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RB11

Los ángeles ordenados en grupos (cf. Col 1,16)

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Consideramos en la última meditación la creación de los ángeles en San Pablo. El punto principal que señaló el apóstol, fue su relación con Cristo. “Él es la imagen del Dios invisible…, en Él fueron creadas todas las cosas… Tronos, Dominios, Principados o Virtudes… por Él y para Él” (Col 1, 15-17). La intención de San Pablo es tan fuerte, que fuimos conducidos a “la liturgia cósmica”, es decir, a la alabanza angelical que abraza toda la creación: “El mundo en todas sus partes” tiene que “convertirse en un culto a Dios… una liturgia de Dios “para alcanzar” su objetivo (Benedicto XVI, 29 de junio de 2008). En este texto, San Pablo no solo habla de ángeles, sino que ofrece indicaciones sobre grupos entre ellos; podemos echar un vistazo más de cerca a esto.

  1. San Pablo hace referencia a dos grupos de ángeles

San Pablo habla a menudo sobre los ángeles. Pero no siempre se refiere con este término a todos los ángeles.

La forma general de hablar de los ángeles:

Algunos ejemplos pueden mostrarnos la forma general de hablar de los ángeles, refiriéndose a todos los espíritus puros. A San Timoteo le escribe: “En verdad grande, lo confesamos, es el misterio de nuestra religión: Él fue manifestado en carne, reivindicado en el Espíritu, visto por los ángeles” (1 Timoteo 3,16). De manera similar, San Pablo se refiere extensamente a todos los ángeles en la carta a los Hebreos: “¿A qué ángel dijo Dios alguna vez: ‘Tú eres mi Hijo, hoy te he engendrado’? Y nuevamente, cuando trae al primogénito al mundo, dice: ‘Adórenlo todos los ángeles de Dios’. De los ángeles dice: «El que hace a sus ángeles vientos, y a sus siervos llamas de fuego» (Heb 1, 5-7; cf. Col 2,18; 1 Cor 11,10; 13, 1; 2 Tes 1, 7; 1Tito 5,21). En ocasiones, San Pablo entiende este término de una manera tan amplia que se refiere a todos los espíritus puros, incluso a los infieles o caídos que actúan contra Dios, (por ejemplo, 1 Cor 4, 9; 6, 3).

“Sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades” (Col 1,16). En la Carta a los Romanos, San Pablo habla una vez de los ángeles junto con otros grupos. “Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa en toda la creación, podrá separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús Señor nuestro: oute angeloi oute archai… oute dunameis” (Rom 8, 38). Aunque no necesariamente las palabras en sí mismas, sí, el contexto de toda la Biblia deja en claro que aquí «principados» y «potestades» se refiere a un cierto grupo de espíritus puros, es decir, a una subdivisión de esas criaturas espirituales que generalmente llamamos «ángeles». Por lo tanto, cuando San Pablo habla específicamente de «ángeles» en contraposición a otras agrupaciones de seres espirituales, podemos concluir  acertadamente, que él entiende que los «ángeles» también constituyen una parte o división específica del mundo de los espíritus puros, es decir, un determinado grupo solamente o, como los llama la tradición, un “coro” al lado de los demás.

Antes de continuar, debemos afirmar que las traducciones confundieron en casi todos los idiomas los nombres originales en griego, por lo que queremos corregir las siguientes traducciones: Archai son príncipes o principados; Dunameos son poderes; Exousiai son virtudes; y los Kyriotetes son dominios o dominaciones. Encontramos diferentes lugares donde San Pablo habla de “principados y potestades”. A los Efesios, escribió “para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales – tais Archais kai Tais exusiais en tois epuranisis” (Ef 3,10). A los colosenses les habla de Cristo “que es la cabeza de todos los principados y virtudes, pases arches kai exusias”. Dios “desarmó los principados y las virtudes (arches kai tas exousias) y los hizo ejemplo público, triunfando sobre ellos en Él, Cristo” (Col 2, 15). Para los corintios, el apóstol se refiere a tres coros, nuevamente a “Después será el fin, cuando entregue a Dios Padre el reino, cuando haya reducido a la nada todo principado, toda potestad y todo poder – pasan archen kai pasan exusian kai dunamin” (1 Co 15, 24).

Para enumerar todos los coros que San Pablo menciona, debemos agregar especialmente los primeros capítulos de Efesios y los primeros de Colosenses. En cada oportunidad, San Pablo habla de Cristo y de su soberanía y divinidad, de Aquel a quien Dios “que El ejerció en Cristo, resucitándole de entre los muertos y sentándole a su diestra en los cielos, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación y de todo cuanto tiene nombre, no sólo en este siglo, sino también en el venidero* — pasa arches kai exusias kai dynameos kai kiriotetos” (Efesios 1, 20-21). Sí, Cristo “es la imagen del Dios invisible… en Él fueron creadas todas las cosas… Tronos o Dominios o Principados o Virtudes — thronoi eite kyriotetes kai archai kai exusiai ” (Col 1, 15-16). Habla también de los ángeles caídos que se ordenan en tales coros, «las virtudes del aire: tes exusias tou eros, el espíritu que ahora obra en los hijos de la desobediencia» y «principados, virtudes, los gobernadores mundiales de estas tinieblas presente, las huestes espirituales de maldad en los lugares celestiales: tas archas, tas exusias, tous kosmokratoras… ta pneumatica». (Efesios 6,12; cf. arriba Col 2,15). San Pablo también menciona otros coros, habla de los Querubines, refiriéndose en la Carta a los Hebreos al libro del Éxodo, «los Querubines de gloria cubriendo el propiciatorio». Habla de los Arcángeles cuando se refiere a la Segunda Venida de Cristo (cf. 1 Tes. 4,16). El único coro que no menciona por su nombre es el de los serafines (cf. Is 6, 2ss.).

  1. Los ángeles como personajes

Para comprender tales distinciones tenemos que discernir y subrayar algunos puntos fundamentales.a) La identidad específica de cada ángel. Los ángeles no son solo una multitud o una masa indistinta, son individuos y personas con una identidad muy específica. Tienen un nombre (cf. Hebreos 1, 4). El Catecismo dice: “Como criaturas puramente espirituales, los ángeles tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales, que superan en perfección a todas las criaturas visibles, como atestigua el esplendor de su gloria” (CIC 330).

La individualidad trae consigo una característica específica, que va más allá de lo que llamamos comúnmente “personalidad”, ya que profundiza en su naturaleza, marcando toda la persona, porque cada ángel es una especie única, es decir, son totalmente diferentes unos de otros, es más son aún más diferentes entre si de lo que dos especies materiales podrían serlo entre ellas, por ejemplo, un caballo de un árbol.

c) La Tradición sobre los coros de ángeles

No obstante, también existen algunos principios o puntos unificadores. Primero está simplemente la voluntad de Dios: Él puede convocar a espíritus de diversos talentos en vista de una misión y ministerio en particular. Por eso encontramos en las Escrituras diferentes grupos de ángeles como los que “están delante del trono de Dios” (Tob 12,15; Lc 1,19; Ap 8, 2-4) y “cuatro ángeles a los que se les ha dado poder para dañar la tierra y el mar” (Apocalipsis 7, 2; cf. Apocalipsis 2-3; 8, 2 o 16, 1).

Más radicalmente, sin embargo, es la división en coros que forman una jerarquía. El principio básico aquí es, según Santo Tomás, el fin que los ángeles logran por naturaleza o por gracia. «Según su relación con este fin, las órdenes de los ángeles se distinguen por los dones naturales». Pero, como llegan a este fin también por gracia, “las órdenes en los ángeles se distinguen adecuadamente por los dones de la gracia, pero de manera dispositiva por los dones naturales” (Santo Tomás, ST I, q. 108, a. 4c; cf q 63, a. 9 ad 3). Con esto sabemos que la división en coros se remonta al momento anterior a la prueba de los ángeles. De hecho, San Pablo se refiere a estas órdenes incluso cuando habla de los ángeles caídos.

Pero Santo Tomás los distingue también según la gracia, dada en proporción a la naturaleza entre los espíritus puros. Por tanto, también después del pecado, la distinción de naturaleza continuó en los ángeles y en los coros (cf. ST III, q…8, a. 4) San Bernardo también distingue los coros según su relación con la humanidad de Cristo. Podemos decir, entonces, que en función de la proximidad y grado de asimilación a lo divino, según la naturaleza o la gracia, los ángeles forman una jerarquía, los diferentes coros, y cada ángel pertenece a uno de estos coros.

  1. El orden jerárquico de los ángeles en San Pablo

Parece útil notar que San Pablo no discute formalmente estas subdivisiones de los coros. Se refiere a ellos como un simple hecho. Esto probablemente explica por qué encontramos entonces, la referencia e incluso la estructura de los coros de ángeles ya en los primeros escritos de la Iglesia primitiva (cf. San Ignacio de Antioquía, † 107 o San Ireneo, † 202, etc.). En la liturgia, la Iglesia todavía se refiere a estos santos. El papa Juan Pablo II, en la pronunciación magisterial más larga sobre los ángeles, confirma la división de los ángeles en coros (cf. Catechseis sobre los ángeles, 6 de agosto de 1986, n. 3).

¿Qué encontramos en San Pablo sobre el orden entre los coros? Aquí son de interés sus dos listas más largas en Efesios 1 y Colosenses 1. No coinciden. P. W. Wagner en un artículo aún inédito, muestra que las dos listas son armoniosas. Primero, observa que la lista en Efesios está ascendiendo de coros inferiores a coros más altos en glorificación de la divinidad de Cristo, y la lista en Colosenses está descendiendo, siguiendo, por así decirlo, el descenso del Hijo a la humildad de la humanidad en Su Encarnación. Además, en Colosenses San Pablo no menciona simplemente cuatro coros seguidos, sino que menciona dos pares de coros donde el descenso desde lo alto es más pronunciado: desde el primer círculo de coros alrededor del trono de DIOS, es decir, desde el tercero al cuarto coro, de los Tronos a las Dominaciones,… y de nuevo del círculo medio de coros al último grupo de tres coros, es decir, del sexto al séptimo coro, es decir, de los Principados a las Virtudes. Con estas dos observaciones exegéticas, los dos grupos armonizan perfectamente. Estos cinco coros, según corresponda, se alinearían de esta manera: Tronos y Dominios, Poderes, Principados y Virtudes.

La jerarquía, entonces, se completa cuando agregamos, de acuerdo a un convenio general en la tradición, los serafines y querubines como el primer y segundo coro, y los arcángeles y ángeles como el coro más bajo o el octavo y el noveno.

  1. ¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

San Pablo se refirió a las experiencias personales, habiendo sido elevado al tercer cielo (cf. 2 Co 12, 2). Aunque fue una gracia especial, aún debemos escuchar su fuerte invitación a imitarlo: “Os exhorto, pues, a ser imitadores de mí… como yo soy de Cristo”. (1Cor 4,16; 11, 1; cf.2 Tes.3, 7). Debemos entender esto, no con respecto a las visiones, sino con respecto a su familiaridad con los santos ángeles. Por supuesto, todo es gracia, que Dios concede a quien Él elige, porque «de quien quiere tiene misericordia» (cf. Rm 9, 15-26). Por nuestra parte, lo miramos a Él y a los ángeles, y con humildad y confianza los llamamos a nuestras vidas.

 

    

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RB09

San Pablo y los santos ángeles

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Nuestro Santo Padre Benedicto XVI estableció un año especial, dedicado a San Pablo en conmemoración de su nacimiento hace 2000 años, y en honor a su “ejemplo de entrega total al Señor y a su Iglesia” (2 de julio de 2008). “El objetivo del Año Paulino (es) aprender de San Pablo, aprender la fe, aprender a Cristo y, finalmente, aprender el camino de la vida recta”. El papa inició ya “una nueva serie de catequesis encaminadas a comprender más profundamente el pensamiento de san Pablo y su permanente relevancia”.

Siguiendo su guía, queremos interrumpir nuestras meditaciones bíblicas sobre los ángeles y mirar a la persona de San Pablo. Ahora, dado que estamos llamados a imitar a Cristo especialmente desde el punto de vista de los santos ángeles, con su ayuda y según su ejemplo, consideraremos a San Pablo entre ángeles y demonios en vida y doctrina.

  1. «¿Qué pasa si un espíritu o un ángel le habla?»
  2. a) San Pablo, el fariseo

El Santo Padre preguntó: «¿Quién fue San Pablo?» y respondió: “En el templo de Jerusalén, ante la multitud frenética que quería matarlo, se presentó con estas palabras: ‘Soy judío, nacido en Tarso en Cilicia, pero criado en esta ciudad [Jerusalén] a los pies de Gamaliel, educado según la forma estricta de la ley de nuestros padres, celosos de Dios… ‘”. (Hechos 22, 3). Poco después, San Lucas reportó en los Hechos de los Apóstoles un detalle más: “Pero cuando Pablo percibió que una parte eran saduceos y los otros fariseos, gritó en el concilio: ‘Hermanos, soy un fariseo, un hijo de fariseos; con respecto a la esperanza y la resurrección de los muertos, estoy en juicio”. Calculó correctamente: Es decir, “cuando dijo esto, surgió una disensión entre los fariseos y los saduceos; y la asamblea se dividió. Porque los saduceos aseguraban que no había resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos reconocían todo lo anterior. Entonces surgió un gran clamor y algunos de los escribas del grupo de los fariseos se pusieron de pie y contendieron: ‘No encontramos nada malo en este hombre. ¿Y si le hablara un espíritu o un ángel?” (Hechos 23, 6-9)

b) Saulo confrontado con los ángeles

San Pablo era fariseo y, como tal, creía en la existencia de los ángeles. Creía en los numerosos testimonios de intervenciones angelicales en el Antiguo Testamento. Junto con Gamaliel, su maestro, creía (cf. Hch 5, 38-40) que Dios permanecía activo en la vida y la historia del pueblo elegido. Lo más probable es que hubiera oído hablar de la liberación milagrosa de los apóstoles de la prisión, según se informa, a través de un ángel (cf. Hechos 5, 16-25). Con su fe y celo por Dios, san Pablo fue testigo del gran testimonio de Esteban. Probablemente estaba entre los que “mirándolo (a Esteban)… vieron que su rostro era como el rostro de un ángel” (Hechos 6,15). Escuchó la acusación: “Tú que recibiste la ley como entregada por ángeles y no la cumpliste…” (Hechos 7, 52-53). Más tarde, San Pablo confesó esta verdad en la carta a los Gálatas 3,19: “¿La ley? Fue… ordenado por ángeles a través de un intermediario”. Esteban tuvo tiempo suficiente para dar su testimonio que debió desgarrar el corazón de Pablo: creía en los ángeles, quería hacer lo correcto y, sin embargo, cuando “echaron a Esteban de la ciudad y lo apedrearon;… Los testigos dejaron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo”. (Hechos 7,58), “Y Saulo consentía en su muerte” Hechos 8, 1; cf. Hechos 22, 20-21).

  1. «Celoso de Dios»

Es importante ver el celo religioso interior de san Pablo, porque la buena voluntad es la disposición necesaria para el cambio y la conversión por medio de la gracia de Dios: fue “Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros. Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres; como el sumo sacerdote también me es testigo, y todos los ancianos” (Hechos 22, 3-5). En la carta a los Filipenses se volvió a caracterizar como un celoso “perseguidor de la iglesia” y “sin mancha bajo la ley” (Fil 3, 6).

  1. a) Creencia en un ángel personal

Como todos sabemos, San Pedro fue liberado de la prisión por un ángel, de una manera muy especial. No importa si esto sucedió antes o después de la conversión de Pablo. Lo importante es que la narración testifica claramente la fuerte fe de los judíos en el ángel de la guarda. Es decir, cuando el ángel sacó a San Pedro de la prisión y luego lo dejó solo, fue a la casa donde la comunidad estaba reunida y oraba por él.

“Cuando tocó a la puerta de acceso, una doncella llamada Rhoda vino a responder. Al reconocer la voz de Pedro, en su alegría no abrió la puerta sino que entró corriendo y dijo que Pedro estaba parado en la puerta. Le dijeron: ‘Estás loca’. Pero ella insistió en que era así. Entonces en su entendimiento dijeron: “¡Es su ángel!” (Hechos 12, 13-15)

Ellos hubieran preferido creer que era «su ángel» en lugar de creer que efectivamente era el mismo Pedro, el que estaba en la puerta. Esta anécdota expresa bien la creencia general del Pueblo Elegido, al que pertenecía Pablo.

El mismo San Pablo confesó una vez esta creencia en el ángel de la guarda personal. De camino a Roma, “… como nos azotaron violentamente las tormentas, al día siguiente comenzaron a tirar la carga por la borda; y al tercer día sacaron con sus propias manos los aparejos del barco. Y cuando… por fin se abandonó toda esperanza de que fuéramos salvados… Entonces Pablo… dijo: ‘Hombres, deberían haberme escuchado, y no deberían haber zarpado de Creta para sufrir esta lesión y pérdida. Ahora les pido que se animen; porque no habrá pérdida de vidas entre ustedes, sino sólo del barco. Porque esta misma noche se paró a mi lado un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien adoro, y dijo: “No temas, Pablo; debes presentarte ante César; y he aquí que Dios te ha concedido a todos los que navegan contigo”. Así que, hombres, anímense, porque tengo fe en Dios que será exactamente como se me ha dicho” (Hechos 27, 18-25,39).

