Categorías
Cartas de Formación

CTA02

Cartas de formación - preparación a la CTA

CTA – Consagración a todos los Ángeles

2a etapa: segunda carta

2a carta

Segunda carta de formación: preparación a la CTA

Estimado miembro de la OA,

Sentido de la consagración a todos los Ángeles I

El 31 de mayo del año jubilar de 2000, la Congregación para la Doctrina de la Fe aprobaba con el consentimiento del Papa Juan Pablo II una fórmula de consagración a los santos ángeles para su uso en el Opus Sanctorum Angelorum. Esta aprobación se dio exactamente cincuenta años después de que la madre Gabriele Bitterlich, escribiera la primera consagración a los santos ángeles el 31 de mayo de 1950. Antes de hacer la Consagración a todos los santos ángeles, uno debe primero entender el significado detrás de este acto formal recibido en nombre de la Iglesia. Por lo tanto, en esta Carta de formación vamos a discutir la naturaleza de la consagración, en general, y luego la naturaleza y los efectos de una consagración a los santos ángeles.

¿Qué es una consagración?

En términos generales, la palabra «consagración» significa una dedicación de personas o cosas al culto divino. La persona consagrada o el objeto es retirado del uso profano y colocado al santo servicio de Dios. Este santo «poner aparte» se lleva a cabo a través de la iniciativa directa de Dios o por medio de un rito o una bendición. Es Dios quien elige a las personas para su servicio y las llama a la comunión con Él mismo. Puesto que Dios propone un pacto de amor, requiere la respuesta libre por parte de la criatura. Tal respuesta del hombre a Dios también se puede llamar «consagración».

Consagración y alianza se encuentran a través de toda la historia de la salvación, y encuentran su cumbre y plenitud en Jesucristo. A través del ministerio de la Iglesia, Cristo lleva a cabo – en particular a través de los sacramentos – la consagración del hombre, otorgándole una participación en su sacerdocio y santidad.

 

Consagración a María y a los Ángeles

Teniendo en cuenta esta definición primaria de la consagración, a menudo ha sido discutido por los teólogos si es lícito consagrarse a María, a los ángeles o a los santos. En primer lugar, es preciso señalar que la consagración fundamental y necesaria de todo cristiano es la consagración a Dios en el santo bautismo. Nuestra vida cristiana, cualquier otro acto de culto, la oración, el sacrificio, o la consagración, son en última instancia, ordenados para desplegar y llevar a la perfección la consagración bautismal en Cristo a través de una vida de virtud.

 

¿En qué consiste entonces el valor de una consagración a María o a los ángeles? Tal consagración a una criatura es un refuerzo del vínculo que se estableció entre Dios y nosotros en el bautismo. Por una consagración a María, por ejemplo, estamos vinculados más intensamente a Dios por medio de la Virgen. De acuerdo con San Luis María Grignón de Montfort la consagración a María consiste «en darse a sí mismo enteramente a la Virgen, con el fin de estar completamente entregados a Jesús a través de ella». El objetivo de cualquier consagración es, por tanto, estar más unidos a Jesucristo a quien hemos sido consagrados en el santo bautismo. En el caso de una consagración a los santos ángeles, éstos nos llevan con una ayuda especial a nosotros y a otros a Jesús.

 

Tareas para este mes:

  1. 1. ¿Qué significa la palabra «consagración»?

    2. ¿Cuál es la consagración fundamental de todo cristiano?

    3. ¿En qué consiste el valor de hacer una consagración a María o a los ángeles?

    4. Describa brevemente cuál es la diferencia entre la Consagración al Ángel de la Guarda y a la de todos los ángeles?

    5. ¿Qué quiere decir prácticamente, la declaración de Tomás de Aquino, que los «ángeles cooperan en todas nuestras buenas obras»?

    6. Describa brevemente la tarea de los ángeles de iluminarnos.

    7. Describa brevemente su tarea de fortalecernos.

    8. ¿Cuál es el propósito de una consagración?

Diferencia entre la Consagración al Ángel de la Guarda y a todos los santos ángeles en la OA

Antes de reflexionar sobre la Consagración a todos los santos ángeles apuntamos primero a la diferencia entre la Consagración al ángel de la guarda y la consagración a todos los santos ángeles.

