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Cartas de formación - preparación a la CTA

CTA – Consagración a todos los Ángeles

2a etapa: segunda carta

2a carta

Segunda carta de formación: preparación a la CTA

Estimado miembro de la OA,

Sentido de la consagración a todos los Ángeles I

El 31 de mayo del año jubilar de 2000, la Congregación para la Doctrina de la Fe aprobaba con el consentimiento del Papa Juan Pablo II una fórmula de consagración a los santos ángeles para su uso en el Opus Sanctorum Angelorum. Esta aprobación se dio exactamente cincuenta años después de que la madre Gabriele Bitterlich, escribiera la primera consagración a los santos ángeles el 31 de mayo de 1950. Antes de hacer la Consagración a todos los santos ángeles, uno debe primero entender el significado detrás de este acto formal recibido en nombre de la Iglesia. Por lo tanto, en esta Carta de formación vamos a discutir la naturaleza de la consagración, en general, y luego la naturaleza y los efectos de una consagración a los santos ángeles.

¿Qué es una consagración?

En términos generales, la palabra «consagración» significa una dedicación de personas o cosas al culto divino. La persona consagrada o el objeto es retirado del uso profano y colocado al santo servicio de Dios. Este santo «poner aparte» se lleva a cabo a través de la iniciativa directa de Dios o por medio de un rito o una bendición. Es Dios quien elige a las personas para su servicio y las llama a la comunión con Él mismo. Puesto que Dios propone un pacto de amor, requiere la respuesta libre por parte de la criatura. Tal respuesta del hombre a Dios también se puede llamar «consagración».

Consagración y alianza se encuentran a través de toda la historia de la salvación, y encuentran su cumbre y plenitud en Jesucristo. A través del ministerio de la Iglesia, Cristo lleva a cabo – en particular a través de los sacramentos – la consagración del hombre, otorgándole una participación en su sacerdocio y santidad.

 

Consagración a María y a los Ángeles

Teniendo en cuenta esta definición primaria de la consagración, a menudo ha sido discutido por los teólogos si es lícito consagrarse a María, a los ángeles o a los santos. En primer lugar, es preciso señalar que la consagración fundamental y necesaria de todo cristiano es la consagración a Dios en el santo bautismo. Nuestra vida cristiana, cualquier otro acto de culto, la oración, el sacrificio, o la consagración, son en última instancia, ordenados para desplegar y llevar a la perfección la consagración bautismal en Cristo a través de una vida de virtud.

 

¿En qué consiste entonces el valor de una consagración a María o a los ángeles? Tal consagración a una criatura es un refuerzo del vínculo que se estableció entre Dios y nosotros en el bautismo. Por una consagración a María, por ejemplo, estamos vinculados más intensamente a Dios por medio de la Virgen. De acuerdo con San Luis María Grignón de Montfort la consagración a María consiste «en darse a sí mismo enteramente a la Virgen, con el fin de estar completamente entregados a Jesús a través de ella». El objetivo de cualquier consagración es, por tanto, estar más unidos a Jesucristo a quien hemos sido consagrados en el santo bautismo. En el caso de una consagración a los santos ángeles, éstos nos llevan con una ayuda especial a nosotros y a otros a Jesús.

 

Tareas para este mes:

  1. 1. ¿Qué significa la palabra «consagración»?

    2. ¿Cuál es la consagración fundamental de todo cristiano?

    3. ¿En qué consiste el valor de hacer una consagración a María o a los ángeles?

    4. Describa brevemente cuál es la diferencia entre la Consagración al Ángel de la Guarda y a la de todos los ángeles?

    5. ¿Qué quiere decir prácticamente, la declaración de Tomás de Aquino, que los «ángeles cooperan en todas nuestras buenas obras»?

    6. Describa brevemente la tarea de los ángeles de iluminarnos.

    7. Describa brevemente su tarea de fortalecernos.

    8. ¿Cuál es el propósito de una consagración?

Diferencia entre la Consagración al Ángel de la Guarda y a todos los santos ángeles en la OA

Antes de reflexionar sobre la Consagración a todos los santos ángeles apuntamos primero a la diferencia entre la Consagración al ángel de la guarda y la consagración a todos los santos ángeles.

La Consagración al Ángel de la Guarda se centra principalmente en nuestra propia santificación y camino hacia Dios: «He aquí que, yo enviaré un ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo te he preparado. Préstale atención y escucha su voz» (Ex 23,20-21). A través de la Consagración al Ángel de la Guarda, por usar una imagen, el ángel no sólo tiene que ir delante de nosotros, sino también nos toma de la mano, es decir, a través de la consagración experimentamos su ayuda e intercesión aún más, por lo tanto, nos lleva a una mayor santidad. El Ángel de la Guarda, por supuesto, nos quiere llevar todavía un paso más: que nosotros mismos nos convirtamos en ángeles de la guarda para los demás.

Si bien la Consagración al Ángel de la Guarda se centra en primer lugar en nuestra propia santificación, la Consagración a todos los santos ángeles nos llama a participar generosamente y a trabajar por la salvación de las almas. Se nos llama a ir más allá del concepto de la mayoría de los católicos de vivir una vida devota y dar a Dios lo que merece. La Madre Gabriele no consideró esta consagración una mera devoción privada, o simplemente como un llamamiento a los ángeles para que vengan en nuestra ayuda. Más bien, la consagración a todos los santos ángeles en el Opus Angelorum es un compromiso generoso y sobrio, en primer lugar para luchar por la santidad, y en segundo lugar, para trabajar por la salvación de las almas. A través de esta consagración, uno se consagra a todos los santos ángeles que existen: esto incluye, por ejemplo, el ángel de la guarda de su párroco, del obispo y hasta del Papa, los ángeles de los hijos, de los padres y de los compañeros de trabajo, a los ángeles de los pecadores y de los santos, los ángeles de las naciones, en fin, los ángeles de todos los coros celestiales. Con la ayuda especial de los ángeles uno se compromete a ayudar y cuidar a aquellos a quienes Dios confía a sus oraciones, sacrificios o ayuda práctica. En pocas palabras, uno se une a la guerra angelical espiritual por la salvación de las almas y, especialmente, por las almas de los sacerdotes. Si lo pensamos bien, nos damos cuenta que es una gran gracia, pero también una gran responsabilidad.

            Veamos algunos diversos objetivos:

La consagración a todos los ángeles

– quiere unir a la iglesia triunfante con la iglesia en la tierra, quiere integrar a los ángeles más plenamente en la vida de la Iglesia, porque el hombre se dispone a colaborar conscientemente con ellos;

– el permiso que se dio antes al ángel custodio, es ampliado. En la consagración a todos los santos ángeles le permitimos a todos los ángeles actuar a través de nosotros, ante todo para que intervengan en nuestra vida y participen más plenamente en el misterio de la Eucaristía;

– suplicamos el auxilio de los santos Ángeles y colocamos a su disposición nuestra fuerza y prontitud, nuestras capacidades, empeñándonos en el combate por el Reino de Dios y por la salvación de las almas;

– es un llamado a la batalla espiritual por la salvación de las almas; es una declaración de combate al enemigo maligno, al cual renunciamos en el bautismo, y después, en el sacramento de la Confirmación;

– se quiere difundir y defender la fe por la palabra y por la acción, como verdaderos testigos de Cristo, para confesar con valentía el nombre de Cristo y para nunca avergonzarnos en relación a la cruz;

– la consagración a los santos Ángeles debe llevarse con seriedad, pues ella tiene que ver con nuestra perfección y nuestra santidad. A través de ella somos fortalecidos interiormente para someternos a las purificaciones en la tierra y para crecer a través de ellas;

– ayuda a que nos podamos mantener firmes en el combate contra el adversario de Dios, rechazando sus ataques con una fuerza más intensa de gracias y mediación de la ayuda de los santos Ángeles;

– es entrar cada vez más en el servicio de los santos Ángeles, amarlos de todo corazón y promover su veneración;

– bajo la guía de los santos Ángeles, nos volvemos más abiertos a Dios, para conducir a Él a las almas que nos son confiadas.

Los santos Ángeles ayudan a vivir las virtudes:

– la primera actitud que los santos Ángeles enseñan a los hombres es la profunda reverencia delante de Dios y de todo cuanto pertenece a Dios. Del temor de Dios proviene la reverencia, la cual es el ancla firme para el amor y la obediencia.

– Quien aspira a una más íntima comunión con los santos Ángeles y desea vivirla, debe, ante todo, esforzarse por formar su carácter conforme a la fidelidad, la humildad, la obediencia, el amor, la templanza, el silencio y la imitación de María.

– Cuanto más consciente, amorosa y receptivamente nos consagremos a los santos Ángeles, con tanta mayor fuerza ellos podrán actuar en y a través de nosotros.

 

– Nuestra vida es un proceso de transformación donde el ángel colabora. Las pruebas, ante todo la Cruz de Cristo es transformadora para la vida del hombre, que ayuda a formar la personalidad y lo más íntimo de su ser.

Todos los ángeles ayudan a cada hombre para la salvación

            Según Heb 1,14, los ángeles ‘ayudan a los que han de heredar la salvación’. Podríamos decir que cada ángel es enviado a cada ser humano individual. Ciertamente, el más cercano es nuestro santo Ángel Custodio, pero a través de su ayuda, nos podemos abrir a la acción de otros ángeles.  Así como cada ser humano se relaciona con otras personas en distinto grado, así es también en el mundo de los ángeles. En principio cada ángel lleva algo particular para cada ser humano. Si hubiera sido necesario, Jesucristo hubiera entregado su vida para salvar solamente a un alma. En este sentido vemos la importancia, es decir, cuánto vale un alma para Dios.

Cada una de las fuerzas humanas y capacidades morales reflejan su imagen original en la naturaleza angelical. Como los diversos ángeles caídos pueden tener influencia sobre nuestras fuerzas físicas y espirituales, así también debemos pedir la protección de los buenos ángeles que Dios colocó sobre la naturaleza humana. Las diversas partes de la naturaleza humana, los órganos, el sistema nervioso, la psicología, la vida espiritual, Dios las ha asignado a sus ángeles para que ellos cuiden de nuestra salud física y espiritual. Así es, que una persona humana puede necesitar, a parte de su propio ángel custodio, un ángel que le pueda ayudar mejor para un determinado asunto.

Por la consagración estaremos mucho más cerca de todos los ángeles, y un ser humano puede prestar servicios importantes a cada uno de los ángeles, mientras vive su vocación, ante todo, de ser tabernáculo de Dios y portador de Cristo, mientras se esfuerza en amar a Dios sobre todas las cosas.

 

La consagración a todos los Ángeles es un pacto de compromiso con los ángeles de buscar la perfección para servir y honrar a Dios perfectamente y trabajar por la salvación de las almas.

La Madre Gabriela vio esta consagración como un medio eficaz para fortalecer a las almas generosas para que perseveren fielmente a través de todas las pruebas dolorosas y purificaciones por las que las almas deben pasar necesariamente en su camino a la santidad.

Ella escribe: A través de la consagración a todos los ángeles somos fortalecidos interiormente, para ser capacitados para pasar por las pruebas y purificaciones en la tierra y para crecer a través de ellas, para que seamos capaces ya en esta vida de cargar con una tal ‘tarea-ángel’… Así llegaremos de ser niño, lo que es resultado de la consagración al ángel custodio, a ser siervo o sierva delante de Dios, fruto de la consagración a todos los ángeles[1].

Esta Consagración – bien vivida – es un medio eficaz para superar el principal obstáculo para la santidad.

San Francisco de Sales explica por qué no estamos tan avanzados en el amor a Dios, como San Agustín, San Francisco, Santa Catalina de Génova. … Es porque Dios no nos ha dado la gracia. Pero ¿por qué no nos ha dado la gracia? Debido a que no correspondíamos a sus inspiraciones como lo deberíamos haber hecho. ¿Y por qué no correspondíamos? Porque somos libres y hemos abusado de nuestra libertad. Esto equivale a decir que las almas no llegan a la santidad porque descuidan o se niegan a cooperar con los ángeles de Dios, ya que sus inspiraciones nos vienen a través de ellos! San Francisco de Sales afirma, por lo tanto, «si recibimos las inspiraciones divinas en toda la extensión de su virtud, en poco tiempo debemos hacer un gran progreso en la santidad!»[2]

La Consagración a todos los santos ángeles es un medio adecuado y proporcionado para colaborar y corresponder a las inspiraciones de la luz divina, porque nos coloca en una unión de alianza con los santos ángeles, y nos sintoniza con su actividad ministerial en nuestras vidas.

San Ignacio de Loyola nos asegura que las almas que de esta manera colaboran con los ángeles van a continuar «pasando de lo bueno a lo mejor en el servicio de Dios». En este intenso vínculo de la comunión, se afirma además que los ángeles «dan ánimo y fuerzas, consolaciones, [santas] lágrimas, inspiraciones, tranquilidad de espíritu, ayudarán a superar y eliminar los obstáculos para crecer en virtud y proceder hacia la santidad.


[1] Introdución a la Consagración a todos los santos Ángeles en: Rituale des Opus Sanctorum Angelorum, Schutzengelbruderschaft, Innsbruck, 1970, p. 26.

[2] San Francisco de Sales, Tratado del Amor Divino, Libro II, cap. 11.

El orden en la mediación de la Gracia

Uno podría preguntarse, ¿por qué consagrarse a los santos ángeles? ¿No es suficiente estar consagrado al Sagrado Corazón de Jesús y María? ¿Hay todavía más que podamos hacer para cooperar y recibir la gracia de Dios con mayor eficacia? Sí, hay más. Dios tiene un plan de salvación y redención. En este plan, el Verbo de Dios se hizo carne, un hombre como nosotros, para ser el único mediador entre Dios y la creación, para recapitular y llevar toda la creación a la casa del Padre. Por otro lado, Dios quiere, que las criaturas racionales cooperen libremente con su Hijo en la economía de la salvación, como afirma San Agustín: «Dios nos ha creado sin nosotros, mas no va a salvarnos sin nuestra colaboración» (Sermo 169, 11).

Dios creó a los ángeles a imagen y semejanza suya, eso significa que poseen inteligencia y libre albedrío. Podemos conocer y amar como Dios conoce y ama. Eso es un gran regalo, de verdad. Pero Dios también atribuyó a los ángeles y al hombre la capacidad de ayudar a otros a crecer en la bondad. Mientras que Jesús afirma: «Sin mí no podéis hacer nada», al mismo tiempo dice que aquel que permanece en él, producirá «mucho fruto» (cf. Jn 15,4 ss). Estos frutos no sólo se refieren a los frutos de santidad y virtud en la vida de uno mismo, sino también que en su misericordia, Dios da a los ángeles y a nosotros la capacidad (y la dignidad divina) para comunicar la bondad a los demás de una manera real. En el orden de la gracia, se convierten en cooperadores de nuestro Señor como aparece claramente en el siguiente pasaje del libro del Apocalipsis: «Yo [Juan] vi… un Cordero [Cristo] de pie, que estaba inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos: que son los siete Espíritus [ángeles] de Dios enviados por toda la tierra» (Ap 5,5). Es decir, Cristo actúa a través de sus ángeles, compartiendo su conocimiento [ojos] y poder [cuernos] con ellos, a fin de que éstos puedan llevar a cabo su misión.

Nosotros también, podemos ser mediadores de las bendiciones de Dios. Somos conscientes de esto en nuestra vida diaria. Los sacerdotes santifican a los fieles, los padres enseñan y educan a sus hijos. Podemos orar y sacrificarnos por los demás, y dar buen ejemplo. Por todas estas formas, de alguna manera comunicamos y causamos la bondad en los demás. Por eso es, que Dios llama a todas las criaturas racionales, a cada una de acuerdo a su plan sabio, a que participen en la obra de su Hijo. Él hace esto, no porque Jesús fuera débil y necesitado, sino para la mayor gloria de la Iglesia, de los ángeles y de los hombres, que a través de su participación activa – en dependencia de Cristo – se convierten en santificadores, corredentores e imitadores del Hijo de Dios.

Después de Jesucristo y de su Madre María, el nuevo Adán y la nueva Eva, también los ángeles juegan un papel clave en la obra salvadora de Dios y en la comunicación de las gracias a otras criaturas, porque los ángeles han estado presentes desde su creación y a lo largo de la historia de la salvación, para anunciar esta salvación de lejos o de cerca y al servicio de la realización del plan divino. El Catecismo declara además: “Los ángeles rodean a Cristo, su Señor. Ellos le sirven sobre todo en el cumplimiento de su misión de salvación a los hombres” (cf Catecismo de la Iglesia Católica 332 y 350). Por lo tanto, al ser consagrados a los santos ángeles, vamos a ser capaces de trabajar más eficazmente con ellos y recibir gracias más ricas a través de sus manos.

 

Principios para el ministerio angélico

Antes de reflexionar sobre la naturaleza de una consagración a los santos ángeles, vamos a resumir algunos principios del ministerio de los ángeles. En el Catecismo de la Iglesia Católica leemos: “Toda la vida de la Iglesia se beneficia de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles” (Cat 334).

Desde su inicio hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. «Cada fiel tiene un ángel como protector y pastor para conducirlo en la vida». Desde esta tierra, la vida cristiana participa por la fe en la sociedad bienaventurada de los ángeles y los hombres, unidos en Dios (Cf Cat 336).

Los ángeles son criaturas espirituales que glorifican a Dios sin cesar y sirven a sus designios salvíficos: «Los ángeles trabajan juntos para el beneficio de todos nosotros» (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica I, 114, 3, ad 3; cf Cat 350).

Los ángeles rodean a Cristo, su Señor. Ellos le sirven sobre todo en el cumplimiento de su misión de salvación para los hombres (cf Cat 351).

La Iglesia venera a los ángeles que la ayudan en su peregrinar terrestre y en su protección a todos los seres humanos (cf Cat 352).

¡Los ángeles cooperan en todas nuestras buenas obras!

Hemos aprendido que todas las gracias nos vienen de Jesús a través de María. Pero también es cierto y, enseñanza de la Iglesia, que «los ángeles cooperan en todas nuestras buenas obras». Esto es en sí mismo una declaración tremenda.

 

El ministerio angélico se refiere a nuestra vida entera, natural y sobrenatural. En el orden natural, el hombre puede hacer muchas cosas buenas por su cuenta, con o sin la ayuda de los santos ángeles. Pero en el plan sobrenatural, Nuestro Señor nos dice: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). No somos capaces de realizar ningún acto meritorio o progresar en el bien sin la ayuda de la gracia de Dios – pero esta ayuda de la gracia divina, como Santo Tomás de Aquino enseña, nos llega a través de los ángeles. En otras palabras, cuando hacemos un acto de humildad, de fe, esperanza y amor, o cualquier otro acto motivado por el amor de Dios, la gracia para hacerlo fue mediada por los ángeles.

Los ángeles iluminan nuestras mentes y nos mueven a hacer el bien.

 

Además, Santo Tomás de Aquino enseña también que la comunicación de las verdades de la fe proceden principalmente «por los ángeles, por lo cual las cosas divinas son reveladas a los hombres. Por lo tanto, los ángeles tienen algún papel en la iluminación de la fe. Además, los hombres son iluminados por los ángeles, no sólo acerca de lo que se ha de creer, sino también en cuanto a lo que hay que hacer. Estos aspectos se ejemplifican en la aparición del ángel a los videntes de Fátima. Sor Lucía comentando la segunda aparición del Ángel de Fátima dice que sus palabras iluminaban la fe de ellos: «[Él] dejó una profunda impresión en la mente [y corazones], como una luz que nos hace comprender quién es Dios, cuánto Él nos ama y desea ser amado por nosotros.» Además, el ángel les inspiró respecto de lo que se debe hacer, como ella dice, «fue por esta razón por la que empezamos, a partir de entonces, a ofrecer al Señor todo lo que nos mortificaba, sin embargo, no dejando de buscar también otras formas de penitencia, además de permanecer durante horas con la frente tocando el suelo, repitiendo la oración que el Ángel nos había enseñado.»

