talento que desea devolver con éxito a su Señor y DIOS (cf. Mt 25,14-28).
Por el pecado, el hombre expulsa al Ángel de su esfera de acción. El Ángel ya no puede actuar en lo más íntimo del hombre, y de allí la opinión de que el Ángel abandonaría al pecador. A pesar de esto, el Ángel va en busca del pecador y espera hasta que la puerta se le abra nuevamente por el arrepentimiento del hombre. Es verdad que DIOS puede también imponer un castigo, pero éste ha de despertar y reconducir al mismo DIOS y, de este modo, el castigo puede convertirse en gracia.
Objeción: Otras personas opinan que la devoción a los Ángeles de la Guarda tiene en sí algo de ficticio, de ilusorio, de cursi. Y que un servicio sobrio a CRISTO conduce a un contacto más rápido con DIOS.
La devoción a los Ángeles nunca puede sustituir o perjudicar el culto a DIOS; al contrario, es un medio para prestarle un culto más profundo y más íntimo, gracias al mayor conocimiento y amor a DIOS, que el hombre puede alcanzar por medio del auxilio del Ángel. Quien encuentra en la devoción a los Ángeles algo de ficticio o ilusorio, está en el camino errado.
Durante los últimos siglos, el enemigo maligno ha sembrado esta cizaña de reducir a los Ángeles a algo cursi, en medio de la auténtica devoción a los Ángeles, y esta cizaña ha brotado por todas partes, en detrimento de la eficacia de los Santos Ángeles. A través del arte, se introdujeron hasta en el ámbito de la Iglesia los angelotes desnudos, figuras de ángeles dulces y sentimentales, y se ha alimentado al pueblo con historias infantiles de “angelitos”.
Pero, quien mira en retrospectiva al tiempo de la Antigua Alianza y al tiempo de CRISTO en la tierra, verificará qué papel tan serio e importante ocupaba el Ángel en aquél entonces. El Ángel que exterminó a los primogénitos de Egipto (Ex 12,29), el Ángel que aniquiló a 185.000 hombres (2Re 19,35), el Ángel Gabriel, mensajero de la Anunciación (Lc 1,26), el Ángel en el monte de los Olivos (Lc 22,43) y en la mañana de la Resurrección (Mt 28,2), (todos éstos no son personajes de fábulas. El mismo Señor se refiere frecuentemente a los Ángeles en sus discursos y parábolas y, en el fin de los tiempos, vendrá con Sus Ángeles, y ellos se harán cargo de separar a los buenos de los malos, y serán jueces (Mt 13,39-42; Lc 12,8-9).
Por eso, Él quiere que también nosotros insertemos a los Ángeles en nuestras vidas y tareas. El Ángel nunca disminuirá la visión de DIOS en el hombre o le impedirá el contacto con Él. Solamente quien, en lugar de apoyarse en su buen Ángel, se atiene a la importancia e infalibilidad de su propio yo y, por consiguiente, a las seducciones del maligno, a éste le robará el adversario de DIOS, a través de la soberbia espiritual, la humildad, la reverencia y, finalmente, la obediencia y la fidelidad.
Rehusar la ayuda del Ángel sería semejante a un alpinista que dijese: “No necesito ni de cuerda ni de zapatos de alpinista”, o a un navegante que dijese: “No tengo necesidad de brújula”, o a un alumno que dijese: “No necesito de profesor, estudio solo”.
Ya que DIOS creó al Ángel para ayudarnos, Su sabiduría sabrá mejor que nosotros lo que nos es necesario. No olvidemos que en este mundo no existen únicamente DIOS y el bien, sino que también el adversario de DIOS, con su ejército de millones de secuaces, está trabajando más que nunca para engañar al espíritu del hombre, para turbarlo y desviarlo de DIOS.
No podemos ver al espíritu maligno, pero el Ángel lo ve. Él puede alertarnos y apartar al enemigo maligno. Él puede siempre poner delante de nuestros ojos la dirección “DIOS” y esclarecernos la palabra de DIOS. Él vivificará en nosotros la devoción a MARÍA y el amor. Así como DIOS quiere que nos asistamos unos a otros o que seamos ocasión de prueba unos para los otros, de la misma manera, tenemos una gran prueba por medio del tentador, que DIOS permite, para que nos acrisolemos, pero contamos con el auxilio del Ángel fiel, esto es voluntad de DIOS. Podemos rechazar al Ángel como auxiliador, es verdad, pero entonces nuestro camino hacia DIOS, por entre las tinieblas y opresiones de este tiempo, será tanto más peligroso, y esta responsabilidad, nosotros mismos tenemos que asumirla. DIOS ofrece la ayuda, pero no obliga.

