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Cartas de formación - preparación a la CTA

CTA – Consagración a todos los Ángeles

2a etapa: tercera carta

3a carta

Tercera carta de formación: preparación a la CTA

Estimado miembro de la OA,

Sentido de la consagración a todos los Ángeles II

Los que quieran hacer la Consagración a todos los santos ángeles deben esforzarse por ofrecer más amor, mayor honor, un mejor servicio y una mayor cooperación para la salvación de las almas. Deben estar motivados por el deseo especial de crecer en las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, con el fin de estar mejor conformados y unidos a Dios. Y puesto que la misión de todos los santos ángeles es salvar a toda la humanidad, se deduce que, en virtud de esta consagración, debemos estar más comprometidos con la Obra para las necesidades de la Iglesia y la salvación de las almas. Este mayor compromiso ayuda al mismo tiempo nuestro crecimiento en santidad.

 

¿Cuál es el objetivo de la consagración a los ángeles?

Después de haber visto el papel clave de los ángeles para nuestra vida cristiana, ahora vamos a reflexionar sobre el objetivo de la consagración a los ángeles. Hay que decir que en general los ángeles llevan a cabo su ministerio para con los hombres, con o sin una consagración, es decir, no es estrictamente necesario para la salvación ser consagrado a los ángeles. Ahora bien, si esta ayuda de los ángeles en todas nuestras buenas obras es universal, ¿por qué la Iglesia todavía respalda y aprueba una consagración a los santos ángeles? ¿Qué más añade una consagración a su ministerio?

En primer lugar, los ángeles tienen un ministerio de Dios para orar por nosotros, protegernos, consolarnos, iluminarnos y fortalecernos.

Cuando hacemos una consagración a los santos ángeles, nos dirigimos a ellos con el fin de hacer un pacto, basado en la amistad, que nos una con mayor perfección en el amor con ellos. Comprendemos mejor la misión y las tareas de los santos ángeles, y deseamos colaborar con ellos. Se realiza una unión más intensa con ellos, es decir, nos abrimos más a la influencia del ángel a través de este acto de consagración. Esta mayor apertura a los ángeles, a su vez da lugar a una cooperación más eficaz para el cumplimiento de la voluntad de Dios en este mundo: la salvación de las almas. La consagración, si nos esforzamos en vivirla, nos atrae muchas más gracias y aumenta nuestra receptividad para sus inspiraciones y ayudas.

Las gracias recibidas a través de una consagración a los ángeles, pueden ser muy bien vistas en la vida de santa Margarita María Alacoque, la santa del Sagrado Corazón. Ella recuerda una ocasión en que los ángeles se acercaron a ella y la invitaron a entrar en un pacto especial o «asociación» con ellos. Un día, durante el tiempo de trabajo, se retiró a un pequeño patio cerca del Santísimo Sacramento, donde: «haciendo mi trabajo de rodillas, me sentí absorbida interior y exteriormente. Al mismo tiempo, vi ante mí el corazón amoroso de mi adorable Jesús, más brillante que el sol. Parecía como si estuviera en medio de las llamas, que eran las de Su amor. Estaba rodeado de serafines, que cantaban estas palabras en armonía admirable: el amor triunfa, el amor se goza, goza del amor en Dios.

Cuando estos espíritus bienaventurados me invitaron a participar en su cántico de alabanza al Corazón de Jesucristo, no me atreví a hacerlo, pero me reprendieron y me dijeron que habían venido con el propósito de asociarse conmigo para ofrecer un homenaje continuo de amor, adoración y alabanza a este Corazón Sagrado. Para este objetivo, tomarían mi lugar ante el Santísimo Sacramento, para que por su mediación pudiera ser capaz de amar sin interrupción, y participarían de la misma manera que yo, en sus personas, compartiendo su amor gozoso en el amor que me hizo sufrir. Me parecía como si se hubiera escrito esto, con letras de oro en el Sagrado Corazón, en los caracteres inmarcesibles del amor.

Esta comunicación duró unas dos o tres horas, he sentido toda mi vida los efectos de la misma, tanto en la ayuda que he recibido de esta asociación, y en la dulzura que ha producido, y que todavía sigue produciendo en mí. Estaba abrumada por la confusión, sin embargo, frente a estos santos ángeles, los llamé mis compañeros divinos. Este favor me dio tan gran deseo de obtener la pureza de intención, y tan alta idea de lo que es necesario para conversar con Dios, que todas las cosas me parecieron impuras en comparación con el fervor de los Serafines”[1].

 



[1] Languet, J J, The Life of the Blessed Margaret Mary Alacoque, p. 256

 

 

Tareas para este mes

En el contexto de esta Carta de Formación lea también: Opus Angelorum Estatutos, nn. 16c, 17, 19, 20.

  1.   Rece diariamente la oración de consagración a todos los santos ángeles.

    Esfuércese por vivir en la presencia de Dios y de los santos ángeles.