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Cartas de formación - preparación a la CTA

CTA – Consagración a todos los Ángeles

2a etapa: primera carta

1a carta –

Primera carta de formación preparación a la CTA

Estimado miembro de la OA,
después de hacer la consagración al Santo Ángel de la Guarda, el hombre sentirá cada vez más el deseo de la santidad y de progresar en la vida espiritual. El Santo Ángel nos lleva a realizar la meta del Opus Angelorum (OA), que es la colaboración para la renovación de la vida espiritual en la Iglesia con el auxilio del Santo Ángel, en las direcciones fundamentales de Adoratio – Contemplatio – Expiatio – Missio , que son vividas y realizadas en todas las ramas  de la Obra

La Obra tiene como características sus propias consagraciones, oraciones y promesas:

  1. a) Consagración personal al santo ángel de la guarda ya todos los santos ángeles;
  2. b) ofrecerse para cualquier tipo de expiación, especialmente por los sacerdotes en peligro o desviados (oración expiatoria de Pío XI Jesu dulcissime, oración y consagraciones expiatorias de OA);
  3. c) la promesa de la comunidad de grupos individuales (ver estatutos § 21) y votos sagrados o vínculos similares (ver §§ 22, 52.57).
  • Efectos de la Consagración al Santo Ángel Custodio

La primera consagración de la Obra es al propio Ángel de la Guarda, por la cual nos convertimos en miembros de la Obra. El rito de esta consagración nos dice al respecto:

“La finalidad de la Consagración al Ángel Custodio es unirse al mismo Ángel Custodio, para que su ayuda hacia nosotros sea mucho más efectiva y avancemos más rápidamente en el camino hacia Dios. El santo ángel de la guarda quiere poner todas sus fuerzas para que nunca seamos separados de Dios. Quiere hablarnos más claramente a través de amonestaciones interiores, para animarnos más para el bien” (cf. CIC 350), quiere advertirnos de los peligros, iluminar nuestro espíritu para penetrar más profundamente en el conocimiento de Dios, en el temor de Dios y el amor a Dios, en la grandeza y el significado de la Palabra de Dios” (cf. Rito de Consagración). A través de la consagración al ángel de la guarda, nos hemos vuelto más abiertos a todos los servicios del ángel de la guarda ‘aquí en la tierra, especialmente para las obras de misericordia espirituales y corporales’ (cf. CIC 2447). Los ojos y los oídos, el corazón y las manos no solo se abrirán al ángel de la guarda, sino también al próximo. Así, la consagración al ángel de la guarda provoca una unión particular entre las personas. El santo ángel aplica su fuerza para que nunca más seamos separados de Dios.

Puede iluminar mejor nuestro espíritu para penetrar más en el conocimiento de Dios y su Palabra. Por la consagración a nuestro Ángel somos presentados por él a sus hermanos en los coros de Ángeles. Aprendemos a amar más el mundo de los ángeles, cuando luego nos encontraremos con todos los Ángeles en consagración a todos ellos.

Sugerencias :

– Durante este tiempo de preparación para la consagración a todos los ángeles, Ud. puede llevar una especie de diario en el que anote preguntas sobre las cartas de las lecciones, así como las respuestas a preguntas de comprensión o percepciones personales.

Tareas:

  1. – Ud. puede rezar diariamente la Suplica ardiente a los santos Ángeles

2) El camino del crecimiento en la Obra dos Santos Anjos

2.1) La Obra de los Santos Ángeles se configura

– por la Palabra, – de Passio Domini, por la Cruz;

– por la doctrina de la Santa Iglesia y la literatura espiritual de OA;

– por el Pan Eucarístico, que es nuestro mejor alimento y el que siempre podemos contemplar en perpetua adoración.

Los miembros con la consagración al Ángel de la Guarda serán dirigidos por sacerdotes responsables y según las posibilidades. Ser miembro de la OA (simplemente por haber hecho la CAG, y sin pertenecer a un grupo particular de OA) se recomienda principalmente cuando circunstancias personales, deberes de estado o la distancia dificultan la incorporación de un determinado grupo de la OA, o lo hace imposible.

2.2) Dificultades

     Una de las principales razones por las que no progresamos en la vida espiritual es que no somos constantes en la práctica de la virtud. Y la principal causa de nuestra inconstancia es que nuestra voluntad está debilitada por el pecado original y personal. Si, por un lado, el enemigo agrava esta inconstancia natural, los ángeles nos ayudan a superarla.

Así como el ángel fortaleció a Jesús en el monte de Getsemani, los santos ángeles nos fortalecerán a nosotros. Jesús se arrodilló y oró: «Padre, si quieres, pasa de mí esta copa» (Lc 22,42). El Padre, sin embargo, no le quitó la copa. Pero envió un ángel con el cáliz de la fuerza para consolarlo (cf. Lc 22,43). Por eso Dios quiere enseñarnos a perseverar en las pruebas y vencer las tentaciones. Él nos concede la gracia de fortalecernos a través del ministerio de los ángeles, ya que ellos fortalecen nuestra voluntad.

 

2.3.) Deberes generales de la Obra

El primer deber es ser un cristiano activo dentro de la Santa Iglesia. Aquí es donde se basan los deberes fundamentales en la Obra:

   El gran amor a la oración, a la adoración, al trato íntimo con Dios; amor por la Palabra de Dios, por la meditación, por el silencio y la contemplación, y por poner en práctica este amor pacífico, meditativo y contemplativo; amor por la Cruz, sacrificio, expiación, principalmente por los sacerdotes; el amor a la obediencia, a ser enviado, a convertirse en «pan», como el Señor.

 

2.4.) La actitud fundamental de reverencia

Lo primero que los Santos Ángeles enseñan al hombre es el profundo respeto por Dios (cf. Ex 3,2-5; Is 6,1-7; Ap 4,8-11; 5,8; 19,10) y toda la propiedad de Dios (cf. Za 3,2; 2P 2,11).

El temor de Dios es condición fundamental para toda actitud recta hacia Dios, para toda edificación, para todo crecimiento. Este miedo nos impide diluir la verdad sobre Dios, sobre Su Palabra y sobre las cosas eternas. El respeto es el ancla firme del amor y la obediencia. Del temor de Dios surge el respeto ante la Santa Madre Iglesia, ante cada sacerdote, en fin, todo lo consagrado a Dios, sea persona u objeto, pero también ante los superiores, el vecino, los ancianos, los enfermos y los desamparados. El don del temor de Dios está ligado a la confianza (cf. 2 Co 3, 4; Ef 3, 12), que brota de un corazón puro y un alma de niño, sencilla y sin complicaciones. Esta confianza atrae la ayuda de Dios, de María y de los Santos Ángeles. 

 

2.5.) El amor como primer deber de comunidad

    En las comunidades y grupos de la OA, el amor real y concreto a Dios y al prójimo es una condición fundamental. La paz del corazón y la paz de la comunidad deben ganarse y vivirse a diario. De la Santísima Eucaristía, los miembros reciben el amor en todas sus formas de comprensión y bondad, alegría y mansedumbre, disposición para el sacrificio y fuerza para vencer, fortaleza y ​​fidelidad.

La envidia y los celos (cf. Stg 4, 14-16), la desconfianza y la antipatía, la falta de amor y respeto no pueden tolerarse en ninguna comunidad (cf. Ef 4, 26-32). Las faltas graves y repetidas deben subsanarse mediante la corrección fraterna, para que se restablezca la unidad en el amor y la paz en la comunidad (cf. CIC 1829).

 

2.6.) Objetivos de la formación

En la formación de los miembros y en su seguimiento en profundidad, se da prioridad a la profundización de la vida espiritual según las cuatro direcciones fundamentales (cf. §§ 10-14), a saber:

  1. a) la formación de sacerdotes y laicos para una vida intensa en la gracia;
  2. b) el cultivo de un amor profundo por la Santísima Eucaristía, la Cruz, Passio Domini y María;
  3. c) el despertar y fomentar el pensamiento expiatorio, así como el amor, dispuesto a ayudar, especialmente en los peligros del estado sacerdotal;
  4. d) la consolidación de la fuerza espiritual del combate, mediante consagraciones y promesas propias de la Obra;
  5. e) formación para el apostolado general y específico.

Como la mayoría de los casos de lucha de los espíritus tienen lugar por la Palabra de Dios y por la Palabra (cf.2 Co 10,3-5; Ef 6,11-17), los laicos también estarán adecuadamente formados en la doctrina de la Iglesia.

2.7.) Medios de formación

La formación de los miembros y su seguimiento se realiza, preferentemente:

– a través de jornadas de recogimiento y ejercicios espirituales;

– mediante cartas circulares, cartas de formación y otros escritos doctrinales;

– a través de trabajos escritos sobre temas recibidos sobre la espiritualidad y el apostolado de OA;

– a través de reuniones de formación, seminarios y congresos.

2.8.) La salvación de las almas como meta suprema

“Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). «Si Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros» (1 Juan 4:11). “En esto sabemos lo que es el amor: en lo que dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos” (1 Jn 3,16), llevando las cargas unos de otros (cf. Gal 6,1-2), intercediendo ante Dios por los pecadores (cf. 1 Jn 5,16) y llevándolos perdido en la conversión (cf. St 5,19-20). Porque la salvación de las almas es la ley suprema en la Iglesia (cf. CIC 1572).

Las almas extraviadas o en peligro, deben ser ayudadas por medios espirituales de intercesión y expiación, obras de misericordia, hasta que estén una vez más firmemente sobre el terreno de Dios y de la Santa Iglesia. Para salvar almas, los miembros de la OA no rechazarán ningún posible sacrificio a su favor. El apostolado de OA, que se desarrolla bajo la protección y con la ayuda de los Santos Ángeles, se adapta a los diferentes estados y profesiones de los miembros y se adapta a sus respectivos deberes de estado.

  1. ¿Qué es una consagración?

En términos generales, la palabra «consagración» significa la dedicación de personas o cosas al culto divino. La persona u objeto se quita del uso profano y se coloca en el servicio santo de Dios. Este un santo estar «apartado» (o «separado») se lleva a cabo mediante la iniciación directa de Dios o mediante un rito o una bendición. Es Dios quien elige a las personas para su servicio y las llama a la comunión contigo. Dado que Dios propone un pacto de amor, se requiere la libre respuesta de la criatura. Esta respuesta del hombre a Dios también se puede llamar «consagración».

La ‘consagración’ y la ‘alianza’ se encuentran a lo largo de la historia de la salvación, y encuentran su cumbre y plenitud en Jesucristo. A través del ministerio de la Iglesia, Cristo realiza, en particular a través de los sacramentos, la consagración del hombre, otorgándole una participación en su sacerdocio y santidad.

Consagración a María y Ángeles

En vista de esta definición primaria de consagración, los teólogos a menudo han discutido si sería lícito consagrar a María, los Ángeles o los Santos. En primer lugar, hay que decir que la consagración fundamental y necesaria de todo cristiano es la consagración a Dios en el santo bautismo. Nuestra vida cristiana, o cualquier otro acto de culto, como la oración, el sacrificio o la consagración, está finalmente ordenado a desarrollar y perfeccionar la consagración bautismal en Cristo a través de una vida de virtud.

Entonces, ¿cuál es el valor de una consagración a María o a los ángeles? La consagración a una criatura es un fortalecimiento del vínculo que se ha establecido entre Dios y nosotros en el bautismo. Mediante la consagración a María, por ejemplo, estamos más estrechamente vinculados a Dios a través de la Virgen. Según San Luis María Grignón de Montfort, la consagración a María consiste en «entregarse íntegramente a la Virgen, para entregarse completamente a Jesús a través de ella». El objetivo de toda consagración es, por tanto, estar más unidos a Jesucristo, a quien fuimos consagrados en el santo bautismo. En el caso de una consagración a los Santos Ángeles, estamos trayendo a otros a Jesús con la ayuda especial de los Santos Ángeles.

4) Diferencia entre la Consagración al Ángel de la Guarda y todos los Santos Ángeles en la OA

Antes de reflexionar sobre la Consagración a todos los santos Ángeles, veamos primero la diferencia entre la Congregación al Ángel de la Guarda y a todos los Santos Ángeles. La Consagración al Ángel de la Guarda se centra principalmente en nuestra propia santificación y en mi camino a Dios: «Aquí, enviaré un ángel delante de ti para mantenerte en el camino y presentarte el lugar que preparé. Escúchalo y escucha a su voz” (Ex 23,20-21). A través de la Consagración al Ángel de la Guarda, hablando de manera figurativa podemos decir que el ángel va, no frente a nosotros, sino que nos toma de la mano, es decir, a través de la consagración experimentamos aún más su ayuda e intercesión; por tanto, nos conduce a una mayor santidad. El ángel de la guarda, por supuesto, quiere llevarnos un paso más allá: que nosotros mismos nos convirtamos en ángeles de la guarda para los demás.

Si la Consagración al Ángel de la Guarda se centra en nuestra propia santificación, la Consagración a todos los santos Ángeles llama generosamente a trabajar por la salvación de las almas. Mediante la consagración al Ángel custodio, entramos en la Obra de los Santos Ángeles. La consagración a todos los santos ángeles la realizan únicamente aquellos miembros que se entregan activamente a los propósitos de la Obra. Tal consagración se considera una alianza entre los fieles y los santos ángeles, un acto consciente y espontáneo de reconocer y aceptar y tomar en serio su misión y lugar en la economía de la salvación.

Como muchas espiritualidades llevan sus rasgos característicos, como el “Totus tuus” del santo Papa Juan Pablo II, podríamos caracterizar la espiritualidad de la Obra con las palabras: “cum sanctis angelis”, es decir, “con los santos Ángeles”, o“ en comunión con los santos Ángeles ”. Debido a este estrecho vínculo con ellos, la comunidad del Opus Angelorum, y también cada miembro individual, recibe su marca.

El ángel de la guarda quiere que amemos siempre más a Jesús, que pensemos más en él durante nuestra vida diaria, que busquemos su rostro y hagamos su voluntad. También quiere unirse a nosotros en este amor por Dios. Él quiere que nosotros también, como él, brillemos. Esto es lo que debería distinguirnos de otras comunidades, es decir, que brillemos. Sólo entonces seremos verdaderamente “Obra de los ángeles”, cuando nuestras consagraciones estén tan íntimamente unidas a los santos Ángeles, que su luz se refleje en nosotros. De lo contrario, no seríamos más que una «organización». Y el que dice: “No puedo hacer esto, esto es muy exigente para mí”, luego se detuvo.

¿Cómo llegamos a brillar? Por el amor que se da. El Señor quiere iluminarnos cada día más, para que este resplandor sea radiante. Pero, mientras todavía tengamos tantos lazos que nos conectan con la tierra, el yo, las cosas y asuntos cotidianos, no será posible brillar, el Señor no puede usarnos como personas que brillan. Debemos brillar en nuestra profesión, en nuestro entorno laboral, no solo en la iglesia. Todo nuestro ser, no importa dónde estemos o qué hagamos, todo debe brillar.

El amor a Dios te hace brillar. Una actitud de santa reverencia hace brillar la práctica de virtudes, como la humildad, la fuerza y ​​la fidelidad, para que unidos al Santo Ángel nos hagan brillar. Brillan la obediencia y la lealtad a la Iglesia. La santidad interior y la presencia de la gracia nos hacen brillar.

Cada comunidad tiene su propia característica, y la nuestra es que llevamos el Sagrado Rostro del Señor en la cruz; Él, que lleva la serenidad del brillo de la victoria en su rostro. El amor del Señor debe formar nuestro rostro, el rostro de la comunidad de los santos por venir: Ángel y hombre unidos en Dios.

       

5) Consagración a todos los santos ángeles

Más bien, la consagración a todos los santos ángeles del Opus Angelorum es un compromiso generoso y sobrio, en primer lugar, para luchar por la santidad y, en segundo lugar, para trabajar por la salvación de las almas. Mediante esta consagración, la persona se consagra a todos los santos ángeles que existen: esto incluye, por ejemplo, el ángel de la guarda de su párroco, el obispo e incluso el Papa, los ángeles de sus hijos, padres y colaboradores, él se consagra a los ángeles de los pecadores y santos, a los ángeles de las naciones, en fin, a los ángeles de todos los coros celestiales. Con la ayuda especial de los ángeles, el candidato se compromete a ayudar y cuidar a quienes Dios confía a sus oraciones, sacrificios o ayuda práctica. En pocas palabras: una persona se une a los ángeles para participar en la guerra angélica espiritual por la salvación de las almas y, especialmente, las almas de los sacerdotes. Pensándolo bien, nos damos cuenta de que es una gran gracia, pero también una gran responsabilidad.

Para hacerlo aún más claro, usemos una imagen: En la consagración al santo ángel, el ángel se inclina hacia nosotros. En consagración a todos los ángeles, el hombre es elevado a las alturas de los ángeles. En consagración al ángel de la guarda, el ángel lleva la solicitud, la preocupación, la responsabilidad y la tarea. En consagración a todos los ángeles, la tarea es del hombre. En consagración al ángel Custodio, el ángel se preocupa por el hombre. En consagración a todos los ángeles, el hombre se preocupa por los ángeles. A medida que ambos se esfuerzan, pueden alcanzar una unión más profunda, tal como la quiere Dios, que es el fin. El hombre se convierte en un instrumento del ángel, al mismo tiempo que el ángel se convierte en un instrumento para el hombre a través de tal unión.

El descenso del ángel de la guarda significa para él la imitación de Cristo mediante la humildad. Para el ángel es un verdadero sacrificio, aunque no sea sufrimiento. Por el contrario, la ascensión del hombre al Ángel no es un mero paseo, solo es posible a través de una profunda transformación. No hay transformación sin sacrificio. Dios une el sacrificio de ambos, hombre y ángel, para la consagración expiatoria, de modo que sean más efectivos para la obra de salvación. La consagración a los Santos Ángeles, cuando se vive correctamente, conduce a una vida de mayor perfección, en el espíritu de los consejos evangélicos, según el estado respectivo (cf. PO 5).

Al consagrarnos a todos los santos ángeles, pedimos la ayuda de los santos ángeles, y para eso ponemos a disposición nuestra fuerza, ​​disponibilidad y nuestras capacidades. Nos dejamos enviar a la batalla por el reino de Dios y por la salvación de las almas. Cuanto más consciente y amorosamente alguien se consagra a los Santos Ángeles, dispuesto a acogerlos, con tanta mayor fuerza pueden actuar sobre esa persona y por él.

La consagración a todos los Santos Ángeles debe ser tomada en serio, ya que se trata de nuestra perfección, nuestra santidad (cf. Novo Millenium Inneunte 30-31). A través de ella, nos fortalecemos interiormente para soportar las purificaciones en la tierra y crecer con ellas. Dios nos envía pruebas como gracia, como posibilidad de crecimiento.

La consagración a los Ángeles es también una declaración de guerra contra el enemigo, al que renunciamos en el Bautismo y luego, con la fuerza de la gracia del sacramento de la Confirmación, “para difundir y defender la fe con palabras y obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el Nombre de Cristo y nunca avergonzarse de la Cruz” (Cat. 1303). Podemos mantenernos firmes en la lucha contra el adversario de Dios (cf. Ef 6,10-18; St 4,7; 1P 5,8-9), rechazando sus ataques con mayor fuerza de gracia y mediación de los Santos Ángeles. Y cada victoria, lograda con la gracia de Dios, trae consigo nuevas gracias de fidelidad y amor, clarividencia y fortaleza.

Con estas características, entendemos que tal consagración no puede tomarse como ligera y fácil. No es una efusión sentimental. Conectarse con los santos ángeles significa asumir los peligros y las tristezas de la vida. Quien asuma tal consagración será probado con más fuerza. Viviendo estas pruebas, entendemos que Dios se toma en serio esta consagración. Para entrenarnos en el combate debemos aprender a dejarnos purificar aquí en la tierra. Debemos crecer en profundidad, debemos aprender a renunciar, a silenciar y a obedecer incondicionalmente.