La fe de San Pablo se basa en el testimonio de otros y en la experiencia personal. Sin embargo, la última palabra se basa en el poder y la bondad de Dios (cf. Gálatas 1,18, 2, 1).

b) Llamado por un ángel

En otra ocasión, San Pablo comparte una experiencia, cuya explicación apunta razonablemente a la intervención de un ángel: “Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos.  Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio”. (Hechos 16, 9-10) Esto nos recuerda a San Pedro, quien por un ángel fue introducido en la misión hacia los no judíos (cf. Hch 10) o de Felipe, a quien el ángel le condujo hacia el eunuco etíope (cf. Hechos 8,26). Cornelius a Lapide comenta esta visión de Pablo de una manera muy lapidaria: “Esta visión fue un sueño de Dios, causado en la imaginación de Pablo por un ángel”. Incluso agrega: “Parece que este ángel era el guardián de los macedonios” (en Hechos 16, 9; Dan. 10,20; 12, 1). Para apoyar esto, señala que San Francisco Javier y otros fueron llamados de manera similar a la India y África. Los teólogos sostienen comúnmente que tal ayuda práctica viene a través de los ángeles (cf. Santo Tomás, Summa Theologiae, II-II, 171, a.3; 172, a.2 e 5-6).

Estos pocos ejemplos muestran cómo los santos ángeles fueron realmente parte de la vida de San Pablo. Podemos y debemos aprobar y afirmar con los fariseos que se opusieron, preguntando sobre San Pablo: «que si un espíritu le ha hablado, o un ángel, no resistamos a Dios”. (véase Hechos 23, 9).

3. San Pablo entre ángeles y demoniosa)

a) Elevado a los cielos

Otra referencia nos muestra a San Pablo elevado a las filas de los ángeles. Se refiere a sí mismo cuando habla de “un hombre en Cristo”, “que hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo, si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe. Y sé que este hombre fue arrebatado al Paraíso, no sé si en el cuerpo o fuera del cuerpo, Dios lo sabe, y escuchó cosas que no se pueden contar, que el hombre no puede pronunciar”.  (2 Cor 12, 2-4) Según Santo Tomás de Aquino, San Pablo fue elevado a la primera jerarquía de los ángeles donde pudo ver los misterios divinos “como los ángeles de esta jerarquía superior” (cf. En II Cor 12, lección 1; n. 454). Esta experiencia puede ser la base detrás de la rica teología expresada en la Carta a los Hebreos:

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”. (Hebreos 12, 22-24)

Por la gracia de Dios y por cuenta de su persecución pasada a la Iglesia, San Pablo siempre se mantuvo profundamente humilde. Cuando se refiere a sus gracias, agrega inmediatamente: «En nombre de este hombre me gloriaré, pero en mi propio favor no me gloriaré, excepto en mis debilidades». (2 Corintios 12, 5)

b) Echado al infierno

Mientras que, por un lado, se le concedió cierta familiaridad con los santos ángeles, por otro lado, no se libró de un cierto contacto con el diablo. Confesó abiertamente:

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.  Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”. (2 Corintios 12, 7-9)

Y otra vez:

Los falsos apóstoles son obreros engañosos que se transforman en apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, porque el mismo Satanás se transforma en ángel de luz. (2 Corintios 11,13-14)

Tales confrontaciones no infrecuentes con los ángeles caídos lo llevaron a escribir a los efesios esta exhortación:

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. (Efesios 6, 11-12)

Su vida, además, demostró su enseñanza. Por lo tanto, hacemos bien en leer atentamente sus cartas sin cambiar lo que dice. Con los santos ángeles él nos guía hacia Dios, nuestra meta.

  1. ¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

San Pablo es un gran ejemplo de sacerdote en su amor y celo por Dios, así como en su entrega total a su misión y al pueblo, lejos de cualquier forma de “asalariado” (Jn 10, 12). Ante todo oremos a él y pidamos su intercesión para que podamos crecer en la fe e imitarlo en su amor por Cristo. Entonces, a través de la meditación sobre la presencia de los santos ángeles en su vida, que nos encuentren abiertos a su luz, guía y ayuda. Cuanto más imitamos a Pablo en su humildad, más libertad tienen para actuar en nuestras vidas.

    

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RB08

“El ángel… se lo llevó de los cabellos a Babilonia” (Dan 14,36)

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Al final del libro de Daniel, con sus muchas referencias a los ángeles, especialmente a los Santos. Gabriel y Miguel, encontramos una intervención angelical especial en la vida del mismo Daniel. Se lee como un resumen de todo el libro. Revela su personalidad y los dones que recibió de Dios. Daniel manifiesta una vez más sus dones de sabiduría y consejo y se muestra a sí mismo como un gran confesor del único Dios verdadero que creó el cielo y la tierra. Su fidelidad fue probada una vez más, prácticamente hasta el martirio; voluntariamente hubiera preferido entregar su vida antes que renunciar a su fe en Dios. Al final dijo: “Me has tenido presente, oh Dios; No has abandonado a los que te aman” (Dan. 14,38). Veamos el “resumen” de este libro de ángeles del Antiguo Testamento.

  1. Otra prueba

Al igual que con los reyes anteriores (véase, por ejemplo, 6, 1; Circ. XIII, agosto de 2007), «Daniel era muy cercano al rey Ciro de Persia, quien lo respetaba más que a cualquiera de sus otros amigos». Sin embargo, mientras Daniel permanecía fiel solo a Yahvé, el rey veneraba y adoraba todos los días “un ídolo llamado Bel, al que se ofrecían cada día doce fanegas de flor de harina, cuarenta ovejas y seis medidas de vino” (v. 3). Daniel le dijo al rey: «No adoro a los ídolos hechos por manos humanas, (sino)… al Dios vivo que hizo el cielo y la tierra y que es Señor de todos los seres vivientes». El rey, sorprendido por esta actitud de Daniel, quiso encontrar la verdad. Daniel le mostró por medio de los dones recibidos de parte de Dios, la mentira de los setenta sacerdotes de Bel, “la puerta secreta por la cual ellos solían entrar y tomar lo que estaba sobre la mesa” (v. 21).

¡No es suficiente! Entonces había “un gran dragón que también adoraban los babilonios. El rey le dijo a Daniel: ‘¿Me vas a decir que este está hecho de bronce [como la estatua de Bel]? “Mira,… si este es un dios viviente; luego adórenlo”. Daniel respondió: “Adoraré al Señor mi Dios; Él es el Dios viviente. Con su permiso, su Majestad, sin usar espada ni garrote, mataré a este dragón. «Tiene mi permiso», dijo el rey. Entonces, Daniel tomó un poco de brea, un poco de grasa y un poco de cabello y los hirvió juntos, hizo bolas con la mezcla y se las dio al dragón; el dragón se los tragó y estalló. Daniel dijo: ‘¡Miren ahora qué tipo de cosas adoran!” (14, 23-27).

 

Ciro era una persona sincera y religiosa que buscaba servir al Dios real. En nuestra búsqueda de Dios, a menudo confiamos en el testimonio de otros. Aceptar y seguir las palabras de los demás es diferente al respeto humano. Así, el rey aceptó la prueba de Daniel contra su propia creencia y la de los babilonios. Pero “los babilonios estaban furiosos… presionaron al rey con tanta fuerza que se vio obligado a entregarles a Daniel. Arrojaron a Daniel al foso de los leones, y allí permaneció seis días. En el pozo había siete leones, a los que se les daban dos cuerpos humanos y dos ovejas cada día; pero durante este período no se les dio nada, para asegurarse de que se comieran a Daniel” (14, 28-32).

 

Sucedió, entonces, que “El día séptimo, vino el rey a llorar a Daniel; se acercó al foso, miró, y he aquí que Daniel estaba allí sentado. Entonces exclamó: «Grande eres, Señor, Dios de Daniel, y no hay otro Dios fuera de ti. » Luego mandó sacarle y echar allá a aquellos que habían querido perderle, los cuales fueron al instante devorados en su presencia.» (14, 40-42).

 

Ciro buscaba sinceramente la verdad, al Dios real. Estaba dispuesto a matar a quien lo hubiere engañado en este asunto. Sin embargo a pesar de, habérsele revelado la mentira de los sacerdotes de Bel, y de la muerte del dragón, el rey actuó con temor y entregó a Daniel a los babilonios. Pilato, a su vez, trataría a Jesús de manera similar, a pesar de que tenía cierta estima por Jesús, él dice: «¡He aquí el hombre!» con una especie de admiración: ¡Este es un hombre! Y sin embargo, bajo la presión de los demás, cedió y “entregó a Jesús a su voluntad” (Lc 23, 25).

  1. La inquebrantable fidelidad de Daniel a Dios

Daniel mostró no sólo justicia como Tobit, sino fidelidad inquebrantable a Dios, como Job: “En todo esto Job no pecó ni acusó a Dios de maldad” (Job 1,22).

a) la santidad de Daniel

Él se negó a adorar a cualquier ídolo, como la estatua de Bel, Daniel adoró solo al Dios Único de Israel, sin permitir otro a Su lado: “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. ‘No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éx 20, 2-3).

No comprometió su amor a Dios por respeto humano, por preocupación por lo que otros pudieran pensar: “Cuidado con practicar tu piedad ante los hombres para ser visto por ellos; porque entonces no tendrás recompensa de tu Padre que está en los cielos.… Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro». (Mt 6, 1,24)

No temía los sufrimientos y persecuciones que Jesús predijo que les ocurriría a todos sus discípulos (como a todos los santos, cf. Jn 16, 19-25; 16, 1-4). De hecho, los babilonios lo arrojaron al foso de los leones. Su amor por Dios era más fuerte que cualquier otra preocupación. Dio testimonio de una fe profunda. Confesó abiertamente su confianza en Dios. “Adoro al Dios vivo que hizo los cielos y la tierra y que es señor de todos los seres vivientes” (14, 5). “Adoraré al Señor mi Dios; Él es el Dios vivo” (14,25).

Él entregó su nada con confianza en las manos del Dios todopoderoso: ¡Yo no soy nada, pero Dios está conmigo (cf. Jer 1)! San Pablo luego expresa diciendo: “Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. Me he hecho un necio al gloriarme; vosotros me obligasteis a ello, pues yo debía ser alabado por vosotros; porque en nada he sido menos que aquellos grandes apóstoles, aunque nada soy” (2 Co 12, 10-11). Esto es lo que Dios espera y premia con Su amoroso cuidado:

Este pobre clamó, y el Señor lo escuchó y lo salvó de todas sus angustias. El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen y los libra. ¡Probad y ved que el Señor es bueno! (Sal 34, 6-8)

Y otro:

Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. (Lc 12, 8-9; cf.9,26)

Daniel confesó su fe en el Dios Único de Israel, y con ese acto ganó para Dios el corazón de Ciro. Dios le envió ayuda a través de un ángel.

b) la respuesta de Dios a través de la intervención del ángel

Mientras Daniel estaba en paz con los leones, “el ángel del Señor le habló (Habacuc): ‘Toma la comida que llevas a Babilonia y dásela a Daniel en el foso de los leones’. «Señor», respondió Habacuc, «ni siquiera he visto a Babilonia y no sé nada acerca de este foso». El ángel del Señor lo agarró por la cabeza y se lo llevó por los cabellos a Babilonia, donde, con un gran soplo de aliento, dejó a Habacuc al borde del foso. «Daniel, Daniel», gritó Habacuc, «toma la comida que Dios te ha enviado». … Poniéndose de pie, comió la comida, mientras el ángel de Dios llevó a Habacuc de regreso, en un momento, a su propio país” (14, 34-37,39).

Dios no perdió de vista a Daniel. La fidelidad de Daniel movió a Dios a dar orden a su ángel, para que Daniel pudiera confesar una vez más a Dios ante el hombre, ante Ciro. “Daniel dijo: ‘Oh Dios, me has tenido presente; No has abandonado a los que te aman” (v. 38).

Este “ángel del Señor” aquí puede o no haber sido el mismo ángel que aparece una y otra vez en la vida de Daniel. El ángel no interviene unilateralmente. Acude al profeta Habacuc en la patria de Judá y solicita su ayuda. El profeta es un colaborador humano en una misión angelical y un testigo de la asistencia divina que le brindó a Daniel, porque por si solo, Habacuc no podía hacer nada por Daniel, que estaba a cientos de millas de distancia. El ángel lo tomó por el cabello y lo llevó de un lado a otro entre Judá y Babilonia.

Ya era en sí misma una intervención milagrosa para evitar que esos leones hambrientos devoraran a Daniel. Las Escrituras ni siquiera mencionan esto directamente, sino solo el hecho de la salvación de Daniel y la subsecuente descripción gráfica de cómo los leones devoraron vorazmente a los enemigos de Daniel, quienes por su traición fueron arrojados al pozo. Puede parecer extraño que Dios se molestara en proporcionarle comida a Daniel, pero recuerden que él ya había estado en el foso de los leones durante siete días. Dios provee las necesidades de la vida de Sus fieles amigos a través de los santos ángeles. Él no debe quedarse atrás en fidelidad.

  1. Ejemplos que debemos seguir
    a) Podemos identificarnos fácilmente con cada uno de los tres protagonistas: Daniel, Habacuc y el ángel. Daniel es el siervo fiel de la comunidad, expuesto a las maquinaciones de un mundo en desacuerdo con la piedad. Habacuc también es un santo profeta transparente que ha puesto toda su esperanza en Dios y, por lo tanto, es un ministro dócil listo para ser utilizado. En su sobrenaturalidad, está abierto y receptivo a la venida del ángel. El “ángel del Señor” es también nuestro claro modelo, permaneciendo fielmente en la presencia de Dios y ejecutando Su voluntad.

b) Pero también podemos reflexionar sobre Ciro y su destino: Ciro, el líder del pueblo, busca la verdad, a Dios. Fue fácilmente engañado por sus traidores sirvientes, pero sinceramente buscó a Dios. Si Daniel no hubiera estado allí llevando una vida santa y dando heroico testimonio de nuestro Señor, Ciro no habría descubierto la luz del Dios verdadero, no podría haber cumplido su destino de ser un prototipo de Cristo como el Siervo del Señor.

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

¡Qué ejemplos alentadores! Cuando nos mantenemos fieles a Dios, tenemos al Todopoderoso «detrás» de nosotros. Nuestra debilidad no cuenta: damos testimonio de Dios, y otros, si son sinceros, lo encontrarán. Cuanto más hablemos de Dios y entre más queramos llevar las almas a Su Corazón, más debemos reconocer nuestra propia insignificancia: “¡Él debe crecer, yo debo disminuir!”.

Sabiendo esto, podemos animarnos a enseñar a los fieles y compartir con ellos aquellas verdades de la fe que, aunque despreciadas por los mundanos, son una luz salvífica para los sinceros de corazón. Tomemos, por ejemplo, el documento Dominus Jesus del año 2000 o Humanae vitae publicado hace 40 años.

    

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Ayuda angelical para revelar el Misterio del Lugar Santísimo

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

El 29 de septiembre celebramos la fiesta de los tres arcángeles, San Miguel, San Gabriel y San Rafael. La oración de apertura de esta misa, revela que la Iglesia realmente implora la ayuda de todos los santos ángeles en este día: «Oh Dios… concédenos que nuestra vida en la tierra sea defendida por aquellos que nos cuidan mientras ministran perpetuamente ante ti en el cielo». Evidentemente, su ministerio celestial está estrechamente vinculado a su ministerio en la tierra. Hoy queremos reflexionar sobre esta colaboración de los serafines y querubines junto a los arcángeles en la economía divina. En este esfuerzo, proponemos dilucidar ciertos aspectos de los Libros Sagrados de la Antigua Alianza. En particular, queremos reflexionar sobre el misterio del Templo.

El «Lugar Santísimo» era el santuario interior del antiguo templo judío, el lugar donde habitaba el «Altísimo». Fue fundamental para el sistema de sacrificios judío y, por lo tanto, para el Pacto Mosaico. Dado que el hebreo antiguo no tenía superlativos, los autores sagrados no se refirieron a este lugar como el «Lugar Santísimo», sino que utilizaron el término más ambiguo, el «Santo de los Santos» o «Lugar Santísimo». La propia riqueza de este término, «Lugar Santísimo», es precisamente lo que se necesita para llevarnos a las profundidades de la realidad que indica.

 

Textos seleccionados de los libros de Isaías, Daniel y Ezequiel nos han brindado una comprensión profunda del papel que tienen los espíritus celestiales en el plan divino de salvación.

La contribución de los serafines

Comencemos con el profeta Isaías. En el capítulo 6, Isaías tiene una visión increíble de los serafines adorando a Dios en el templo celestial. El texto dice:

En el año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado en un trono alto y sublime; y sus faldas llenaron el templo. Por encima de él estaban los serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían su rostro, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y uno llamó a otro y dijo: «Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria». (Isaías 6: 1-3)

Antes de profundizar en lo que el texto nos revela sobre el Templo, queremos explorar lo que los Serafines pueden enseñarnos sobre la conducta adecuada ante Dios.

Lo primero que podemos aprender de los serafines es la humildad y la reverencia. El hecho de que los serafines tuvieran dos de sus alas cubriendo sus rostros significa que, aunque están en la presencia de Dios, es necesario, sin embargo, protegerse los ojos mientras miran al Señor. El simbolismo de esto debería enseñarnos, que si los poderosos serafines tienen una reverencia tan inmensa por Dios, sí es cierto que él es nuestro hermano y nuestro amigo, ¿no deberíamos nosotros también cultivar una actitud habitual de reverencia por nuestro Señor Jesús encarnado? Debemos sentirnos cómodos en nuestra relación mutua y amorosa con él, ¡pero esto debe mantenerse en tensión con el hecho de que él es Dios! Y como Dios, le debemos tener la mayor reverencia.

En segundo lugar, cubrirse los pies con otro par de alas también nos dice algo sobre la humildad. Nuestros pies son los que siempre tienen contacto con el suelo. En consecuencia, se ensucian. Son imágenes simbólicas sobre nuestra necesidad de purificación. El lavamiento de los pies en el Evangelio es una alusión a nuestra necesidad de ser limpiados del pecado. Si los serafines, que no tienen pecado, se cubren los pies ante el Señor, ¡cuánto más humildes deberíamos ser al reconocernos como pecadores ante nuestro Señor y Salvador!