La Consagración al Ángel de la Guarda se centra principalmente en nuestra propia santificación y camino hacia Dios: «He aquí que, yo enviaré un ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo te he preparado. Préstale atención y escucha su voz» (Ex 23,20-21). A través de la Consagración al Ángel de la Guarda, por usar una imagen, el ángel no sólo tiene que ir delante de nosotros, sino también nos toma de la mano, es decir, a través de la consagración experimentamos su ayuda e intercesión aún más, por lo tanto, nos lleva a una mayor santidad. El Ángel de la Guarda, por supuesto, nos quiere llevar todavía un paso más: que nosotros mismos nos convirtamos en ángeles de la guarda para los demás.

Si bien la Consagración al Ángel de la Guarda se centra en primer lugar en nuestra propia santificación, la Consagración a todos los santos ángeles nos llama a participar generosamente y a trabajar por la salvación de las almas. Se nos llama a ir más allá del concepto de la mayoría de los católicos de vivir una vida devota y dar a Dios lo que merece. La Madre Gabriele no consideró esta consagración una mera devoción privada, o simplemente como un llamamiento a los ángeles para que vengan en nuestra ayuda. Más bien, la consagración a todos los santos ángeles en el Opus Angelorum es un compromiso generoso y sobrio, en primer lugar para luchar por la santidad, y en segundo lugar, para trabajar por la salvación de las almas. A través de esta consagración, uno se consagra a todos los santos ángeles que existen: esto incluye, por ejemplo, el ángel de la guarda de su párroco, del obispo y hasta del Papa, los ángeles de los hijos, de los padres y de los compañeros de trabajo, a los ángeles de los pecadores y de los santos, los ángeles de las naciones, en fin, los ángeles de todos los coros celestiales. Con la ayuda especial de los ángeles uno se compromete a ayudar y cuidar a aquellos a quienes Dios confía a sus oraciones, sacrificios o ayuda práctica. En pocas palabras, uno se une a la guerra angelical espiritual por la salvación de las almas y, especialmente, por las almas de los sacerdotes. Si lo pensamos bien, nos damos cuenta que es una gran gracia, pero también una gran responsabilidad.

            Veamos algunos diversos objetivos:

La consagración a todos los ángeles

– quiere unir a la iglesia triunfante con la iglesia en la tierra, quiere integrar a los ángeles más plenamente en la vida de la Iglesia, porque el hombre se dispone a colaborar conscientemente con ellos;

– el permiso que se dio antes al ángel custodio, es ampliado. En la consagración a todos los santos ángeles le permitimos a todos los ángeles actuar a través de nosotros, ante todo para que intervengan en nuestra vida y participen más plenamente en el misterio de la Eucaristía;

– suplicamos el auxilio de los santos Ángeles y colocamos a su disposición nuestra fuerza y prontitud, nuestras capacidades, empeñándonos en el combate por el Reino de Dios y por la salvación de las almas;

– es un llamado a la batalla espiritual por la salvación de las almas; es una declaración de combate al enemigo maligno, al cual renunciamos en el bautismo, y después, en el sacramento de la Confirmación;

– se quiere difundir y defender la fe por la palabra y por la acción, como verdaderos testigos de Cristo, para confesar con valentía el nombre de Cristo y para nunca avergonzarnos en relación a la cruz;

– la consagración a los santos Ángeles debe llevarse con seriedad, pues ella tiene que ver con nuestra perfección y nuestra santidad. A través de ella somos fortalecidos interiormente para someternos a las purificaciones en la tierra y para crecer a través de ellas;

– ayuda a que nos podamos mantener firmes en el combate contra el adversario de Dios, rechazando sus ataques con una fuerza más intensa de gracias y mediación de la ayuda de los santos Ángeles;

– es entrar cada vez más en el servicio de los santos Ángeles, amarlos de todo corazón y promover su veneración;

– bajo la guía de los santos Ángeles, nos volvemos más abiertos a Dios, para conducir a Él a las almas que nos son confiadas.