 

A través de la consagración a todos los Ángeles pasamos de «ser niños» a «ser siervos». El alma se vuelve flexible y responde con el mismo amor, sea cual sea el lugar o las circunstancias donde Dios la coloque.

La consagración a todos los ángeles no se centra tanto en la santificación en sí misma, sino en la salvación de las almas. Aprenderemos a ofrecer sacrificios continuamente por la salvación del mundo y Dios enviará las pruebas como gracia y oportunidad para el crecimiento espiritual.

La consagración a los ángeles generalmente requiere una preparación más prolongada bajo la guía del sacerdote competente. Se examina al candidato en cuanto a su aptitud, principalmente su aspiración a la perfección en las virtudes del temor de Dios y la fidelidad, de la humildad y la obediencia, del amor y del silencio, del orden y de la medida, así como en la imitación de María. También es necesario tener salud espiritual y psíquica, así como un carácter equilibrado. Más detalles y pormenores regulan los estatutos de cada grupo, respectivamente.

 

Historia del Angel

Mi amigo Marcelo vivía con su madre y su hermana en un barrio no muy tranquilo de una gran ciudad del interior de São Paulo. Una vez, mientras viajaba, Marcelo pensó en la seguridad de la casa y rezó a su ángel de la guarda: «¡Santo ángel, cuida y guarda nuestra casa!» Cuando regresaron, un amigo le preguntó quién era la persona que se había quedado en su casa. Marcelo estaba asombrado, ya que había dejado la casa vacía. Entonces esta amiga le dijo que ella lo había llamado, cuando hubo el siguiente diálogo: «¿Está Marcelo ahí?» «No.» «¿Quien habla?» «Yo soy la Guardia». Sorprendido, Marcelo recordó la petición que le había hecho al santo ángel de la guarda … ¿No son ellos los mensajeros enviados por Dios para servir a los que tienen que heredar la salvación? (Hb 1,14).

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Ángeles Cartas de Formación

CF06 CAG

Cartas de formación - preparación a la CAG

CAG – Consagración al Ángel de la Guarda

1a etapa: sexta carta

6a carta

Sexta carta de formación preparación a la CAG

La dirección fundamental de la CONTEMPLACIÓN

Querido(a) candidato(a):
En los Estatutos de la Obra de los Santos Ángeles se dice:
La meditación de la Palabra de DIOS, de las verdades Divinas, lleva a la transformación interior, plasma nuestra vida y se manifiesta en las obras.
La meditación se dirige siempre, en primer lugar, a DIOS, al Reino de DIOS, a la Palabra de DIOS, a la Cruz. La meditación cotidiana conduce a la tranquilidad en DIOS, a la paz del corazón y a la paz en la propia comunidad, a través del amor verdadero hacia el prójimo. (cf. 1 Jo 3,16-18). El OA obliga a sus miembros a una gran estima, fiel e incondicional, por la Palabra de DIOS en la Sagrada Escritura, de acuerdo con la doctrina católica. Esto implica la meditación de la Palabra de DIOS y su realización en las obras. El cumplimiento exacto de la doctrina de la Santa Iglesia es obligatorio. La vivencia de la Palabra de DIOS está ligada a una gran estima de los misterios de DIOS, que residen en la Santa Iglesia, como los misterios sacramentales y centrales del amor de DIOS.
La gran estima por estos misterios sagrados exige:

  1. Una grande y profunda reverencia a DIOS.
  2. Una auténtica valentía en la fe.
  3. Claros conocimientos teológicos también para defender la fe.
    Los miembros del OA hacen, diariamente, una profunda y viva meditación, de acuerdo con las respectivas circunstancias de su vida. (n. 12).

Tareas para este mes:

  1. Haz un esfuerzo en este mes para mantener la 

¿Qué es la contemplación?

Contemplación (meditación) u “oración contemplativa” significa: en la oración, mirar a DIOS, conocer a DIOS: Su grandeza, Su santidad, Su amor, etc.

El Catecismo de la Iglesia Católica escribe: La meditación (oración contemplativa) es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu busca comprender el por qué y el cómo de la vida cristiana, a fin de adherirse y responder a lo que el Señor pide. (n. 2705)

Contemplar es, por lo tanto, una “búsqueda” y, de cierta forma, una “reflexión orante”, como el Catecismo menciona en otro párrafo: La meditación moviliza el pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo. La movilización es necesaria para profundizar las convicciones de fe, suscitar la conversión del corazón y fortificar la voluntad de seguir a Cristo (…).

Esta forma de reflexión orante es de gran valor, pero la oración cristiana debe buscar ir más lejos: al conocimiento del amor del Señor JESÚS, a la unión con Él. (n. 2708)

¿Qué es lo que debemos contemplar?

La Madre Gabriela dijo: “Así como se colocan pedazos de leña en el fuego, para que el fuego continúe ardiendo, así tú debes dejar continuamente que la palabra de DIOS se encienda en ti. El fuego no debe nunca apagarse”. Por eso, la meditación de la Palabra de DIOS y la reverencia hacia Ella son de alta estima en la Obra de los Santos Ángeles.

La Sagrada Escritura es la Palabra de DIOS – la Palabra en la cual DIOS se revela a Sí mismo al hombre: Quién es Él, y qué hace. San Jerónimo escribe: “No conocer la Sagrada Escritura significa no conocer a JESUCRISTO.” Por eso, en la contemplación, debemos, en primer lugar, contemplar la Palabra de DIOS, principalmente pasajes del Evangelio. Las palabras de la Sagrada Escritura son palabras de vida. Quieren proporcionar vida y darnos fuerza para nuestra vida. “El hombre no vive sólo de pan…” (Mt 4,4). ¡También necesita del alimento para el alma! Esto también se vuelve comprensible porque el Concilio Vaticano II escribe que “la Iglesia siempre veneró las Sagradas Escrituras como el propio Cuerpo del Señor” (DV 21).

La oración contemplativa, este “pensar y reflexionar de manera orante”, no se debe restringir a una palabra de la Biblia Sagrada o a un misterio de la fe. El P. Leppich, gran predicador jesuita, animaba a hacer también de los acontecimientos del día a día una ocasión para una pequeña meditación, acontecimientos del periódico, por ejemplo, y reflexionar sobre esto en la oración. En este sentido, San Juan XXIII siempre exhortó a los cristianos a descubrir las “señales de los tiempos” y a meditarlas, esto es, a reconocer la voz de DIOS en los acontecimientos de la historia del mundo. Justamente, en nuestro mundo moderno, es particularmente un desafío para nosotros intentar contemplar todo a la luz de DIOS. Y los Santos Ángeles quieren ayudarnos a lograr esto.

La importancia de la contemplación

Diariamente, un torrente de noticias e información cae sobre nosotros y sólo el hombre que reza y contempla, es capaz de distinguir lo que es bueno y lo que es malo, lo que viene de DIOS y lo que no viene de Él. ¿Qué es lo que DIOS quiere decirme con este acontecimiento? Señor, ¿qué quieres que haga? Se trata de ver a DIOS en los acontecimientos de nuestra vida y percibir el llamado personal de DIOS hacia cada uno de nosotros.

En la Obra de los Santos Ángeles se dice que “los hombres, de la mano de los Santos Ángeles, deben volverse contemplativos.” Esto, obviamente, no tiene nada que ver con visiones, porque este “mirar” es una percepción espiritual – a diferencia de la visión (natural) que es una percepción sensitiva. A través de la contemplación debemos volvernos capaces de comprender, cada vez mejor, lo ancho, largo, alto y profundo que es el amor de CRISTO (cf. Ef 3,18).
Esto es, exactamente, lo que expresa la palabra “contemplación” en latín: “con-templatio”: “con/cum” = con, junto con, “con-templari” = “visión de conjunto”. De esta manera, la contemplación es un reconocimiento de conexiones, una mirada que penetra hasta el fondo. Sin embargo, para poder ver hasta el fondo de un lago, desde las montañas, este debe estar muy sereno. Ninguna onda puede perturbar, nada sucio puede turbarlo. Por eso, los elementos necesarios para la contemplación son la paz, el silencio y también la pureza de corazón.

El camino de la contemplación

En el Evangelio se dice: “MARÍA, sin embargo, guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19). MARÍA pone atención a todo lo que el Señor le ha dicho y hecho, y reflexiona sobre eso, y lo profundiza en su corazón. Así, Ella es para nosotros modelo y maestra en la contemplación de la Palabra de DIOS.

En su diálogo con el Ángel Gabriel, en la Anunciación (cf. Lc 1,28-36), podemos distinguir tres momentos que nos enseñan cómo MARÍA va al encuentro de la Palabra de DIOS, siempre abriéndose a Ella. Estos tres momentos se llaman: silenciar, escuchar, obedecer.

  1. Silenciar
    Cuando MARÍA escuchó el saludo del Ángel: “Alégrate, oh llena de gracia, el Señor es contigo” (Lc 1,28), Ella primero reflexionó en silencio “qué significaba este saludo” (cf. Lc 1,29).
    Cuando DIOS nos habla a través de Su Palabra, también nuestra actitud fundamental debe ser el silencio en oración. El poder silenciar, este volverse quieto en la oración, es pre-requisito para la capacidad de escuchar. Sólo en el silencio, nuestro corazón se abre a DIOS y a Su Palabra. De hecho, necesitamos el silencio interior para que podamos, como MARÍA, percibir la voz del Ángel, que nos habla en nombre de DIOS. DIOS y el Ángel no entran en nuestra vida con “ruidos y gritos”, sino en el silencio del corazón.
  2. Escuchar
    Sólo quien puede silenciar, puede también escuchar. Porque MARÍA tuvo una actitud de recogimiento, de silencio interior, su corazón estaba todo abierto a la escucha. En el silencio, Ella escucha atentamente lo que el Ángel le dice: “Concebirás y darás a luz a un hijo y le pondrás por nombre JESÚS, Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo” (Lc 1,31-32). En seguida, MARÍA pregunta: “¿Cómo se hará esto, puesto que no conozco a ningún hombre?” (Lc 1,34).
    Ella pregunta para poder entender mejor la Palabra del Señor y después la acepta de todo corazón. La Palabra de DIOS está llena de misterios. No podemos esperar comprenderla en un sólo momento y penetrarla completamente. Así, también nosotros deberíamos preguntar en la contemplación de la Palabra de DIOS: Señor, ¿qué quieres decirme? ¿Qué significa esta Palabra tuya para mi vida? Cuanto más aprendamos, profundicemos en la Palabra de DIOS, tanto más vamos a crecer en su comprensión, como dice San Gregorio Magno: “Las palabras divinas crecen con aquellos que reflexionan sobre ellas” (citado en Cat. 94).

  1. Obedecer
    Después de que MARÍA se abrió a la Palabra de DIOS, en el silencio y en la escucha, vino el momento decisivo, o sea, acoger la Palabra en obediencia y cumplirla. “Bienaventurados aquellos que escuchan la Palabra de DIOS y la obedecen” (Lc 11,28), dice JESÚS. Esta bienaventuranza se refiere especialmente a MARÍA, quien responde al llamado de DIOS: “He aquí a la sierva del Señor. Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).
    También a nosotros, el Señor nos llama por medio de su Palabra. No es suficiente escuchar la Palabra de DIOS. Él también espera que sigamos Su Palabra sin ninguna reserva y que dejemos que penetre nuestra vida. Acostumbrémonos, por lo tanto, como MARÍA, a mantener el silencio para poder escuchar la Palabra del Señor y reflexionar sobre ella, para que, con la ayuda de los Santos Ángeles, todos los días de nuestra vida, Ella habite siempre en nosotros, actúe en nosotros y nos hable.

La ayuda del Santo Ángel de la Guarda en la contemplación

Los Santos Ángeles son testigos de las palabras y obras salvíficas de DIOS en la historia de la salvación. De esta manera, ellos estaban presentes también en toda la vida de JESÚS, porque “desde la Encarnación hasta la Ascensión, la vida del Verbo Encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los Ángeles” (Cat. 333). Los Santos Ángeles pueden reconocer de una manera más perfecta que nosotros, la luz

de estos misterios de la historia de la salvación y nos la transmiten en la medida de nuestra receptividad.

Porque los Santos Ángeles: ven todo a la luz de DIOS (en la “visión beatífica de DIOS”), tienen un modo distinto al nuestro de conocer, ya que su naturaleza es superior a la de los hombres, por tanto, su modo de conocer es mucho más extenso que el nuestro.

Siendo espíritus puros, nada turba su “mente”, de este modo, pueden ayudarnos perfectamente en la contemplación de DIOS y de las obras de Su amor.

En la contemplación, en cierto sentido, cerramos nuestros ojos al mundo y los abrimos al Reino de DIOS. Pero nuestro “ojo espiritual” es perturbado muchas veces por el pecado. Los Santos Ángeles pueden iluminar nuestros sentidos. El Santo Ángel de la Guarda puede iluminar nuestro entendimiento, de tal manera que digamos: “¡Ahora me vino una luz!” El Cardenal Journet dice: “Nuestro Ángel de la Guarda susurra en nuestros oídos una inspiración repentina, de manera más frecuente de lo que pensamos”.

 

El Santo Ángel de la Guarda abre nuestros sentidos hacia DIOS. De esta manera, DIOS nos envía a sus Santos Ángeles para “ampliar” nuestros sentidos. Se trata aquí, sobre todo, de los tres sentidos conocidos como vitales: la vista, el oído y el tacto. Estos tres son indispensables para la vida humana. ¿Cuántas veces leemos en la Sagrada Escritura que el Señor curó ciegos, sordos y cojos?

Es así como debemos:

  • tener una visión aguda para todo aquello que el Ángel nos muestra en imagen;
  • agudizar el oído para todo lo que el Ángel nos dice en el silencio;
  • volvernos sensibles a todo, por donde nos lleva el Ángel.

Oración para que podamos comprender mejor la Sagrada Escritura
ESPÍRITU SANTO, fuente de entendimiento,
      Haz que recorramos diariamente, con celo, la Sagrada Escritura.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la gracia,
      Prepara nuestra mente y nuestro corazón para que asimilemos los tesoros de la Sagrada Escritura.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la sabiduría,
      Condúcenos hacia las fuentes de la sabiduría en la Sagrada Escritura.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la ciencia,
    Haz que reconozcamos la largura, la anchura y la profundidad de las palabras de DIOS en la Sagrada Escritura, en todas sus correlaciones.
ESPÍRITU SANTO, fuente de la fortaleza,
     Da a nuestra mente y a nuestro corazón la fuerza para dejar que la Palabra de DIOS, como un grano de mostaza,
     pueda echar raíces en nosotros, a fin de que se vuelva una sola cosa con nosotros, y viva en nosotros.
ESPÍRITU SANTO, fuente del temor de DIOS,
     Enséñanos a conservar cada palabra de DIOS con reverencia y silencio, y transmitirla en el tiempo oportuno y de manera correcta.
ESPÍRITU SANTO, fuente de piedad,
     Haz que nos volvamos uno, con todas las palabras de DIOS, a fin de que lleguemos a ser portadores vivos de
     Su Sabiduría y de Su Amor misericordioso. Amén.

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RB02

"Un hombre vestido de lino, su cuerpo era como crisólito..."

(Dan 10, 7)

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

El libro de Tobit se considera el libro del Antiguo Testamento sobre los ángeles. Sin embargo, Daniel, el “hombre muy amado”, también da testimonio de una gran familiaridad con los ángeles, aún más concretamente, podemos decir que: Como conocemos a San Rafael a través del libro de Tobit (cf. Tob 12, 15), así también conocemos a San Gabriel en el Antiguo Testamento, a través de Daniel (cf. Dan 8,16, 9,21) y a San Miguel (cf. Dan 10,13, 21; 12, 1), a través del mismo libro de este gran  profeta.

En las últimas meditaciones, consideramos las características de las comunicaciones angélicas, las disposiciones que mostró Daniel y la forma en que el ángel se manifestó a este profeta. Los siguientes versículos nos ofrecen algunas características más generales de los encuentros entre el ángel y el hombre.

1. Comunicación con los ángeles

Daniel registra el siguiente detalle acerca de los hombres que estaban con él: «Sólo yo, Daniel, veía la aparición; los hombres que estaban conmigo no la vieron, sino que los invadió un gran temor y huyeron a esconderse». (Dan 10, 7)

Con respecto a sí mismo recuerda: “Así quedé yo solo contemplando esta gran aparición, y me sentí desfallecer; mi semblante se demudó hasta desfigurarse, y no pude sobreponerme” (Dan 10, 8). Ese fue el efecto de la visión. Aún mayor fue el efecto cuando escuchó al ángel hablar: “Yo oí el sonido de sus palabras y, al oírlo, caí sin sentido con el rostro en tierra” (Dan 10, 9).

a) Este efecto de una aparición celestial no es nuevo. Incluso podemos hacer esta afirmación general según los informes bíblicos: La aparición de un ángel en una forma que refleja su dignidad y grandeza, siempre arroja al hombre al suelo y lo deja impotente. Esto lo vimos con Moisés (cf. Ex 3) y Josué (Jos 5, 13s) y al final con Juan Evangelista (cf. Ap 19,10; 22,10), y aquí con Daniel: el hombre cae o incluso es arrojado al suelo, experimenta su nada; qué conciencia debe tener al adorar a Dios.

Cuando “el Ángel del Señor” se le apareció a Moisés “en una llama de fuego que salía de en medio de la zarza”, Dios le dijo: “No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa” (Éx 3, 2, 5). Josué, el sucesor de Moisés, vio a “un hombre” que “estaba de pie frente a él con la espada desenvainada en su mano… y dijo: “… yo soy el jefe del ejército del Señor y ahora he venido”. Con estas palabras «Josué cayó con el rostro en tierra, se postró y adoró» (Josué 5, 13-14). Similar fue la reacción de Juan el Evangelista: “Me postré a los pies del Ángel que me había mostrado todo eso, para adorarlo; pero él me dijo: «¡Cuidado! No lo hagas, porque yo soy tu compañero de servicio, el de tus hermanos los profetas, y el de todos aquellos que conservan fielmente las palabras de este Libro. ¡Es a Dios a quien debes adorar!» (Apocalipsis 22, 8-9).

b) La humildad, como amor a la verdad y temor del Señor, como reconocimiento de su majestad, son la base de toda verdadera vida espiritual, como nos dice la palabra de Dios:

El temor del Señor es gloria y motivo de orgullo, es gozo y corona de alegría. El temor del Señor deleita el corazón, da gozo, alegría y larga vida. Todo terminará bien para el que teme al Señor, él será bendecido en el día de su muerte. El principio de la sabiduría es el temor del Señor: ella es creada junto con los fieles en el seno materno. Hizo entre los hombres un fundamento eterno, y permanecerá fielmente con su descendencia. La plenitud de la sabiduría es el temor del Señor y ella satisface a los hombres con sus frutos;… La corona de la sabiduría es el temor del Señor, que hace florecer la paz y la salud perfecta. (Eclesiástico 1, 11-16, 18)

David también nos aseguró: “El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen y los libra. ¡Gustad y ved qué bueno es el Señor!, ¡Feliz el hombre que se refugia en él! ¡Temed al Señor, todos sus santos, porque nada faltará a los que lo temen! (Salmo 34, 7-9)

2. Los efectos de las visitas celestiales

La percepción de la presencia de Dios “como Creador y Salvador, Señor y Dueño de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso” (Catecismo de la Iglesia Católica 2096), pero también la presencia de sus ángeles provoca en los hombres, la percepción de la `nada de la criatura´ que sólo existe por Dios (CIC 2097). Esto aplasta todo el orgullo del hombre, pero también lo enaltece, como Daniel describe continuando su relato:

“De pronto, una mano me tocó y me hizo poner, temblando, sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Luego me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que voy a decirte, y ponte en pie; porque ahora yo he sido enviado a ti. Mientras me decía estas palabras, me puse de pie temblando. Él me dijo: No temas, Daniel, porque desde el primer día en que dispusiste tu corazón a entender y en humillarte delante de tu Dios, fueron oídas tus palabras, y yo he venido a causa de ellas» (Dan 10, 10-12).

a) La mera palabra “cielo” no hace justicia a la realidad. El cielo es vida, paz, fuerza y alegría. Por eso, después de ser sacudido hasta las raíces de su ser, el hombre es tocado por los poderes celestiales y termina más fuerte que antes.