Con respecto al misterio del Templo, Isaías 6,1 habla sobre una visión en la que el Señor está sentado en un trono y la orla de su manto llenaba el Templo. Esto fusiona dos poderosos atributos. El templo del Señor y el palacio del Señor son una misma cosa. El lugar donde se encuentra el trono es en un palacio, y el texto nos dice explícitamente que estamos en el Templo. Cualquier judío habría reconocido que a Isaías se le concedió una visión en el celestial Lugar Santísimo, la morada de Dios. Lo que esto nos dice es que el celestial Lugar Santísimo es al mismo tiempo, por un lado un lugar de adoración, y por el otro, un lugar de ley o justicia. Significa que la adoración y la justicia son dos atributos clave del Lugar Santísimo.

Otro punto esclarecedor sobre la visión de Isaías es el carbón ardiendo. El texto dice: “Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado”. (Isaías 6,6-7)

La razón por la que los serafines hicieron esto fue porque Isaías estaba aterrorizado. Había visto al Señor de los ejércitos, pero era hombre de labios inmundos; era un pecador.

Isaías estaba en una condición de impureza. En la tradición bíblica del Antiguo Testamento, había tres estados: inmundo o profano, limpio o purificado y santo. Si una persona era impura, no era posible que fuera santificada o hecha santa; primero tenía que ser purificada. Entonces, una vez era purificada, podía ser santificada. El carbón que usan los serafines para tocar los labios de Isaías lo purifica, pero no lo santifica. Sin embargo, dado que Isaías está purificado, ahora se encuentra en un estado en el que puede ser santificado.

Una persona se vuelve santa cuando es ungida, bendecida o santificada a través de algún otro medio similar a la unción. Ser santo significa recibir la presencia divina, es decir, participar de la santidad de Dios y también poder comunicar la santidad a los demás. Isaías es santificado cuando es comisionado por Dios, «y oí la voz del Señor que decía: ‘¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?’ Entonces dije: ‘¡Aquí estoy! Envíame a mí’ (Isaías 6,8). Isaías es santificado para ser profeta y profetizar acerca de la venida del Mesías.

En la Antigua Alianza, había tres oficios para los cuales se usaba la unción con el fin de hacer a alguien santo. Eran los oficios de sacerdote, profeta y rey. Aquel que era santificado por la unción, recibía poder para comunicar la presencia divina a otros. El ejemplo por excelencia de esto, fue lo sucediendo en el Antiguo Pacto, con la unción del Rey David. En el primer libro de Samuel leemos cómo el Espíritu Santo se precipitó sobre él después de que fue ungido. David recibió la presencia de Dios. Participó de la santidad de Dios y recibió el poder de comunicar esa santidad a su pueblo.

Como se dijo anteriormente, la misión de Isaías era la de profetizar acerca de la venida del Mesías de Dios. Podemos deducir que Isaías habla del Mesías, porque Mesías significa ungido. Esto se demuestra en el capítulo 9 de Isaías, donde habla de la venida del Hijo de David. El Hijo de David será el rey de Israel y los reyes de Israel siempre fueron ungidos. Y, como se dijo anteriormente, cuando uno es ungido, es también santificado; de modo que el ungido, de quien Isaías profetiza, también se llama el Santo de Dios. Por lo tanto, el Mesías (o el ungido) también fue referido como el «Santo de Dios».

La misión de Isaías de profetizar acerca de la venida del Santo de Dios es importante. El Mesías de Dios o el Santo es un concepto clave para ayudarnos a descubrir más el misterio del Templo.

¿Quién es este «Santo»? ¿Y qué lo distingue de otros santos? Ves, Isaías era santo; el rey David era santo, al igual que otros héroes de la Antigua Alianza. ¡En Isaías 9,6 tenemos una respuesta profunda! Isaías lo llama Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz. Estos títulos no son simplemente nombres para este ungido, sino que identifican quién es y qué es.

El gran consejero del pasado de Israel fue el rey Salomón. Salomón fue el sabio consejero o abogado, como es bien sabido por su capacidad de determinar qué ramera era la verdadera madre del niño en 1 Reyes 3,16-28. Entonces este «Santo» es un nuevo Salomón. ¡Pero también tiene los epítetos de Dios Fuerte y Padre Eterno! Entonces este Santo también es divino. Y por último se le llama Príncipe de la Paz. Este título también es salomónico, porque el nombre de Salomón significa paz. Su nombre en hebreo era Salomón. Y como todos sabemos, shalom significa paz en hebreo. ¡Así que este «Santo» es el hijo de David y también es divino! Esto significa que no sólo es el «Santo» de Dios, sino que es el «Santísimo» de Dios.

La contribución de San Gabriel

Como hemos aprendido anteriormente, se habrían referido a este «Santísimo» como el «Lugar Santísimo». Y sorprendentemente, el profeta Daniel se refiere a la unción de un Lugar Santísimo, (Dn 9,24-26). Parafraseando, el arcángel Gabriel le explica que: Pasarán setenta semanas de años hasta que sea ungido y cortado un “Santo de los Santos”. Bueno, el término “Santo de los Santos”, para un antiguo israelita, se habría referido al Lugar Santísimo en el Templo. Sin embargo, también es cierto que los antiguos israelitas estaban muy familiarizados con una persona que era la encarnación del Lugar Santísimo del Templo. ¡Esa persona era el Sumo Sacerdote! Las vestimentas que usaba el Sumo Sacerdote en el «Día de la Expiación» fueron diseñadas con la misma ornamentación del “Santo de los Santos”, en el templo, en el velo que lo cubría. Y así, los israelitas veían en el Sumo Sacerdote, la encarnación del Lugar Santísimo del Templo.

Entonces, cuando el arcángel Gabriel habla de la unción de un Lugar Santísimo que sería cortado, podría referirse a un hombre, al Templo, o a ambos. El hecho de que se entendiera al Sumo Sacerdote como la encarnación del Lugar Santísimo, arroja luz sobre las misteriosas palabras de Jesús en Juan 2,19. Allí, nuestro Señor dice: «Destruye este templo y en tres días lo levantaré». En Juan 2,21 el evangelista agrega: «Pero él habló del templo de su cuerpo». En Juan 19 leemos el relato de cómo este «Lugar Santísimo» fue «cortado» en el relato de la crucifixión.

Pero Jesús no fue el único Santo de los Santos, interrumpido a esa hora. Mateo 27,51 nos dice que cuando Jesús entregó su Espíritu, «la cortina del templo se rasgó en dos, de arriba hacia abajo». Con la cortina rasgada en dos, el Lugar Santísimo quedó expuesto, el templo quedó profanado y destruido, desde el punto de vista teológico, imposibilitado para ser un lugar digno para el sacrificio. ¡A partir de ese momento, el Lugar Santísimo del templo ya no era el sitio donde habitaba la presencia de Dios! Había sido cortado. Por lo tanto, el sistema de sacrificios del Antiguo Pacto dejó de tener algún valor a los ojos de Dios. Siendo este sistema de sacrificios, la esencia de la Antigua Alianza encarnada en el Templo, y habiendo sido cortado, también significa que la Antigua Alianza se había cumplido en el misterio pascual de Jesús.

De esta forma, San Gabriel nos ha llevado por la gran transición de entender el «Lugar Santísimo», como una morada de Dios hecha de piedra, a ser una morada de Dios no hecha por manos, refiriéndose al «templo de su cuerpo». El cuerpo de Jesús es el verdadero Lugar Santísimo. Pero otro gran misterio se revela en la crucifixión de Jesús. Juan 19,34 dice: «Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua».

Para ayudarnos a comprender el significado de esto, debemos recordar el triple significado del templo, que se desarrolló gradualmente en la tradición de la Antigua Alianza. Un templo, por supuesto, es un templo, ante todo, porque es el lugar donde habita Dios. Tanto la tradición judía como las Escrituras de la Antigua Alianza les permitieron comprender que el Templo era un microcosmos y el mundo un macro templo. El Edén se muestra como el primordial santuario de Dios, el primordial Lugar Santísimo, el lugar donde Dios habitó con el hombre y, por lo tanto, entendemos el mundo como un macro templo. El Templo Salomónico se entendía como el lugar donde estaba la presencia de Dios y, por tanto, como un pequeño Edén, un microcosmos. El Sumo Sacerdote es la encarnación del Lugar Santísimo, como se mencionó anteriormente, así culmina nuestro triple entendimiento del templo: 1) como hombre, 2) como el templo de piedra, y 3) como el mundo. En resumen, todos son una unidad en la medida en que cada uno es el «lugar» donde habita Dios.

Además, del Edén, el primordial Lugar Santísimo, fluía el río de la vida, el Gihón, este se ramificó en otros cuatro ríos, vivificando así el planeta entero con el agua que da vida, que fluye del primordial Lugar Santísimo, el Edén. En resumen, del templo del Edén fluía agua viva.

Es más, durante la Pascua, según la antigua tradición judía, se sacrificaban muchos corderos y luego se tomaba la sangre y se derramaba sobre el altar; era necesario tener un elaborado sistema de drenaje que iba desde el altar hacia el exterior, a través del lado del templo. Usaban grandes cantidades de agua para lavar la sangre y, por lo tanto, lo que uno veía fluir desde el costado del templo durante la Pascua era un río de sangre y agua.

Entonces vemos agua que fluye del Edén; vemos agua y sangre fluyendo del costado del templo judío y vemos agua y sangre fluyendo del costado de Cristo. El agua y la sangre que fluía del templo judío, era simplemente un símbolo tipológico de las aguas vivas que fluirían del templo escatológico profetizado por los profetas. Ese templo escatológico ahora entendemos es el Cuerpo de Cristo y el río de agua viva se identifica con el Espíritu Santo, como vemos en Juan 7,39.

La Iglesia nos enseña que el agua y la sangre que fluyen del costado de Cristo representan los sacramentos del bautismo y la eucaristía. A través del bautismo somos hechos parte del Cuerpo Místico de Cristo. Somos hechos parte del Templo. Entonces, el significado de Juan 19,34, para nuestro propósito aquí, es que ¡somos hechos parte del templo!

Pero, ¿de qué parte del templo estamos hablando? Apocalipsis 21 nos da la respuesta. Allí San Juan nos dice que la Nueva Jerusalén, la ciudad santa, desciende del cielo como una novia adornada para su esposo. Más tarde, el ángel le dice que mida la ciudad santa y sus medidas son las de un cubo perfecto. La única estructura de forma cúbica que existía con algún significado teológico para los judíos antiguos era el Lugar Santísimo del Templo. Bueno, somos parte del Templo. Entonces participamos en la vida de Cristo como el Santo de los Santos, en comunión con él.

Contribución de los querubines

Esto nos lleva de regreso a la visión del profeta Ezequiel, en donde él tiene una visión de cuatro querubines. Ezequiel 1.

Mientras miraba, he aquí, un viento tormentoso venía del norte, y una gran nube, con resplandor a su alrededor… Y de en medio de ella salió la imagen de cuatro seres vivientes… En cuanto a la semejanza de sus rostros, cada uno tenía el rostro de un hombre al frente; los cuatro tenían cara de león en el lado derecho, los cuatro tenían cara de buey en el lado izquierdo y los cuatro tenían cara de águila en la espalda. (Ez 1,4-5; 10)

Aquí es donde el conocimiento del Templo de la Antigua Alianza nos ayuda a comprender lo que los querubines le están mostrando a Ezequiel.

¿Cuál es el significado de los cuatro querubines? Solo había un lugar donde había cuatro querubines. En el Templo que construyó Salomón, Salomón ordenó que se colocaran dos querubines en el Lugar Santísimo, con sus alas extendidas para que cubrieran el Arca de la Alianza, que estaba colocada en el Lugar Santísimo. En la cubierta del arca había dos querubines más. Entonces, cualquier judío habría reconocido por esto, que la visión de Ezequiel era una visión del Lugar Santísimo, que en sí mismo era un tipo profético del verdadero Lugar Santísimo celestial.

Pero la descripción de los querubines también ilumina el significado de la visión y una verdad importante sobre uno de los aspectos del Lugar Santísimo. Se describe que los querubines de Ezequiel tienen alas y ruedas. Esto indica simbólicamente que Dios podía moverse sin esfuerzo e instantáneamente a través de los cielos, por las alas y por medio de las ruedas en la tierra. Otro elemento importante es que la antigua tradición judía veía a estos querubines como carros de querubines de Dios.

Bueno, ¿para qué se usan los carros? Los carros son, por supuesto, maquinaciones de guerra. «El Señor es un guerrero; Señor es su nombre» (Ex 15,3); y así vemos que el carro es un símbolo del combate militar. Por ejemplo, fueron el Faraón, sus carros y sus aurigas los que se ahogaron en las aguas que regresaban del Mar Rojo. Esto nos enseña que la visión de Ezequiel asomándose al Lugar Santísimo, viendo el carro de querubines del Señor, Dios de los Ejércitos, revela un elemento militar del Lugar Santísimo.

Podemos ver en esta visión una visión de la Iglesia militante. Jesús es el verdadero Lugar Santísimo. Nos convertimos en parte de este Lugar Santísimo a través del bautismo y somos sostenidos y nutridos a través de la Sagrada Eucaristía. La eucaristía nos da los medios para crecer y desarrollarnos en la plenitud del Lugar Santísimo, Cristo. Recibimos el agua viva, el Espíritu Santo, en la eucaristía; un agua viva que brota para la vida eterna.

Esta visión revela una parte importante de la espiritualidad de la OA; el del combate espiritual. Somos parte de la Iglesia Militante y estamos llamados a las armas con los santos ángeles para la gloria de Dios y la edificación de la santa Iglesia. Esta visión de Ezequiel nos ayuda a ver que no luchamos solos. Luchamos con el poder de Dios y la ayuda de las Huestes del Cielo. Esto es algo maravilloso para meditar, a fin de ganar valor a través de una mayor comprensión.

Hemos penetrado más profundamente en el misterio del Templo al profundizar nuestra comprensión en tres áreas: adoración, justicia y combate espiritual. La adoración es posible a través del bautismo y la eucaristía, en su esencia es la entrega de nosotros mismos a Dios en amor. Es a través de la misericordia de Dios que nos elevamos al nivel del Amor Divino, para poder hacer de nosotros mismos un regalo a través del culto.

Podemos decir con razón, entonces, que la misericordia y la justicia se han encontrado, porque la justicia de Dios requiere que nos entreguemos completamente a él, a cambio de su completa entrega a nosotros. Esta entrega de nosotros mismos a Dios no se hace de forma aislada, sino como un acto de comunión con todos nuestros hermanos que luchan por la salvación de las almas. Así nos revelamos como el Lugar Santísimo de Dios en la misericordia (adoración), la justicia y el combate espiritual.

    

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RB07

"El ángel de Dios recibirá la sentencia de él" (Dan 13,55)

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

El don de la sabiduría infundida o dada por Dios a Daniel, fue probada en otra ocasión. Dos ancianos y jueces maliciosos acusaron y condenaron falsamente a la mujer inocente, Susana. Cuando la gente ya iba camino a apedrear a Susana, Daniel alzó la voz. Señaló que habían procedido incorrectamente ya que estaban condenando a alguien sin un claro examen. Regresaron y quisieron escucharlo. Con una simple pregunta acerca de en dónde ocurrió el supuesto pecado, hizo que estos hombres lujuriosos revelaran su mentira. Y Daniel dijo al primero como al segundo: «Verdaderamente te has condenado con esta mentira, pues ya el ángel de Dios ha recibido de él la sentencia y viene a partirte por medio»; y al segundo, dijo: “Tú también has mentido, para mal tuyo: el ángel del Señor ya está esperando, espada en mano, para partirte por el medio y acabar con ustedes». (Dan 13,55 y 59). De esta manera, la mujer inocente no fue apedreada, sino que el pueblo infligió a los dos ancianos “muerte para cumplir la ley de Moisés y ese día se salvó una vida inocente» (v. 62).

  1. Dios despertó el santo espíritu en un joven llamado Daniel.

Susana, “una mujer muy hermosa y temerosa de Dios” (Dan. 13, 2), fue acusada falsamente de adulterio. En su inocencia se volvió hacia Dios y “clamó en voz alta: ‘Oh Dios eterno, tú sabes lo que está oculto y estás al tanto de todas las cosas antes de que sucedan: tú sabes que han testificado falsamente contra mí. Aquí estoy a punto de morir, aunque no he hecho ninguna de las cosas que me han acusado estos malvados. El Señor escuchó su oración” (13, 43-44).

a) Las piernas cortas de las mentiras

“Dios despertó el santo espíritu de un joven llamado Daniel, y clamó en voz alta: ‘No participaré en la muerte de esta mujer’. … y continuó: ‘¡Son tan tontos, israelitas!, para condenar a una mujer de Israel sin examen y sin pruebas claras’. (Versos 45, 48). La gente aceptó su intervención y le dio la posibilidad de tomar el caso en sus manos. Los separó y preguntó a cada uno bajo qué árbol la habían encontrado. Señalaron dos árboles diferentes, y todos comprendieron de inmediato que habían mentido. Aquí entra entonces la referencia al santo ángel.