Los santos Ángeles ayudan a vivir las virtudes:

– la primera actitud que los santos Ángeles enseñan a los hombres es la profunda reverencia delante de Dios y de todo cuanto pertenece a Dios. Del temor de Dios proviene la reverencia, la cual es el ancla firme para el amor y la obediencia.

– Quien aspira a una más íntima comunión con los santos Ángeles y desea vivirla, debe, ante todo, esforzarse por formar su carácter conforme a la fidelidad, la humildad, la obediencia, el amor, la templanza, el silencio y la imitación de María.

– Cuanto más consciente, amorosa y receptivamente nos consagremos a los santos Ángeles, con tanta mayor fuerza ellos podrán actuar en y a través de nosotros.

 

– Nuestra vida es un proceso de transformación donde el ángel colabora. Las pruebas, ante todo la Cruz de Cristo es transformadora para la vida del hombre, que ayuda a formar la personalidad y lo más íntimo de su ser.

Todos los ángeles ayudan a cada hombre para la salvación

            Según Heb 1,14, los ángeles ‘ayudan a los que han de heredar la salvación’. Podríamos decir que cada ángel es enviado a cada ser humano individual. Ciertamente, el más cercano es nuestro santo Ángel Custodio, pero a través de su ayuda, nos podemos abrir a la acción de otros ángeles.  Así como cada ser humano se relaciona con otras personas en distinto grado, así es también en el mundo de los ángeles. En principio cada ángel lleva algo particular para cada ser humano. Si hubiera sido necesario, Jesucristo hubiera entregado su vida para salvar solamente a un alma. En este sentido vemos la importancia, es decir, cuánto vale un alma para Dios.

Cada una de las fuerzas humanas y capacidades morales reflejan su imagen original en la naturaleza angelical. Como los diversos ángeles caídos pueden tener influencia sobre nuestras fuerzas físicas y espirituales, así también debemos pedir la protección de los buenos ángeles que Dios colocó sobre la naturaleza humana. Las diversas partes de la naturaleza humana, los órganos, el sistema nervioso, la psicología, la vida espiritual, Dios las ha asignado a sus ángeles para que ellos cuiden de nuestra salud física y espiritual. Así es, que una persona humana puede necesitar, a parte de su propio ángel custodio, un ángel que le pueda ayudar mejor para un determinado asunto.

Por la consagración estaremos mucho más cerca de todos los ángeles, y un ser humano puede prestar servicios importantes a cada uno de los ángeles, mientras vive su vocación, ante todo, de ser tabernáculo de Dios y portador de Cristo, mientras se esfuerza en amar a Dios sobre todas las cosas.

 

La consagración a todos los Ángeles es un pacto de compromiso con los ángeles de buscar la perfección para servir y honrar a Dios perfectamente y trabajar por la salvación de las almas.

La Madre Gabriela vio esta consagración como un medio eficaz para fortalecer a las almas generosas para que perseveren fielmente a través de todas las pruebas dolorosas y purificaciones por las que las almas deben pasar necesariamente en su camino a la santidad.

Ella escribe: A través de la consagración a todos los ángeles somos fortalecidos interiormente, para ser capacitados para pasar por las pruebas y purificaciones en la tierra y para crecer a través de ellas, para que seamos capaces ya en esta vida de cargar con una tal ‘tarea-ángel’… Así llegaremos de ser niño, lo que es resultado de la consagración al ángel custodio, a ser siervo o sierva delante de Dios, fruto de la consagración a todos los ángeles[1].

Esta Consagración – bien vivida – es un medio eficaz para superar el principal obstáculo para la santidad.

San Francisco de Sales explica por qué no estamos tan avanzados en el amor a Dios, como San Agustín, San Francisco, Santa Catalina de Génova. … Es porque Dios no nos ha dado la gracia. Pero ¿por qué no nos ha dado la gracia? Debido a que no correspondíamos a sus inspiraciones como lo deberíamos haber hecho. ¿Y por qué no correspondíamos? Porque somos libres y hemos abusado de nuestra libertad. Esto equivale a decir que las almas no llegan a la santidad porque descuidan o se niegan a cooperar con los ángeles de Dios, ya que sus inspiraciones nos vienen a través de ellos! San Francisco de Sales afirma, por lo tanto, «si recibimos las inspiraciones divinas en toda la extensión de su virtud, en poco tiempo debemos hacer un gran progreso en la santidad!»[2]

La Consagración a todos los santos ángeles es un medio adecuado y proporcionado para colaborar y corresponder a las inspiraciones de la luz divina, porque nos coloca en una unión de alianza con los santos ángeles, y nos sintoniza con su actividad ministerial en nuestras vidas.