Esto es lo que aprendemos a través de la Sagrada Escritura. “Miren bien que Yo, sólo Yo Soy, y no hay otro dios junto a mí. Yo doy la muerte y la vida, Yo hiero, y Yo sano, y no hay nadie que libre de mi mano” (Dt 32,39). O: “Venid, volvamos al Señor, Él nos ha desgarrado, pero nos sanará; Él nos ha herido, pero vendará nuestras heridas. Después de dos días nos hará revivir; al tercer día nos resucitará para que vivamos en su presencia” (Oseas 6, 1-2). Por tanto, aplicando la regla de discernimiento del Señor: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,16 y 20), vemos claramente: mientras que el diablo primero nos eleva y luego nos arroja al abismo, Dios y sus ángeles primero nos inclinan, pero solo para transformarnos en una nueva criatura y elevarnos, en última instancia, al cielo.

b) Del cielo podemos entender concretamente las personas de los santos ángeles (cf. CIC 326). Dios les confió todo el mundo por debajo de ellos, toda la creación material, así como todo el mundo espiritual-humano. Su influencia en la vida humana debería elevarnos y guiarnos a una vida virtuosa. Una vida en pecado se manifiesta en las cualidades de los siete pecados capitales (cf. CIC 1866). Analógicamente, podemos decir, la vida en gracia o unión con los santos ángeles se caracteriza por las virtudes cardinales y teologales, así como por los dones del Espíritu Santo (de hecho, por los doce frutos, enumerados por San Pablo, en la medida en que representan el más alto grado de virtud [cf. Gálatas 5,22 y CIC 1832]). Cuando elegimos la vida de pecado, continuamos en este mundo de odio, egoísmo y fea perversión para siempre; si elegimos la vida de oración y gracia con Dios, viviremos para siempre en este clima, el clima de alegría y gratitud, de compartir y de amar.   

3. Vida con los santos ángeles

Daniel nos da un ejemplo, este es un «hombre muy amado» por Dios.

a) Dios ama a todos los que vienen a este mundo. Sin embargo, él quiere la libre respuesta del hombre, la libre elección de Su amor. Daniel no solo eligió a Dios. En las circunstancias más difíciles, demostró que le había dado a Dios su preferencia absoluta. Con firme decisión puso su confianza en Dios, desdeñando las más crueles amenazas y todo respeto humano. Con su confianza en Dios, se enfrentó al Rey y a los leones, y terminó siempre como vencedor.

b) Del mismo modo, nuestra vida con los santos ángeles requiere también la opción clara, la preferencia por Dios. El Santo Padre Benedicto XVI hizo una observación que vale la pena citar aquí: Hablando a representantes de la Escuela de Música Litúrgica Católica de Ratisbona, ¡explicó una influencia recíproca entre ángeles y hombres! Él dijo:

Coram Angelis —cantamos en presencia de los ángeles. Benedicto ciertamente quería decirles a los monjes, que deben ser conscientes de que los ángeles están presentes silenciosamente en su coro, que escuchan y que la canción tiene que ser para que los ángeles puedan escucharla. Aún más: no es solo el hecho de que los ángeles están presentes y escuchan, sino que cantamos con ellos. (Ratisbona, 28 de septiembre de 2007)

El Santo Padre explica lo que quiere señalar con esto. “Debemos abrir el ‘oído del corazón’ tanto, que entendamos su canto interiormente y nos unamos a él para poder cantar con ellos”. Por supuesto, concluye el Santo Padre, “se entiende que no solo los ángeles deben ser incluidos en este canto, sino toda la Comunión de los Santos de todos los lugares y tiempos”.

c) Cuando escuchamos la descripción del Santo Padre del canto litúrgico y orante, aprendemos la verdadera forma de la oración, el hablar respetuoso con Dios con la conciencia de su presencia y santidad, y nuestra necesidad de escuchar más que hablar. Por tanto, nuestra oración debe estar marcada por el silencio interior y la apertura atenta hacia quien habla. Incluso si recitamos salmos u otras oraciones litúrgicas en nombre de la Iglesia, debemos hacerlo de manera contemplativa, escuchando por así decirlo; ¡como si Dios quisiera hablarnos a través de estas palabras en lugar de nosotros a Él! El Santo Padre nos dice que debe haber una apertura y un entendimiento recíprocos que conduzcan a la unión real y la alabanza común de Dios, dimensión a la que estamos llamados según otra orientación reciente de la Iglesia.

En el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia se dice: “La devoción a los santos ángeles da lugar a una cierta forma de vida cristiana” (Congregación del Culto Divino, DPPL: Principios y directrices, diciembre de 2001, n. 216).  

Si reflexionamos más sobre el ejemplo de Daniel y su contacto con los santos ángeles, y tomamos en serio estas instrucciones de la Iglesia, bien podemos esperar un cambio en nuestra vida,  “una cierta forma de” nuestra “vida” sacerdotal; por una vida, marcada por la conciencia de la presencia del cielo en ella: en la disposición silenciosa un hombre interior atento a la guía de los ángeles, o nuevamente, un hombre no inmerso en los bienes materiales, o atrapado en ocupaciones y amistades mundanas, sino más bien centrado en ser mediador de las cosas de Dios. Esta disposición traerá orden angelical a nuestras vidas: nos encontraremos mirando primero a la meta, la meta final, y luego eligiendo los medios apropiados, porque la meta determina la elección de los medios.

 

4. ¡Queridos hermanos en el sacerdocio!
No podemos entender el testimonio de Daniel sin advertir sobre la presencia de los santos ángeles en su vida. Abrámonos también a su presencia en nuestras vidas para que seamos cada vez más los sacerdotes que estén a la altura de las expectativas de nuestro Señor. Especialmente en esta cuaresma, luchemos por esta renovación espiritual y crecimiento en la caridad, que nos permitirán vivir constantemente en la presencia de Dios.

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“Un hombre vestido de lino, su cuerpo era como crisólito…” (Dan 10, 5-6)

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

El libro de Daniel ya nos ha brindado la oportunidad de reflexionar sobre los santos ángeles como mensajeros y sobre los requisitos previos que se demandan de los hombres para recibirlos. El siguiente capítulo nos lleva un paso más allá en angelología: Recibimos una descripción de la apariencia física de un ángel: «En el tercer año de Ciro rey de Persia… Yo, Daniel, estuve de luto durante tres semanas. … El día veinticuatro del primer mes, estando yo a orillas del gran río, es decir, el Tigris, alcé mis ojos y vi a un hombre vestido de lino y ceñido con un cinturón de oro fino de Ufaz. Su cuerpo brillaba como el crisólito, su rostro tenía el aspecto del relámpago, sus ojos eran como antorchas de fuego, sus brazos y sus piernas como el fulgor del bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Sólo yo, Daniel, veía la aparición; los hombres que estaban conmigo no la vieron, sino que los invadió un gran temor y huyeron a esconderse». (Dan 10, 1-7)

1. La apariencia física de un ángel
Después de siglos de reflexión filosófica y teológica, hoy nos ha quedado claro que los ángeles no tienen cuerpo, son espíritus puros. En el Catecismo leemos: “La existencia de los seres espirituales, incorpóreos, que la Sagrada Escritura suele llamar ángeles, es una verdad de fe” (CIC 328). “Como criaturas puramente espirituales, los ángeles tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales, superando en perfección a todas las criaturas visibles” (CIC 330).  En cierto sentido, San Rafael ya se lo había explicado a Tobit y Tobías. Él dijo: “Aunque ustedes me veían comer, eso no era más que una apariencia” (cf. Tob 12, 19).

Sin embargo, no podemos simplemente rechazar cualquier manifestación visible o materializada de un ángel. Primero, porque el testimonio en la Sagrada Escritura es demasiado frecuente, así como también, en la historia de la Iglesia y en la vida de los santos, ya sea en forma humana (como San Rafael en el libro de Tobías) o en la forma casi inimaginable de los seres vivos (como en Ezequiel). Podemos recordar uno dado por San Juan Evangelista en el libro de Apocalipsis, que es muy similar al que Daniel describe aquí en nuestro texto:
«Vi descender del cielo a otro Ángel poderoso, envuelto en una nube, con un arco iris sobre su cabeza, y su rostro era como el sol, y sus piernas parecían columnas de fuego… Y puso su pie derecho sobre el mar, y su pie izquierdo sobre la tierra, y gritó con voz potente, semejante al rugido del león. Entonces, los siete truenos hicieron resonar sus voces» (Apocalipsis 10, 1-3).

Una segunda razón, por la que no podemos negar la apariencia física de un ángel, radica en nuestra naturaleza humana específica: ¿Cómo debe un ángel comunicar un mensaje de Dios al hombre, sin hacerse perceptible para el hombre? ¡Todas las percepciones del hombre comienzan en sus sentidos! Así que los ángeles tienen que comunicarse con el hombre de una manera palpable o perceptible. Por supuesto, normalmente, cuando aparece un ángel, el hombre debe darse cuenta de que está frente a una criatura celestial, una persona que es más alta y más perfecta que él, alguien que es más poderoso, que tiene mayor autoridad, y no otro ser humano. Hay muchos testimonios al respecto (cf. por ejemplo, Jueces 13, 16,19-23; Jos 5, 13-15; Lc 1,19; Ap 19,10).

2. La expresión simbólica del «mundo» de un ángel

Por lo tanto, vale la pena mirar más de cerca la apariencia del ángel y preguntarnos qué nos está diciendo a los hombres sobre este ángel o sobre cualquier otra cosa, ya que, como seres superiores, los ángeles tienen un conocimiento más elevado que los hombres en todas las cosas.

—Daniel comienza diciendo que al mirar hacia arriba, vio “un hombre vestido de lino”. Este hombre es nuevamente Gabriel, según San Gregorio y San Juan Casiano (cf. Cornelius a Lapide, Comentario sobre Daniel). Su vestidura de lino expresa la pureza e inocencia del ángel, así como es el servicio de los sacerdotes. Lapide no pierde la oportunidad de señalar que tal vestimenta no solo cubre un cuerpo; también dirige la atención a la persona y a su interioridad. Cuanto menos se muestra el cuerpo, más se dirige nuestra atención al espíritu. Por lo tanto, las siguientes observaciones sugieren inmediatamente un significado espiritual. 

—Él ve que “está ceñido con un cinturón de oro fino de Ufaz”. El cinturón de «oro de Ufaz» subraya un significado más profundo. Simboliza el amor, la intención de este hombre, su voluntad de cuidar lo mejor posible a los demás. Estar ceñido significa estar listo y dispuesto para cualquier cosa, especialmente para la defensa del amado. Eso significa, que el ángel está dispuesto y listo para luchar por el pueblo de Dios. Lapide llega aún más lejos, a un significado místico. En este sentido, el cinto simboliza la caridad que une y perfecciona las demás virtudes bajo su corona; ceñirse la cintura indica el poder del amor divino que junta toda concupiscencia, deleites y amores y se los ofrece a Dios. Y como tercera interpretación, Lapide ve en este cinto a aquellos hombres unidos que controlan su amor a la carne, al mundo y a la concupiscencia, por el amor que le tienen a Dios, y con ello, ¡se hacen dignos de la compañía, el diálogo y el consuelo de los ángeles!

Este simple signo o indicación de disciplina y fuerza de voluntad, conduce nuestra comprensión de un ángel en otra dirección que la que había indicado el arte barroco. Los ángeles no son débiles, dulces o sensuales, sino espíritus puros, que saben lo que quieren y que lo quieren con todo lo que tienen y son. Las siguientes indicaciones subrayan este punto:
 – “Su cuerpo era como crisólito”, observó Daniel. El crisólito es una piedra preciosa de color verde oliva dorado y de alguna manera transparente. Por un lado, esto apunta a Dios, como todo aquello que parte de los santos ángeles. Por otro lado, muestra el carácter instrumental de los ángeles, su disposición a ser enviados y a dar testimonio únicamente de Dios. Esta actitud muestra, en lo más profundo, su total entrega a Dios y su perfecto olvido de sí mismos. Y, finalmente, muestra la dignidad del ángel de estar presente ante Dios y servirle. (¡Este es en realidad el punto esencial!) De nuevo, lo que dijimos con respecto a la vestimenta de lino y la atención a la parte espiritual, se vuelve aún más clara aquí (cf. Benedicto XVI, Homilía del 29 de septiembre de 2007).

—Después de esta descripción del cuerpo, el profeta habla del resplandor del rostro: “Su rostro como la apariencia de un relámpago” refleja la intensidad del esplendor y la gloria de Dios, como el de Moisés, después de bajar del encuentro con Dios. También es un símbolo de la gloria de los ángeles que proviene del conocimiento divino. Además, este dinamismo ardiente habla también del celo de los espíritus puros, su ira contra los pecadores y enemigos de la fe. Lapide cree que este relámpago también expresa el brillo de la Resurrección, como se dice en San Mateo: “Un ángel del Señor descendió del cielo y vino, hizo rodar la piedra y se sentó sobre ella. Su apariencia era como un relámpago, y su ropa blanca como la nieve” (Mt 28, 2-3).

—Esta cercanía a Dios y la transformación en ella explican «sus ojos como antorchas encendidas». Nos hablan de la claridad del intelecto angélico, según la naturaleza, así como de la gracia e incluso de la gloria divina, que es el objeto de su amor y su fruto en Dios. Pero en estos ojos se puede ver también la prudencia, el celo, la vigilancia, que se necesitan en la guerra.

—Debido a tanto poder en la voluntad, el profeta encontró que los brazos y piernas del ángel eran «como el resplandor del bronce bruñido», fuertes para la acción y rápidos en el movimiento.

– Finalmente, “el sonido de sus palabras [era] como el ruido de una multitud”. La voz de una multitud es fuerte pero confusa; es como el rugido de muchas aguas, que a menudo se usa como descripción de la voz de Dios y de los ángeles (cf. p. ej. Ez 1, 24; Ap 1, 15). En la medida en que la voz es una cierta expresión del intelecto y la voluntad, la poderosa voz del ángel expresa su poder. Otra interpretación se refiere a la plenitud de la ciencia que tienen, su poder para enseñar e iluminar a otros.

3. La importancia de conocer a los ángeles

Por la aparición de los ángeles, no solo sabemos algo sobre el ángel y su ministerio, también sabemos algo sobre Dios y su plan divino, ya que reflejan Sus perfecciones y actúan de acuerdo con Su voluntad.

El contacto familiar del ángel con el profeta muestra que Dios quiere formar la comunión de «santos» entre sus fieles criaturas. En esto se prepara el misterio de la Iglesia, incluso la comunión entre la Iglesia celestial triunfante con la Iglesia militante y sufriente. Y a esta sagrada asamblea pertenecen también los ángeles, porque “ya aquí en la tierra la vida cristiana participa por fe en la compañía bendita de ángeles y hombres unidos en Dios” (CIC 336). La vida litúrgica es la primera actividad en la que compartimos su compañerismo, como acaba de mencionar el Santo Padre en la noche de Navidad: “Según los Padres de la Iglesia, parte del canto navideño de los ángeles es el hecho de que ahora ángeles y hombres pueden cantar juntos y de esta manera la belleza del universo se expresa en la belleza del canto de alabanza. El canto litúrgico —todavía según los Padres de la Iglesia — posee su propia dignidad peculiar por el hecho de que se canta junto con los coros celestiales. Es el encuentro con Jesucristo lo que nos hace capaces de escuchar el canto de los ángeles” (Benedicto XVI, Homilía, Misa de Medianoche 25 de diciembre de 2007).

Nuestra comunión con los santos ángeles, aumentará y se hará más íntima, cuando lleguemos a conocerlos mejor. Por esta razón, la descripción del ángel, dada aquí a través de Daniel, es importante para nosotros. Cuanto mejor conozcamos a los ángeles, más intensamente los amaremos y trataremos de imitarlos. Los reconocemos claramente como ministros de Dios que son más fuertes, más sabios y más fervientes que nosotros, en el amor de Dios. En consecuencia, mayor debe ser nuestro deseo de acercarnos a ellos, asociarnos con ellos y recibir su ayuda. El conocimiento de su grandeza refuerza nuestra esperanza y confianza, del mismo modo que el papa Benedicto XVI quiere guiarnos a través de su última encíclica, Spe salvi.

4. ¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Esta visión del ángel dirige nuestra atención a lo que está arriba, en lugar de lo que está abajo; a lo que es bueno, en lugar de lo que ha fallado; a la luz en lugar de la oscuridad. Reflexionar sobre los ángeles en la gloria nos recuerda que Cristo ya logró la victoria final. Nos vuelve optimistas en medio de la realidad diaria. Demos este testimonio ante las almas que se nos han confiado y que hoy están tan a menudo perdidas y desanimadas.

NB: Le recomendamos encarecidamente que consulte la página web de la Congregación del Clero (www.clerus.org) como un impulso extraordinario dado a la Iglesia universal. Juan Pablo II pidió a la Iglesia: «¡Que nunca cese nuestra adoración!» (CIC 1380). Benedicto XVI pidió en la Carta Post-apostólica Sacramentum Caritatis, la Adoración Eucarística. Ahora la Congregación pide formar un movimiento espiritual de Adoración Perpetua “para que una oración de adoración… se eleve a Dios incesantemente y desde todos los rincones de la tierra” para la reparación y santificación de los sacerdotes y su adopción por maternidad espiritual a la que ella anima: «¡Que todos se involucren»! ¡Por favor, denle toda su atención y dedicación! Para sus parroquias, es posible que les interese conocer nuestros programas Cruzada por los sacerdotes y adopción espiritual de sacerdotes.

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Ángeles Cartas de Formación

CF05 CAG

Cartas de formación - preparación a la CAG

CAG – Consagración al Ángel de la Guarda

1a etapa: quinta carta

5a carta

Quinta carta de formación preparación a la CAG

La dirección fundamental de la ADORACIÓN

Querido(a) candidato(a):
Las siguientes cuatro cartas de formación tratarán de las cuatro direcciones fundamentales en la Obra de
los Santos Ángeles. Son cuatro caminos para llegar a la unión con DIOS:
– la Adoración a DIOS, es nuestro primer deber como criaturas,
– la Contemplación de la Palabra de DIOS y de Sus obras salvíficas,
– la Expiación en unión con el sacrificio de la Cruz de CRISTO y, finalmente,
– la Misión, el apostolado, nuestra colaboración activa en la difusión del Reino de DIOS en la tierra.
La adoración es la primera dirección fundamental en la Obra de los Santos Ángeles. Cuanto más nos
dejemos guiar por el Santo Ángel, tanto más despertará en nosotros el deseo y el ansia de adorar a DIOS en nuestra vida, en la vida diaria y, sobretodo, en la Santísima Eucaristía. Con el Santo Ángel podemos aprender a ser verdaderos “adoradores del PADRE”, adorando a DIOS “en espíritu y verdad” (Jn 4,24). ¿Pero qué significa realmente adorar a DIOS?