Daniel le dijo al primero: “Tu excelente mentira te ha costado la cabeza, porque el ángel de Dios recibirá la sentencia de Él y te partirá en dos”. Y de manera similar dijo “al otro ‘la belleza te ha seducido, la lujuria ha subvertido tu conciencia’. (Y) ‘Tu hermosa mentira te ha costado también tu cabeza,… porque el ángel de Dios espera con una espada para cortarlos en dos y acabar con los ustedes.

b) La profundidad del pecado de la lujuria

Estos ancianos eran ese año los jueces del pueblo. Su tarea no los liberó de las tentaciones, pero las tentaciones y el pecado siguen siendo dos mundos diferentes. Algunas personas están protegidas por su tarea, se avergüenzan dado que el público les observa. Otros viven bajo la presunción de que la gente los considera especiales, maduros, dignos de ese puesto y por lo tanto no creerían si alguien los acusara de alguna falta; por lo tanto, les importa menos y caen con facilidad a pesar de su posición. Esto fue lo que les pasó a esos dos hombres. No solo fueron tentados, sino que se pusieron de acuerdo, primero interiormente, respecto a su intención, luego en la planificación y posteriormente en la ejecución, finalmente procedieron a poner en práctica el pecaminoso plan. Aun eso no es todo, los dos persistieron en su intención de pecar, llevándoles a cometer dos pecados más: por un lado no se avergonzaron de mentir y encubrir su mala intención, y por otro estaban incluso dispuestos a permitir su muerte. La gravedad de su comportamiento no sorprende si escuchamos la acusación de Daniel: “Tú dictabas sentencias injustas, condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, cuando el Señor ha dicho: «No harás morir al inocente justo».» (vv. 52-53).

c) La frescura de la juventud

En esta situación, Dios se dirigió a la juventud, a “un joven llamado Daniel” para despertar a la gente y mostrarles la insensatez de sus acciones: “¡Son ustedes tan necios, oh israelitas!”. Es cierto que con los años ganamos experiencia de vida, construimos nuestras propias experiencias, conocemos infinidad de personas y, especialmente como sacerdotes, compartimos muchas situaciones diferentes de la vida. Por tanto, la edad hace que el hombre sea más cuidadoso. Sin embargo, no siempre es la prudencia lo que nos hace más silenciosos, también puede ser la pérdida del entusiasmo o incluso el desánimo por la experiencia de la propia debilidad humana. El testimonio y el coraje de Daniel que gritó: «¡Detente, date la vuelta!» debe llamar nuestra atención.

  1. Valores angelicales

Camino a la ejecución de la casta mujer, Daniel se puso de pie y gritó en voz alta: «No participaré en la muerte de esta mujer». (v. 46). Nuestro interés especial es entonces, la confesión de la fe de Daniel. Podríamos creer que esa era la fe común en Israel. Daniel dijo a cada uno de los dos ancianos, después de haber manifestado su mentira: “«Verdaderamente te has condenado con esta mentira, pues ya el ángel de Dios ha recibido de él la sentencia y viene a partirte por medio.», ««Tú también has mentido, para mal tuyo: el ángel del Señor ya está esperando, espada en mano, para partirte por el medio y acabar con ustedes.» (v. 55 y 59)

Esta maravillosa ayuda de Dios con respecto a la mujer inocente y el testimonio de Daniel, nos revela varios valores a los ojos de los ángeles.

  • La primera lección trata sobre el valor de la oración: Susana se volvió a Dios en su inocencia; ella no pidió nada especial, sino que se colocó ante Su omnisciencia. ¡La confianza en la oración llama la atención y la respuesta de DIOS!
  • La segunda lección es sobre la obediencia de los ángeles: reciben la orden de Dios. Como podemos observar, no preguntan por qué Dios quiere algo de ellos, no cuestionan a Dios ni ponen la palabra de Dios ante el tribunal de su mente. Cumplen la voluntad de Dios con la profunda convicción de que la orden que Dios da siempre es correcta, bien elegida y la mejor. No hay nada más imprudente que querer corregir a Dios. En este sentido, después del amor, la obediencia es la primera y más meritoria virtud. Lo vemos en la vida y pasión de Cristo (cf. Jn 5, 19ss; Lc 22, 42 y 23, 46); en el ejemplo de la Virgen (cf. Lc 1,38). Lo vemos aquí con los ángeles y el padre de la vida religiosa en Occidente, San Benito. Enseña algunas características de la obediencia que se deben incluir: “sin dudarlo”, “con corazón gozoso”, “animado por el deseo de la vida eterna” (cf. Regla de San Benito, cap. 5; cf. Capítulo 4: “Haz nada en preferencia al amor de Cristo”).
  • Una tercera lección es, sin duda, la estima de la castidad: el grito de un alma pura penetra en el cielo y lo lleva a la tierra. ¡No esperó Dios con la Encarnación y Su obra redentora el nacimiento de la Virgen Inmaculada! Susana defendió su pureza incluso bajo el precio de la muerte. La castidad nos hace, y esto no solo en nuestros días, como vemos aquí, ser extraños en este mundo («están en el mundo… y el mundo los ha odiado porque no son del mundo» Jn 17,11 ,14). La castidad puede incluso convertirse en la causa por la cual tenemos que dejar el mundo, el mundo no como creación, sino como enemigo de Dios (cf. 1 Co 2, 12).
  • El enfrentamiento de Susana con estos ancianos apunta también a la castidad interior o espiritual, a la pureza de corazón (emociones), y aún más a una “mente limpia”, a pensamientos rectos e intenciones puras. Dios quiere la integridad y la veracidad de una persona. Aquí está la pureza donde ángel y hombre se encuentran y se entienden.

• Esta pureza mantiene a una criatura tan unida a Dios, que la ejecución de una sentencia Suya, es para tal siervo de Dios una contribución a la glorificación del Eterno. Donde el mal desaparece, resplandece más brillantemente la infinita majestad y belleza de Dios. Esto es lo que ya vimos antes en la liberación de Israel de Egipto (cf. Ex 22, 20-23; 7-14; Jos 5-6) y lo volveremos a ver en el Nuevo Testamento (cf. p. Ej. Hechos 12, 22-23: Cuando el pueblo quiso darle a un hombre el honor que está reservado a Dios, “inmediatamente un ángel del Señor hirió [a ese hombre, Herodes] porque él [como el pueblo] no le dio a Dios la gloria; y fue devorado por gusanos y murió”. Véase también Hechos 5, 1-11).

  1. ¿Y la misericordia de Dios?

Los siguientes son dos puntos más que podríamos recordar para fortalecer nuestra fe y esperanza en la presencia de Dios en nuestra vida y en la asistencia y ayuda de los santos ángeles:

El primero se refiere a la misión general de los ángeles. Dios los ha designado para que sean los administradores de todas las criaturas debajo de ellos, o como ayudantes de su amor providencial y cuidado paternal por el mundo. P. John Hardon nos dice en sus hermosas y muy ricas Meditaciones sobre los Ángeles (Bardstown, KY, 2006, 113-114): “Lo que no nos atrevemos a olvidar es que los ángeles son los agentes ordinarios usados ​​por Dios para proteger y liberar a Sus fieles siervos de las maquinaciones de hombres malvados inspirados por el espíritu maligno. … Los ángeles tienen una influencia fenomenal sobre las fuerzas de la naturaleza, ya sean humanas o materiales. Ejercen esta influencia constantemente para nuestro beneficio”. Y, «Los ángeles buenos también son usados ​​por el Señor para destruir a los enemigos de los siervos de Dios».

Esta misión llega a su fin en la cosecha final porque ellos “sirven a Su juicio” (CCC 333): “Así como la cizaña se recoge y se quema con el fuego, así será al final de la era. El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y ellos recogerán de su reino todas las causas del pecado y todos los malhechores, y los arrojarán al horno de fuego; allí los hombres llorarán y rechinarán los dientes” (Mt 13, 40-42).

¿Y la misericordia de Dios? Un cierto paralelo en la vida de Jesús nos da la respuesta clara a esta importante pregunta: “Los escribas y los fariseos” llevaron a Jesús a una “mujer sorprendida en adulterio” (Jn 8, 3). ¿Por qué Jesús aquí, no llamó a los ángeles y la mató? Porque Jesús encontró arrepentimiento, pero en el caso de los dos ancianos, vemos su terquedad en sus faltas. Ellos mismos no permitieron que la misericordia de Dios los salvara.

  1. ¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Es hermoso que Dios nos haya dado ejemplos como Susana y Daniel, en situaciones tan similares a la nuestra. Dios ayudó a su pueblo inocente a través de Daniel y los santos ángeles. Los sacerdotes somos, como los santos ángeles y como Daniel, instrumentos de Dios, instrumentos de amor y de justicia. Que aquellos que ya alcanzaron la meta eterna nos ayuden a que siempre podamos reconocer claramente la voluntad de Dios y cumplirla con la precisión angelical. Entonces podemos confiar en que encontraremos no solo oposición desde la falsedad de este mundo y del “padre de la mentira” (Jn 8, 44), sino mucho más, encontraremos lo que Daniel cosechó: “Toda la asamblea clamó en voz alta, bendiciendo a Dios que salva a los que en él esperan” (Dan. 13,60).

    

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RB06

Miguel, el gran príncipe, a cargo de tu pueblo

(Dan 12, 1)

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

En la última carta nos vimos inducidos a reflexionar sobre algunas consideraciones filosóficas. La siguiente referencia a los santos ángeles en las Escrituras, aún en el libro del profeta Daniel, es menos complicada. Nos invita a reflexionar simplemente con creciente convicción: Dios ha enviado a los santos ángeles, porque los necesitamos, porque sin ellos estaríamos perdidos.

Después de una descripción extensa de eventos futuros, reyes y guerras (cf. cap. 11, 1-45), el autor se refiere una vez más a San Miguel como patrón del Pueblo Elegido. Su presencia salva al pueblo en medio de un momento terrible.

“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. (Dan 12, 1)

Sigue una breve conversación entre los ángeles con «el hombre vestido de lino», similar a aquello que ya vimos en el capítulo 8,13 y siguientes: “Y yo Daniel miré, y he aquí otros dos que estaban en pie, el uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río.  Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas?  Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su diestra y su siniestra al cielo, y juró por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo. Y cuando se acabe la dispersión del poder del pueblo santo, todas estas cosas serán cumplidas”. (12, 5-7).

  1. «¡Quién es como Dios!»

Al comienzo de este capítulo se recuerda que San Miguel es el responsable del Pueblo Elegido, él, “el gran príncipe, encargado de tu pueblo”. A esta afirmación muy simple y sobria se sigue una terrible predicción. Se dice que será «un tiempo de angustia, como nunca lo ha sido desde que hubo una nación hasta ese momento» (v. 1). El tiempo parece referirse al fin, como se dice, que “los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y desprecio eterno. Y los sabios resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que vuelcan a muchos a la justicia, como las estrellas por los siglos de los siglos” (12, 2-3). ¡Aquí está el texto bíblico que vincula a San Miguel como el patrón de los moribundos y la guía para la vida eterna!

a) La «mano» de San Miguel sobre el pueblo

Debe sorprendernos la calma con que se dice: “Tu pueblo será librado, todo aquel cuyo nombre se encuentre escrito en el libro”. Una de las razones seguramente se debe al patrocinio de San Miguel, cuya «mano» sobre este pueblo, expresa su observante cuidado. ¡Qué gracia! No es por el poder de la espada, ni por la fuerza de sus brazos; no es por su extraordinaria inteligencia, sino por su humilde asimilación de la Ley y su vivencia virtuosa que llega a la resurrección. Desde el principio, San Miguel recuerda a todos «¡Quién es como DIOS!» (cf. al contrario, Apoc 13, 4). Consideren la máxima: “para el cristiano, ‘reinar es servirle’ (LG 36)” (CIC 786). Esto también se verifica en San Miguel: ¡Es un servidor, por excelencia! Aun así, San Judas lo llama arcángel, y aquí en Daniel se lo identifica como un «gran príncipe». Es difícil para los hombres comprender y vivir de acuerdo con esta “lógica” del pensamiento. Sin embargo, es la lección y el ejemplo de Cristo: “Tú me llamas Maestro y Señor. Y dices bien: porque así soy. Pero yo soy entre vosotros como el que sirve” (Jn 13,13; Lc 22,27b).

b) El juez venidero

La imagen de San Miguel en nuestra estampa de oración, Súplica de los Santos Ángeles, lo presenta como un soldado de pie sobre la morada del hombre, no con orgullo o arrogancia, o con la fuerza de Goliat, sino con la humilde confianza de David. “Tomando el escudo de la fe [adoradora], con el cual podrá apagar todos los dardos de fuego del más inicuo” (Efesios 6, 16), levanta en alto la cruz, la señal sobre la cual Cristo, levantado en la debilidad, venció todo mal: “Ecce crucem Domini; fugite partes adversae; vicit leo de tribu Juda, radix David” (Liturgia de las Horas, Ant. el 14 de septiembre) e inmediatamente: “Per signum crucis ab inimicis nostris libera nos , Deus noster . In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amén” (Rituale Romanum De Exorcismis et Supplicationibus quibusdam , 1999, Apéndice 2). Porque San Miguel lucha no en su propio nombre, sino en el nombre de DIOS, «Quis ut Deus!» La actitud confiada y tranquila de San Miguel ilustra el vínculo que el papa Benedicto XVI trazó en Spes salvi entre la esperanza y el juicio, designando este último como “un lugar para aprender y practicar la esperanza” (cf. 41-49): todo lo que uno pueda sufrir en esta vida, ¡Viene el Juez a quien nada escapa! Se hará justicia y sus amigos y siervos serán recompensados abundantemente.

c) A través del estilo de vida uno se beneficia de la asistencia angelical.

Es una gracia permanecer tranquilo y en paz, confiando en una buena resolución en medio de los terrores físicos y la confusión espiritual de los últimos tiempos. Esta ayuda viene del cielo: una asistencia angelical, como queda claro a lo largo del Apocalipsis. Los ángeles viven en la eterna bienaventuranza de la visión beatífica, comunican la luz de la seguridad, la confianza en la presencia y la fuerza de Dios entre los humildemente receptivos a su misión. Su ejemplo nos enseña a no concentrarnos en lo que ocurre a nuestro alrededor o incluso en nosotros, sino a mirar a Dios y a sus ángeles que nos cuidan. Con ellos, confesemos continuamente (cf. Lc 18, 1): ¡Quién es como Dios! Cuando fijemos nuestros ojos en los ángeles y, a través de ellos, en Dios, permaneceremos tranquilos en medio de las mayores tormentas que la batalla traiga consigo. ¡Nada puede separarnos del amor de Cristo a quien San Miguel ha servido fielmente desde la fundación del mundo!

Para estar del lado de San Miguel, no es suficiente ser un católico de nombre; necesitamos ser miembros devotos y vivos del Cuerpo Místico, que voluntariamente se sometan a la Ley de Dios y las directivas de la Iglesia. Solo quienes son de este tipo de personas, tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida.

d) San Miguel elegido como su santo patrón

El Pueblo de Dios, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, está bajo la protección y el patrocinio de San Miguel. Las naciones, los santuarios, las parroquias y los lugares también han elegido a San Miguel como su santo patrón.

Hemos visto en la carta anterior que Dios ha puesto a los ángeles a cargo de las naciones. En particular, San Miguel fue elegido por muchos como su ángel patrón. La historia muestra la frecuencia con la que San Miguel estuvo involucrado en la situación política de un país. Francia merece una referencia especial a través de Santa Juana de Arco, quien remitió su misión a la guía de San Miguel, o, en nuestros días, el final de la Segunda Guerra Mundial finalmente se anunció el 8 de mayo, fiesta de San Miguel.

Podríamos hacer alusión a más eventos de este tipo. Ciertamente, cada generación pasa por sus propios problemas, pero la enseñanza de la Iglesia nos dice que cada uno tiene una cruz que llevar y cada uno necesita la ayuda del cielo para dominar su parte. Por tanto, se necesita a San Miguel en todo momento y en todo lugar, para ayudar y proteger a los hombres.

  1. «¿Cuánto tiempo será?»

La descripción misteriosa de muchos eventos terribles en Daniel 11 y la orden de “callar las palabras y sellar el libro” (12, 4) despierta la curiosidad y nos podría hacer preguntar con Daniel: “¿Cuánto tiempo pasará hasta el fin de estos eventos? » Esta fue la pregunta de Daniel. Él «el hombre vestido de lino» respondió, diciendo que todavía durará «por un tiempo, dos tiempos y medio tiempo».

Esta respuesta no se refiere ni al tiempo lunar ni al tiempo solar. Es tiempo espiritual, es decir, se refiere a “capítulos de la historia” enfocados en algún evento significativo. En este sentido San Juan dijo: “Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo”. (1 Jn 2, 18). ¡Esta “hora” implica la decisión final de toda la humanidad a favor o en contra de Cristo! Del mismo modo, los Padres del Concilio Vaticano II afirmaron: “Toda la historia del hombre ha sido una historia de duros combates contra los poderes del mal,… desde los albores de la historia hasta el último día” (GS 37; cf. CIC 409).

Podemos pensar en un significado psicológico o espiritual de estos «tiempos». La división en tres “tiempos” y medio se considera generalmente como la mitad de siete y, por lo tanto, se interpreta como una unión rota de perfección. La secuencia en tres tiempos no solamente indica un período de algún desarrollo como el de liberarse del pecado, en el caso del tiempo, es de trabajo en las virtudes junto con Dios y su gracia, los dos tiempos para transformarse en unión con Dios, aún quedaría la mitad del tiempo, ¿sería este cumplido en la eternidad? El comprender la respuesta de esta manera no genera ansiedad; conduce a las personas que se encuentran sometidas a la agitación espiritual o física, a la convicción necesaria para la salvación.                      

  1. No sabemos el qué ni el cuándo, ¡pero si sabemos el cómo!

San Miguel estaba con el pueblo de Dios y este pueblo se salvó. Este conocimiento nos muestra cómo nosotros también debemos prepararnos o defendernos. Una forma, sin duda, es acercarnos a los santos ángeles, nuestros consiervos para dar testimonio de Cristo.