Algunos se preguntarán ahora: “¿Cómo reconozco yo la voz de mi Ángel de la Guarda cuando debo tomar una decisión?, a veces, es muy difícil discernir la verdadera voz del Ángel de la Guarda y, con esto, la voluntad de DIOS.”
Frente a DIOS, el hombre debe permanecer siempre como alguien que está aprendiendo y, por eso, como quien escucha. Esto quiere decir que debemos entrenarnos deliberada y libremente en este punto.
Para empezar, se necesitan dos cosas: el hombre tiene que aprender a obedecer amorosamente y a guardar silencio amorosamente.
Cuando una persona está interiormente llena de desorden, llena de inquietud y de pensamientos
agitados, ávida del ruido exterior y de las distracciones, ésta no percibirá dentro de sí otra cosa sino las instigaciones del maligno, para desear poseer y disfrutar aún mucho más, para excitarse aún más. DIOS nos habla por medio de Su palabra, que asimilamos escuchando o leyendo. Él habla también a nuestro corazón, en la Sagrada Comunión, en una meditación silenciosa; pero Él es siempre Majestad, no grita. También el Ángel habla a nuestro corazón. Podremos escuchar al Ángel cuando nos volvamos interiormente
tranquilos y receptivos. La experiencia nos enseña cómo se puede distinguir la voz del Ángel a la del demonio:
El Ángel señala siempre hacia DIOS, hacia Su palabra, Su doctrina, Sus mandamientos y hacia las promesas que Le hicimos, hacia los propósitos que nos hicimos, hacia la oportunidad de demostrar a DIOS nuestro amor, nuestra fidelidad. Procediendo así, él no toma muy en cuenta nuestros hábitos o predilecciones, sino que siempre dirige nuestra mirada hacia los grandes valores de la eternidad. Cuando él amonesta y nosotros no obedecemos, entonces la amonestación se vuelve cada vez más débil, y acaba por desaparecer.
El enemigo maligno hace exactamente lo contrario: manifiesta un gran cariño y preocupación por nuestro yo, por nuestros deseos, por nuestra comodidad, por los provechos que podemos sacar, por el poder que podemos alcanzar, por la reclamación de nuestro derecho, sugiriéndonos que no debemos tolerar nada y que debemos pagar con la misma moneda. Así, él nos hace creer que esto o aquello pasa desapercibido, que no tiene nada de malo, que los demás hacen lo mismo, que tenemos que ser del mismo partido para no caer en ridículo. Él confunde los conceptos de verdadero y falso, de bueno y malo, y no hace caso de una negativa, sino que procura hacerse escuchar desde otro lado (temor a los hombres, ambición, egoísmo).
Cuando hayamos aprendido a distinguir estas dos voces, el Ángel de la Guarda nos llevará a dar un paso adelante. Nosotros mismos debemos ser Ángeles de la Guarda para las personas a nuestro alrededor.
Debemos aprender a ponernos en el lugar y la situación difícil de la otra persona para ayudarla eficazmente.
No es necesario que sean actos heroicos exteriores, sino actos de la vida cotidiana que tienen un valor heroico delante de DIOS. Por medio de nuestro Ángel de la Guarda aprendemos a escuchar no sólo lo que DIOS quiere de nosotros, sino también a descubrir dónde se debe concretizar nuestro auxilio, nuestra tarea en el Reino de DIOS y en la salvación de las almas. Y una vez que nos hayamos habituado a hablar con nuestro buen Ángel de la Guarda sobre nuestro trabajo diario, nuestros proyectos y preocupaciones, él nos conducirá, cada vez más, a una fidelidad sincera y a un amor ardiente a DIOS.
Si pudiésemos comprender y vivir esto, nuestra vida se transformaría radicalmente. Entonces aprenderíamos a volvernos sencillos y a concentrarnos en las cosas esenciales, y así lograríamos una mayor tranquilidad y una mayor fuerza, porque una persona complicada se dispersa.
Aprenderíamos a entender la grandeza y la fuerza del sacrificio por amor y la belleza de la donación amorosa. Ya no sería nuestro “yo” el que estuviera sentado en el trono de nuestro corazón, sino DIOS.
¡El Ángel y yo servimos a DIOS con alegría!

Oración de la noche:
“Cuando todo a mi alrededor está en descanso”
Señor, cuando todo a mi alrededor está en descanso,
Quiero permanecer arrodillado todavía un momento delante de Ti.
¡Líbrame, Señor, de todas las ataduras que llevo en mí mismo,
que me impiden ser libre para Ti!
¡Líbrame de las ataduras del deseo de ser amado,
de ser respetado, de ser escuchado!
¡Líbrame de la atadura de la susceptibilidad, que se manifiesta
cuando mi “yo” es tocado,
cuando mis planes no son reconocidos,
cuando, por eso, caigo en la obstinación y el descontento!
¡Líbrame de las ataduras del miedo
de ser burlado y escarnecido, de ser degradado e ignorado,
de perder la estima de los superiores!
¡Dame, oh Señor, la libertad de no querer ser más que Tu siervo, Tu sierva,
y de no apegarme a nada más, sino a Ti!
Dame, oh Señor, la libertad de estar por encima de las cosas
para contemplarlas desde lo alto con Tus ojos de amor
y de estar debajo de las cosas, en humildad,
para llevarlas a Ti como siervo silencioso y fiel.
Dame, oh Señor, finalmente y para siempre, el anhelo insaciable de Ti,
¡siempre y sólo de Ti! Amén.

Oración de la mañana al Ángel de la Guarda
Mi gran y querido Santo Ángel,
esta mañana quiero saludarte lleno de amor.
Andarás conmigo,
rezarás conmigo
me ayudarás a tener ansia de DIOS,
harás que yo descubra en todas partes lo que es bueno
y me ayudarás a tener solamente buenos pensamientos y
también las palabras apropiadas.
Así el día será grande,
porque tú estás conmigo;
mi buen Ángel.
Amén.