Requisitos para hacer la Consagración al Santo Ángel de la Guarda
La Consagración al Santo Ángel de la Guarda tiene, principalmente, como objetivo, el bien espiritual de la propia persona. El Santo Ángel de la Guarda nos ayuda, personalmente, en nuestra vida de fe; él nos guía para que podamos vivir, cada vez mejor, la vocación que DIOS nos ha dado y, así, llegar a la salvación eterna. Esto comprende también nuestra santificación personal.
Por lo tanto, los candidatos deben ser idóneos para las áreas fundamentales de la vida cristiana y para la práctica de las virtudes:

  1. Deben ser constantes en la vida de fe y en la recepción de los sacramentos;
  2. Deben tener una vida personal de oración consolidada (por ejemplo: oración de la mañana y de la noche, el santo rosario y lectura espiritual);
  3. Deben tener un conocimiento básico sobre la naturaleza y el servicio del Santo Ángel de la Guarda;
  4. Deben tener una comprensión básica de la espiritualidad de la Obra de los Santos Ángeles y aceptarla de buen grado.

Debe existir un deseo sincero de crecimiento en la amistad personal y en la colaboración con el Santo Ángel de la Guarda, de modo que los candidatos se esfuercen, cada vez más, por tomar sus decisiones y regir sus vidas a la luz de la fe y no según el espíritu y la sabiduría del mundo.

Tareas para este mes:

  1. Haz un esfuerzo en este mes para mantener la perseverancia en tu vida de fe (especialmente en la oración, como p. ej.: rosario diario, la oración del “Angelus”, etc.) y de recibir los sacramentos (si es posible confesión mensual, comunión diaria), mira el párrafo: “Requisitos para hacer la Consagración al Santo Ángel de la Guarda”. 
  2. Los Ángeles eran venerados en la Iglesia desde el inicio. Para eso, por favor, medita en la Biblia: Hechos de los apóstoles 12,1-17. 
  3. Continúa rezando, diariamente, las oraciones ya indicadas en las últimas cartas de formación. 
  4. Intenta en la oración personal y en el hablar con tu Ángel, ir creciendo en la amistad y en el amor para con él.

La primera dirección fundamental: la Adoración.

Adorar a DIOS no significa otra cosa que reconocerlo como DIOS. El conocimiento de DIOS es el primer paso: ¡conocer a DIOS! La adoración es el segundo paso: reconocer a DIOS. No basta solamente conocer a DIOS, debemos también reconocerlo como DIOS, aceptar lo que se ha conocido sobre Él y ponerlo en práctica en nuestra vida – es decir, asumir las consecuencias de lo que se conoce. Una cosa es saber que DIOS es el Creador y que nosotros somos sus criaturas – y otra cosa es reconocer eso, afirmarlo.
Por eso, la adoración a DIOS es también una exigencia del primer mandamiento: “Al Señor, tu DIOS, adorarás y sólo a Él prestarás culto” (Cat. 2083). El Catecismo de la Iglesia Católica explica, en el capítulo sobre el primer mandamiento, lo que significa adorar: “La adoración es el primer acto de virtud de la religión. Adorar a DIOS es reconocerlo como DIOS, como Creador y Salvador, el Señor es el dueño de todo lo que existe, el Amor infinito y misericordioso” (Cat. 2096).
Y más aún: “Adorar a DIOS es, con respeto y en la sumisión absoluta, reconocer ‘la nada de la criatura’, que no existe a no ser por DIOS. Adorar a DIOS es como MARÍA en el Magnificat, alabarlo, exaltarlo y humillarse a sí mismo, confesando con gratitud que Él hizo grandes cosas y que su nombre es santo (cf. Lc 1,46-49)” (Cat. 2097).

La Adoración: esencia de los Santos Ángeles.
En el Evangelio de San Mateo leemos: “Cuídense de menospreciar a uno solo de estos pequeños, porque yo les digo que sus Ángeles en el cielo contemplan sin cesar el rostro de mi PADRE que está en los cielos” (Mt 18, 10). El Papa San Juan Pablo II explica esta parte:
“Este ‘contemplar sin cesar el rostro del PADRE’ es la manifestación más alta de la adoración a DIOS. Puede decirse que constituye aquella ‘Liturgia celeste’, celebrada en nombre de todo el universo y a la cual se asocia incesantemente la Liturgia terrena de la Iglesia, especialmente en sus momentos culminantes. Basta recordar aquí el acto con que la Iglesia, diariamente y a cada hora, en el mundo entero, en el inicio de la Oración Eucarística, en el corazón de la Santa Misa, invoca a los ‘Ángeles y Arcángeles’, para cantar el gloria a DIOS tres veces Santo, uniéndose así a aquellos primeros adoradores de DIOS, en el culto y en el amoroso conocimiento del misterio inefable de Su Santidad”
(Audiencia General del 06 de agosto de 1986).

San Juan Evangelista pudo contemplar cómo los Santos Ángeles viven en la adoración a DIOS.
Arrebatado por el ESPÍRITU, él pudo contemplar y vivenciar la adoración celeste. Leemos en el libro del Apocalipsis: “Y todos los Ángeles estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes; se postraban rostro en tierra delante del trono y adoraban a DIOS, diciendo: ¡Amén, alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro DIOS por los siglos de los siglos! Amén” (Ap 7, 11-12).

Romano Guardini, el gran teólogo, comentó con respecto a este pasaje de la Sagrada Escritura: “Aquí se trata de creaturas que no son sino adoración, que no son capaces sino de adorar –y, todavía, actuando así, pueden cumplir el ‘uno’ y el ‘todo’.”1

La negativa a la adoración por parte de los ángeles caídos
La adoración no es cualquier “acción” de los Ángeles, sino que es un “acto determinando del ser” de estos espíritus celestes, a través del cual son admitidos eternamente en la gloria de DIOS. Por otra parte, la caída de los Ángeles, en última instancia, sólo fue por su negativa a adorar a DIOS. Por eso, la primera tentación del diablo y de los ángeles caídos es siempre esta: negarse a adorar a DIOS, el Creador, y colocarse a sí mismos en el lugar de DIOS. En el Evangelio de San Mateo leemos como el diablo tentó a JESÚS:
El demonio lo transportó una vez más, a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

Te daré todo esto si postrándote delante de mí, me adoras. JESÚS le respondió: Atrás Satanás, pues está escrito:
“Adorarás al Señor tu DIOS, y sólo a Él servirás”. (Dt 6,13; cf. Mt 4,8-10)
“Non serviam” – “no quiero servir”, esta decisión de los ángeles caídos es totalmente opuesta a la adoración de los Ángeles, la cual es una continuación eterna de su alegre “sí” a DIOS y a Su voluntad. Una vida en la adoración a DIOS, según el modelo de los Santos Ángeles significa, por lo tanto, una actitud fundamental en nuestra vida, una orientación fundamental a DIOS y solamente a DIOS, como Creador y Señor de nuestra vida. Solamente a Él le es debida esa adoración. Sin embargo, en nuestra vida hay, a veces también otros “dioses”, ídolos, con mayor exactitud, que “adoramos” consciente o inconscientemente: la televisión, las vacaciones, el carro, la propia reputación y apariencia, etc. Casi todas las personas tienen pequeños ídolos que adoran. Los Santos Ángeles siempre nos enseñan que no podemos preferir nada ni a nadie antes que a DIOS y que solamente a Él se le debe adoración. El Catecismo de la Iglesia Católica dice:
La adoración al DIOS único, libra al hombre de cerrarse en sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo. (Cat. 2097)

La vida humana se unifica en la adoración al único DIOS. El mandamiento de adorar al único Señor simplifica al hombre y lo libra de una dispersión infinita. (Cat. 2114)

La adoración: una actitud de vida
Así como los Ángeles viven en continua adoración y transforman toda su existencia en adoración, del mismo modo, quieren conducirnos también en esa dirección, es decir, transformar toda nuestra vida en adoración a DIOS. Pues adoración es, en realidad, mucho más que sólo actos singulares de adoración, oraciones aisladas o, por ejemplo, una hora de adoración eucarística.
En su sentido más profundo, adoración significa “entrega de sí mismo a DIOS” (cf. Cat. 1078). Adoración es una actitud de vida, una manera de vivir. En este sentido, escribe el apóstol San Pablo a los Tesalonicenses: “¡Recen sin cesar!” (1 Tes 5, 17). Y el Papa San Juan Pablo II dice: “Que no termine nunca nuestra adoración” (Dominicae cenae 3).
Desde el inicio, el Señor condujo a nuestra Madre Gabriela por medio de los Santos Ángeles a una “vida de adoración”. Sin embargo, eso no significa que la Madre Gabriela, exteriormente estuviera siempre sumergida en la oración. Los Santos Ángeles le enseñaron a hacer de su vida entera una adoración a DIOS.
En las cosas y deberes más simples de la vida diaria, así como en las dificultades y pruebas, ella sabía alabar y bendecir a DIOS.
Para poder adorar a DIOS de manera digna y auténtica, debemos vivir como corresponde. Alguien que vive en pecado no puede adorar a DIOS desde el fondo de su corazón. Por lo tanto, el primer paso para una vida de adoración, es una ruptura radical con el pecado.

San Basilio decía: “Así como el humo espanta a las abejas, de la misma manera el pecado espanta a los Ángeles”. La vida en pecado es, exactamente, lo opuesto de una vida de adoración a DIOS, de una vida en estado de gracia. Los Santos Ángeles se esfuerzan constantemente en apartarnos y guardarnos del pecado. Y al mismo tiempo se esfuerzan mucho para que permanezcamos unidos a DIOS a través de la oración. Cierta vez, Santa Teresa de Calcuta aplicó una comparación muy bella del Evangelio a la oración:

“Si el ramo no está unido a la vid, morirá. Esta unión del ramo a la vid es la oración, sobre todo en domingo. Cuando esta unión está presente, entonces el amor existe, así como la alegría. Así seremos la luz del sol del amor de DIOS, la esperanza de la eterna bienaventuranza, la llama del amor ardiente”.

El silencio: pre-requisito para la oración íntima 
Otra condición para una vida de oración según el modelo de los Santos Ángeles es el silencio. Santa Madre Teresa decía:
“Rezar se vuelve difícil cuando alguien no sabe cómo debe rezar. Para poder rezar necesitamos aprender a silenciar. Personas capaces de rezar son personas que aman el silencio”.
También el Papa Benedicto XVI señala la importancia de cultivar el silencio y así llegar a una relación profunda con el Señor:
“En la vida de hoy, con frecuencia ruidosa y dispersa, es importante como nunca, recuperar la capacidad del silencio interior y del recogimiento: la adoración Eucarística lo permite, no sólo alrededor del “yo”, sino en compañía de aquel “Tú” lleno de amor, que es JESUCRISTO, “el DIOS que está cerca”. (Oración del Angelus, 10 de junio de 2007)

La Adoración Eucarística
El acto más elevado de adoración es el sacrificio de la Santa Misa, en la cual, unidos con CRISTO y en comunión con los Santos Ángeles, ofrecemos al PADRE nuestra adoración y nuestro agradecimiento. El culto de la Eucaristía fuera de la Santa Misa es una continuación de esta adoración. También ésta es de valor inestimable. San Alfonso María de Ligório escribió: “La devoción de adorar a JESÚS sacramentado es, después de los sacramentos, la primera de todas las devociones, la más agradable a DIOS y la más útil para nosotros”.3
Los Santos Ángeles, “que son sólo adoración”, nos transmiten la gracia de ser atraídos hacia la adoración, nos hacen sentir un ansia de adorar al Señor y reparar las ofensas cometidas contra Él, justamente en el sacramento del Amor. El Papa San Juan Pablo II escribió:
“La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto Eucarístico. JESÚS nos espera en este Sacramento del Amor. No seamos avaros con nuestro tiempo para ir a encontrarnos con Él en la adoración, en la contemplación llena de fe y lista para reparar las grandes culpas y los crímenes del mundo. Que no termine nunca nuestra adoración”. (Dominicae Cenae, 3)
No pensemos que la adoración, como forma concreta de oración, es complicada. Es exactamente lo contrario. De hecho, lo único que debemos hacer es estar presentes, con todo nuestro ser, junto al Señor, sin que sea necesario decir muchas palabras elocuentes. El Señor nos conoce así como somos, y Él quiere que también junto a Él, durante el tiempo de adoración, seamos exactamente como somos. Y con seguridad el Señor se alegra mucho más cuando simplemente estamos presentes, con todo nuestro ser y con corazón indivisible, que si pronunciáramos muchas palabras bonitas, pero sin estar presentes con todo nuestro ser.
Santa Teresita del Niño JESÚS confesó una vez: “Cuando me arrodillo delante del tabernáculo, no tengo nada más que decir al Señor que esto: ‘¡Señor, Tu sabes que Te amo!’ Y siento que eso nunca lo inoportuna.”4
Si quisiéramos vivir, cada vez más, una vida de adoración, deberíamos también expresarlo concretamente, por ejemplo, rezando el “Sanctus”, el tres veces “Santo”, que es la oración de los Santos Ángeles por excelencia. Lo sabemos del rito de la Santa Misa, donde es cantado o rezado en la Oración Eucarística. Esta oración fue sacada de la adoración de los serafines en Isaías 6,2-3: “Arriba de él se erguían serafines, cada uno con seis alas. Dos les cubrían el rostro, dos el cuerpo, y dos servían para volar. Exclamaban uno al otro: ‘Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de Su gloria’” (cf. Ap 4,8).
La Madre Gabriela rezaba esta oración muchas veces durante el día, especialmente antes de decisiones y conversaciones importantes, y con eso imploraba la ayuda de los Santos Ángeles. Ella decía: “Cada «Sanctus» que pronuncias santifica el lugar donde te encuentras y el tiempo en el que vives.” Todos los que pretenden consagrarse a su Santo Ángel de la Guarda, deberían conocer esta oración de memoria, en español y en latín, interiorizarla y rezarla muchas veces durante el día:

Oración: 

Sanctus, Sanctus, Sanctus,                                               Santo, Santo, Santo, 
Dóminus Deus Sábaoth,                                                      ¡Es el Señor, DIOS del universo!

pleni sunt cæli et terra glória Tua.                                      Llenos están el cielo y la tierra de Su gloria.
Hosánna in excélsis!                                                            ¡Hosana en el cielo!
Benedíctus qui venit in nómine Dómini                             ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Hosánna in excélsis!                                                            ¡Hosana en el cielo!

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Ángeles Cartas de Formación

CF04 CAG

Cartas de formación - preparación a la CAG

CAG – Consagración al Ángel de la Guarda

1a etapa: cuarta carta

4a carta
Querido(a) candidato(a): 

En la carta anterior se presentó la espiritualidad del Opus Angelorum y pudiste aprender que la Obra no busca solamente la veneración a los Santos Ángeles, sino, también, una unión íntima con ellos. Esto se realiza por medio de la Consagración al Santo Ángel de la Guarda y a todos los Santos Ángeles, porque dicha Consagración es una alianza con ellos.

Cuarta carta de formación preparación a la CAG

¿Cuál es el fundamento para una consagración a los Santos Ángeles? ¿Cómo podemos realizarla?
Sobre el sentido de la Consagración al Santo Ángel de la Guarda
Desde nuestro bautismo quedamos unidos a DIOS. Esta unión con DIOS, nos une también a MARÍA, a los Ángeles y a los Santos. Pues, por medio de CRISTO, quien reconcilió todas las cosas en el cielo y en la tierra por la Sangre de Su Cruz (cf. Cl 1,20), fuimos capacitados para “participar de la herencia de los santos, en la luz” (Cl 1,12). Por lo tanto, en CRISTO, estamos unidos de modo especial también a los Santos Ángeles.
La Consagración al Santo Ángel de la Guarda profundiza nuestra unión con él. Lo mismo sucede en la Consagración a los Santos Ángeles, se refuerza nuestra relación con todos ellos. Sobre el sentido de la Consagración al Santo Ángel de la Guarda, los Estatutos de la Obra de los Santos Ángeles explica:
“El sentido de la Consagración al Ángel de la Guarda es la unión estrecha con el propio Santo Ángel de la Guarda, para que su ayuda pueda volverse mucho más eficaz en nosotros y, para que progresemos más rápidamente en el camino hacia DIOS. El Santo Ángel de la Guarda desea emplear toda su fuerza a fin de que nunca más nos apartemos de DIOS. Quiere hablarnos más claramente mediante amonestaciones interiores, estimularnos más para el bien (cf. Cat. 350), advertirnos de los peligros, iluminar nuestra mente, para sumergirnos más profundamente en el conocimiento de DIOS, en el temor de DIOS y en el amor a DIOS, en la grandeza y en el significado de la Palabra de DIOS.
A través de la Consagración al Ángel de la Guarda nos volvemos más dispuestos para realizar todos los servicios de Ángel de la Guarda en la tierra, los cuales se reflejan especialmente en las obras espirituales y corporales de misericordia (cf. Cat. 2447). Ojos y oídos, corazón y manos, se abren más, no solamente para con los Santos Ángeles, sino también, para con nuestros semejantes.” (n. 17)

Requisitos para hacer la Consagración al Santo Ángel de la Guarda
La Consagración al Santo Ángel de la Guarda tiene, principalmente, como objetivo, el bien espiritual de la propia persona. El Santo Ángel de la Guarda nos ayuda, personalmente, en nuestra vida de fe; él nos guía para que podamos vivir, cada vez mejor, la vocación que DIOS nos ha dado y, así, llegar a la salvación eterna. Esto comprende también nuestra santificación personal.
Por lo tanto, los candidatos deben ser idóneos para las áreas fundamentales de la vida cristiana y para la práctica de las virtudes:

  1. Deben ser constantes en la vida de fe y en la recepción de los sacramentos;
  2. Deben tener una vida personal de oración consolidada (por ejemplo: oración de la mañana y de la noche, el santo rosario y lectura espiritual);
  3. Deben tener un conocimiento básico sobre la naturaleza y el servicio del Santo Ángel de la Guarda;
  4. Deben tener una comprensión básica de la espiritualidad de la Obra de los Santos Ángeles y aceptarla de buen grado.

Debe existir un deseo sincero de crecimiento en la amistad personal y en la colaboración con el Santo Ángel de la Guarda, de modo que los candidatos se esfuercen, cada vez más, por tomar sus decisiones y regir sus vidas a la luz de la fe y no según el espíritu y la sabiduría del mundo.

Aqui conviene estudiar también las cartas 71 y 72, como indicado al inicio del curso:

Tareas para este mes:

  1. Haz un esfuerzo en este mes para mantener la perseverancia en tu vida de fe (especialmente en la oración, como p. ej.: rosario diario, la oración del “Angelus”, etc.) y de recibir los sacramentos (si es posible confesión mensual, comunión diaria), mira el párrafo: “Requisitos para hacer la Consagración al Santo Ángel de la Guarda”. 
  2. Los Ángeles eran venerados en la Iglesia desde el inicio. Para eso, por favor, medita en la Biblia: Hechos de los apóstoles 12,1-17. 
  3. Continúa rezando, diariamente, las oraciones ya indicadas en las últimas cartas de formación. 
  4. Intenta en la oración personal y en el hablar con tu Ángel, ir creciendo en la amistad y en el amor para con él.