     

    Esfuércese por colaborar activamente con los ángeles durante el día (pidiendo ayuda, enviándolos a los necesitados, etc)

Vemos en este relato las siguientes cualidades y características de una consagración a los ángeles: en primer lugar, vemos lo mucho que los ángeles desean una alianza especial (pacto) con nosotros para el bien de la gloria de Dios. En segundo lugar, este contrato se inscribe también en letras de oro en el Corazón de Jesús, lo que significa que es santificado y querido por Cristo. En tercer lugar, esta unión especial hace que los ángeles y los hombres participen mutuamente de los dones de Dios y permite que cada uno se beneficie de las gracias que el otro recibe. En cuarto lugar, la vivencia fiel de la consagración conduce a un mayor grado de conocimiento, reverencia y pureza de intención. Y por último, este aumento de la gracia y el amor a Dios desarrolla su propia dinámica, de modo que en unión con el Corazón de Jesús, con María y los ángeles nos esforzamos por acercar a otros a Dios, tal como los ángeles nos quieren acercar a Dios.

 

Descubre tu carisma

            Por la consagración a todos los ángeles, el hombre se vuelve más servicial, comprende mejor que nadie vive para sí mismo (cf Rm 14,7). Como en la vida humana, uno toma decisiones, se relaciona con ciertas personas, escoge una profesión y trabaja para el bien de la humanidad, así también en la vida con los ángeles. No todos hacen lo mismo, algunos se destacan por algunas virtudes especiales, algunos practican más la caridad, otros la humildad, otros se distinguen por una vida de oración o de servicio. Así hay personas que trabajan en el ministerio de liberación o de combate espiritual y colaboran más con san Miguel Arcángel, otros se dedican al estudio de la Palabra de Dios, trabajan al servicio de la evangelización y gozan más de la ayuda de san Gabriel, otros prestan un servicio caritativo, dedicándose a ayudar a los enfermos y están asistidos por san Rafael.

            Aunque estamos consagrados a todos los ángeles nos distinguimos por la misión que tenemos. Así puede ser, por ejemplo, que una persona presta un servicio concreto y personal, de asistir a un enfermo como enfermera en un hospital. Sin embargo, en el nivel espiritual se puede relacionar con todos los enfermos, prestando un servicio a todos los ángeles custodios de las personas con la misma enfermedad. Así es, que según la intención y con la ayuda de los santos ángeles prestamos un servicio mucho más universal.

            Un ángel, por ejemplo, el ‘ángel de la penitencia’, que menciona el Pastor del Hermas, puede asistir a todos los seres humanos en el mundo que hacen penitencia. Entonces, si yo hago penitencia y me uno a este ángel, voy a apoyar a tal ángel, para que su acción e influencia en el mundo sea más eficaz.

            Según el carisma de cada uno, a través de la consagración a todos los ángeles, mis acciones llevan a una mayor eficacia.

            ¡Que bello sería, si mediante la consagración pudiera ver mi propio carisma más claramente y dirigirme más conscientemente a aquellos ángeles que Dios colocó precisamente para actuar en lo que se refiere a mi carisma! Si conociéramos mejor el mundo angelical, nos podríamos dirigir directamente a aquellos ‘ángeles especialistas’ que nos deben ayudar. También podemos pedir a Dios, que en virtud de esta consagración, nos coloque a un ángel especial a nuestro lado, que nos ayude para que lleguen a pleno efecto las gracias específicas de esta consagración.

            Todo esto presupone una convivencia consciente con los santos ángeles y requiere una experiencia viva con ellos, cuando en el ejercicio de mi propio carisma o de mi profesión puedo notar la presencia y ayuda concreta de los santos ángeles. Precisamente por esta razón, es necesaria una preparación prolongada para esta gran consagración a todos los santos Ángeles.

 

            La consagración es como un talento, sobre el cual el Señor al final de nuestra vida, nos preguntará: ¿qué has hecho con tus ángeles? ¿Has vivido tu consagración con responsabilidad? ¿Has honrado a los santos Ángeles? 

El llamado a la cooperación con los Ángeles

La clave, para que esta Consagración produzca sus frutos en nuestra vida espiritual, es la cooperación diligente. La consagración a todos los santos ángeles es una gracia especial de Dios que exige y permite nuestra respuesta humana. Esta dinámica entre la llamada de la gracia por medio del ángel y la cooperación del hombre, se puede ver de modo más bello en el pasaje evangélico de la Anunciación, el diálogo entre María y el Arcángel Gabriel. El ángel le trae el llamado de la gracia de Dios. Por la gracia ella a su vez responde a este llamado con su «fiat» – «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Llamada y respuesta: el ángel lleva el llamado de Dios y por Su gracia el hombre debe dar su respuesta.