San Ignacio de Loyola nos asegura que las almas que de esta manera colaboran con los ángeles van a continuar «pasando de lo bueno a lo mejor en el servicio de Dios». En este intenso vínculo de la comunión, se afirma además que los ángeles «dan ánimo y fuerzas, consolaciones, [santas] lágrimas, inspiraciones, tranquilidad de espíritu, ayudarán a superar y eliminar los obstáculos para crecer en virtud y proceder hacia la santidad.


[1] Introdución a la Consagración a todos los santos Ángeles en: Rituale des Opus Sanctorum Angelorum, Schutzengelbruderschaft, Innsbruck, 1970, p. 26.

[2] San Francisco de Sales, Tratado del Amor Divino, Libro II, cap. 11.

El orden en la mediación de la Gracia

Uno podría preguntarse, ¿por qué consagrarse a los santos ángeles? ¿No es suficiente estar consagrado al Sagrado Corazón de Jesús y María? ¿Hay todavía más que podamos hacer para cooperar y recibir la gracia de Dios con mayor eficacia? Sí, hay más. Dios tiene un plan de salvación y redención. En este plan, el Verbo de Dios se hizo carne, un hombre como nosotros, para ser el único mediador entre Dios y la creación, para recapitular y llevar toda la creación a la casa del Padre. Por otro lado, Dios quiere, que las criaturas racionales cooperen libremente con su Hijo en la economía de la salvación, como afirma San Agustín: «Dios nos ha creado sin nosotros, mas no va a salvarnos sin nuestra colaboración» (Sermo 169, 11).

Dios creó a los ángeles a imagen y semejanza suya, eso significa que poseen inteligencia y libre albedrío. Podemos conocer y amar como Dios conoce y ama. Eso es un gran regalo, de verdad. Pero Dios también atribuyó a los ángeles y al hombre la capacidad de ayudar a otros a crecer en la bondad. Mientras que Jesús afirma: «Sin mí no podéis hacer nada», al mismo tiempo dice que aquel que permanece en él, producirá «mucho fruto» (cf. Jn 15,4 ss). Estos frutos no sólo se refieren a los frutos de santidad y virtud en la vida de uno mismo, sino también que en su misericordia, Dios da a los ángeles y a nosotros la capacidad (y la dignidad divina) para comunicar la bondad a los demás de una manera real. En el orden de la gracia, se convierten en cooperadores de nuestro Señor como aparece claramente en el siguiente pasaje del libro del Apocalipsis: «Yo [Juan] vi… un Cordero [Cristo] de pie, que estaba inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos: que son los siete Espíritus [ángeles] de Dios enviados por toda la tierra» (Ap 5,5). Es decir, Cristo actúa a través de sus ángeles, compartiendo su conocimiento [ojos] y poder [cuernos] con ellos, a fin de que éstos puedan llevar a cabo su misión.

Nosotros también, podemos ser mediadores de las bendiciones de Dios. Somos conscientes de esto en nuestra vida diaria. Los sacerdotes santifican a los fieles, los padres enseñan y educan a sus hijos. Podemos orar y sacrificarnos por los demás, y dar buen ejemplo. Por todas estas formas, de alguna manera comunicamos y causamos la bondad en los demás. Por eso es, que Dios llama a todas las criaturas racionales, a cada una de acuerdo a su plan sabio, a que participen en la obra de su Hijo. Él hace esto, no porque Jesús fuera débil y necesitado, sino para la mayor gloria de la Iglesia, de los ángeles y de los hombres, que a través de su participación activa – en dependencia de Cristo – se convierten en santificadores, corredentores e imitadores del Hijo de Dios.