Esto es especialmente apropiado para nosotros los sacerdotes. Como San Miguel y todos los santos ángeles, el sacerdote es un mediador entre el cielo y la tierra. Benedicto XVI se refirió a este comentario sobre “la descripción más breve de la misión sacerdotal”: “Jesús nombró a doce para que estuvieran con él y fueran enviados” (3, 14). Estar con Jesús y ser enviado… pertenecer juntos… El papa Gregorio el Grande, en una de sus homilías, dijo una vez que los ángeles de Dios, por muy lejos que vayan en sus misiones, siempre se mueven en Dios. Permanecen siempre con Él. Y al hablar de los ángeles, San Gregorio pensaba también en los obispos y sacerdotes: dondequiera que vayan, deben ‘estar siempre con Él” (Benedicto XVI, 11 de septiembre de 2006 en Altötting). Por lo tanto, la unión con Dios es primordial. Tanto en los santos ángeles como en los santos sacerdotes los fieles quieren encontrar a Dios, entrar en contacto con su acción saludable. Nuestro principal ministerio, por tanto, es el de los sacramentos, por medio de los cuales abrimos las puertas espirituales a la unión con Dios.

  1. ¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Permítanme pasar de los sacramentos a un sacramental, Oda Schneider, una viuda y luego famosa Carmelita, quien en uno de sus libros sobre el sacerdocio, intenta reconciliar la tensión entre nuestro intenso llamado a la acción y nuestro deber de permanecer en la presencia constante ante Dios. Este difícil, delicado pero crucial equilibrio “tiene su símbolo en la sotana” (Sobre el sacerdocio de la mujer, Abensberg 1992, p. 56). Vivimos en una época en la que se declara la “muerte de la metafísica” (Kant), la pérdida del ser y la condenación a la actividad (Sartre). ¿Podría la constancia angelical de estar en la presencia de Dios, incluso mientras ejercen su ministerio, no ser un llamado para que nosotros los sacerdotes redescubramos nuestro lugar central de mediación (estar ante DIOS en nombre de la humanidad), y abrazar el atuendo sagrado como su signo visible, ¿un signo que causa tanta paz en las almas, tanta confianza en Dios y en Su solidaria presencia?

 P. Titus Kieninger ORC

1 Patrón de Francia, Japón, patrón de los Marineros (Normandía), patrón de la Policía (Italia), patrón del Nilo, patrón de los enfermos, de los radiólogos, Caballeros del Ala [de San Miguel], todas las diócesis de Francia, de la diócesis de Sherbrooke, Canadá, de los santuarios de todo el mundo [Monte Gargano, Mont St. Michel], patrón de los Padres Pasionistas, de la Congregación de Clérigos Regulares, de las Religiosas del Sagrado Corazón, de las Michaelitas , segundo patrón de la Legión de María, etc. etc

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RB05

“Miguel, uno de los principales príncipes” (Dan 10,13)

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Daniel fue dejado solo, “los hombres que estaban con él huyeron para esconderse” (Dan 10, 7). Él no huyó. “Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora”. (Dan 10, 10-11). Quienquiera que fuera Daniel, representa al pueblo fiel en tierra extranjera, o, trasladado a nuestro tiempo: Daniel representaría a los cristianos en un mundo neopagano. También podemos vernos en él: su vida, como nuestra vida sacerdotal, estuvo marcada por una especie de soledad. Hay una tercera dimensión adicional: la asistencia enviada desde «arriba». Su experiencia confirma la realidad de esa asistencia celestial. Lo hizo fuerte en la resistencia al mal y firme en su fidelidad. Por tanto, miremos una vez más su vida ejemplar.

  1. Una mirada detrás del telón

El ángel le trajo el primer soplo de paz celestial: “Me dijo: ‘No temas, Daniel, porque desde el primer día que te propusiste entender y te humillaste ante tu Dios, tus palabras han sido oídas, y yo he venido por tus palabras ‘”. (v. 12) Daniel está abierto para Dios y, por lo tanto, para las cosas espirituales, para la misión para la cual Israel, su pueblo, fue especialmente escogido, es decir, para el reino de Dios. La fidelidad de Daniel atrae la asistencia angelical a su lado.

No se dice quién es este “hombre vestido de lino” (Dan. 10, 5). Algunos piensan que es el mismo «Gabriel» que antes se llamaba por su nombre (cf. 8,16). Tiene la misma misión, a saber, interpretar o explicar una visión. Antes de comenzar a hacerle entender a Daniel “lo que le sucederá a tu pueblo en los últimos días” (v. 10,14), hace una observación extraña: “El príncipe del reino de Persia me resistió veintiún días; pero Miguel, uno de los principales príncipes, vino a ayudarme, así que lo dejé allí con el príncipe del reino de Persia” (v. 13).

El «hombre vestido de lino» habla de una tensión, de una oposición, o deberíamos entenderlo incluso como una batalla con un enemigo que no pudo decidir en «veintiún días»; luego, Miguel acudió en su ayuda. Un poco más adelante habla de su regreso y menciona a otro “Príncipe”: “Pero ahora volveré para luchar contra el príncipe de Persia; y cuando termine con él, he aquí que el príncipe de Grecia vendrá. Pero te diré lo que está escrito en el libro de la verdad: no hay nadie que contienda a mi lado contra ellos, excepto Miguel, tu príncipe». (vv. 20-21) 

  1. La lucha contra los príncipes

Por supuesto, hay intérpretes que sostienen que estos príncipes son solo los gobernadores de esos países en particular. Pero, ¿había entonces alguien así? ¿Había ya una Grecia unida que hubiera podido tener tal Príncipe? Y «Miguel, uno de los principales príncipes», ¿cuándo habría sido «tu príncipe» (v. 21), el líder de Israel? ¿Cuándo habría nacido y dónde habría estado su casa? Hay algunos hombres mencionados en el Antiguo Testamento con el nombre de Miguel, como «los hijos de Israhias: Miguel, Abdías, Joel e Isías, cinco, todos ellos hombres principales» o príncipes (1 Crónicas 7, 3; cf. por ejemplo, Números 13,13; 2 Crónicas 21, 2), aunque no es así con Gabriel. Sin embargo, no se tiene conocimiento de ningún rey de Israel con el nombre de Miguel. Y sobre todo: ¿Quién habría de acudir en ayuda del “hombre vestido de lino”, de un ángel como todos lo entienden, si no otro ángel?

a) Las huestes espirituales

Como consideramos, en armonía con la primera parte del Libro de Daniel, el “hombre vestido de lino” es un ángel, así, no debemos dudar de que la primera referencia explícita sobre el ángel San Miguel, la proporcione San Judas, al hablar de él como un arcángel (v. 9). San Juan lo describe como el que ganó la batalla contra el dragón en el cielo (cf. Ap 12, 7-12). No necesitamos ver a San Miguel en cada soldado angelical, como muchos lo hacen, por ejemplo, como el «comandante del ejército del Señor» (Jos 5, 14; cf. 1 Tes 4, 16), o como el que contiende contra el diablo (cf. Sac 3, 1-3). Particularmente aquí se identifica formalmente a Miguel como uno de los «principales príncipes», Miguel el arcángel fiel.

De manera similar, podemos ver razonablemente en el «príncipe de Persia» y el «príncipe de Grecia» algunos ángeles caídos. San Pablo nos exhorta: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.  Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. (Efesios 6, 10-12; cf. 2 Mach 5, 2; 10: 29-30; 11, 6-10; 15,23). La Iglesia continúa enseñando hasta nuestros días: “Esta dramática situación del ‘mundo entero [que] está en poder del maligno’ (1 Jn 5, 19; cf 1 P 5, 8) hace de la vida del hombre una batalla: ‘Toda la historia del hombre ha sido la historia de un duro combate contra los poderes del mal, que se extiende, según nos dice nuestro Señor, desde los albores de la historia hasta el último día …’    (Gaudium et Spes , 37) ”. ( CCC 409)

b) «Príncipes» como guardianes o enemigos de muchos

Santo Tomás de Aquino se refiere a este texto y nos conduce a una comprensión sólida. Se pregunta, refiriéndose al Ángel Custodio, si la tarea de custodiar a los hombres pertenece al coro más bajo o al más alto de los ángeles (cf. Summa Theologiae, p. I, q 113, art.3). Para responder a esta pregunta, primero distingue entre una tutela particular o individual y una universal. Él dice: 

El hombre está protegido de dos formas; de una manera por tutela particular, según cada hombre, se le asigna un ángel para que lo guarde… La otra forma de tutela es universal, multiplicada según los diferentes órdenes. Porque cuanto más universal es un mediador, este más elevado será. (cf.también a 8 sc; en Rom VIII, lección 7 [Ma 728])

Con esto, Santo Tomás afirma que hay unidades más grandes que también gozan de una protección angelical. Países o reinos, familias en una pequeña comunidad de casas o en una comunidad religiosa mundial, todos pueden llamar al Guardián o al Ángel Patrón. Ahora, la Tradición atribuye a los diferentes ángeles el poder que corresponde a su cometido y los asigna al coro correspondiente. Así explica Santo Tomás: la “tutela particular pertenece al orden más bajo de los ángeles, cuyo lugar es, según Gregorio, anunciar las ‘cosas menores’; porque parece ser el menor de los oficios angélicos procurar lo que concierne a la salvación de un solo hombre. … La tutela de la raza humana”, que es de un grupo más grande o universal, “pertenece al orden de los ‘Principados’, o quizás al de los ‘Arcángeles’, a quienes llamamos los príncipes ángeles. Por lo tanto, a Miguel, a quien llamamos arcángel, también se le llama ‘uno de los príncipes’ (Dan 10,13)”.

 Los ángeles caídos preservaron su naturaleza y fuerza natural. De hecho, la Iglesia explica en el Catecismo 395, la posibilidad de un efecto extendido de su influencia, que «Satanás puede actuar en el mundo por odio a Dios y su reino en Cristo Jesús», y «su acción puede causar graves daños – de naturaleza espiritual e, indirectamente, incluso de naturaleza física- sobre cada hombre y sobre la sociedad”, es decir sobre países enteros. Incluso si los espíritus caídos pueden no perseverar mucho tiempo en el mismo lugar u ocupación debido a su orgullo e inquietud, esto permite hablar de un «príncipe de Persia» o de un «príncipe de Grecia». 

En este sentido universal, hablamos comúnmente de «el espíritu de un tiempo» – «Zeitgeist», o, en la vida consagrada, del «espíritu comunitario» (cf. B. Cole, Christian Totality, Bombay, 1990, 223-226) .

  1. «Miguel, uno de los principales príncipes»

San Miguel, el arcángel, es llamado aquí «uno de los principales príncipes». Él es «tu príncipe», el Guardián de Israel.

a) ¿Arcángel o Principado?
Entonces, podemos preguntarnos: ¿Es correcto llamar a San Miguel príncipe y arcángel? (San Judas en el v. 9 lo identifica como un arcángel); “príncipe” podría indicar aquí ya uno de los coros angélicos que menciona San Pablo (cf. Ef 2, 21 y Col 1, 16), porque, según la tradición, los ángeles del coro de los Principados están “presidiendo el gobierno de pueblos y reinos” (Santo Tomás, ST , I, 108,6c; cf. Juan Pablo II, Catequesis del 6 de agosto de 1986 ). Y este coro está por encima del coro de los Arcángeles porque “’el bien de una nación es más divino que el bien de un hombre’ (Ética I, 2)” (ST, I, 108,6). En este caso, se le llamaría «príncipe» sólo a causa de esta función de ángel de la guarda general. Razonablemente se seguiría que San Miguel es un Arcángel por naturaleza, y luego de algún misterio de la gracia divina se le ha asignado una misión que es propia de un príncipe. Y con la misión viene la gracia de Dios para llevarla a cabo dignamente.   

b) ¿San Miguel un serafín?
Suárez junto con otros teólogos, han argumentado acerca de la victoria de San Miguel sobre el diablo («¡Príncipe de las Huestes Celestiales!»), lo colocaron por encima de los coros angelicales, considerándolo «uno de los más altos serafines». Sin embargo, esto no se sigue necesariamente. Primero, porque Dios elige al débil para derrotar al fuerte, a fin de mostrar Su propia soberanía. Eligió a David para derrotar a Goliat, a las mujeres débiles para derrotar a los enemigos de Israel. Llamó a una sierva para que aplastara la cabeza de la serpiente (cf. Gn 3,15). Nuestra Señora elige a los niños para su trabajo, e incluso el mismo San Miguel actúa de este modo: Llevando a Francia, que le fue consagrada, a la libertad, San Miguel eligió a la joven Juana de Arco.

En segundo lugar, porque «huestes» es un término militar y no incluye todas las misiones angelicales. Después de que el enemigo fue expulsado por un «David» entre los ángeles, su lugar no se encontró más en el cielo. Por lo tanto, San Miguel, como príncipe de los ejércitos angélicos celestiales, llevará a cabo esta misión en las profundidades donde esta batalla se libra realmente en la tierra y en el corazón de los hombres. (Véase Apocalipsis 12, 9, 17). De la hueste militar, San Miguel es el primero, pero el oficio de adoración y contemplación, propio de los serafines y querubines, pertenece a un orden diferente y superior.

  1. ¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Daniel nos ha permitido echar un vistazo detrás del velo. Descubre las razones por las que algunos esfuerzos pastorales largos y duros no dan fruto: “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Sal 127, 1; cf. Sal 147, 10-11). Grandes pastores como San Francisco de Sales o San Alfonso María de Ligorio, entendieron muy bien esta verdad espiritual, que San Ignacio expresó en el epigrama: “Trabaja como si todo dependiera de ti; ¡Ora sabiendo que todo depende de Dios!» “El ángel del SEÑOR acampa alrededor de los que le temen, y los rescata” (Sal 34, 7). No es una casualidad que estas lecciones pertenezcan a los Salmos, es decir, a la recitación del Oficio Divino, nuestra primera tarea en favor del pueblo de Dios.

    

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Cartas Circulares

CC84 – Pentecostés – esencia simple

El tema espiritual

EL REGRESO DEL HOMBRE HACIA LA ESENCIA SIMPLE

DIOS es simple en su esencia, y nos confiere el Espíritu Santo que se nos da siempre de nuevo. Para lograr la unión plena al Espíritu de DIOS, el hombre debe volverse simple.

 El “retorno” del ser humano a la esencia simple no parece lógico, porque el hombre es un ser compuesto en muchos sentidos. Tiene un cuerpo físico mortal, y un alma espiritual inmortal. Así, encontramos al hombre en su creación como un doble ser:  mortal – inmortal, cuerpo (materia) – espíritu. Sin embargo, estas contradicciones en el hombre vivo forman una sola unidad, forman el propio ser humano: El cuerpo humano es mortal. El alma, el espíritu, es inmortal. A pesar de que el ser humano está constituido por ese antagonismo, por esos contrarios que le dan el carácter de «ser humano», podemos hablar de una esencia simple, que es la esencia con la que el «ser humano», fue creado. Y todas las personas vivas y sanas tienen esa misma composición, no hay hombre con una vida sana que no sea una fusión de ambas oposiciones en una característica unificada: el ser humano.

Ahora bien, no importa cómo se relacionan las clases sociales entre sí, ya sea por las condiciones de vida o por otro criterio, siempre cada humano vivo, contiene en sí estas dos realidades que forman el carácter humano. El alma por sí sola no puede constituir un ser humano vivo, y aunque el espíritu inmortal se separe inevitablemente del cuerpo, en la muerte continúa existiendo.

El alma inmortal del hombre luego de su muerte, entra en una vía de purificación y transformación; el hombre abandona su cuerpo material que se transforma, y aunque el alma inmortal sigue siendo suya, cuando es purificada, se dirige hacia una transfiguración gloriosa. Así, podemos ver una transformación material y una espiritual. El cambio material tiene lugar en la materia de la tierra, el cambio espiritual en el alma de la persona, que ahora recibe lentamente esta transfiguración, en el lugar de la purificación.

Así, el alma deja su cuerpo terrenal y va al purgatorio, y allí permanece hasta cuando ya purificada, es recibida por los santos ángeles y llevada al cielo. Todos y cada uno de nuestros seres queridos que ahora están en el cielo pasaron por la purificación y disfrutan ahora de la contemplación de DIOS. 

Pero siempre la purificación del alma es un retorno a la esencia simple que el hombre recibió en el momento de su creación y esto no depende de la edad de la persona, sino de su origen, pues en ese instante recibe una vida material y un alma naturalmente pura con todas las posibilidades y la capacidad de asumir lo espiritual.

Con eso llegamos a nuestro tema central. Se dice, ¡el regreso del hombre! Pero, ¿de dónde se fue? ¿Por qué debería regresar? Aquí es donde realmente comienza el tema. Si el hombre va a comenzar un regreso, debe quedar determinado ¿en qué dirección se ha ido y por qué? ¿Su distancia del centro ha resultado en una «pérdida del centro»? ¿Esta pérdida va acompañada de graves consecuencias para los humanos?

Aquel hombre que es fiel a DIOS y amante de DIOS, de igual modo se mueve en la vida, tiene un camino, y aunque al final de su vida terrena parece que regresa al punto de partida, la muerte lo une a un nuevo comienzo, que desemboca en la vida eterna. La base de la vida espiritual de un alma es bastante diferente. Nadie es igual al otro. Y hay una transformación del alma espiritual a la altura pura de la bienaventuranza en DIOS, en la unión con DIOS, tal como podríamos experimentarlo cada mañana en el Santo Sacrificio de la Misa.

Cuando llegue el momento culminante, DIOS Uno y Trino levantará Su mano y anunciará el fin de la creación. Entonces recibiremos nuestro cuerpo purificado de regreso y dependerá de DIOS traer a todos estos millones de personas de regreso junto con el cuerpo y el alma. Cada persona recibirá su cuerpo y alma. ¿Cómo sucederá esto?, el profeta Ezequiel y el apóstol Juan hablan de ello, pero como dice la palabra: «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha oído, ni ha entrado en pensamiento humano, lo que DIOS ha preparado para los que lo aman». (1Cor. 2-9)

EL RETORNO

El hombre, cuando haya completado su purificación, es conducido por DIOS de regreso al principio, a su cuerpo mortal, que mientras tanto ha recibido una transfiguración inmortal.