La unión al Ángel
El Ángel de la Guarda es un regalo del amor de DIOS. Si nosotros mismos hubiéramos tenido la posibilidad de escoger a nuestro Ángel de la Guarda, ciertamente no habríamos encontrado otro mejor que aquel que DIOS nos ha dado en Su infinita Sabiduría. El Ángel, al recibir la misión divina de custodiarnos, estará siempre con nosotros. Por tanto, deberíamos tener un gran deseo de unirnos aún ¡más profunda y conscientemente a él! La Consagración es una forma concreta de tal unión más profunda. Por eso, es bueno presentar más claramente lo que de hecho es una Consagración.
Una “consagración” es un acto en el cual el creyente confía y se encomienda a sí mismo y su vida a DIOS o a los Santos. El fundamento de este acto es la unión con DIOS, que se inicia en la recepción del sacramento del santo Bautismo. Una consagración es inspirada por el deseo de honrar a DIOS o a los Santos y, por medio de eso, progresar en las virtudes. Las Consagraciones conocidas en la Iglesia son: al Sagrado Corazón de JESÚS, a MARÍA y a su Inmaculado Corazón y también a los Santos Ángeles, como por ejemplo, a San Miguel Arcángel, que es venerado en muchos países como patrono o protector del pueblo.
En la mayoría de las veces, el deseo de la consagración viene de la propia persona. Sin embargo, puede también suceder que el propio cielo pida la consagración. Así, Nuestra Señora pidió en Fátima, Portugal la consagración del mundo, especialmente de Rusia, a su Inmaculado Corazón y dio grandes promesas al respecto. Se sabe que el colapso del comunismo, como sistema, a finales del siglo XX, se debe, principalmente, al cumplimiento de la petición de MARÍA. El 25 de marzo de 1984, el Papa San Juan Pablo II consagró, en la Plaza de San Pedro, en Roma, el mundo y especialmente Rusia al Inmaculado Corazón de MARÍA. Posteriormente, en menos de seis años, el 9 de noviembre de 1989, el muro de Berlín fue derribado y, como resultado de eso, Rusia y los países de la Europa Oriental se libraron del yugo del comunismo, prácticamente, sin derramamiento de sangre. Las mencionadas consagraciones al Sagrado Corazón de JESÚS o a Nuestra Señora trajeron muchas gracias a la Iglesia y a la humanidad.

La importancia de una alianza con los Santos Ángeles
No sólo MARÍA, sino también los Santos Ángeles pueden pedir una consagración. Esto sucedió en una visión que Santa Margarita María Alacoque relata en su vida. Ella escribió:
“Mientras trabajábamos en común en el cáñamo, me fui hacia un patio que estaba más cerca de la capilla del Santísimo. Allí, haciendo mi trabajo de rodillas, me sentí totalmente recogida interior y exteriormente. Al mismo tiempo se me apareció el amable Corazón de mi adorable JESÚS, más brillante que un sol. Estaba envuelto en las llamas de su puro amor, cercado de Serafines que, en concierto admirable, cantaban: ‘El amor triunfa, el amor goza, el amor del Sagrado Corazón regocija’. Aquellos Bienaventurados Espíritus me invitaron a unirme a ellos en las alabanzas al Sagrado Corazón. Yo no me atrevía. Ellos me reprendieron y me dijeron que habían venido a fin de asociarse a mí, para que Le prestáramos continuo homenaje de amor, de adoración y de alabanza.
Para eso harían mis veces delante del Santísimo. Por medio de ellos yo Lo amaría sin interrupción. Del mismo modo, participarían de mi amor, sufriendo en mi persona, como yo gozaría en la de ellos’. Y al mismo tiempo han escrito este pacto en el Sagrado Corazón, con letras de oro y con los caracteres indelebles del amor.
Eso duró de dos a tres horas. Sentí los efectos, que perduraron toda la vida, ya sea por el auxilio que he recibido, ya sea por la suavidad que había producido y producía en mí, quedando toda abismada de confusión. Desde entonces, sólo los llamaba mis divinos asociados. Esta gracia me ha dado tanto deseo y tan perfecta idea de la pureza de intención que era necesario tener para hablar con DIOS, que todo me parecía impuro.2 (Santa Margarida Maria Alacoque, Autobiografía, Ed. Loyola, São Paulo, 1985, p. 72-73.)
Con este relato de Santa Margarita, podemos hacernos una idea muy clara de la grandeza de los frutos que una consagración a los Santos Ángeles puede traer.

La gran importancia de una alianza entre Ángel y hombre
Viendo las enormes pruebas y desafíos a los cuales están expuestas la Iglesia y la humanidad de nuestro tiempo, parece, cada vez, más urgente una alianza entre Ángeles y hombres. Necesitamos mucho de la ayuda de los Ángeles, porque nuestra lucha, como dijo San Pablo, no es “contra la sangre y la carne, sino contra los principados, las potestades, las dominaciones de este mundo tenebroso, los espíritus malignos esparcidos por el espacio” (cf. Ef 6,12). Así como la Iglesia toda se dirige a su patrono San Miguel, el Príncipe de las milicias celestes, de la misma forma los fieles deberían dirigirse individualmente a sus Ángeles de la Guarda. En lenguaje casi profético, el famoso autor alemán Reinhold Schneider dijo:
“La gran tarea del sacerdote es preparar una especie de nueva alianza entre los hombres a él confiados y sus Ángeles. Él es el primero que puede invocar el poder de los Ángeles sobre la tierra necesitada, maltratada. Él lleva al joven al encuentro con su Ángel, para que el joven se entregue a sí mismo y toda su vida al Ángel y sea completamente purificado por la luz de su Ángel. […] Y el sacerdote consagra, a partir del conocimiento renovado del poder de los [ejércitos] celestes, a la joven virgen a su Ángel, para que ella viva su vida bajo su reflejo, en una claridad que nunca se extingue y que no tolera la luz turbia de sentimientos vacilantes. Es que del Ángel sale luz de la Luz, de aquella única Luz que es el propio Rostro de CRISTO. (Traduzido do livro “Der Priester” (El Sacerdote), p. 120)
Reinhold Schneider habla aquí de la gran misión de los sacerdotes de preparar a los fieles para una alianza con el Ángel, sobre todo, de llevar a los jóvenes a “confiar en el Ángel ” y “consagrarse a él ”. La luz del Ángel, que éste recibe de DIOS, va a iluminar cada vez más la vida del joven que se consagró al Ángel en la presencia de un sacerdote. Su luz ayuda al joven a ver el sentido de su vida con una claridad que nunca disminuye.
Quien se consagra al Ángel recibe la gracia de una mayor iluminación a través del Ángel y puede, así, discernir mejor entre el bien y el mal, entiende mejor y más profundamente la gravedad del tiempo en que vivimos, y su fe no vacilará en la confusión de nuestros días. Quien permanece fiel a esta gracia, crecerá más rápidamente en la virtud y hará grandes progresos en el camino hacia la santidad.

La Consagración a los Santos Ángeles en la historia

¿Desde cuándo existe la Consagración a los Santos Ángeles? La consagración al Arcángel San Miguel, por relatos y testimonios, existe desde hace muchos siglos; la costumbre de consagrarse al Ángel de la Guarda, sin embrago, se hizo conocida hasta el siglo XVII, y hasta mediados del siglo XX muchas escuelas religiosas, dentro y fuera de Francia, mantenían una Asociación de los Santos Ángeles aprobada por la Iglesia. En ella, los alumnos eran instruidos para venerar a los Santos Ángeles y, después de un período de prueba, se consagraban a ellos. Esta consagración a los Santos Ángeles era realizada en una celebración litúrgica, bajo la dirección de un sacerdote. También Santa Teresita se consagró a los Santos Ángeles de esta forma, el 31 de mayo de 1882, junto con otros alumnos en el colegio de las madres benedictinas en Lisieux. Además de la consagración a los Santos Ángeles, existía, en la mencionada Asociación de los Santos Ángeles, una Consagración al Ángel de la Guarda hecha comunitariamente en las escuelas religiosas.
Para la Obra de los Santos Ángeles, la Santa Sede aprobó, el 31 de mayo de 2000, una oración de Consagración a los Santos Ángeles. En esta oración, está contenida la Consagración al Ángel de la Guarda, cuyo texto meditaremos más profundamente en la carta n.12. Podemos ver una señal feliz de la Divina Providencia por el hecho de que la aprobación se dio en la misma fecha en que, 50 años antes, la Madre Gabriela, instrumento humano de DIOS para la fundación del Opus Angelorum, escribió la primera Consagración a los Santos Ángeles, el 31 de mayo de 1950.

Las ventajas de la Consagración al Santo Ángel de la Guarda
Cuanto más aprendemos a conocer y a amar a los Santos Ángeles, especialmente a nuestro Santo Ángel de la Guarda, e intentamos vivir conscientemente con él, tanto más sentiremos, tarde que temprano, el deseo e incluso la necesidad de una unión más profunda con él.
En Su bondad y solicitud, DIOS ha dado, a cada uno de nosotros, un Ángel radiante del cielo como hermano y compañero durante la vida terrena. Es conveniente y justo que queramos agradecerle con el deseo de dejarnos guiar de buen grado por él y de obedecerle. La forma más solemne para hacer esto es un acto de Consagración, recibido, en nombre de la Iglesia, por un sacerdote. Como representante auténtico de DIOS y de la Iglesia, el sacerdote puede, por medio de su poder de unir y desunir con la fuerza de DIOS, unir a una persona más íntimamente a su Ángel de la Guarda, como si fuera encargado por la Iglesia para eso.
A través de la Consagración al Santo Ángel de la Guarda va a aumentar, cada vez más en nosotros, el gran deseo de apreciar este maravilloso don, y de confiarnos al Santo Ángel de la Guarda, incondicionalmente, como un niño. Finalmente, se trata de una gran amistad que, de hecho, no puede ser merecida ni tampoco recompensada, sino que podemos vivirla generosamente.
Nosotros vamos a tener que esperar hasta la eternidad para poder ver toda la belleza y riqueza de la relación entre el hombre y el Ángel, y entre el Ángel y el hombre. Pero, ya desde ahora, debemos sentirnos impulsados a fortalecer el vínculo con el Ángel, día con día, como escribió Reinhold Schneider:
“La amistad del mejor amigo que DIOS nos ha dado para el tiempo y la eternidad debe ser merecida y pedida en la oración, debe ser elevada a una relación que crece cada día más en intimidad; de manera semejante a las relaciones humanas auténticas, que son orientadas para la eternidad, esta amistad quiere convertirse en una compañía durante todas las horas de nuestra vida. Debemos vivir en un diálogo con nuestro Ángel.” (Ibid. pág. 117)
Por medio de este acto de Consagración, hecho con amor y decisión, tú experimentarás, después de algún tiempo, una interiorización sobresaliente y un progreso significativo en tu amistad con tu compañero celeste y serás más atento y sensible en relación al Ángel de la Guarda. Agradecerás, sobretodo, a DIOS por este regalo incomparablemente grande: un Hermano Celestial a tu lado.
El Ángel de la Guarda se dirige a ti:
“Mira, yo estoy contigo en todo momento.
Cuando DIOS creó tu alma, Él me llamó;
Cuando en el mundo fuiste formado, recibí la tablita con tu nombre.
Y ahora reconociste la mano que te guía, la mano del Ángel,
ahora, tu camino se hace cada vez más fácil y recto, y el Señor se inclina y te dice: ‘Ven!’ Ven, Hermano(a), vamos a Su encuentro!” (De los escritos de la Madre Gabriela)

Oración: “Tú, el más fiel de todos los amigos” Santo Ángel, tú, el más fiel de todos los amigos. A ti te he dado mi mano para que me guíes. Cuando el camino desaparezca, sé tú mi brújula. Cuando las tinieblas me envuelvan, sé tú mi luz. Cuando pierda el apoyo, sé tú el brazo que me sustenta, y cuando me desanime, sé tú el corazón fuerte en mí y di: “¡Permanece tranquilo, pues DIOS está en ti! Y MARÍA, tu Madre, ha extendido a tu alrededor su manto protector ¡para que, con seguridad y sin peligro, lleno de firme esperanza, alcances la meta! ¡Así quiero continuar con toda confianza el camino contigo, Santo Ángel!

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Ángeles Cartas de Formación

CF03 CAG

Cartas de formación - preparación a la CAG

CAG – Consagración al Ángel de la Guarda

1a etapa: tercera carta

3a carta
Querido(a) candidato(a): 

Tercera carta de formación preparación a la CAG

Razones para el culto al Ángel de la Guarda 
          El Santo Ángel de la Guarda es enviado por la misericordia de DIOS para ayudar a los hombres, y así cooperar en la obra redentora de JESUCRISTO. Muchos, sin embargo, no entienden eso correctamente y, por tal razón, presentan muchas objeciones a ésta su tarea. Por eso, queremos esclarecer algunas de esas objeciones.

Las siguientes meditaciones están tomadas, a manera de respuestas a tales objeciones, del librito publicado en México: “Nuestro Ángel de la Guarda – Una pequeña Introducción a la Devoción a los Santos Ángeles”, de nuestra Madre Gabriela Bitterlich.
Objeción: Algunas personas piensan que el Ángel está delante de nosotros como un héroe poderoso de DIOS y no nos perdonará ningún pecado y, un día se levantará como acusador, ya que es conocedor de todas nuestras acciones.
Los Santos Ángeles son, de hecho, héroes poderosos de DIOS. Su poder excede cualquier otro poder terreno, porque la fuerza de DIOS opera a través de ellos. Además, desde siempre el Ángel fiel ha luchado tan exclusivamente por DIOS que, por su propia naturaleza, estaría inclinado a vengar con todo su poder cualquier ofensa hecha a DIOS. Pero, desde la Encarnación de Nuestro Señor JESUCRISTO, el amor ha triunfado no sólo en la tierra, sino, más aún, en el Cielo. Y, si el PADRE del Cielo es misericordioso para con nosotros por amor a Su HIJO, ¿no deberían serlo los Ángeles también?, pues está escrito en la Sagrada Escritura: “Hay alegría entre los Ángeles de DIOS por un solo pecador que se convierta” (Lc 15,10).
Esto no quiere decir que nuestros pecados no afecten a los Ángeles, pero, por medio de Nuestro Señor JESUCRISTO, ellos se aproximaron mucho más a nosotros como cooperadores (“siervos como nosotros”, cfr. Ap 22,9) y, por medio de MARÍA, su Reina, y en unión con Ella, se volvieron nuestros grandes intercesores.
Los Ángeles de la Guarda ocupan una posición de particular cercanía a nosotros: DIOS envió a Su Ángel, semejante a un solícito médico y hermano, para permanecer junto al hombre desde su primer hasta su último suspiro, como protector y no como vengador. Por ello, también en el juicio el Ángel de la Guarda será nuestro intercesor y no nuestro acusador.
Objeción: Otras personas creen que un Ángel es igual a otro Ángel en este gran género angélico y que tiene poco en común con nosotros. Que debe caminar a nuestro lado, orando, pero seguramente estará contento cuando este servicio suyo llegue a su fin.”
Para poder destacar mejor la personalidad del Ángel, es necesario partir de la creación inferior.
Ningún cristal es igual a otro, ningún árbol es igual a otro. Del mismo modo, ningún animal es igual a otro. En ninguna parte de la tierra existen dos seres humanos perfectamente idénticos. Cada hombre es una personalidad en sí misma y, cuanto mayores sean sus capacidades espirituales, tanto más fuertemente se manifestará su personalidad y se distinguirá de cuantos le rodean.
Siendo los Ángeles las primeras criaturas de DIOS y las más elevadas criaturas espirituales, ¿cómo podrían ser ellos una uniforme producción en masa?, ¿no es cada Ángel, al contrario, una personalidad eminente? Sí, cuanto más alta es la posición atribuida a un Ángel en la jerarquía celestial, tanto mayor es también la distancia de su descenso hacia la profundidad al servicio del hombre y tanto más intensamente experimentará en sí, a su manera, la condescendencia y la humillación de DIOS en la Encarnación y Redención, y la silenciosa y heroica grandeza de MARÍA, nuestra Madre e Intercesora. Por tanto, experimenta entonces en su servicio de Ángel de la Guarda, lo que significa pobreza y fatiga, sacrificio y expiación, humildad, silencio y sufrimiento en el ámbito humano y a causa de la salvación de las almas.
El servicio de Ángel de la Guarda es, para cada Ángel, la imitación de CRISTO, que el Ángel cumple de modo mucho más serio, fiel e incondicional que el hombre. Y, ¡qué júbilo hay entre los Ángeles cuando se salva una persona más! Pero, si un Ángel de la Guarda, a pesar de todos sus esfuerzos, no consiguió salvar a su protegido, habrá, sin duda, pasado por un “tiempo de martirio”, pero entonces se empeñará aún con mayor razón por la salvación de los hombres, ayudando e intercediendo.
Objeción: Otras personas más, se imaginan que el Ángel ama al hombre mientras éste sea todavía un niño y necesite auxilio, pero cuanto más va creciendo y madurando, tanto más disminuye la relación personal entre hombre y Ángel. Y creen que el hombre maduro es autosuficiente. Por consiguiente, el Ángel ya no será necesario, y por ello estará cerca del hombre, en determinados períodos de la vida.

Tareas para este mes:

  1. Reza diariamente la “Oración de la mañana al Ángel de la Guarda” (Carta n. 2) y la “Oración de la noche” (Carta n. 3). 
  2. Intenta pensar muchas veces durante el día en tu Santo Ángel de la Guarda que está caminando fielmente a tu lado y, así, construir una amistad completamente personal con él. 
  3. Por favor, continúa rezando todos los días (si es posible de memoria y, eventualmente, varias veces durante el día) la “Oración al Ángel de la Guarda en el OA” (Carta n. 1).

El Ángel presta ayuda al hombre desde el inicio hasta el fin de su vida. Naturalmente, el Ángel puede ayudar más a un niño, porque éste, por no tener pecados aún, no pone obstáculo a su auxilio. El niño en su inocencia es, por decirlo así, transparente para el Ángel, que, teniéndolo delante de sí, puede presentarlo al PADRE del Cielo y ver a través del niño al PADRE (“sus Ángeles ven continuamente el rostro del PADRE que está en los cielos”; Mt 18,10). Sin embargo, cuanto más peca el hombre conforme va creciendo, tanto menos puede el Ángel ver a través de él, porque el pecado oscurece el alma y la vuelve opaca. En el momento en el que el Ángel se coloca delante del hombre, es cuando el hombre puede ver a través del mismo Ángel hacia lo alto, hacia DIOS. El Ángel es para el hombre como un telescopio a través del cual puede ver a DIOS mucho más de cerca y mucho más nítidamente, siempre y cuando quiera ver hacia lo alto.
Pero, cuanto más arrogante sea el hombre, vanagloriándose de sí mismo y presumiendo lograr todo con sus propias fuerzas, tanto menos experimentará el auxilio del Ángel y tanto más el enemigo maligno, el maestro del fingimiento, lo engañará con falsos caminos. El Ángel no se impone, pero está siempre presente. El hecho de que exista poco contacto entre el hombre y el Ángel no es porque el Ángel no lo quiera, sino porque el hombre no lo quiere.
Objeción: Algunos otros creen que, para una persona es fácil ser buena, porque ciertamente tiene un Ángel de la Guarda muy fuerte; pero para otra, en la cual no se nota ninguna mejoría, el Ángel de la Guarda, seguramente es demasiado débil para ayudarle.
En este aspecto, la justicia de DIOS ya fue providente con todos los Ángeles, sea cual fuere el coro al que pertenezcan, reciben la fuerza del noveno coro de los Ángeles. Por consiguiente, ninguna persona tiene un Ángel más fuerte a su lado que otra. Es verdad que la influencia de los Ángeles es distinta, no en el grado de su fuerza, sino en el modo.
Es posible imaginar que cada Ángel lleva su gran misión ultra-temporal, es decir, por sobre el tiempo, tan intensamente dentro de sí, que ésta ha penetrado, por así decirlo, todo su ser. Por ello, un Ángel del amor insertará el amor también en su servicio de Ángel de la Guarda y estimulará a su protegido a vivir el amor a DIOS y al prójimo. Un Ángel del poder de la palabra, iluminará a su protegido a fin de que también pueda él transmitir palabras buenas, útiles y valiosas. Un Ángel que, normalmente, desempeña su servicio delante del sagrario, procurará llevar a su protegido siempre hacia ese lugar. Pues, en Su sabiduría, el DIOS Todo-bondadoso, destinó para cada persona aquél Ángel de la Guarda que, en su manera de ser, congenia de la mejor manera con ella, y que puede ayudarla del mejor modo en su camino hacia DIOS, iluminándola y fortaleciéndola.