Cuando nos comprometemos con Dios y con el ángel a través de una consagración, es posible que los ángeles puedan ejercer más influencia sobre nosotros. Pero, como hemos visto anteriormente, debemos cooperar con asiduidad: debemos aprender a estar en silencio, para escuchar su voz y obedecer. El efecto será crecer en la caridad y ser más generosos con Dios y el hombre.

Hay todavía otra dimensión de la Consagración a todos los santos ángeles en la OA: desde que la consagración a todos los santos ángeles, en la Obra de los Santos Ángeles, está pública y oficialmente recibida por la Iglesia, implica una misión que se ejerce en el nombre de la Iglesia.

 

Por otra parte, el documento del Vaticano, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, afirma: «La devoción a los santos ángeles da lugar a una cierta forma de vida cristiana». Nuestra principal tarea consiste, pues, en la manifestación de nuestra devoción y unión con los santos ángeles para vivir y crecer sobre todo en las siete virtudes características de la Obra de los Santos Ángeles: la fidelidad, la humildad, la obediencia, el amor, el silencio, la templanza y la imitación de María, que se explicarán en otras cartas de formación. En la medida que crezcamos en estas virtudes, en la misma medida seremos capaces de formar una alianza efectiva con los santos ángeles y atraer abundantes gracias para la Iglesia militante en la tierra.

Nosotros necesitamos a los Ángeles

Necesitamos a los santos ángeles ya que, como San Pablo nos dice, «nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, las potestades, los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos en los aires» (Ef 6,12). Necesitamos los ángeles porque ellos son los ministros normales de las gracias actuales de luz, advertencia, consejo, ánimo, fuerza y consuelo. Ellos median nuestras oraciones a Dios y Dios les envía con la respuesta divina de su gracia (cf. Tob 12,12.14; 3,24-25). En resumen, necesitamos los santos ángeles porque Dios los ha integrado perfectamente en la economía de la gracia en Cristo. Por lo tanto, cada victoria sobre la tentación y el pecado es con la ayuda de los ángeles, todo crecimiento en la vida espiritual incluye una colaboración con los santos ángeles.

 

Los ángeles nos necesitan

Hasta aquí hemos considerado la unión con los ángeles bajo la perspectiva de que son de gran ayuda para nosotros. La verdad más plena, sin embargo, es que esta «ayuda» no es sólo unilateral, sino recíproca. Sin duda, necesitamos a los ángeles, pero los ángeles también necesitan nuestra cooperación para llevar las almas a Dios. Y Dios quiere esta cooperación con los ángeles en su Obra de salvación. El Papa Pío XII afirma, que «la salvación de muchos depende de las oraciones y mortificaciones voluntarias que los miembros del Cuerpo Místico de Cristo ofrecen». Los ángeles o santos en el cielo, estando en la visión beatífica de Dios, ya no pueden ganar méritos de gracias por penitencias voluntarias y sacrificios por la conversión de los pecadores, solamente nosotros, que todavía estamos en nuestra peregrinación en la tierra, podemos merecer tales gracias para las almas.

Lo que estamos llamados a hacer, entonces, es ofrecer con los ángeles los méritos preciosos de nuestros sacrificios cotidianos, grandes y pequeños. Los ángeles pueden incorporar estos méritos y gracias a todas las personas necesitadas, a través de la Iglesia, en todo el mundo. Es como la oración después de la consagración eucarística en la Oración Eucarística I donde reza el celebrante: “Humildemente te pedimos, Dios todopoderoso, que estos santos dones sean llevados por manos de tu santo ángel, hacia el altar celeste, ante los ojos de su majestad divina, para que todos los que a través de esta participación en el altar reciben el Santísimo Cuerpo y Sangre de tu Hijo, seamos repletos de toda gracia y bendición celestial”.

 

Es un gran misterio del plan divino de Dios y de la comunión de los santos: una criatura ayuda a la otra, el ángel ayuda al hombre y el hombre ayuda al ángel. Los ángeles nos traen luz y fortaleza, de nosotros ellos buscan los pequeños sacrificios, las renuncias voluntarias, el servicio alegre por amor, para que en virtud de estas obras meritorias ellos puedan combatir los grandes males de nuestro tiempo y apoyar a otros.

Conclusión
Por lo tanto, unidos con los santos ángeles en una santa amistad, vamos a empezar ahora a estar más atentos a sus admoniciones e inspiraciones, vamos a empezar ahora a recurrir a ellos en todas las necesidades y confiar en su ayuda. Y vamos a llenar sus manos con nuestros pequeños sacrificios y toda nuestra buena voluntad, para que puedan ser fuertes defensores de la Iglesia y de las almas. Si tomamos a pecho esta unión con los ángeles y la vivimos en la vida diaria, junto con ellos vamos a dar mucho fruto en esta vida para la salvación de las almas, y, al final, vamos a estar unidos con ellos en el cielo por una amistad eterna y un vínculo de amor especial, donde juntos vamos a alabar la misericordia infinita de Dios.