¿Qué hay en este espacio entre la creación del hombre, la muerte y su transfiguración? Cuando una persona nace, comienza su verdadera tarea en la vida. El tiempo que viva depende de DIOS. Pero mientras viva, puede ser eficaz para DIOS o estar contra DIOS.

En el curso normal de la vida humana, el hombre adquiere mucho conocimiento espiritual y trabaja también espiritualmente a través del buen ejemplo, de una vida piadosa; como cuando ayuda en la construcción del orden de un pueblo o de una familia. De esta forma, cuando DIOS pone fin a su vida, ya sea después de una larga y amarga enfermedad, esa parte o periodo de esta vida que termina, (desde el nacimiento hasta su muerte), dependerá de que el hombre haya construido su paraíso o su infierno.

DIOS te da todas las oportunidades posibles para recibir la gracia de la construcción en tu alma, te da la oportunidad de reconocer lo que es correcto a través de tu ángel de la guarda y de hacer el mejor trabajo posible para el Pueblo de DIOS en el Espíritu. Ciertamente, la vida del hombre se mueve a través de su desarrollo en el ambiente espiritual que lo influenció para bien o para mal. La mayoría de las personas en este ‘edificio’, son promovidas desde su juventud y pueden traer resultados de una vida espiritual rica y efectiva. Sí, incluso una persona que no cree mucho, pero a través de su justicia, su lealtad, sus grandes cualidades, se esfuerza por hacer lo correcto, esa persona también traerá una vida positiva ante DIOS.

Hay un secreto, un juicio especial sobre el hombre que viene de DIOS, fruto de la divina misericordia. Ese juicio secreto que se cierne sobre las personas en la vida cotidiana es la confesión. A aquellos que verdaderamente se arrepienten de sus pecados y se esfuercen por ser mejores, sus pecados les son perdonados. Pero quien guarda sus pecados y dice; “no necesito confesarme, no tengo pecados, yo puedo ayudarme a mí mismo”, para éstos, sus pecados permanecen. Y peor aún es el juicio para aquellas personas que se alejan de DIOS y dicen: «¡No te necesito, soy perfecto para mí!»

Y cuando llegamos al final de la vida, está el tribunal del hombre, donde, como dice la Escritura, llega la noche en la que nadie más puede actuar. ¡Ya no puedes acumular buenas obras, tienes que entregarte al juicio, al DIOS justo! En ese instante te enfrentas a la terrible verdad de que cada prueba en la vida tiene una decisión: ¡a favor de DIOS o en contra de DIOS!.

Existen factores muy importantes, como el conocimiento de la responsabilidad ante DIOS, ya que depende mucho de la dureza del corazón o de la amplia misericordia de una persona.

Y ahora viene el primer gran cuestionamiento del juicio «¿Qué has hecho con tu alma durante tu vida?»

Si una persona pasó por la primera prueba, si tuvo la gracia de llevar una vida religiosa, entonces vendrá la segunda prueba. Esto se aplica al hombre en su totalidad en el momento de la muerte. Aquí termina la acción intercesora y comienza la justicia de DIOS. Pero DIOS también siguió al hombre, como a un hijo pródigo y dijo: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7). El hombre bondadoso también puede esperar en la misericordia de DIOS en el tribunal. Y si alguna vez un hombre ha alcanzado esta misericordia, nunca más caerá, permanece con la gracia por toda la eternidad, y es solo una cuestión de purificación, que el alma sea completamente pura, pero ningún diablo tiene más acceso, ninguna tentación, ninguna presión puede separar el alma de su modo de satisfacción.

«¡Bienaventurados los que lavaron sus vestiduras en la Sangre del cordero!» (Ap 22,14). La misericordia total de DIOS todavía puede intervenir aquí.

LA ESENCIA SIMPLE

¿Qué pertenece a la esencia simple? ¡Mucho! Esto incluye el deseo de ser sincero. La fe en DIOS es parte de eso. La obediencia a DIOS y a los superiores es parte de esto. Se necesita humildad y no orgullo. Esto incluye luchar contra el propio ego, que siempre quiere ser el foco y el centro de todo. El gran amor es parte de eso. ¡El amor crea la esencia simple!

Porque si realmente amo a DIOS desde el fondo de mi corazón, entonces haré todo lo posible para complacerlo. ¡Y eso agrada a DIOS!, cuando evitamos todo lo estéril, lo pecaminoso, y volvemos a Él con un corazón puro, con intenciones puras y de noche con una conciencia pura. En la Obra de los Santos Ángeles, el hombre puede seguir el camino del retorno viviendo las direcciones fundamentales.

Experimentó el clímax de su vida en la misión. Y ahora DIOS lo llama de regreso a la expiación. La expiación es para él un convertirse en nada. Es dejar una cosa tras otra sin pensar en ella para llegar a la esencia simple. Es una renuncia, renuncia a tantas cosas grandes y bellas.

Simplemente se arrodilla ante DIOS por muchos otros y dice: «¡Pater peccavi! [Padre, he pecado]» y se queda callado, porque quiere escuchar a DIOS. Porque espera una palabra de perdón, solo una palabrita que es como el suelo, que le da la tierra.

De esta fase de expiación, en la que ya no quiere nada del exterior y se vuelve hacia dentro, hacia DIOS, llega la fase de la «contemplatio«: volver a la mirada, a la simple mirada, a traducir la simple mirada en una simple palabra. Se vuelve simple, también en espíritu, también en palabras.

Cuando una persona se va: con la bendición de DIOS, regresa como pobre pecador, pero un pecador feliz de estar con el PADRE; no quiere nada más que poder adorar, simplemente estar allí, poder estar allí en el nombre del Padre para los demás. Y en el sentido de que encontrará por sí mismo la esencia simple en la adoración, encontrará el «tú» a DIOS. Siente que DIOS le llama como «¡tú!», siente esta maravillosa meta: «¡tú, oh DIOS!»

El camino del joven que llega al clímax es un ascenso, un esfuerzo, un aprendizaje, un desenvolvimiento, así como de un árbol joven brotan ramas y se llena de flores; luego caen las flores, el fruto se desarrolla, muy discretamente, y durante mucho tiempo el fruto no es comestible porque todavía es inmaduro.

Pero el sol del amor de DIOS, el arrepentimiento del hombre y el esfuerzo por agradar a DIOS, trae el fruto con el retorno a la esencia simple – porque el hombre ve su fruto, en general, con vergüenza. Preferiría haber traído mayor gozo a DIOS. Pero es muy bueno, amar la esencia simple por ser simple, porque en ella el hombre se vuelve totalmente verdadero, se vuelve claro para los santos Ángeles como el agua transparente. No se ve a sí mismo, porque solo ve a DIOS. Y en esa humildad, DIOS luego desarrolla la esencia simple de él. No puede desarrollarlo solo, por la forma en que se ve a sí mismo, o se avergüenza o se vuelve vanidoso.

El espejo del hombre es nuestro Señor JESUCRISTO en la cruz. Y el camino hacia la esencia simple es la voluntad clara para DIOS, en el camino donde DIOS lo puso y tan claro como el agua, yendo en dirección a DIOS.

Entonces, puede ser un ingeniero o un maestro o un escritor, lo cual no importa, DIOS está construyendo sus propias habilidades en nosotros cuando estamos atentos, cuando vemos como a través del agua clara y podemos decidir, cuando creemos en Él sin cesar y cuando estamos llenos de amor por Él. Entonces DIOS mismo nos lleva a la educación y nos corta todo, hasta que nos volvemos simples. Y eso, entonces, es el regreso.

Este regreso es al mismo tiempo, el camino de la bienaventuranza, porque es un regreso a DIOS, que induce al hombre a renunciar. La escala de sus valores cambia y se da cuenta de que muchas cosas en su vida no tenían el valor que quería lograr. El hombre se da cuenta de que la santa renuncia es aún más valiosa porque lo simplifica. Se esfuerza por aspirar a esta sencillez y encuentra a DIOS en la sencillez de DIOS mucho más rápido que en el gran desarrollo de sus esfuerzos. Y este es un misterio, que en la cancelación voluntaria de la complejidad, la esencia simple siempre comienza a brillar.

El retorno a la sencillez, es a la vez una gran sabiduría y es por eso que la sabiduría la encontramos en la adoración. Y nos hallamos invocando a «MARÍA, Trono de la Sabiduría» como el ideal de la simple esencia santa y, al mismo tiempo, detectamos que MARÍA, como amada Esposa del Espíritu Santo, estaba llena de la santa pobreza de espíritu.

DIOS es la esencia simple

Es una alegría emocionante pensar en DIOS, en el que todo lo entiende, también a mí. Para pensar en DIOS, no necesito creer, ni necesito esperar, solo necesito amar. Y cuando lo amo, esto llena toda mi felicidad. Un DIOS, una ¡bienaventuranza!

Y cuando el ser humano ha pasado por esta purificación, entonces probablemente ya tiene una participación en la visión beatífica de DIOS, solo que todavía no es tan libre porque toda la creación todavía está esperando. Por lo tanto, todavía hay una fase entre el juicio especial de los hombres y el juicio universal, que termina con la repatriación de la creación a DIOS. Ya sea que DIOS extienda esta fase por más tiempo, o que EL termine con un gran golpe, tenemos que dejarlo en manos de DIOS. Pero luego, cuando llega el tercer juicio, el Día del Juicio Final, entonces la decisión ya se ha tomado y podemos mirar a DIOS con gozo y decir: «¡Ahora estamos en casa, oh DIOS, ahora estamos en casa!»

La mayoría de las personas experimentan tres formas de juicio. El hombre es juzgado según su conocimiento, según su voluntad y también según su amor. Y aquí DIOS dice: «¡Muchos pecados le han sido perdonados porque amó tanto!» Este gran día del juicio es la consumación de la triple creación. Los santos ángeles son eternamente bendecidos y felices, al igual que los hombres que han sido purificados; y después no habrá más purificación. Y no queremos juzgar a aquellas personas que no se han sometido a la purificación, DIOS es justo y también lleno de amor, Él dará el juicio justo. De esta manera reconocemos y aprehendemos lo que significa el regreso del hombre, cuando el alma inmortal recibe su cuerpo purificado y permanece en la presencia de DIOS.

El catecismo afirma: DIOS es un espíritu puro. Qué lástima que los niños de hoy casi ya no aprendan estas palabras. Los maestros de hoy se dicen a sí mismos: el mundo se ha vuelto más inteligente y debemos enseñar a los niños de acuerdo con las enseñanzas más recientes de la época. Y se ignoró el antiguo catecismo. Hoy sabríamos contestar a la pregunta: «¿Qué es DIOS?» Y podríamos contarles a nuestros hijos y nietos sobre este tema, que hoy se declara obsoleto o ya no necesario. Estas preguntas fueron realmente la base de la enseñanza religiosa.

Hoy, DIOS permite que el ángel se acerque más y más a nosotros, porque el mundo ha sido inundado por invasores infernales y hay muchas malas hierbas, como nos dice el Señor, que se esparcen en el campo de la Iglesia. DIOS envió a Sus siervos, Sus ángeles, a la Iglesia, y tocaron muchas puertas para que se abrieran, pero no siempre fue así. Debido a que el enemigo maligno atacó una hora antes y entonces los santos ángeles no tuvieron un trabajo fácil por delante.

La tarea

En consecuencia, nos preguntamos: «¿Hasta dónde se aleja una persona de DIOS cuando absorbe la cultura que lo rodea y cómo encuentra el camino de regreso a DIOS? El hombre absorbe mucho, se desarrolla, recibe nuevas iniciativas, aprende nuevas habilidades, todo esto es necesario para la construcción de la cultura, pero el alma humana, en la que descansa la esencia simple, no debe perder el contacto íntimo con DIOS.

La esencia simple en un niño es más fácil de entender. Es más difícil cuando cambian las influencias externas. Escuela, hogar, amigos, ciencia, guerra, circunstancias externas. Por tanto, puede suceder que una persona sencilla, al entrar en el funcionamiento del mundo, absorba cada vez más su forma de ser y finalmente se convierta en una persona complicada. Eso hace una gran diferencia. Lo complicado de una persona depende también de su educación. Pero, viniendo de DIOS, su conciencia siempre debe permanecer simple. No debería tener que lidiar con el pecado y, a menudo, debería volver al conocimiento de los seres sencillos mediante un examen de conciencia y mediante la santa confesión.

Cuando hablamos del retorno del hombre a la esencia simple, no proponemos un tratado psicológico, sino solo DIOS, a quien aspiramos, ÉL guía nuestra simplicidad. En toda santa confesión precede un examen de conciencia. El propósito de este examen de conciencia es volver a despertar la esencia simple en el hombre y encontrarla a través de la confesión. Purificarla mediante la confesión para que pueda volver a funcionar. De lo contrario, es como una planta importante en el jardín que se supone que produzca rosas o lirios, pero se marchita debido a la gran cantidad de basura en la tierra. En la Obra de los santos ángeles, la esencia simple se despierta, se anima, se purifica repetidamente hasta que finalmente se hace florecer. El modelo de la esencia simple para el hombre es San José, el carpintero y el modelo para la mujer es MARIA, la virgen y la madre.

Por supuesto, hoy no hay carpinteros como modelos y las madres de hoy son diferentes a MARIA, pero la esencia simple sigue siendo la razón básica de ambas. Por supuesto, es muy fácil decir: «¡Quédate!» Esto depende completamente del trabajo de la persona. Si eres comerciante, posadero o maestro, entonces tienes que cuidar a mucha gente, tienes que dirigirte a ellos, tienes que despertarlos y, sobre todo, si eres sacerdote, tienes que entregarle a la gente el camino hacia DIOS.

El camino hacia DIOS no es difícil, si no se lo entierra demasiado pronto. Si de repente descargas piedras en un buen campo, las raíces de la tierra ya no podrán crecer correctamente. Se aprietan a los lados, se marchitan y dan paso a otras cosas, especialmente a las malas hierbas. Si una persona acepta un trabajo que ataca una esencia interior, como un vendedor que necesita asegurarse de que vende bien y a tiempo, se concentrará en lo que puede hacer más y mejor en su trabajo. Aun así, la esencia interior no debe sufrir. Ella será completamente pura, si nos acostumbramos a recibir al Señor todas las mañanas, hacer un chequeo del alma todas las noches o ir a la iglesia, entonces nuestro ser interior no sufrirá tanto daño por no ir a la iglesia los días de semana. Así, cuando no pensamos en DIOS por la noche, cuando tenemos nuestros pensamientos en la televisión o la radio por la noche, con lo que nos dormimos, la perderemos.

Debemos ser educados, o educarnos a nosotros mismos, para que la esencia simple permanezca intacta dentro de nosotros. En el simple pensamiento de DIOS, la simple mirada a DIOS, tenemos que practicar la obediencia a DIOS y a la Iglesia, tenemos que practicar la santa pobreza en la sencillez de nuestra vida y nuestra ropa, nuestros deseos, tenemos que practicar el amor, especialmente por DIOS, por la familia y por los pobres. Todos estos son frutos de la esencia simple, y en la vida se sabe de inmediato quién tiene aún la esencia simple en su interior o quién la ha combinado con todo tipo de malezas, todo tipo de experiencias que son más que simples.

La esencia simple es la purificación de su ser interior del pecado, para que la persona, que se ha entregado a DIOS, esté realmente libre de pecado y a través de esa libertad, crecer como un rayo de luz. Nosotros mismos hemos notado muchas veces cómo la gente sencilla tiene ojos muy brillantes, una mano firme en los negocios, una vida tranquila y verdadera, e inclusive en eso puede ser un maestro; puede desarrollar su esencia de tal forma, en beneficio de su profesión, que a todos les guste acudir a él porque siempre tiene una sonrisa alegre, buenos consejos y un juicio muy claro. Cuanto más impura es una persona, más intenta copiar, imitar o perseguir ese éxito, más pierde su ser simple y obtiene un ser de múltiples capas, mixto, a menudo muy caótico. Pero esto es estéril y tampoco tendrá un éxito duradero en la vida. A lo sumo, será ridiculizado como una persona «original» y luego dejado de lado.

Sólo en la esencia simple el hombre se vuelve fructífero, porque así puede recibir a DIOS, puede caminar con el ángel de la guarda; y  al ser simple, rápidamente encuentra la distinción entre el bien y el mal. Sabe muy rápidamente qué se puede hacer y qué dejar de hacer. Quien quiere lo contrario, eso está claro, es el maligno que quiere arruinarnos. No nos dice: guarda la verdad; él dice: corre tras el éxito y lograrás algo. El maligno dice: «¡No te preocupes por la moral pasada de moda!» Pero el ángel dice: «¡Mantén tu cuerpo y tu alma puros, para que puedas ver a DIOS!»

Cuántas personas ni siquiera piensan en querer ver y mirar a DIOS. Solo quieren ver algo por sí mismos, quieren ver, quieren escuchar, así que, por supuesto, la voz del santo ángel de la guarda no es fácilmente audible si la persona no le presta atención, sino solo a sus gustos.

Pero, ¿Qué quiere DIOS?

Cuando se dice, el regreso del hombre a la esencia simple significa que “el hombre no simple” se ha alejado, se ha desviado hacia un camino lateral o incluso equivocado donde no puede encontrar la esencia simple. Pero sin ella, su juicio delante de DIOS no será verdadero. No puede excusarse ante DIOS, no puede mentirle a DIOS, no puede decirle algo malo a DIOS o justificarse con algo que no es verdad en absoluto. El juicio es como una lámpara de rayos X frente a la cual se coloca la persona y donde todo se hace visible, lo que hizo, lo que pensó, lo que dijo, y luego no puede intervenir y decir: «Ah, eso fue diferente». No, como es recibido en vida, vuelve al juicio para que podamos ver por nosotros mismos lo que pensamos, decimos y hacemos.