Después de Jesucristo y de su Madre María, el nuevo Adán y la nueva Eva, también los ángeles juegan un papel clave en la obra salvadora de Dios y en la comunicación de las gracias a otras criaturas, porque los ángeles han estado presentes desde su creación y a lo largo de la historia de la salvación, para anunciar esta salvación de lejos o de cerca y al servicio de la realización del plan divino. El Catecismo declara además: “Los ángeles rodean a Cristo, su Señor. Ellos le sirven sobre todo en el cumplimiento de su misión de salvación a los hombres” (cf Catecismo de la Iglesia Católica 332 y 350). Por lo tanto, al ser consagrados a los santos ángeles, vamos a ser capaces de trabajar más eficazmente con ellos y recibir gracias más ricas a través de sus manos.

 

Principios para el ministerio angélico

Antes de reflexionar sobre la naturaleza de una consagración a los santos ángeles, vamos a resumir algunos principios del ministerio de los ángeles. En el Catecismo de la Iglesia Católica leemos: “Toda la vida de la Iglesia se beneficia de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles” (Cat 334).

Desde su inicio hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. «Cada fiel tiene un ángel como protector y pastor para conducirlo en la vida». Desde esta tierra, la vida cristiana participa por la fe en la sociedad bienaventurada de los ángeles y los hombres, unidos en Dios (Cf Cat 336).

Los ángeles son criaturas espirituales que glorifican a Dios sin cesar y sirven a sus designios salvíficos: «Los ángeles trabajan juntos para el beneficio de todos nosotros» (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica I, 114, 3, ad 3; cf Cat 350).

Los ángeles rodean a Cristo, su Señor. Ellos le sirven sobre todo en el cumplimiento de su misión de salvación para los hombres (cf Cat 351).

La Iglesia venera a los ángeles que la ayudan en su peregrinar terrestre y en su protección a todos los seres humanos (cf Cat 352).

¡Los ángeles cooperan en todas nuestras buenas obras!

Hemos aprendido que todas las gracias nos vienen de Jesús a través de María. Pero también es cierto y, enseñanza de la Iglesia, que «los ángeles cooperan en todas nuestras buenas obras». Esto es en sí mismo una declaración tremenda.

 

El ministerio angélico se refiere a nuestra vida entera, natural y sobrenatural. En el orden natural, el hombre puede hacer muchas cosas buenas por su cuenta, con o sin la ayuda de los santos ángeles. Pero en el plan sobrenatural, Nuestro Señor nos dice: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). No somos capaces de realizar ningún acto meritorio o progresar en el bien sin la ayuda de la gracia de Dios – pero esta ayuda de la gracia divina, como Santo Tomás de Aquino enseña, nos llega a través de los ángeles. En otras palabras, cuando hacemos un acto de humildad, de fe, esperanza y amor, o cualquier otro acto motivado por el amor de Dios, la gracia para hacerlo fue mediada por los ángeles.

Los ángeles iluminan nuestras mentes y nos mueven a hacer el bien.

 

Además, Santo Tomás de Aquino enseña también que la comunicación de las verdades de la fe proceden principalmente «por los ángeles, por lo cual las cosas divinas son reveladas a los hombres. Por lo tanto, los ángeles tienen algún papel en la iluminación de la fe. Además, los hombres son iluminados por los ángeles, no sólo acerca de lo que se ha de creer, sino también en cuanto a lo que hay que hacer. Estos aspectos se ejemplifican en la aparición del ángel a los videntes de Fátima. Sor Lucía comentando la segunda aparición del Ángel de Fátima dice que sus palabras iluminaban la fe de ellos: «[Él] dejó una profunda impresión en la mente [y corazones], como una luz que nos hace comprender quién es Dios, cuánto Él nos ama y desea ser amado por nosotros.» Además, el ángel les inspiró respecto de lo que se debe hacer, como ella dice, «fue por esta razón por la que empezamos, a partir de entonces, a ofrecer al Señor todo lo que nos mortificaba, sin embargo, no dejando de buscar también otras formas de penitencia, además de permanecer durante horas con la frente tocando el suelo, repitiendo la oración que el Ángel nos había enseñado.»