Objeción: Otros dicen que un niño, probablemente, tendrá un Ángel de la Guarda diferente al de un adulto. Y que de igual forma, el Ángel se apartará de un pecador impenitente y lo dejará solo o implorará sobre él un castigo por medio de otro Ángel.
La misión del Ángel de la Guarda se basa en el amor que ayuda y, no en la justicia que castiga.
El hombre posee siempre el mismo Ángel de la Guarda, capaz de adaptarse en sus advertencias y orientaciones, completamente, a la respectiva edad y estado de vida. Todo Ángel de la Guarda ama a su protegido y no lo abandona; éste es para él el talento que desea devolver con éxito a su Señor y DIOS (cf. Mt 25,14-28).
Por el pecado, el hombre expulsa al Ángel de su esfera de acción. El Ángel ya no puede actuar en lo más íntimo del hombre, y de allí la opinión de que el Ángel abandonaría al pecador. A pesar de esto, el Ángel va en busca del pecador y espera hasta que la puerta se le abra nuevamente por el arrepentimiento del hombre. Es verdad que DIOS puede también imponer un castigo, pero éste ha de despertar y reconducir al mismo DIOS y, de este modo, el castigo puede convertirse en gracia.
Objeción: Otras personas opinan que la devoción a los Ángeles de la Guarda tiene en sí algo de ficticio, de ilusorio, de cursi. Y que un servicio sobrio a CRISTO conduce a un contacto más rápido con DIOS.
La devoción a los Ángeles nunca puede sustituir o perjudicar el culto a DIOS; al contrario, es un medio para prestarle un culto más profundo y más íntimo, gracias al mayor conocimiento y amor a DIOS, que el hombre puede alcanzar por medio del auxilio del Ángel. Quien encuentra en la devoción a los Ángeles algo de ficticio o ilusorio, está en el camino errado.
Durante los últimos siglos, el enemigo maligno ha sembrado esta cizaña de reducir a los Ángeles a algo cursi, en medio de la auténtica devoción a los Ángeles, y esta cizaña ha brotado por todas partes, en detrimento de la eficacia de los Santos Ángeles. A través del arte, se introdujeron hasta en el ámbito de la Iglesia los angelotes desnudos, figuras de ángeles dulces y sentimentales, y se ha alimentado al pueblo con historias infantiles de “angelitos”.
Pero, quien mira en retrospectiva al tiempo de la Antigua Alianza y al tiempo de CRISTO en la tierra, verificará qué papel tan serio e importante ocupaba el Ángel en aquél entonces. El Ángel que exterminó a los primogénitos de Egipto (Ex 12,29), el Ángel que aniquiló a 185.000 hombres (2Re 19,35), el Ángel Gabriel, mensajero de la Anunciación (Lc 1,26), el Ángel en el monte de los Olivos (Lc 22,43) y en la mañana de la Resurrección (Mt 28,2), (todos éstos no son personajes de fábulas. El mismo Señor se refiere frecuentemente a los Ángeles en sus discursos y parábolas y, en el fin de los tiempos, vendrá con Sus Ángeles, y ellos se harán cargo de separar a los buenos de los malos, y serán jueces (Mt 13,39-42; Lc 12,8-9).
Por eso, Él quiere que también nosotros insertemos a los Ángeles en nuestras vidas y tareas. El Ángel nunca disminuirá la visión de DIOS en el hombre o le impedirá el contacto con Él. Solamente quien, en lugar de apoyarse en su buen Ángel, se atiene a la importancia e infalibilidad de su propio yo y, por consiguiente, a las seducciones del maligno, a éste le robará el adversario de DIOS, a través de la soberbia espiritual, la humildad, la reverencia y, finalmente, la obediencia y la fidelidad.
Rehusar la ayuda del Ángel sería semejante a un alpinista que dijese: “No necesito ni de cuerda ni de zapatos de alpinista”, o a un navegante que dijese: “No tengo necesidad de brújula”, o a un alumno que dijese: “No necesito de profesor, estudio solo”.
Ya que DIOS creó al Ángel para ayudarnos, Su sabiduría sabrá mejor que nosotros lo que nos es necesario. No olvidemos que en este mundo no existen únicamente DIOS y el bien, sino que también el adversario de DIOS, con su ejército de millones de secuaces, está trabajando más que nunca para engañar al espíritu del hombre, para turbarlo y desviarlo de DIOS.
No podemos ver al espíritu maligno, pero el Ángel lo ve. Él puede alertarnos y apartar al enemigo maligno. Él puede siempre poner delante de nuestros ojos la dirección “DIOS” y esclarecernos la palabra de DIOS. Él vivificará en nosotros la devoción a MARÍA y el amor. Así como DIOS quiere que nos asistamos unos a otros o que seamos ocasión de prueba unos para los otros, de la misma manera, tenemos una gran prueba por medio del tentador, que DIOS permite, para que nos acrisolemos, pero contamos con el auxilio del Ángel fiel, esto es voluntad de DIOS. Podemos rechazar al Ángel como auxiliador, es verdad, pero entonces nuestro camino hacia DIOS, por entre las tinieblas y opresiones de este tiempo, será tanto más peligroso, y esta responsabilidad, nosotros mismos tenemos que asumirla. DIOS ofrece la ayuda, pero no obliga.

Algunos se preguntarán ahora: “¿Cómo reconozco yo la voz de mi Ángel de la Guarda cuando debo tomar una decisión?, a veces, es muy difícil discernir la verdadera voz del Ángel de la Guarda y, con esto, la voluntad de DIOS.”
Frente a DIOS, el hombre debe permanecer siempre como alguien que está aprendiendo y, por eso, como quien escucha. Esto quiere decir que debemos entrenarnos deliberada y libremente en este punto.
Para empezar, se necesitan dos cosas: el hombre tiene que aprender a obedecer amorosamente y a guardar silencio amorosamente.
Cuando una persona está interiormente llena de desorden, llena de inquietud y de pensamientos
agitados, ávida del ruido exterior y de las distracciones, ésta no percibirá dentro de sí otra cosa sino las instigaciones del maligno, para desear poseer y disfrutar aún mucho más, para excitarse aún más. DIOS nos habla por medio de Su palabra, que asimilamos escuchando o leyendo. Él habla también a nuestro corazón, en la Sagrada Comunión, en una meditación silenciosa; pero Él es siempre Majestad, no grita. También el Ángel habla a nuestro corazón. Podremos escuchar al Ángel cuando nos volvamos interiormente
tranquilos y receptivos. La experiencia nos enseña cómo se puede distinguir la voz del Ángel a la del demonio:
El Ángel señala siempre hacia DIOS, hacia Su palabra, Su doctrina, Sus mandamientos y hacia las promesas que Le hicimos, hacia los propósitos que nos hicimos, hacia la oportunidad de demostrar a DIOS nuestro amor, nuestra fidelidad. Procediendo así, él no toma muy en cuenta nuestros hábitos o predilecciones, sino que siempre dirige nuestra mirada hacia los grandes valores de la eternidad. Cuando él amonesta y nosotros no obedecemos, entonces la amonestación se vuelve cada vez más débil, y acaba por desaparecer.
El enemigo maligno hace exactamente lo contrario: manifiesta un gran cariño y preocupación por nuestro yo, por nuestros deseos, por nuestra comodidad, por los provechos que podemos sacar, por el poder que podemos alcanzar, por la reclamación de nuestro derecho, sugiriéndonos que no debemos tolerar nada y que debemos pagar con la misma moneda. Así, él nos hace creer que esto o aquello pasa desapercibido, que no tiene nada de malo, que los demás hacen lo mismo, que tenemos que ser del mismo partido para no caer en ridículo. Él confunde los conceptos de verdadero y falso, de bueno y malo, y no hace caso de una negativa, sino que procura hacerse escuchar desde otro lado (temor a los hombres, ambición, egoísmo).
Cuando hayamos aprendido a distinguir estas dos voces, el Ángel de la Guarda nos llevará a dar un paso adelante. Nosotros mismos debemos ser Ángeles de la Guarda para las personas a nuestro alrededor.
Debemos aprender a ponernos en el lugar y la situación difícil de la otra persona para ayudarla eficazmente.
No es necesario que sean actos heroicos exteriores, sino actos de la vida cotidiana que tienen un valor heroico delante de DIOS. Por medio de nuestro Ángel de la Guarda aprendemos a escuchar no sólo lo que DIOS quiere de nosotros, sino también a descubrir dónde se debe concretizar nuestro auxilio, nuestra tarea en el Reino de DIOS y en la salvación de las almas. Y una vez que nos hayamos habituado a hablar con nuestro buen Ángel de la Guarda sobre nuestro trabajo diario, nuestros proyectos y preocupaciones, él nos conducirá, cada vez más, a una fidelidad sincera y a un amor ardiente a DIOS.
Si pudiésemos comprender y vivir esto, nuestra vida se transformaría radicalmente. Entonces aprenderíamos a volvernos sencillos y a concentrarnos en las cosas esenciales, y así lograríamos una mayor tranquilidad y una mayor fuerza, porque una persona complicada se dispersa.
Aprenderíamos a entender la grandeza y la fuerza del sacrificio por amor y la belleza de la donación amorosa. Ya no sería nuestro “yo” el que estuviera sentado en el trono de nuestro corazón, sino DIOS.
¡El Ángel y yo servimos a DIOS con alegría!

Oración de la noche:
“Cuando todo a mi alrededor está en descanso”
Señor, cuando todo a mi alrededor está en descanso,
Quiero permanecer arrodillado todavía un momento delante de Ti.
¡Líbrame, Señor, de todas las ataduras que llevo en mí mismo,
que me impiden ser libre para Ti!
¡Líbrame de las ataduras del deseo de ser amado,
de ser respetado, de ser escuchado!
¡Líbrame de la atadura de la susceptibilidad, que se manifiesta
cuando mi “yo” es tocado,
cuando mis planes no son reconocidos,
cuando, por eso, caigo en la obstinación y el descontento!
¡Líbrame de las ataduras del miedo
de ser burlado y escarnecido, de ser degradado e ignorado,
de perder la estima de los superiores!
¡Dame, oh Señor, la libertad de no querer ser más que Tu siervo, Tu sierva,
y de no apegarme a nada más, sino a Ti!
Dame, oh Señor, la libertad de estar por encima de las cosas
para contemplarlas desde lo alto con Tus ojos de amor
y de estar debajo de las cosas, en humildad,
para llevarlas a Ti como siervo silencioso y fiel.
Dame, oh Señor, finalmente y para siempre, el anhelo insaciable de Ti,
¡siempre y sólo de Ti! Amén.

Oración de la mañana al Ángel de la Guarda
Mi gran y querido Santo Ángel,
esta mañana quiero saludarte lleno de amor.
Andarás conmigo,
rezarás conmigo
me ayudarás a tener ansia de DIOS,
harás que yo descubra en todas partes lo que es bueno
y me ayudarás a tener solamente buenos pensamientos y
también las palabras apropiadas.
Así el día será grande,
porque tú estás conmigo;
mi buen Ángel.
Amén.

 

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Cartas Circulares

CC82-12 caminos a la santidad

El tema espiritual

Doce caminos para llegar a la Santidad

El pequeño camino del Amor

Cada persona recibe de Dios dones diferentes y cada uno tiene su camino particular, como también cada uno tiene su santo Ángel custodio personal, por lo que cada persona debe presentarse diferentemente ante el trono de Dios. El pequeño camino del amor es la manera como cada uno se va santificar. No se trata de la práctica de devociones adicionales; basta pensar constantemente, en cómo proporcionar a Dios más alegría con las capacidades recibidas, con lo que de alguna manera quiere Dios. En cada Santa Comunión, Jesús vive en ti y quiere crecer en tu interior para tu propio crecimiento delante de Dios. Debes ir en torno a Jesús, que crece dentro de ti, con un amor siempre más fiel y con atención, como María, como los Santos Ángeles circundar al Señor. Por lo tanto, indicamos doce caminos, para que puedas, de la mejor manera, hacer crecer al Señor amadísimo dentro de ti, guardarlo y cuidar de Él con amor.

Sin embargo, hay una condición: todo debe permanecer en silencio, como guardando un amoroso secreto. Ni una chispa de ambición debería aparecer en el comportamiento externo, ni el deseo de comunicarse, ni la muestra de algún comportamiento extraño e insólito, deberán traicionar ese secreto de amor con el que te aferras al Señor. Solo DIOS, solo MARIA, solo tus Santos Ángeles deben conocer esto, deben ayudarte y regocijarse en este secreto tuyo, de lo contrario, comenzaríamos a buscar aceptación, reconocimiento de nuestros actos por parte de otras personas que nos rodean. Y dice el Señor acerca de los fariseos que se exponen: “Ya han recibido su recompensa!” (Mt 6,2.5). Practiquemos la caridad, de modo que nadie lo vea, sino solo nuestro Padre que está en el cielo.

Dios nos ha dado talentos y grandes gracias. Podemos convivir con nuestro santo Ángel de la Guarda quien cuida de nosotros. Un alma que crece estará feliz y tendrá también la fuerza suficiente para emprender el camino del amor en la imitación de Cristo.

    1.    La primera característica es el amor discreto.

Es el camino del amor escondido e incansable. El alma que sigue este camino nunca se enojará, nunca se irritará, nunca dejará que salgan de sus labios palabras agresivas y ofensivas; de hecho, ni siquiera tendrá pensamientos negativos sobre un compañero o acerca de los superiores. Siempre llena de alegría, el alma se dirá a sí misma: «Debo conservar el amor, ¡qué hermoso es! ¡Quiero amar siempre, siempre!»

     2.    La segunda virtud está en el camino de la confianza. 

El alma que sigue este camino nunca se desanima, no se lamentará, al contrario, ella siempre reforzará en sus compañeros la confianza en Dios, diciéndoles: «Dios lo sabe, ¡Él te ayuda con certeza!, seguro que lo sabe mejor que nosotros, ¡sabe aquello que contribuye a nuestra salvación!». Por dentro siempre se dirá a sí misma: «¡JESÚS, confío en ti! ¡MARÍA, confío en tu ayuda maternal! ¡Santo ángel de la guarda, creo firmemente que me ayudas!» Rezará con tanta confianza y seguirá rezando por la comunidad, el convento, por todos los que Dios le confía, por el país, por la Santa Iglesia, por los sacerdotes, por la Obra de los Santos Ángeles.

3. El tercer paso está en el camino de la obediencia silenciosa y amorosa. El alma que sigue este camino se someterá con alegría y sin contiendas, incluso cuando esté frente a una persona no muy simpática y, más aún, cuando esté frente a sus superiores. Ella siempre se esforzará por pensar que, en su corazón, JESÚS no es herido ni golpeado por pensamientos críticos, insubordinados, descontentos o desobedientes. Llena de gozo, ella obedecerá gustosamente para traer gozo a JESÚS. Nunca pensará: «Esto no está bien, esto es injusto, esto es sin amor, esto no debería ser así», cuando se encuentre con debilidades humanas en su entorno o cuando reciba una orden que le parece imposible. Interiormente, siempre se dirá a sí misma: «¡Quiero convertirme en santa mediante la obediencia amorosa y silenciosa!»

4. Aquí está el camino del sacrificio amoroso y oculto. 

El alma que sigue este camino orará y trabajará llena de alegría y soportará con amor, lo que DIOS le envía en la cruz, preocupaciones y fatigas de la vida. Ofrecerá todo en sacrificio, no solo por la mañana, sino también durante el día, continuamente, también las pequeñas cosas que suceden en la vida cotidiana. Hará ofrecimientos a DIOS por el alma que en ese momento lo necesita más, por los sacerdotes en peligro, por las almas necesitadas, por los pecadores que están a punto de morir, por los que han cometido pecado mortal. Llenará su día de tantos sacrificios amorosos que el día siempre parecerá muy corto y, en su corazón, le dirá a JESÚS: «¡Qué bueno eres permitiéndome ofrecer sacrificios! ¡Cómo te agradezco la gracia de poder ofrecer sacrificios!».

5. La quinta característica es el camino de vigilar ante el Tabernáculo. 

El alma que sigue este camino, será guiada hacia el Señor en el Tabernáculo, en todo lo que hace y sufre; en sus pensamientos volará alrededor del Tabernáculo como una paloma blanca, cerrará su corazón en el Tabernáculo para hablar con Él siempre, para adorarlo, para brindarle expiación por todos, en particular, por todos los consagrados que, de manera tibia e indiferente, celebran y reciben la Sagrada Comunión. Muy severamente, debe cuidar que su alma no manche en lo más mínimo su túnica blanca, con la que hace compañía al Señor en el Tabernáculo. Y por dentro siempre rezará, adorando: «¡SANCTUS, SANCTUS, SANCTUS!»

6. Aquí está el camino del gozo y de la alegría en DIOS. El alma que sigue este camino se alegrará de corazón, también de dolor y fatiga; su palabra favorita, también ante el Señor en su corazón, será siempre: ¡Gracias! La alegría y el agradecimiento van de la mano, así como la alegría y el amor. Querrá convertirse en una fuente profunda de DIOS, en la que todos sus hermanos y hermanas podrán buscar fuerza, consuelo, calma, coraje para empezar de nuevo, amor para perdonar y olvidar. Al Señor, en tu corazón, siempre dirás: «¡Señor, aún más! ¡Aún más! ¡Quítame lo que quieras, te doy todo con alegría! ¡Haz solo que yo ame y me regocije en Ti por toda la eternidad!»

7. A continuación, está el camino hacia el tesoro escondido del conocimiento de Dios. 

Quien conoce la grandeza y majestad de DIOS también sabe que, en nosotros, JESÚS llama a las almas. No hay absolutamente ninguna necesidad de ir a buscar almas; en primer lugar, tenemos el pequeño círculo de la familia o de la comunidad conventual, de la escuela, el círculo de acción en el que DIOS nos ha colocado, tanto de vínculos de sangre como espirituales. Con fervor incansable y la máxima humildad posible, -característica de ser un servidor-, debemos llevar a todas estas almas a un lugar que ya se les ha determinado en la eternidad: el Corazón de MARÍA, el Corazón de JESÚS. Y solo cuando hayamos rodeado y protegido este pequeño círculo con la red de los Santos Ángeles, entonces viene el círculo intermedio de todo el CORPUS CHRISTI MYSTICUM, la santa Madre Iglesia. Y después de esto viene el gran círculo que se extiende sobre toda la creación, sobre toda la humanidad. Esto es trabajo y más trabajo, y solo el amor, el amor ilimitado por JESÚS, puede superar esto. En su corazón, el alma siempre debe decirle al Señor: «Señor, hazme una rama floreciente alrededor de Tu cabeza llena de sangre y espinas, hazme florecer ante Ti y amar, y amando yo consiga soportar todo y superar todo».

8. Como octava característica está el camino de la paciencia. 

El alma que sigue este camino, como amiga fiel, hermana fiel, madre fiel, siempre tratará de promover la paz y la calma cuando haya chispas [«conflictos»]; en silencio, se esforzará por mejorar algo, cubrir algo, aliviar, sanar, ayudar, tranquilizar. Nunca dejará de practicar todo esto, siempre con un rostro amable, alegre, con palabras buenas y amables, con manos serviciales, sin arrepentirse jamás de nada. Donde falta algo, ella se apresurará a ayudar y si eso no es posible, entonces rezará. Dirá interiormente a su Señor: «Me has dado una madre tan buena aquí en la tierra, que me ha educado con tanta paciencia; y me has dado a tu Madre como modelo, así que ayúdame, para que yo siempre pueda estar más feliz.» ¡Que tú y yo nos convirtamos en un verdadero ángel de paciencia y amor!

9. Aquí está el camino de la misericordia. 

El alma que recorre este camino puede salvar muchas almas y evitar muchas desgracias mediante la misericordia. No se trata de ofrecer solo una donación, de dar un regalo, este camino incluye todas las obras de misericordia espirituales y corporales: por ejemplo, ser amable con una hermana enferma, animar a una hermana deprimida, interceder por alguien que necesita algo, ayudar siempre aquí y allá, dar limosna, también ayudar con la oración. Ella siempre verá a JESÚS detrás de cada necesidad, y así siempre dará por amor al Señor, sin esperar recompensa en esta vida, sino en la vida eterna. En su corazón, continuamente dirá: «¡Señor, es por ti!»