Se dice que el hombre es un ser complicado. Eso mismo. Se complica. Y cuando decimos aquí: el «retorno» a la esencia simple, primero debemos mirar toda la complejidad que hemos adquirido y debemos tratar de deshacernos de esa complejidad, de lo contrario no habrá retorno. Puedes ser muy inteligente y saber mucho, pero si no hay vuelta atrás, ¿a dónde vamos? Es una idea terrible acabar ante un abismo que nosotros mismos estamos buscando.

El desarrollo es un peligro normal para la esencia simple, porque absorbemos todo lo que es contrario a ser simple. No son las clases escolares las que dañan el ser, sino la charla innecesaria y, sobre todo, la crítica mentirosa de los demás. Si los estudiantes hablan mal de su maestro y posiblemente le atribuyen todo lo malo solo porque no les agrada, entonces la mala naturaleza no es del maestro, sino de los estudiantes. Una persona puede cometer errores, seguro, pero si sigo hablando de esos errores, si sumo todo lo posible para lograr la intención de que el maestro o esta o aquella persona estén mal pensando, mal hablando, entonces ya está. La esencia simple está herida en mí, no en el maestro. El maestro es responsable de su ser. Pero somos responsables de nuestro ser. El maestro puede cometer todo tipo de errores, pero si es cierto, sincero, entonces el daño no es tan grande como lo es con nosotros, cuando criticamos mal y somos deshonestos: perturbar los errores de los demás, confesar los errores de los demás y aumentar los de otros. ‘Los errores de la gente está dañando la reputación de otras personas”.

Pero si nosotros, exhortados por el santo ángel de la guarda que nos enseña a acostumbrarnos a evitar los pecados veniales del día, es decir, por ejemplo, cuando en lugar de ser negligentes en la obediencia, somos ágiles en la obediencia, cuando realmente callamos, cuando permanecemos en silencio, cuando ayudamos a otros con el trabajo, en lugar de robarles el tiempo con nuestra charla, si somos honestos en todas nuestras palabras, entonces nuestro simple ser mejorará y mejorará, siempre será más claro.

La palabra «volver» dice que sí: volver al punto de partida. Cada mañana dejamos la Santa Misa, la Sagrada Comunión, como si estuviéramos en un jardín fresco y virgen, y cuántas veces sucede que nos perdemos durante el día, pisando inútilmente la hierba y las flores, y no llegamos a su fin con el trabajo real. Que soñamos o leemos un libro y nos olvidamos del trabajo que tenemos que hacer.

Cada persona tiene una esencia simple, pero cada persona también tiene disposiciones hereditarias, buenas y no tan buenas, y para eso es necesaria la instrucción religiosa para encontrar los mandamientos de DIOS, el camino correcto a DIOS. La mejor medicina es una buena madre; que advierte a nuestra alma, aún joven, y nos aleja del camino equivocado y nos promueve en el bien. Si la madre no puede, puede ser el padre o el confesor o un buen maestro. Pero un niño necesita educación. Si no recibe una educación, pierde mucho tiempo y camina de aquí para allá y no puede hacer tanto como un niño que tiene un ángel de la guarda su lado, como la madre o la maestra.

Necesitamos tener en claro qué características buenas y cuáles malas podemos haber heredado. Necesitamos conocernos. Si un niño no entiende la verdad exactamente y la mentira no le molesta en absoluto, entonces esto debería ser una señal de alarma para el educador de que este defecto genético no se agrande en el niño. Lo mismo ocurre con otros errores que se pueden ver en los niños en su juventud, por ejemplo, cuando son muy irascibles, por ejemplo, cuando tienen serias tentaciones entre los míos y los tuyos y les gusta robar. Cuando es cruel con los animales pequeños o incluso con los niños pequeños. Todas estas son señales de advertencia a las que hay que prestar atención y erradicar del niño en el momento adecuado. Algunas propiedades llevan mucho tiempo, pero el educador o incluso el hombre mismo no deben escatimar esfuerzos hasta que estas peculiaridades desaparezcan en el hombre.

Es un hecho que San Francisco de Sales fue muy violento cuando era un joven rico. No solo actuó casi brutalmente contra perros o sirvientes, sino que también los azotó, golpeó y pisó sus pies, fue conocido por su brutalidad. Y luego, cuando fue alcanzado por la gracia, como obispo finalmente se convirtió en un santo de mansedumbre y todos sus escritos muestran esa bondad y mansedumbre que pidió y adquirió por la gracia de DIOS. El ejemplo de San Francisco de Sales no es único.

Sabemos por experiencia cuántas veces conocimos a un joven que más tarde, quizás después de treinta años, literalmente sonreía con bondad y dulzura, mientras que de joven era muy irascible. Puedes ver claramente que la gente puede cambiar; lamentablemente también para el mal. Hay personas que, mientras estaban en la escuela, fueron muy amables, obedientes y eficientes, y luego, cuando se metieron en malas compañías en la vida, terminaron en la cárcel. No dominaron su voluntad, robaron y engañaron y ahora también se ha convertido en el fin de su esencia. Incrédulo, inmoral, así es como el mal se escapó del control de esta gente.

Si Dios nos exige el «retorno a la esencia simple», entonces definitivamente conectó el significado y el objetivo con el hecho de que la reconoceremos nuevamente, que literalmente la desenterramos de nuestro carácter, que la resaltamos para trabajar y que la amemos y la hagamos nuestro objetivo.

El retorno del hombre a la esencia simple no siempre es fácil. ¿Acaso podrías realizar tú el regreso de una rosa blanca de muchos pétalos a una simple rosa de cinco pétalos, de la cual se deriva una magnífica rosa ornamental, por sí sola? Esto lleva muchos años, incluso para un cultivador de rosas. La pobreza juega un papel importante en esto, también en la naturaleza. Con las personas, la pobreza es mucho más comprensible como factor de cura. Si una persona nace en un entorno pobre y muy simple, entonces caambia en la tercera generación y ya tiene la adaptación a la vida externa en el entorno – en la quinta generación tiene la adaptación al lenguaje y a las costumbres, y hasta entonces también la adaptación a la religión circundante se completará. Por supuesto, es solo una aproximación a la esencia interior del entorno educativo – y aún no es un retorno a la simplicidad, si el hombre simple – aún no transformado o deformado por ninguna escuela: reconoce a DIOS y se vuelve simple.

En el camino para ser sencillo, realmente se puede lograr un alto grado de sencillez en relación a: la cercanía a DIOS, donde la persona siempre ama más la contemplación. Desde este punto de vista, las complicaciones ya se resuelven y aumenta la alegría de la contemplación. Pero eso no es todavía la «esencia simple» en sí misma.

¿Dónde está la esencia simple? Está en nosotros. Una respuesta muy sencilla. Y nos llenamos de la basura de un centenar de entidades y creemos que ahora la encontramos. Oh no, no es así como funciona. Tenemos que arrodillarnos ante nuestro Señor y mirarlo y literalmente ahogarnos en este «TÚ» que le decimos y ÉL acepta nuestro Tú y dice: «¡TÚ!» Y luego somos nosotros de nuevo, o yo, o alguien más.

Pero ÉL pone la esencia simple en mi corazón. Y ahí está ahora, es tan indescriptiblemente hermosa porque es DIOS. ¿Qué quiero además de DIOS? ¡No necesito nada más en todo el mundo, excepto a ÉL y a Su Esencia Simple!

ORACIÓN:

Oh Señor, déjame entrar en tu esencia simple, muy simple, sin hablar, solo mirando. Y cuando te mire, oh Señor, ¿sonríes ahora? – entonces me convertí en una esencia simple que TÚ creaste, que redimiste y en la que estás. ¿Qué estoy buscando además de ti? Y eso ¿no es maravilloso?: ¿qué buscas además de mí? Y entonces nos tocamos en el corazón, en el centro de Tu corazón y en mi corazón. Y ahora ésta es la respuesta: La esencia simple eres TÚ y en Ti yo soy y en nosotros está el santo ángel y los tres son uno. Alabado seas por siempre Señor. Amén.

CONSEJOS PARA QUE EL HOMBRE REGRESE, -SI QUIERE- Y SE ENCUENTRE NUEVAMENTE LA ESENCIA SIMPLE

1.     Levántate por la mañana con alegría. Saluda a nuestro Señor, no pienses en trabajos, problemas y planes, piensa solo en DIOS y di: “Buenos días, querido DIOS, qué hermoso has hecho el mundo, estoy tan feliz. ¡Mil gracias!” 

2.     Por la mañana, saluda primero a nuestro Señor y DIOS y agradécele y alégrate de tenerlo y de que te ame. Y si puedes, ve a la iglesia, y si puedes, recibe la santa comunión; ¡Verás lo feliz que estarás cuando salgas de la iglesia! 

3.   Cuando te despiertes por la mañana, no lo dejes todo en el desorden, dando vueltas a todo, así que cuando salgas, no quede un desastre detrás de ti. No, en la esencia simple, todos recogen y empacan sus cosas, no solo las colocan debajo de las sábanas, sino que las ordenen correctamente. No tengas prisa, tómate cinco minutos para ordenar y luego ve a desayunar y pon una cara alegre para desayunar. 

4.     Esfuérzate por decir muchas palabras bonitas, agradece al que hizo el café, da gracias a quienes te prepararon tus zapatos y ahora canta una canción alegre como un pájaro camino al trabajo. 

5.     Ten cuidado en el trabajo y no sueñes. Piensa: “quiero hacer un buen trabajo” y lo harás si quieres. 

6.     Si te encuentras con amigos, salúdalos de manera amistosa, pero no te quedes atrapado en la carretera o en el pasillo, porque si no, solo perderás tu tiempo. En simplicidad, un Sí es Sí y un No es No, todo lo demás no es tan importante. 

7.     Cuando termines tu trabajo y vuelvas a casa, oh, tal vez encuentres una flor en el camino y la lleves contigo y la pongas sobre la mesa para que otros se alegren.

8.     Cuando alguien te hable, responde de manera amistosa. No hagas discursos largos, solo escucha lo que dicen los demás y trata de tener una buena conversación.

9.     Evita cualquier discusión. La pelea es mala. En cambio, canta una canción, agradece a DIOS y regresa a su servicio.

10.  No te distraigas de tu trabajo, piensa: “cumpliré con mi deber a conciencia y luego cantaré una canción”.

11.  Y cuando el día fue un poco doloroso y ya estás débil y cansado, todavía ve al Sagrario y dí: «Señor, todo es para ti, todo es tuyo, te agradezco porque hoy pude vivir este día. Mañana ¡lo haré aún mejor!»

12.  Y si podemos hacer feliz a alguien, lo haremos.

¡ENTONCES DIOS TAMBIÉN TENDRÁ GOZO!

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RB04

Los ángeles luchan por los hombres (Zac. 2, 1-4)

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Los santos ángeles interceden por nosotros ante el trono de Dios. Pero van más allá: a sus palabras, añaden acciones. Los ángeles también luchan por los hombres. Esto se le muestra al Profeta Zacarías en la siguiente visión:

“Alcé los ojos y tuve una visión: había cuatro cuernos.

Pregunté al ángel que hablaba conmigo: -¿Qué son estos cuernos?

Me contestó: -Son los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén.

Después, el Señor me mostró cuatro herreros.

Pregunté: -¿Qué vienen a hacer estos?

Me respondió: -Aquellos son los cuernos que dispersaron a Judá, de modo que nadie podía levantar la cabeza; pero estos han venido para aterrarlos, para derribar los cuernos de las naciones que atacaron al país de Judá, a fin de dispersarlo” (Zac 2, 1-4)

1).- Una batalla sobre Judá

a)       Los «cuernos».

Un cuerno, un objeto muy natural en una nación de pastores, se menciona más de 100 veces en las Escrituras, principalmente en el Antiguo Testamento.

El lugar natural y la función que tiene el cuerno en la naturaleza, transmite simbólicamente la fuerza y la lucha como sucede con los cuatro cuernos que se encuentran en las esquinas del altar (Lev. 4, 7.18.25), pero también tienen una simbología negativa como los diez cuernos de la bestia (Dan. 7, 8).

Más allá de esto, al ser huecos, los cuernos tienen capacidad de almacenamiento y la virtud de convertirse en un instrumento musical. Tomemos, por ejemplo, el “vaso” del aceite con el que Samuel ungió a David (cf. 1Sam 16,13); mientras que la señal para la toma de Jericó fueron los toques de los cuernos de los sacerdotes (Jos. 6, 20). Aquí, los «cuernos» se refieren a personas que actúan con poder; ellos “dispersaron a Judá”. En cuanto a las personas que representan, las opiniones están divididas: pueden representar la cabeza de las naciones, como leemos en Apocalipsis: “Los diez cuernos que has visto son diez reyes” (Ap. 17, 12; cf. Dan 7, 7ss; 8: 5-9).

Pero también pueden representar espíritus puros, caídos o santos. Como los ángeles de las iglesias en los capítulos 2 y 3 del libro de Apocalipsis que se interpretan en la Tradición refiriéndose a los obispos o a los ángeles de estas comunidades, también podemos verlos aquí refiriéndose a los reyes o ángeles de su reino.

En todo caso, San Juan en el apocalipsis describe: “Entonces vi, de pie, en medio del trono y de los cuatro Vivientes y de los Ancianos, un Cordero, como degollado; tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios, enviados a toda la tierra» (Ap 5, 6); Estos «siete espíritus» son seguramente siete ángeles santos. Y parece mejor no solo atribuirles una participación en el poder (cuerno) del Cordero, sino también una participación en su conocimiento (ojos), porque los ángeles no actúan a ciegas en sus ministerios (cf. Ap 9, 13).

El apóstol vio también un «gran dragón rojo, de siete cabezas y diez cuernos» (Apocalipsis 12: 3) y «la bestia de siete cabezas y diez cuernos» (Apocalipsis 17: 7)

 ¿Son simplemente «reyes» (Apocalipsis 17 : 12) o demonios subordinados? San Juan especifica además su actividad: “Deben recibir autoridad como reyes durante una hora, junto con la bestia. Todos están de acuerdo en poner a disposición de la Bestia su autoridad y su poder; ellos lucharán contra el Cordero”(Apocalipsis 17,12-14). También habla de «reyes de la tierra» (Apocalipsis 1, 5; 6:15; 17: 2.18; 18, 3.9; 19:19). En sí misma, la expresión es ambigua, ya que podría significar el lugar de su origen o el lugar donde ejercen el poder.

 

b)      Los «cuernos» y los «herreros«.

En la visión mostrada a Zacarías, el ángel explicó que los cuernos “dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén”. Actuaron contra el Pueblo Elegido. Si eran ángeles buenos, eran instrumentos de la justicia purificadora de Dios. Si eran ángeles caídos con odio, entonces actuaron con el permiso de Dios para el castigo y la purificación de Su pueblo.

Además, el profeta vio «cuatro herreros» y se preguntó: «¿Qué vienen a hacer estos?». El Señor respondió: «Estos han venido … para derribar los cuernos de las naciones«. Más comúnmente, estos herreros son considerados guerreros angelicales para Dios y su pueblo, «símbolos de poderes angelicales» que leemos en las notas de la Biblia de Jerusalén. La narración similar en el profeta Daniel puede apoyarlo o incluso haber inspirado esta interpretación. Allí, Gabriel recibió a San Miguel como ayudante en su lucha contra el “príncipe de Persia” y el “príncipe de Grecia” (cf. Dan 10:13; Circ. XIV, marzo-mayo)

2).-  La vida como batalla

La gente probablemente entendió este mensaje profético, porque se encuentran poco antes del regreso a casa de la segunda exportación a Babilonia. Por lo tanto, la batalla y la opresión eran simplemente hechos de la vida. Sin embargo, el punto importante es que Dios está con su pueblo. Dios lucha por ellos a través de sus ángeles.

Pondré enemistad

Jesús pidió muchas veces a la gente: “Velad”, “Estad atentos”. Incluso se refirió explícitamente a la época anterior, la época anterior al diluvio. La vida es una batalla que comenzó con la caída de los demonios y dura hasta el Juicio Final (cf. CIC 409). Es importante que el hombre sea consciente de esto.

“Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente” (Gen 3:15)

Son palabras que resuenan desde el paraíso. Y además,

“Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” (Mt 11, 12).

Jesús mismo estuvo expuesto a este conflicto, desde su niñez (cf. Mt 2, 13); y eso es lo que predijo a sus discípulos:

“Seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre” (Mt 10, 22). Y “Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo” (Lc 22, 31).

San Pablo estuvo envuelto en batallas desde los primeros días de su conversión (cf. Hch 9, 26s). Se enfrentó a Satanás y sus seguidores: “Tú, hijo del diablo, enemigo de toda justicia…” (Hch 13:10) y exorcizó a la gente (cf. Hch 16,18). Por eso también nos advierte a todos: “Pónganse toda la armadura de Dios… Porque no combatimos contra sangre y carne, sino contra los principados, las potestades, las dominaciones de este mundo de tinieblas, y contra los espíritus malignos que están en los aires” (Ef 6, 11-12).

             3).- Intercesión ante Dios

El Señor mismo no entra directamente en la batalla, excepto en la debilidad de la Encarnación, porque el mal moral en la creación debe ser vencido por las creaturas con el poder de Su gracia. Tiene sus soldados, su ejército celestial que lucha por su pueblo. Esto es parte del mensaje de la visión: la batalla se libra, pero la gente no quedará expuesta sin poder hacer nada. Los ángeles de Dios ayudan a los hombres dondequiera que Dios los envíe y, siempre que los hombres los llamen para que «por el poder de Dios [puedan] arrojar al infierno a Satanás y a todos los espíritus malignos que vagan por el mundo buscando la ruina de las almas» (Oración a San Miguel).