10. El camino de la humildad. 

Siguiendo este camino, el alma recorrerá el camino de MARIA y, con alegría, se esforzará por hacer todo como MARIA lo hubiera hecho en su lugar. Te servirá con gusto y lo hará siempre que se presente una oportunidad. Llevará a JESÚS en su corazón dondequiera que vaya y, a través de su culto perenne y oculto, calentará todos los recintos del convento y los ofrecerá al Señor. En su corazón, a menudo orará «el ángel del Señor»; con amor, callará, no se arrepentirá jamás, sino que con su constante jovialidad aliviará las preocupaciones del convento.

11. El camino de la profundidad y de la interioridad. 

El alma que sigue este camino se hará cargo silenciosamente de todo lo que ocurra durante el día en el convento, y que no esté del todo en orden. Ofrecerá expiación al Señor duplicando el amor, siempre que haya falta de amor; expiará, duplicando el trabajo silencioso y el silencio amoroso, siempre que haya deficiencias en este sentido. Nunca hablará de su compromiso con la expiación, al contrario, orará más. Lo que ella dice debe provenir de la fortaleza de su corazón y debe estar lleno de amor. Debes caminar siempre en presencia de DIOS, y dentro de ti mismo, dirás: «¡Quiero reparar todo, mi JESÚS, misericordia!»

12. ¡Aquí está el camino de la pobreza y este camino es muy hermoso, alegre, tiene la sencillez del niño! 

El alma que lo recorra irá a su trabajo con mucha tranquilidad todos los días, sin preocuparse de si será difícil aquí o allá. Llena de confianza filial, pondrá todo en manos de MARIA y enviará a todas partes a su Santo Ángel de la Guarda como mensajero y precursor. Se desprenderá por completo de todos los insultos y dificultades internas; quiere ser pobre y por tanto libre; quiere ser una hija alegre y fuerte ante el Señor, una hija que solo tiene una cosa en mente: tanto como sea posible, llevar alegría al Señor, a su Madre y a los Santos Ángeles. Quiere ser una hija que obedezca de buena gana, que ayude de buena gana, que de buena gana se quede callada y se quede en un rincón. Por dentro quiere, con alegría, pensar en JESÚS en su corazón y cantarle muchas canciones hermosas, por fuera quiere permanecer en total silencio y en el más valiente cumplimiento de sus deberes.

Ahora tenemos una idea de cómo son estos caminos, por los que algún día podremos convertirnos en “Ángeles de la Guarda”. La familia, la comunidad o el convento realmente tienen valor si son rodeados y protegidos, y si es posible, habitados por Ángeles. ¡Qué alegría habrá entonces en todo el cielo!

Pero hay que estar alerta, y así correr siempre solícito, ayudando con la oración, el sacrificio, la palabra y el amor silencioso. La vigilancia, la atención, también es necesaria, para que el maligno no entre en nuestros hijos ni en nuestro propio corazón. Donde hay discordia, rostros tristes, palabras desagradables, debe comenzar inmediatamente nuestro apostolado a través de un ataque, de la mano de los poderes celestiales del amor. Ellos nos transmiten:

– La prudencia del amor. Tomar medidas para eliminar los obstáculos que podrían dañar el amor en la vida cotidiana; observar dónde y cómo podemos ayudar mejor a través del amor.

– Sacrificios de amor. Ofrecer, por amor y de buena gana, el sacrificio silencioso, y no responder, no justificarnos quizá irritados; también saber esperar en silencio y con paciencia, aceptando un lugar incómodo o un mal lugar expuesto a corrientes de aire, soportando, con paciencia y en silencio, una negativa o una reprimenda, sin tener rencor de nada.

– La medida, el orden en el amor: insertando, sobre todo, respeto en todos nuestros pensamientos, palabras y obras; cada palabra sostenida por el amor de DIOS es serena, no grita, no cambia, nunca habla demasiado.

– La dulzura del amor. Llevar y transmitir paz en todas partes; la calidez de nuestras miradas y palabras debe ser un reflejo de las miradas y palabras de MARIA.

– La interioridad del amor. Se dice que «el amor transforma el corazón del hombre: de la pusilanimidad a la magnanimidad, de la estrechez a la amplitud, de la inquietud a la calma».

– La claridad y sobriedad del amor: ejerciendo, sobre todo, la santa obediencia, la fidelidad a la regla, a los deberes cotidianos; ser estrictos con nosotros mismos y amables con los demás.

– La armonía y la belleza del amor. Caminar siempre en la presencia de DIOS y abrazar mucho el amor de DIOS, a través de la oración y el sacrificio, la adoración y el deseo ardiente, para que realmente podamos ser una luz.

Entonces, tenemos mucho que practicar. MARIA nos ayudará. El rosario, bien rezado, nos hace serenos, claros, abiertos, amorosos, inclinados al sacrificio y felices interiormente. Recemos siempre el rosario con los Santos Ángeles, los misterios gozosos por nuestro hogar, por los familiares y confiados a nosotros, por los refugiados y por los que están en peligro. Recemos los misterios dolorosos por las intenciones del Santo Padre, por todos los mártires vivos de nuestra Fe, por los matrimonios arruinados, por los consagrados infieles, por nuestra propia salvación. Recemos los misterios gloriosos por nuestros sacerdotes, por las religiosas y familiares fallecidos, por los que luchan contra el infierno, por todas nuestras intenciones y las de nuestros seres queridos, por todas las almas del purgatorio. Oremos, queridas hijas, oremos mucho, no pierdan el tiempo en susceptibilidades o palabras negativas. ¡Oremos llenos de amor y fervor, y DIOS y MARÍA nos bendecirán y ayudarán!

Oración del Opus Angelorum

Señor Jesucristo: Hemos seguido Tu llamado y durante años nos hemos esforzado por intensificar y mantener viva la veneración a los santos Ángeles dentro de la Santa Iglesia. ¡Concédenos la gracia de nunca ser infieles a Tu llamado! Concédenos la fortaleza para ser ejemplo, y que muchos más hermanos nuestros aprendan a amar a los santos Ángeles y a hacer uso de su ayuda. ¡Fortalece en nosotros el espíritu de obediencia y fidelidad a la Santa Madre Iglesia! ¡Sostén en nosotros el amor a la cruz y al sacrificio por Dios! Que no nos cansemos ni vacilemos nunca en medio de las pruebas y aflicciones sobrecogedoras de nuestros días, sino más bien reavívanos de nuevo por medio del agua de la gracia y la Sangre de Tu Divino Corazón. Cuanto más triunfe el mal espiritual, déjanos ser mucho más devotos de los santos Ángeles y ayudarles a alcanzar la victoria, que es únicamente Tu victoria, Señor Dios Todopoderoso. Amén.

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Ángeles Cartas de Formación

CF02 CAG

Cartas de formación - preparación a la CAG

CAG – Consagración al Ángel de la Guarda

1a etapa: segunda carta

Segunda carta de formación preparación a la CAG

Los Ángeles en la Sagrada Escritura
          En más de 300 lugares, la Sagrada Escritura habla expresamente de los Santos Ángeles. En su discurso del Angelus el día 1° de marzo de 2009, el Papa Benedicto XVI destacó la importancia de la misión de los Ángeles en el Antiguo y Nuevo Testamento:
En todo el Antiguo Testamento encontramos estas figuras que, en nombre de DIOS, ayudan y guían a los hombres.
Basta recordar el libro de Tobías, en el que aparece la figura del Ángel Rafael, que ayuda al protagonista en
numerosas vicisitudes. La presencia tranquilizadora del Ángel del Señor acompaña al pueblo de Israel en todas las
circunstancias, tanto en las buenas como en las malas.
En el umbral del Nuevo Testamento, Gabriel es enviado a anunciar a Zacarías y a MARÍA los acontecimientos felices
que constituyen el inicio de nuestra salvación; y un ángel, cuyo nombre no se dice, advierte a José, orientándolo en
aquel momento de incertidumbre. Un coro de Ángeles lleva a los pastores la buena nueva del nacimiento del Salvador;
y, del mismo modo, son también los Ángeles quienes anuncian a las mujeres la feliz noticia de su resurrección. Al final
de los tiempos, los Ángeles acompañarán a Jesús en su venida en la gloria (cf. Mt 25, 31).
Una vez que DIOS concedió a los Ángeles un papel tan importante en la historia de la salvación, debemos, también nosotros, darles un lugar en nuestra vida, como el Santo Padre destaca en la conclusión de su discurso:
Queridos hermanos y hermanas, quitaríamos una parte notable del Evangelio, si dejáramos de lado a estos seres
enviados por Dios, que anuncian su presencia en medio de nosotros y son un signo de ella. Invoquémoslos a menudo, para que nos sostengan en el compromiso de seguir a Jesús hasta identificarnos con Él.
La Sagrada Escritura, la Palabra de DIOS, habla no sólo de la misión de los Ángeles, sino también de la naturaleza de ellos. Ella también contesta a la pregunta: “¿Qué es un Ángel?” El Papa Benedicto XVI dijo a este respecto en una homilía el 29 de septiembre de 2007, Fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael:
La sagrada Escritura y la tradición de la Iglesia nos hacen descubrir dos aspectos.
      – Por una parte, el Ángel es una criatura que está en la presencia de DIOS, orientada con todo su ser hacia DIOS. Los tres nombres de los Arcángeles terminan con la sílaba «El», que significa «DIOS». DIOS está inscrito en sus nombres, en su naturaleza. Su verdadera naturaleza es estar en Él y para Él.
– Precisamente, así se explica también el segundo aspecto que caracteriza a los Ángeles: son mensajeros de Dios. Llevan a DIOS a los hombres, abren el cielo y así abren la tierra.
– Precisamente porque están en la presencia de DIOS, pueden estar también muy cerca del hombre. En efecto, DIOS es más íntimo a cada uno de nosotros de lo que somos nosotros mismos. Los Ángeles hablan al hombre de lo que constituye su verdadero ser, de lo que en su vida con mucha frecuencia está encubierto y sepultado. Lo invitan a volver a entrar en sí mismo, tocándolo de parte de DIOS.

Tareas para este mes:

  1. Por favor, lee y medita los siguientes pasajes de la Sagrada Escritura: Gn 16, 1-15; Ex 23, 20-26.
  2. Por favor, lee y medita los siguientes números del Catecismo de la Iglesia Católica: 326-336.
  3. Por favor, continúa rezando todos los días (si es posible de memoria y eventualmente varias
    veces durante el día) la “Oración al Ángel de la Guarda en la Obra de los Santos Ángeles” (que se
    encuentra en la primera carta de formación). 

Los Ángeles en el Catecismo de la Iglesia Católica
Tenemos un resumen de la doctrina de la Iglesia sobre el mundo angélico en el Catecismo de la Iglesia Católica (Cat. 328-336, 350-352).
Allí podemos leer en primer lugar: “La existencia de los seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente Ángeles, es una verdad de fe” (Cat. 328). “Con todo su ser, los Ángeles son servidores y mensajeros de DIOS. Porque contemplan «constantemente el rostro de mi PADRE que está en los cielos» (Mt 18, 10), son «agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra» (Sal 103, 20).” (Cat. 329). Ellos “son creaturas personales e inmortales” (Cat. 330).
JESUCRISTO no es sólo el centro de los hombres, sino también de los Ángeles: “Cristo es el centro del mundo de los Ángeles. Los Ángeles le pertenecen: “Cuando el HIJO del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus Ángeles…» (Mt 25, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para Él: «Porque en Él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por Él y para Él» (Col 1, 16). Le pertenecen más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: «¿No son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?» (Hb 1, 14). (Cat. 331). “Desde la creación y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización”(Cat. 332).
Por ello, este servicio se refiere al Verbo encarnado y a Su cuerpo en la tierra, la Iglesia. “De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los Ángeles…
Protegen la infancia de JESÚS, le sirven en el desierto, lo reconfortan en la agonía, cuando Él habría podido ser
salvado por ellos de la mano de sus enemigos como en otro tiempo Israel. Son también los Ángeles quienes
«evangelizan» (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación, y de la Resurrección de CRISTO. Con ocasión de la segunda venida de CRISTO, anunciada por los Ángeles (cf. Hb 1, 10-11), éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor.” (Cat. 333). “De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los Ángeles” (Cat. 334).
“En su liturgia, la Iglesia se une a los Ángeles para adorar al DIOS tres veces Santo; invoca su asistencia… y celebra más particularmente la memoria de ciertos Ángeles (San Miguel, San Gabriel, San Rafael, los Ángeles custodios).” (Cat. 335).
“Desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. «Nadie podrá negar que cada fiel (bautizado) tiene a su lado un Ángel como protector y pastor para conducir su vida» (San Basilio Magno). Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los Ángeles y de los hombres, unidos en DIOS.” (Cat. 336).
Entonces, con razón es válido que: “La Iglesia venere a los Ángeles que la ayudan en su peregrinar terrestre y protegen a todo ser humano.” (Cat. 352).
La veneración de los Santos Ángeles, como hemos visto, es patrimonio común de la Santa Iglesia.
¿Cuál es, entonces, lo específico del Opus Angelorum? A esto nos da la respuesta un artículo publicado en el periódico del Vaticano L’Osservatore Romano del 19 de Marzo de 2011:

Lo específico del OA
Lo específico de la Asociación Opus Angelorum consiste en el hecho de que sus miembros llevan la devoción a los Santos Ángeles hasta aquel desarrollo pleno que se expresa y se concreta en una “Consagración a los Santos Ángeles”, tal como se ha constatado a lo largo de la historia de la Iglesia con las devociones (consagraciones) al Sacratísimo Corazón de JESÚS y al Inmaculado Corazón de MARÍA.
       Se pertenece a la Obra de los Santos Ángeles mediante la consagración al Ángel de la guarda. La consagración a los Santos Ángeles la hacen aquellos miembros que quieren comprometerse más activamente con los fines espirituales del movimiento. Esta consagración se entiende como una alianza del fiel con los Santos Ángeles, es decir, como un acto consciente y explícito que reconoce y toma en serio su misión y función en la economía de la salvación. Así como otras muchas espiritualidades tienen sus propias expresiones típicas, por ejemplo el “Totus tuus” del Papa San Juan Pablo II, así también la espiritualidad de la consagración a los Santos Ángeles en el Opus Angelorum se podría caracterizar con las palabras “cum sanctis angelis”, o sea, “con los Santos Ángeles” o “en comunión con los Santos Ángeles”.

Precisamente, una “convivencia” de los fieles con los Santos Ángeles como verdaderos amigos, es posible en la fe y en la caridad teologal, y así también una íntima colaboración espiritual con ellos para los fines del plan salvador de DIOS en relación con todas las criaturas, ya que su cooperación está garantizada en todas nuestras buenas obras. Esta convivencia y colaboración espiritual de los fieles con los Santos Ángeles, que como se indica en los mencionados Estatutos, es lo propio de la “esencia” del Opus Angelorum, exige naturalmente no sólo la fe y el amor a los Santos Ángeles – y en primer lugar al propio Ángel de la guarda – sino también una prudente aplicación de los criterios del “discernimiento de los espíritus”. A este propósito, encontramos la siguiente explicación en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica: “Como en la visión de la escala de Jacob, «los Ángeles de DIOS subían y bajaban por aquella escalera» (Gn 28, 12), los Ángeles son dinámicos e incansables mensajeros que unen el cielo con la tierra. Entre DIOS y la humanidad no hay silencio e incomunicabilidad, sino diálogo continuo y comunicación incesante. Y los hombres, destinatarios de esta comunicación, deben afinar su sensibilidad espiritual para escuchar y comprender este lenguaje de los Ángeles, que sugieren palabras buenas, sentimientos santos, acciones misericordiosas, comportamientos caritativos y relaciones edificantes”. Servir a DIOS con la ayuda de los Santos Ángeles El Opus Angelorum se fundamenta en la prontitud incondicional para servir a DIOS con la ayuda de los Santos Ángeles y tiene como finalidad la renovación de la vida espiritual en la Iglesia ayudados por ellos en las así llamadas “direcciones (o dimensiones) fundamentales” de adoración, contemplación, expiación y misión (apostolado). 
La ayuda de los Ángeles y la unión de los hombres con ellos permiten que los hombres vivan mejor su fe y la puedan testimoniar con más fuerza y convicción. Efectivamente, los Santos Ángeles contemplan continuamente el rostro de DIOS (cf Mt 18, 10) y viven en constante adoración. De un modo particularmente eficaz los Ángeles pueden iluminar, por tanto, a aquellos que se abren conscientemente a su acción, los cuales son ayudados por ellos a contemplar, en la fe, los divinos misterios: al mismo DIOS y sus obras (theologia y oikonomia), a crecer así en el conocimiento y en el amor de DIOS, a permanecer en Su presencia y realizar una adoración particularmente reverente y amorosa, dedicándose a la mayor glorificación de DIOS. La adoración, especialmente, la adoración eucarística, ocupa por lo tanto el primer lugar en el Opus Angelorum. Del mismo modo que Nuestro Señor JESUCRISTO fue fortificado por el PADRE celestial a través de un Ángel para poder soportar la pasión redentora (cf. Lc 22, 43), así también los miembros del Opus Angelorum confían en la ayuda de los Santos Ángeles para seguir a CRISTO con caridad expiatoria para la santificación y salvación de las almas, especialmente por los sacerdotes. Por ello, en el Opus Angelorum también se tiene el ejercicio piadoso de la “Passio Domini”, es decir, un tiempo de oración semanal (el jueves por la noche y el viernes por la tarde), en el que los miembros se unen espiritualmente al Redentor en el misterio de Su pasión salvadora. CRISTO crucificado y resucitado es, de hecho, el centro de los hombres y de los Santos Ángeles. El objetivo del Opus Angelorum: La gloria de DIOS y la salvación de las almas Con la aprobación del Opus Ss. Angelorum, la Iglesia ha bendecido un movimiento que se caracteriza, es cierto, por una devoción peculiar a los Santos Ángeles, pero también y esencialmente – según las propias características de los Santos Ángeles – por una orientación absoluta hacia DIOS y su servicio, hacia CRISTO Redentor, la Cruz, la Eucaristía, para la gloria de DIOS y la salvación de las almas. En realidad, la consciencia viva de la presencia y de la misteriosa y potente ayuda de los Santos Ángeles, siervos y mensajeros divinos, es capaz de dar impulso a los fieles para que se dediquen con confianza a la primera y esencial misión de la Iglesia: la salvación de las almas para gloria de DIOS. (L‘Osservatore Romano, 19 de marzo de 2011)

Para alcanzar los grandes objetivos de la Obra de los Santos Ángeles, según las indicaciones de la Madre
Gabriela, debemos proponernos:
– vivir como nuestros Ángeles, constantemente en la presencia de DIOS,
– amar el silenciar, el escuchar y el obedecer a nuestros Ángeles de la Guarda,
– practicar la caridad activa y socorrer en cualquier necesidad
– ser siervos de la Reina del cielo, MARÍA,
– buscar nuestra fuerza en la Cruz y en el banquete diario del sacrificio del altar.
Seamos vigilantes, estemos listos, seamos amorosos, por causa de JESÚS, hasta las últimas consecuencias.



! Te deseamos muchas bendiciones y crecimiento unido (a) a tu Santo Ángel de la Guarda!

Oración de la mañana al Ángel de la Guarda
Mi gran y querido Santo Ángel,
esta mañana quiero saludarte lleno de amor.
Andarás conmigo,
rezarás conmigo
me ayudarás a tener ansia de DIOS,
harás que yo descubra en todas partes lo que es bueno
y me ayudarás a tener solamente buenos pensamientos y
también las palabras apropiadas.
Así el día será grande,
porque tú estás conmigo;
mi buen Ángel.
Amén.