Lo que Josué, el líder del Pueblo elegido, experimentó no está reservado solo para él:  

Ante los muros de Jericó, “alzó los ojos y vio a un hombre que estaba de pie frente a él, con la espada desenvainada en su mano… él dijo, … yo soy el jefe del ejército del Señor y ahora he venido”. (Jos 5: 13-14) Debe quedar claro que por «el sonido de la trompeta» como señal y por las oraciones del pueblo, «el muro (de Jericó) se derrumbó» (Jos 6:20) a través de la asistencia angelical (cf. Hophan , Die Engel, 124).

¿No fue la promesa dada a Moisés como líder del Pueblo esta: “Si escuchas atentamente su voz (del ángel) y haces todo lo que yo digo, entonces seré enemigo de tus enemigos” (Éxodo 23:22)?

Considere también el ejemplo de San Rafael: Él dio instrucciones concretas sobre cómo vencer al diablo que había matado a los anteriores maridos de Sara. Y cuando Tobías colaboró, haciendo su parte, entonces “el demonio… huyó por el aire hacia las regiones de Egipto. Rafael lo persiguió, lo sujetó y lo encadenó al instante” (Tb 8, 3; cf. Gn 19, 1-17; Hch 5, 19 o Ap 8, 6-12).

4).– Dios está con su pueblo, ayudándolos a través de sus ángeles.

La visión reveladora del profeta contiene los siguientes mensajes válidos hasta el fin de los tiempos.

Para comprender la visión del Profeta en su sentido más amplio, debemos advertir la Imitación de Cristo, no solo en el plano individual, sino también como una realidad para todo Su Cuerpo místico, la Iglesia:

“La Iglesia entrará en la gloria del reino sólo a través de esta Pascua final, cuando seguirá a su Señor en su muerte y resurrección ”(CIC 677).

Por eso, “La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra” (CIC 675). De esta manera, la Iglesia encontrará que los ángeles, como soldados de Dios, están con ella (cf. CIC 760). Este es el mensaje más profundo de esta visión de Zacarías.

      La Iglesia en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios.

Hay una batalla detrás de la humanidad, detrás de la escena visible terrenal hay un mundo espiritual, los ángeles buenos y caídos. Incluso son los principales luchadores de la historia del mundo. Vimos al ángel entrar en la historia de Israel al final de su marcha por el desierto, de igual manera los ángeles entraron en varios momentos de la historia posterior.

  • A Constantino, entonces todavía pagano, se le aseguró la victoria en el Puente Milvio en el signo de la Cruz.
  • Durante la liberación de Portugal de los musulmanes, en 1147, San Miguel ayudó a los cristianos, especialmente en la conquista del Castillo de Ourem, la ciudad a la que Fátima perteneció jurídicamente a lo largo de los siglos (O. de Jesus REIS, O Grande, o humilde S. Miguel, 1989, 35-38).
  • Incluso los soldados musulmanes capturados confesaron haber visto el brazo angelical luchando contra ellos del lado de los cristianos, justo, digamos, como los “herreros” contra los “cuernos”.

De aquí que “toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles” (cf Hch 5, 18-20; 8, 26-29; 10, 3-8; 12, 6-11; 27, 23-25). (cf. CIC 334). Ellos “La ayudan en su peregrinar terrestre y protegen a todo ser humano.” (CCC 352).

      El amor de los ángeles al prójimo.

Finalmente, debemos observar, que aquí aprendemos acerca de un signo importante de los ángeles:

Los ángeles de Dios no se esconden en el cielo, disfrutando egoístamente de la visión de la gloria, ni temerosos ante el odio y la ira de sus hermanos caídos, los demonios. Ellos no sólo se vuelven solícitos por los hombres, sus hermanos menores, sino que también luchan por ellos.

Ellos “han venido para derribar los cuernos de las naciones que atacaron al país de Judá, a fin de dispersarlo” (Zac 2, 4). Podemos contar con la poderosa ayuda angelical en nuestra vida diaria. Solo tenemos que acudir a los ángeles, buscar su amistad y pedir su ayuda. Esto se muestra de manera bastante evidente en la intervención milagrosa en Portugal a la que nos referimos: Antes de la batalla, ya en 1140, el primer rey de Portugal, Alfonso Henriques, pidió al primer prior de los canónigos regulares de la Santa Cruz, San Teotonio, que consagrara el país a los Santos Ángeles, y luego pasó a liberar el país para la fe y tuvo éxito a través de ellos.

      ¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Dios espera nuestra confianza y fidelidad en respuesta a esta visión consoladora sobre su ayuda a través de sus ángeles, porque los ángeles luchan por nosotros. La Iglesia nos enseña esto como una característica de una verdadera y sincera devoción a los Ángeles:

“La devoción a los Santos Ángeles da lugar a una cierta forma de vida cristiana que se caracteriza por la serenidad y la confianza ante las situaciones difíciles, ya que el Señor guía y protege a los fieles en el camino de la justicia a través del ministerio de sus santos ángeles ”(Congregación para el Culto Divino, Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, 2001, n. 216).

Manifestemos diariamente nuestra gratitud hacia la defensa angelical en este nuestro tiempo.

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Intercesión Angelical (cf. Zac 1, 11,12)

¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Zacarías nos describe el vívido diálogo sostenido entre el hombre, los ángeles y Dios, en cuya manifestación se presentan cuatro «caballos» que al regresar de misión se dirigen al ángel del Señor y le dicen:

«Hemos recorrido la tierra y hemos visto que toda ella vive en paz» (Zac 1,11)

Con esto se nos muestra el siguiente panorama:

i) El pueblo convertido, gozaba de tranquilidad y calma gracias a su sumisión a Dios y renovada obediencia a su voluntad;

ii) Los ángeles habían recorrido la tierra, rindiendo informe al Ángel del Señor como sus siervos subordinados.

A continuación en el versículo que sigue, el ángel del Señor tomó la palabra y dijo:

«Oh Señor de los ejércitos, ¿hasta cuándo seguirás sin apiadarte de Jerusalén y de las ciudades de Judá, contra las cuales estás irritado, con éste hace setenta años?» (Zac 1,12).

¿Es esta iniciativa del ángel una simple pregunta, o se opuso a Dios? ¿Es solo una petición pura (intercesión), o es lo que los teólogos llaman «impetración»? Miremos más de cerca lo que dijo:

1).- Intercesión de los Ángeles:

La Iglesia confirma que los ángeles interceden por los hombres; esta verdad encuentra expresión en las Letanías de la Iglesia: “Todos los santos ángeles,… San Miguel, ruega por nosotros”. Esto va más allá de la confesión de San Rafael sobre la simple mediación de la oración del hombre hacia Dios por los ángeles (cf. Tb 12,12; cf. Ap 8,3-4). En nuestro caso, Dios estuvo enojado con la gente de Jerusalén y las ciudades de Judá, ¡Durante setenta años! (cf. 1,12). Pero el ángel intercedió por ellos, pidiendo misericordia a Dios y Él les dio la oportunidad de convertirse y el pueblo la aprovechó.

       De todo lo anterior se infiere:

 a)  La intercesión angelical – un misterio:

Esto es sorprendente, porque antes de esto no nos habíamos encontrado con una intervención tan angelical. Por el contrario, Dios mismo advirtió al pueblo de Israel, diciendo del ángel:

 «Pórtate bien en su presencia y escucha su voz; no le seas rebelde, que no perdonará vuestras transgresiones, pues en él está mi Nombre» (Ex 23, 21).

El ángel siempre parece estar del lado de Dios y defender su voluntad y sus derechos (cf. Gn 3, 24; 32, 25-33). Es el siervo más obediente de Dios. «Dios envió al ángel a Jerusalén para destruirla«, pero luego se arrepiente. Él “dijo al ángel destructor: «¡Basta ya; retira tu mano!

… y ordenó al ángel que volviera la espada a la vaina» (1 Crónicas 21, 15.27). Es decir, el ángel estaba listo para ejecutar el mandato de Dios sin consideración ni compasión por el hombre, porque él es completamente uno con la Sabiduría Divina y se entrega a ella y si alguien quiere oponerse a Dios, el ángel entra prontamente con vigor y defiende la voluntad y el honor de Dios, como lo hizo San Gabriel con el sacerdote Zacarías (cf. Lc 1, 19-20).

En principio parece que el ángel se preocupa poco por el hombre, de modo que no intercede ni implora a Dios por éste, sin embargo he aquí, que en la palabra del profeta Zacarías, el ángel del Señor toma la iniciativa ante Dios a favor del hombre y le dice: «¿Hasta cuándo seguirás sin tener misericordia de Jerusalén?» Aquí, el ángel se pone del lado del hombre, por así decirlo, e implora a Dios por el bien del hombre.

       b)       La intercesión angelical – un misterio de amor:

Las razones alegadas en contra de una intervención angelical a favor del hombre también pueden aducirse como la razón de la misma. ¿En qué sentido? La fidelidad amorosa de los ángeles y su opción definitiva por Dios constituye la razón por la que Dios les concede su confianza para hablar con ellos como lo hace con el hombre.

Así, vemos como Dios habla a Moisés como a un amigo: “El Señor solía hablar con Moisés cara a cara, como un hombre habla con su amigo” (Ex 33,11) y de manera similar, podemos recordar lo que el Señor le dijo a Abraham cuando le visitó: «¿Le esconderé a Abraham lo que estoy a punto de hacer?» (Génesis 18,17).

¿No nos permiten tales ejemplos concluir que Dios comparte con los ángeles sus ideas antes de «decidir» definitivamente y ponerlas en práctica, de modo que se dé un espacio en el que los ángeles puedan intervenir, o interceder a favor del hombre sin oponerse a las decisiones de Dios?

Cuando afirmamos: Dios trata a los ángeles como a sus amigos, entonces también debería ser cierto que les revela su corazón, sus pensamientos y planes ocultos, e incluso puede esperar sus comentarios e invitarlos a participar en ellos.

Se establece un misterio de amor entre Dios y los ángeles que se manifiesta cuando los ángeles interceden por el hombre ante Dios.

En todo esto, por supuesto, hemos estado hablando antropomórficamente. La providencia de Dios integra tanto la libertad de los hombres como la libertad de los ángeles en su plan, de modo que sean verdaderamente colaboradores de Dios. Nuestra libertad no queda fuera del plan de Dios y, sin embargo, es una colaboración real y libre. Lo que experimentamos con respecto a la importancia existencial de nuestras propias decisiones en respuesta a Dios, también es cierto para los ángeles, quienes en su orden, también son sus ministros elegidos.

 c)      La intercesión angelical – ¿parte de su misión? :

Esta reflexión nos lleva un paso más allá. Veamos cómo, mientras Abraham tuvo el valor de interceder por el pueblo de Sodoma y Gomorra “¿Así que vas a borrar al justo con el malvado?» (cf. Gen 18, 23-33), y Moisés habló a favor de su “pueblo de dura cerviz” (Éx 33, 5), en el Apocalipsis, un ángel lleva ante Dios las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que está delante del trono (cf. Ap 8, 3).

 ¿No se infiere de esto, que los ángeles también representan a aquellos a quienes Dios confió a su cuidado?

Cuando Dios puso a los ángeles a cargo de una persona individual o de un determinado grupo, es inconcebible que el ángel no le hable libremente a Dios sobre la tarea de su (s) protegido (s). Esto se refiere justamente a su dignidad como criatura intelectual, llevada a su máxima perfección en la visión beatífica. Se hace mediador de las oraciones de su pueblo, ante el trono de Dios. En este sentido, el ángel del Señor comunica a Dios el informe que recibió de los jinetes de los caballos. Y luego, le hace una sugerencia de oración a Dios. Esta es la parte inusual, ya que rara vez se registra en las Escrituras. ¿Es apropiado que un ángel guíe el plan de Dios en cierta dirección? ¿Puede ofrecerle a Dios una sugerencia de cómo podría tratar ahora con su pueblo? ¡Ciertamente, porque Dios lo eligió para esta tarea de poner todos sus dones y gracias al servicio del pueblo de Dios!

             2).- Intercesión ante Dios

 Aún debemos buscar el verdadero sentido de la intercesión para verificar si tenemos la idea correcta acerca de Dios.

a)       La intercesión no es imposición:

 Para tener una idea correcta sobre la intercesión, debemos tomar conciencia de las siguientes verdades:

 – A través de la intercesión, nadie revelará a Dios acerca de las situaciones que vivan las personas como si Él no las conociera. ¡Dios ya conoce todas las cosas antes y mejor que nosotros!

 – Por la intercesión, tampoco pretendemos oponernos a una decisión ya tomada por Dios en su sabiduría, porque sabemos que es justo y su voluntad es perfecta.

 – Por medio de la intercesión, ni siquiera podemos aspirar a recordarle a Dios algunos hechos que Él, ya no hubiese tomado en consideración.

 ¿Qué sentido tiene entonces una intervención angelical para el hombre ante Dios? La intercesión del ángel, parece estar en armonía con todos los aspectos ya mencionados, con el misterio del amor y la justicia, con el respeto ante la autoridad de Dios y el cuidado del hombre que Dios les dio.

 b)      El respeto ante Dios y la respuesta de Dios:

 Cuando el pueblo acogió el llamado de Dios y se convirtieron a Él de todo corazón, todavía el Señor, no había atendido ni respondido a su súplica, y es ahí, en esta brecha, donde el Ángel vio un espacio legítimo para su intercesión. El ángel toma la iniciativa y apela a la justicia Divina, que ya puede ser reparada cuando le señala: “Estás irritado, con éste hace setenta años”; Asimismo, reclama la misericordia de Dios: «Oh Señor de los ejércitos, ¿Hasta cuándo seguirás sin apiadarte…?» (Zac 1,12)

 ¿Y cuál fue la reacción de Dios? “El Señor dirigió al ángel que hablaba conmigo palabras buenas, palabras consoladoras «Yo siento un gran celo por Jerusalén y por Sión. Estoy lleno de cólera contra las naciones opulentas, porque yo estaba un poco irritado, pero ellas agravaron el mal… me vuelvo con piedad a Jerusalén; En ella se reedificará mi Templo … ” (Zac 1, 13-17)

 Podemos inferir de lo anterior que Dios se mostró:

Ø  CELOSO en relación consigo mismo, su propia dignidad y su santa Voluntad para con su pueblo;

Ø  MISERICORDIOSO con su pueblo escogido que hizo penitencia y volvió a él;

Ø  JUSTO hacia los enemigos que, aunque sirvieron de látigo para castigar a su pueblo, se rindieron a sus bajas pasiones y a su propia voluntad. Por tanto, Dios aceptó la intervención de la intercesión del ángel a favor del pueblo.

3).- La oración de intercesión

La respuesta que Dios dio muestra la perfecta correspondencia entre el interés del ángel y la voluntad de Dios.

a) Las múltiples dimensiones de la intercesión:

Añadiendo a esta unión el motivo del amor verdadero, la intercesión se convierte en parte del intercambio amoroso entre Dios y sus criaturas racionales. Jesús nos invita encarecidamente a pedirle a él y a su Padre: “Pidan y se les dará” (Mt 7, 7). Quiere escuchar las peticiones que revelan confianza en la atención y el amor de Dios; son un acto de amor por nuestro prójimo que Dios espera, y las respuestas a ellos demuestran su cuidado paternal hacia nosotros.

Por eso, también la Iglesia nos enseña que Dios quiere que ofrezcamos oraciones de intercesión, por cuanto Nuestro Padre sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos (cf. Mt 6, 8), pero espera nuestra petición porque la dignidad de sus hijos está en su libertad. Por tanto es necesario orar con Su Espíritu de libertad, para poder conocer en verdad su deseo (cf Rm 8, 27) (Catecismo de la Iglesia Católica, # 2737). Esta primicia, por supuesto, se aplica con igual vigor a los Santos Ángeles en su ministerio. 

b) Las limitaciones de la intercesión.

Evidentemente, nuestra visión es limitada y por tanto nos equivocamos en las cosas que pedimos en oración así como también en otras dimensiones de nuestra vida. Es posible que no sepamos realmente para qué debemos orar y como pedir para orar como conviene. (cf. Rom 8, 26) o incluso podemos «pedir mal», como señaló Santiago (Santiago 4, 3), «con un corazón dividido”, en lugar de una “confianza filial” (cf. CIC, # 2734 – 2737). En todas nuestras debilidades, debemos acercarnos a Dios con confianza, resignación y en la seguridad de que Él nos concederá, no exactamente lo que le pedimos, sino lo que más nos favorezca. Aquellos que oran de otra manera, carecen de respeto ante la sabiduría infinitamente mayor de Dios, por Su bondad absoluta y Su amor por nosotros. La Iglesia nos hace conscientes de este peligro y quiere corregirnos, cuando nos pregunta: “¿Cuál es la imagen de Dios presente en este modo de orar: Dios como medio o Dios como el Padre de Nuestro Señor Jesucristo?”. (CIC, # 2735)

Vimos en nuestro texto, que los santos ángeles no cometen estos errores, gracias a su total sumisión y sincera humildad en sus intercesiones. Por lo tanto, hacemos bien en invocarlos a ellos, cuando oramos a Dios, pidiendo su luz y su guía. A Dios le agrada cuando nos acercamos a Él en unión con ellos, con la ayuda de su intercesión, porque ellos nos corrigen y nos educan en la manera y en las cosas por las que debemos orar.

4).- ¡Queridos hermanos en el sacerdocio!

Este ejemplo nos dice lo bueno que es cuando vamos a Dios no directamente, sino a través de los santos ángeles, especialmente nuestro ángel de la guarda personal. ¿Acaso la liturgia, no nos conduce todos los días de esta manera?, ella nos une primero con “todos los ángeles y santos”, antes de acercarnos a la venida de Cristo en la consagración.

También los fieles lo perciben y actúan así cuando en sus necesidades se acercan a Dios por intercesión de los santos, o cuando piden oraciones a los sacerdotes o a las almas consagradas. La amistad de Dios con sus allegados, es a menudo un factor decisivo en la eficacia de la intercesión.